lunes, 22 de junio de 2015

Tomás Moro en el cine: la convivencia entre Fe y Vida política

La credibilidad de los políticos anda por los suelos. En todo el mundo. Y lo peor no es eso, lo peor es que se ha vuelto una profesión peligrosa para gente con principios.

Ante algunas situaciones que atenazan la conciencia de muchos políticos católicos (disciplina de voto ante cuestiones que repugnan a su conciencia: ley del aborto, por ejemplo) puede resultarles alentador el ejemplo de Tomás Moro, cuya fiesta celebramos hoy. Él supo conjugar su vida cristiana con su cargo político, y supo ser fiel a su Fe en toda circunstancia: con prudencia para no hablar, pero también con firmeza cuando hizo falta. Por eso, cuando fue necesario, supo jugarse la vida antes que aprobar una ley injusta: el divorcio de Enrique VIII abriría la puerta a todos los divorcios de la humanidad. Ese drama de conciencia es el que relata ese precioso filme, “Un hombre para la eternidad”, que mereció 6 Oscars de la Academia, incluidos los de mejor película, director y actor.

Sí, Tomás Moro es todo un ejemplo de cristiano coherente que estuvo siempre abierto al mundo. Asistía diariamente a la Misa en su parroquia y se imponía severas penitencias que sólo su confesor y su familia conocían. Su casa era considerada la más acogedora de Londres. Y, por las noches, recorría los barrios bajos para dar limosna a los pobres más vergonzantes. ¡Todas las noches!

Toda esta vida cristiana no le retrajo de la vida pública. Todo lo contrario: le impulsaba a servir a los demás desde los cargos que le confiaban. Miembro del Parlamento desde los 26 años, fue elegido juez y subprefecto de la ciudad de Londres, y se opuso a algunas medidas injustas de Enrique VII. Con la llegada de Enrique VIII, protector del humanismo, Moro entró al servicio del Rey, quien le encomendó las más difíciles misiones diplomáticas en Europa. Lo nombró para varios cargos menores y, finalmente, le hizo Lord Canciller de Inglaterra en 1729, cuando tenía 51 años. Eran verdaderamente grandes amigos.

Irónicamente, Moro -a quien Enrique VIII mandó decapitar- fue su más fiel servidor. A diferencia de otros, que parecían servirle pero que sólo lo adulaban en beneficio personal, Moro siempre le fue fiel. Nunca habló mal de él, ni siquiera cuando se apartó de la fe que ambos profesaban. Prefirió callar, pero su silencio ante la decisión real de ir contra el Papa y la indisolubilidad del matrimonio fue más atronador en Inglaterra que todos los discursos de aquellos años revueltos. Todo el mundo sabía lo que Moro pensaba. No habló para no hacer daño a su familia ni al Rey, y ni aún así pudo evitar la tragedia. Lo peor de todo es que el Rey sabía que Moro seguía siendo su amigo, tal vez su único amigo.

Este pasaje de “Un hombre para la eternidad” (2' 16") resume algunos de estos aspectos que hemos mencionado. Y tal vez pueda inspirar a algún político en situaciones conflictivas.

domingo, 31 de mayo de 2015

“Conducta”: una gran película sobre enseñanza y educación

Se estrena el viernes 5 de junio, o el 4 en aquellas ciudades donde ese día es festivo. El titular del artículo no es exagerado, porque “Conducta” (Cuba, Ernesto Daranas, 2014) ha recibido más de 30 premios internacionales y muchas más nominaciones: candidata al Oscar por Cuba, finalista en los Goya, triunfadora en el Festival de Málaga, galardonada en el Iberoamericano de Huelva, en la Muestra de Cine Latinoamericano de Cataluña, y en festivales de Nueva York, Brasilia, Lima, Giffoni, Marsella, Grenoble… La última alegría la recibió el 28 de mayo con el anuncio de las 8 nominaciones a los Premios Platino, que se entregarán en Marbella el próximo 18 de julio.

Pero, por encima de esa abundancia de reconocimientos, “Conducta” es sobre todo un gran filme, uno de esos que muchos críticos calificarían de imprescindible. Una película tan valiosa que puede “codearse” –por su alcance, no por su presupuesto‑ con títulos que han retratado a insignes “profesores de cine”. En el caso de “Conducta” se trata de una maestra, Carmela, que –estoy seguro– se convertirá en una referencia cinematográfica para el sector docente, como en su momento lo fue Mr. Keating (“El club de los poetas muertos”, 1989).

