Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAJE: Demonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAJE: Demonio. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de febrero de 2010

El diablo como personaje cinematográfico (2)

En el artículo anterior nos quedamos en los filmes de los sesenta. Era un buen punto de inflexión, pues en la década siguiente apenas hay rastro del diablo en las películas. Esta ausencia es más explicable en los musicales Jesucristo Superstar y Godspell, ambas de 1973, puesto que su intención de “redescubrir” a Cristo (reinventarlo desde un prisma meramente humano) diluyen por completo su dimensión divina y redentora: si Él no es Dios, ¿para qué narrar su confrontación con el diablo?

Algo más extraña es la ausencia del demonio en Jesús de Nazaret (1977), película de largo metraje que, además, se proponía reflejar fielmente la divinidad de Cristo. Pero el director entendió que esa escena difícilmente funcionaría en la pantalla. y por eso dijo: “En aquel episodio uno se topa con el misterio puro; y el misterio en sí es irrepresentable”. Es más, Zeffirelli ha contado que filmó la secuencia de modo semejante a como rodó los sueños de José: registrando sólo la voz, sin mostrar la presencia del ser espiritual: “Aquel desierto era impresionante, y la voz que resonaba en aquel espacio resultaba arcana e inquietante, puesto que había dilatado la propia voz de Jesús. El monólogo era áspero y terrible, pero corría el riesgo de inducir a una confusión peligrosa entre Jesús y el demonio, y tras largas deliberaciones decidí suprimirla”.

Las películas más recientes han examinado también las tentaciones de Jesús bajo nuevas formas. La película El hombre que hacía milagros (1999) recreó esa escena en dibujos animados, pasando de una representación bastante detallista en 3D (animación de figuras de barro) a los dibujos clásicos en 2D, que dan a la secuencia un tono más psicológico. Las tentaciones son “visualizadas” desde la imaginación del Señor, donde se supone que tiene lugar la sugestión diabólica: vemos las piedras convertidas en pan crujiente, y los reinos aclamando con vítores a Jesús. Por otro lado, el dibujo animado logra también una transición más suave desde el desierto hasta la parte superior del templo, que aquí podemos contemplar desde uno de los ángulos más elevados.
de animación

La serie televisiva Jesús (1999), de Roger Young, combina -en su particular versión de las tentaciones- varios de los elementos anteriores: las sugestiones son “visualizadas” (como insinuando que se plantean sobre todo en la imaginación), Satanás se nos presenta bajo figura humana, y el color de su indumentaria es el negro. Pero hay dos novedades en esa representación. Primero, la figura del demonio se desdobla: vemos primero a una mujer atractiva, vestida seductoramente de rojo, que plantea la insinuación. Después la mujer se transforma en hombre “razonable” -mitad sofista, mitad político-, que plantea la argumentación (las dos caras de la sugestión diabólica).

Por otra, las tres tentaciones a Jesús (convertir las piedras en pan, arrojarse desde el templo, adorar a Lucifer) se hilvanan -en un diálogo ingenioso, lleno de metáforas- en una sola propuesta: la tentación de la soberbia y del poder. Así, el diablo sugiere convertir las piedras en pan para calmar su hambre, y cuando el Mesías se resiste, le dice que así calmará el hambre de todos los pobres del mundo: “Tú tienes poder para alimentarlos a todos… y convertirte en su líder”. Pero el Señor contesta: “No he venido a solventar los problemas humanos... Mueren de hambre no porque Dios lo quiera, sino porque otros hombres tienen el corazón de piedra” (en alusión a las piedras que se resiste a convertir en pan).

Finalmente, La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, ofrece una curiosa y original representación de Satanás,aunque Satanás es interpretado por una actriz, sus características femeninas se reducen al mínimo, y la imagen que transmite es bastante masculina: con el cabello cortado y las cejas afeitadas, con una túnica oscura y pesada, y, sobre todo, con una voz claramente andrógina. Al reflejar sólo las últimas 24 horas la vida de Jesús, la escena de las tentaciones queda fuera de la narración. Pero Gibson, como Stevens, Scorsese y Young antes que él, recoge de forma clara –mucho más que en ningún otro filme- la presencia de Satanás en Getsemaní, haciéndose eco de aquella exclamación de Jesús: “Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”.
no exenta de simbolismo. Así,

Aunque la cita es de Lucas, la visión del diablo que vemos en toda la película parece inspirada en el cuarto Evangelio, pues San Juan muestra en su relato -con total claridad- que la Pasión es el momento donde culmina el odio de sus adversarios. Así, el hecho de que "ha llegado la hora de las tinieblas" lo vemos representado en la omnipresente figura del demonio, que no deja de acecharle en ningún momento. Le vemos, insidioso, durante la agonía en el Huerto, sugiriendo a Jesús que no podrá soportar esa carga (pero Jesús vence la tentación y, para significarlo, aplasta la cabeza de un áspid, en clara alusión al diálogo de Dios Padre con la serpiente: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; tú le acecharás el talón y ella te aplastará la cabeza”).