A alguno podría sorprenderle que una cinta cubana logre una cota tan alta de excelencia. En Cuba, desde luego, no están en condiciones de realizar grandes alardes presupuestarios, pero allí surgen verdaderos artistas y existe –por ejemplo‑ una larga tradición en el género documental, algo que se nota en la autenticidad que respira “Conducta. En su país logró abarrotar durante varias semanas las salas de cine, fenómeno que no se producía de 1993, con el estreno de “Fresa y chocolate” (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío).

El filme nos presenta a unos personajes entrañables, que se ganan el corazón del espectador: Chala, un niño de 11 años, que vive con su madre drogadicta, Sonia, y que entrena perros de pelea para aportar algo de dinero a su casa; Carmela, su maestra de sexto curso, una veterana y excelente profesional que conoce bien a Chala y sabe encauzar sus arranques de agresividad; Yeni, su primer amor y la mejor alumna de la clase… Una serie de acontecimientos, que es preferible no desvelar, afectará a todos ellos, pero sobre todo a Chala, a quien los responsables del colegio han decidido enviar a una “Escuela de conducta” (algo parecido a un correccional).

La sabia dirección de Daranas (La Habana, 1961) consigue introducirnos en los barrios marginales y en las calles bulliciosas de su ciudad natal; nos sube a azoteas llenas antenas; nos familiariza con el sonido de La Habana, con sus edificios deteriorados, con sus coches desfasados, con ese viejo tren que parece un elemento más del paisaje… Pero es la suya una mirada llena de cariño, que sabe sacar belleza de todo lo que filma –incluso de los desconchones– para asombro del espectador. La potencia visual de la espléndida fotografía de Alejandro Pérez es una de las claves de ese impacto.

Conducta” cuenta con un guión muy medido del propio director, donde presente y pasado interfieren y dotan a la narración de un ritmo que nunca decae. La riqueza argumental no elude una cierta crítica política y del sistema educativo cubano, ni la importancia de la Religión para la vida de las personas. Y se agradece que su final sea tan abierto como esperanzador.

Si la actuación de Armando Valdés Freire como Chala es de una naturalidad sorprendente, la de Alina Rodríguez en el papel de Carmela es de aplauso, y así le fue reconocida en varios festivales. Les acompañan un buen puñado de secundarios, todos muy bien dirigidos, con una mención especial para los niños, que se enfrentan a la cámara sin el menor signo de teatralidad.

"Confieso que, mientras la filmábamos, pensábamos que era una historia muy nuestra, pero cuando la película empezó a ser premiada en festivales de lugares tan diversos, entendimos que la empatía que sus personajes despiertan es universal", declaró Daranas cuando conoció la nominación al Goya de “Conducta”. Unas palabras confirmadas por los varios “premios del público” que ha recibido.

Conducta” es una cinta que gustará a un amplio espectro de personas, que encantará a los docentes y educadores en general, y que puede convertirse en una herramienta didáctica muy eficaz. UNICEF la ha distinguido con dos galardones por “su defensa de los derechos de los niños”, y apoyará su estreno en España con diversas iniciativas institucionales.

Ojalá el público español también sepa apreciarla.

Juan Jesús de Cózar

lunes, 25 de mayo de 2015

Selección de estrenos en DVD (Mayo 2015)

Ofrezco la selección de estrenos en DVD que ha publicado Ana Sánchez de la Nieta en Aceprensa. Me parece un elenco acertado, pensado para poder ver en familia (para jóvenes y adultos).

Magia a la luz de la luna

Director y guionista: Woody Allen. Intérpretes: Colin Firth, Simon McBurney, Emma Stone, Catherine McCormack, Eileen Atkins, Erica Leerhsen. 97 min. (D).

Años 20 del pasado siglo. Stanley, afamado mago británico que rechaza cualquier cosa que huela a sobrenatural, disfruta desenmascarando a todo aquel que ose atribuirse dotes de adivinación o capacidad de comunicarse con los espíritus. Un amigo le propone conocer en la Provenza francesa a la joven americana Sophie, quien tiene obnubilada por completo a una adinerada familia. Y aunque Stanley está convencido de que es una embaucadora, Sophie empieza a hacerle pensar si no habrá dado por fin con alguien capaz de alterar sus racionalistas convicciones. El film funciona, con su halo romántico, y bromas y sorpresas de buena ley, sembrando las dudas que el mismo cineasta alberga. Allen potencia a grandes actores a los que no había acudido hasta la fecha, como Colin Firth y Emma Stone.

Interstellar

Director: Christopher Nolan. Guion: Jonathan Nolan, Christopher Nolan (argumento: Kip Thorne). Intérpretes: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, Matt Damon, Bill Irwin, John Lithgow, Casey Affleck, David Gyasi, Wes Bentley. 169 min. Oscar a los efectos visuales.

El creador de la mejor saga de Batma cuenta aquí la historia de un padre que se embarca en una compleja misión espacial en busca de una galaxia donde los seres humanos puedan vivir, pues la Tierra ha quedado inhabitable. A partir de esta sinopsis, que comparte con títulos similares, y de una historia del físico americano Kip Thorne, que primero atrajo a Steven Spielberg, Nolan construye un complejo relato sobre agujeros negros, viajes en el tiempo y realidades en cuarta y quinta dimensión. Interstellar no es ni mucho menos perfecta pero es un espectáculo enorme, una de esas películas que uno recomienda sin miedo a sus amigos sabiendo que no van a arrepentirse de haberse dejado un dinero en la taquilla.

The Imitation Game (Descifrando Enigma)

Director: Morten Tyldum. Guion: Graham Moore (libro: Andrew Hodges). Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance, Matthew Goode, Allen Leech, Tuppence Middleton. 114 min. (D). Oscar al guion adaptado.

Interesante biopic sobre Alan Turing, el matemático británico que consiguió descifrar los mensajes nazis en la Segunda Guerra Mundial. Su máquina, precursora de los actuales ordenadores, permitió acortar la guerra, impulsó la victoria de los aliados y salvó millares de vidas. La historia es conocida, pero no fácil de contar bien: no lo es mantener un thriller apoyado en términos matemáticos, y ante esta dificultad, la tentación de dirigir la acción hacia alguna “carretera secundaria” –llámese historia de amor, conflicto personal, grupal, etc– es muy fuerte. Tyldum evita los dos peligros, por un lado dando peso a lo que realmente tiene importancia y desarrollando bien el invento de la máquina; por otro, abordando las subtramas dramáticas como lo que son: necesarias pero secundarias.

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

Director y guionista: Philippe de Chauveron. Intérpretes: Christian Clavier, Chantal Lauby, Ary Abittan, Medi Sadoun. 97 min. (S).

Los Verneuil, Claude y Marie, son un matrimonio de raíces profundamente francesas. Cristianos de siempre, no entienden qué les pasa a sus cuatro hijas. La primera se ha casado con un musulmán de origen argelino; la segunda, con un judío; la tercera, con un chino… A Claude y Marie les gustaría que la pequeña se casara por la Iglesia, con un católico. Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? es una comedia sin pretensiones, pero bastante lograda: con buenos actores, diálogos agudos y situaciones divertidas. Chauveron juega la baza del buen cine francés, pero ofrece un mensaje universal: la intransigencia y la xenofobia se encuentran a ambos lados y todos tienen que hacer un esfuerzo para convivir.

domingo, 17 de mayo de 2015

Estreno de "Romero": un mártir de la Fe

Este sábado 23 de mayo es la beatificación de Mons. Romero. Con ese motivo, el festival de Cine Madrimaná organiza, el miércoles 20 de mayo, en Madrid, un preestreno benéfico de la película "Romero. El santo del pueblo", que este mes lanza en DVD la distribuidora European Dreams Factory, galardonada este año con el Premio ¡Bravo! de la Comisión de Medios de Conferencia Episcopal.

Tras una década muy conflictiva social, política y económicamente, El Salvador inaugura la década de los 80 del siglo XX con una nunca declarada guerra civil entre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y la gubernamental Fuerza Armada de El Salvador (FAES) –los Escuadrones de la Muerte–. Una guerra que duró doce años y que dejó 75.000 salvadoreños muertos o desaparecidos. En ese contexto, la Iglesia de El Salvador vivía momentos difíciles. Por un lado, había sacerdotes y obispos que, temerosos de la amenaza comunista, se alinearon con el Gobierno; por otro, estaban los sacerdotes –muchos de ellos jesuitas– que sucumbieron a la Teología de la liberación y algunos de los cuales terminaron por coger las armas; en medio, estaban católicos como monseñor Óscar Romero, que denunciaban desde la fe las graves injusticias que se perpetraban contra el pueblo, pero sin ceder a las veleidades marxistas de la lucha de clases.