Más tarde, cuando Jesús es flagelado, Satanás parece mofarse de Él haciendo una macabra parodia de la Virgen y el Niño: aquí, la Mujer-Demonio y un horrendo bebé sustituyen a la Madre de Dios y a su divino Hijo. Finalmente, durante el Vía Crucis dos figuras excepcionales destacan sobre la turba que chilla y grita. La Virgen y el demonio avanzan entre la multitud vociferante a un lado y a otro del Mesías. Las dos figuras se miran y son conscientes de la presencia del otro. Nadie más se da cuenta. Y ambas, sin aspavientos, tan solo con la mirada, manifiestan una clara conciencia del trascendental momento que están viviendo.

Aún queda mucho por explotar en la representación del diablo. Pero, ciertamente, la película de Gibson alcanza en esta cinta una altura difícil de superar. Es imposible permanecer indiferente ante estas imágenes, porque la fuerza visual de la narración encierra un fuerte contenido teológico que interpela decididamente nuestra conciencia.

miércoles, 10 de febrero de 2010

El diablo como personaje cinematográfico (1)

 Hace una semana publiqué un artículo con unas palabras que, según diversos testigos, el diablo pronunció acerca de la Virgen durante una sesión de exorcismo. Ahora quiero tratar del diablo mismo como personaje en las películas sobre Jesucristo.

(Dejo al margen su presencia en un género fílmico muy popular -el cine de terror- por tratarse de un asunto alejado de la temática de este blog).

Ciertamente, el demonio es un personaje importante en el drama que vivió Jesús, aunque su presencia en los Evangelios se constata en muy pocas secuencias: además de las expulsiones durante su vida pública, el Maestro tiene dos fuertes careos con el Maligno: uno explícito y directo (las tentaciones en el desierto), y otro implícito y más bien interno: aquel que debemos suponer tras la terrible expresión de Cristo durante el prendimiento: “Esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas” (Lc 22, 53). De ambas -especialmente de la primera- me ocuparé en éste y en el próximo artículo.

Las primeras películas mudas no prestaron atención a la secuencia de las tentaciones. Por una parte, la breve duración de aquellas cintas animaba a centrarse en los milagros, en las grandes predicaciones y en los grandes hechos del Señor. Por otra, la ausencia de sonido hubiera exigido la presencia de constantes rótulos en una escena eminentemente verbal. De ahí que haya sido sistemáticamente olvidada en el cine mudo.

La primera película sobre Jesús que reflejó la presencia del Diablo fue Rey de Reyes (1927), de Cecil B. DeMille. El filme comienza meses después del bautismo de Jesús y las tentaciones en el desierto, pero traslada una de esas tentaciones al momento en que Cristo expulsa a los cambistas del templo. Satanás tiene forma humana, pero la audiencia le reconoce de inmediato por su actitud arisca y su traje rigurosamente negro. Se dirige a Jesús con el ofrecimiento de todos los reinos del mundo si le adora. Jesús lo rechaza. Poco después, le veremos rechazar una oferta parecida de Judas y de la multitud que lo acompaña.

La representación del demonio como un ser humano es la solución más visual -y, por eso mismo, más habitual- que ha encontrado el cine para significar su presencia en el mundo (Aunque no es un hallazgo propiamente fílmico: el teatro venía utilizando este recurso desde antes del Siglo de Oro).

La primera película que se aparta de esta norma fue Rey de Reyes (1961), de Nicholas Ray. Aquí no hay una figura humana: simplemente escuchamos la voz de Satanás y vemos la reacción de Jesús. La voz del diablo, sin embargo, es diferente a la de Jesús. Así pues, mientras la película muestra a Satanás como una figura interna (como una sugestión en la conciencia), su voz sigue implicando un personaje externo, con una voz distinta y reconocible.

Al igual que Cecil B. DeMille, Passolini (El Evangelio según San Mateo, 1964) utiliza también una figura humana vestida de negro en la escena de las tentaciones. Como indica el título del filme, el guión tiene en cuenta sólo los diálogos del primer evangelista, de modo que -como sucede en el texto de Mateo- la secuencia del desierto es aquí breve, como un prólogo a su misión evangelizadora. Por otra parte, Passolini subraya visualmente el rechazo de Jesús a la tentación de conseguir poder y gloria, porque esta actitud casa muy bien con la visión marxista de un "Mesías redentor de los pobres".

Un retrato más interesante y completo de Satanás es el de George Stevens en La historia más grande jamás contada (1965). Aquí Satanás se presenta como un ermitaño glotón que vive en una cueva. Antes de iniciar las tentaciones, mantiene un diálogo amable con Jesús. Y esta estrategia de una inicial “no confrontación”, en contraste con el enfrentamiento directo que suelen escenificar otras películas, aparece ante nuestros ojos como más seductora, a la vez que más cercana a nuestra experiencia de seres tentados. A diferencia también de otros filmes, el ermitaño volverá a aparecer de nuevo durante la pasión: se cruza con Judas, cuando éste ha decidido traicionar al Maestro, y agita a la multitud durante el juicio de Pilatos para que condenen a muerte a Jesús. Esta segunda aparición está en consonancia con la implícita referencia de Lucas a “vuestra hora y el poder de las tinieblas”, y será una idea -la presencia del diablo en la pasión de Cristo- que recogerán los filmes del último decenio; muy especialmente, el de Mel Gibson.