Todo esto queda muy bien retratado en la película norteamericana Romero, realizada en 1989 por John Duigan, con guion de John Sacret Young, antes de finalizar la guerra civil. El actor Raúl Juliá da vida a monseñor Romero, al que vemos en 1977, cuando fue nombrado arzobispo de San Salvador por el Papa Pablo VI. Él mismo, que se concibe como un ratón de biblioteca, no comprende el sentido de su elección. Muchos le consideran un hombre débil, incapaz de afrontar los retos que tiene delante, pero los sucesos que van a ocurrir ante sus ojos le van a transformar en un hombre lleno de coraje y valentía, siempre a causa de su fe.

Uno de estos acontecimientos es el asesinato del jesuita Rutilio Grande, gran amigo de Romero, cuando se dirigía a una aldea a celebrar misa. A partir de ese momento, el obispo va a comprender la verdadera posición del Gobierno y se va a ir distanciando e incluso enfrentando a los dirigentes de la nación. Otro suceso fue el secuestro del ministro de Agricultura, Rafael Zelada, a manos de la guerrilla, cuando el obispo trató infructuosamente de mediar. Pero un hecho que obligó a Romero a abandonar definitivamente la ambigüedad fue la detención de su amigo el padre Osuna.

Romero muestra con precisión las diferencias en el seno de la Conferencia Episcopal, el papel del Provincial de los jesuitas y la interesante actitud de monseñor Flores, que a pesar de no estar de acuerdo con Romero, le apoya en todo. Del mismo modo, el film deja clara la actitud de Romero ante la teología de la liberación, en un diálogo que mantiene con un sacerdote guerrillero hacia el final de la película. Sin duda, este largometraje es un hermoso retrato del martirio cristiano, con escenas memorables como la recuperación del Santo Sacramento de una iglesia ocupada por el ejército, o el momento de la muerte de Romero. Inolvidable.

A continuación, ofrecemos un reportaje/trailer (4') que explica el contexto histórico y el sentido del filme.

Juan Orellana
Alfa y Omega

domingo, 3 de mayo de 2015

“Mandarinas”, el filme que merecía el Oscar

Al final se lo llevó “Ida”, la multipremiada cinta polaca de Pawel Pawlikowski. Me refiero al Oscar al mejor film de habla no inglesa, al que también aspiraba “Mandarinas” (Mandariinid, 2013), una producción escrita y dirigida por el estonio Zaza Urushadze que se estrenó en España el viernes 30 de abril.

Si “Ida” es cine mayúsculo, con una soberbia fotografía en blanco y negro, “Mandarinas” me parece una película aún más valiosa, de mayor alcance, a pesar de su aparente modestia. Su línea argumental es sencilla, pero los diálogos y –sobre todo– la actitud del personaje principal, provocan en el espectador una honda reflexión sobre el sinsentido de la guerra y, en general, sobre el de cualquier conflicto que degenere en violencia.

Para que el lector se haga cargo de la historia que narra, conviene recordar que, tras la disolución de la URSS, Georgia declaró su independencia en 1991 y consideraba a Abjasia como república autónoma perteneciente a su país. Sin embargo, Rusia defendía la condición de Abjasia como estado independiente. El conflicto de intereses derivó en la guerra abjasio-georgiana de 1992, momento en el que se sitúa la acción de “Mandarinas”, que comienza con la inserción del siguiente texto: “En la segunda mitad del siglo XIX, en Abjasia se establecieron aldeas estonias. La guerra abjasio-georgiana, que comenzó en 1992, alteró la apacible vida de los habitantes estonios. La mayoría de ellos decidió regresar a su patria histórica. Sus aldeas quedaron vacías. Sólo unos pocos permanecieron”.




Ivo (Lembit Ulfsak) es uno de esos estonios que decidió quedarse. Ebanista y hombre de una calma proverbial, le vemos fabricar cajas de madera para ayudar a su amigo y vecino Margus (Elmo Nüganena), que ha resuelto regresar a Estonia después de recoger y vender la cosecha de mandarinas de su finca. Pero sus casas se encuentran en medio de la contienda, y en una escaramuza bélica resultan heridos un checheno musulmán pro ruso y un georgiano de religión cristiana. Ivo se convierte así, involuntaria pero concienzudamente, en el buen samaritano que debe sanar las heridas de los cuerpos y –principalmente– de las almas de esos dos “enemigos íntimos”. Su austera casa será el improvisado hospital donde Ivo, como sabio alquimista, elaborará con sus hábiles manos las “pócimas” curativas. Sus serenas y firmes palabras harán el resto.

Por lo escrito hasta ahora podría dar la impresión de que “Mandarinas” es una película algo plana, pero nada más lejos de la realidad. El ritmo es intencionadamente reposado, pero contiene algunas impactantes escenas de acción y está recorrida por una notable tensión interna que engancha al espectador sin manipularlo. Por lo demás, el guión nos regala algunos diálogos memorables y nos desvela al final los motivos del comportamiento de Ivo.

Urushadze filma con solvencia y dirige muy bien a sus actores. En este sentido, buena parte de la credibilidad del film hay que adjudicársela a la interpretación del veterano Lembit Ulfsak, de una naturalidad apabullante y que puede traer a la memoria la de Richard Farnsworth en “Una historia verdadera” (David Lynch, 1999).

Mandarinas” no es sólo un gran alegato contra la guerra, como también lo fue la oscarizada “En tierra de nadie” (2001), del bosnio Danis Tanovic. Aunque ambas películas tienen algún punto de similitud, estamos ante una obra más profunda e imperecedera. En las dos hay tragedia, como es inevitable cuando surge una guerra, pero “Mandarinas” no sólo es una llamada a la paz y al desarme, sino también al respeto, a la comprensión, a la necesidad de perdonar, a la esperanza… Una esperanza a la que da alas la evocadora canción del compositor georgiano Irakli Charkviani que suena en la última escena y que se puede escuchar aquí.

Juan Jesús de Cózar

sábado, 25 de abril de 2015

Estreno de "Little boy" en Estados Unidos y... en el Vaticano

Little boy” es la última película de Eduardo Verastegui, conocido intérprete mexicano que triunfó en Estados Unidos como actor y como modelo, antes de su decisiva conversión al catolicismo en el año 2004. Desde entonces, se ha empeñado en hacer películas que promuevan los valores cristianos.

Little boy”, de cuya producción hablamos ya en este blog, transcurre en un pequeño pueblo de Estados Unidos a principios de los años cuarenta. Narra la historia de un niño de ocho años que es rechazado y maltratado por sus compañeros. “Eso no le importa –señala Verastegui– porque se refugia en el cariño de su padre. Un día su papá es reclutado por el ejército americano y conducido al Pacífico, donde es hecho prisionero por los japoneses. A partir de entonces, el niño tendrá que enfrentar la vida él solo”.

La película se estrenó ayer, 24 de abril, en Estados Unidos. Y con éxito destacable (1’5 millones de dólares en su primer día de recaudación). El 15 de mayo se estrena en México, y después del verano llegará a toda Europa.

Sin embargo, la cinta ha conocido un “estreno” más íntimo y emotivo. El 23 de abril, un día antes de la première mundial, Verástegui fue recibido en el Vaticano por el Papa Francisco y entregó al Santo Padre una copia privada, doblada al español especialmente para él. Poco después, Eduardo contó a los medios que le preguntó si podía romper el protocolo para abrazarlo: “Él me dijo: ¡Claro que sí!Lo abracé, me dio dos palmadas en la espalda, y me susurró: ´¡Rece por mí!´ Fue un momento mágico para mí”.

En este reportaje de Rome Reports, en el que se da noticia del argumento y se recogen algunas escenas, aparecen más declaraciones del actor mejicano. Sin duda, se trata de una película interesante, a la que conviene seguir la pista.

domingo, 19 de abril de 2015

"La casa del tejado rojo": las razones del corazón

Una buena película rezuma encanto y fragancia”. La afirmación corresponde a Yoji Yamada, el octogenario –y sabio– director de cine japonés, en una entrevista a raíz de su último film, La casa del tejado rojo (2014), estrenado en España el pasado 10 de abril. Y, refiriéndose a los actores, continuaba: “Lo importante es conseguir que la cámara atrape sus pensamientos y estados de ánimo. Pienso en eso cuando ruedo, aunque son cosas difíciles de reconocer, de captar, por lo que me esfuerzo en sentirlas de forma consciente en el ‘aire’ de una escena. Quiero rodar para capturar la atmósfera y la esencia”.

Yamada es uno de los discípulos más aventajados del maestro Ozu –junto a Hirokazu Koreeda–, y sus películas se sitúan en las antípodas del vértigo de muchas producciones actuales: destilan elegancia, serenidad, delicadeza, contención… Tienen mucha ‘vida interior’, pero exigen una mirada contemplativa y reflexiva por parte del espectador, para percibir más allá de lo que se muestra. Quizá sea un cine en extinción –sólo para nostálgicos, según algunos críticos–, pero esto no deja de ser una mala noticia, porque la filmografía de Yamada tiene mucho que enseñar a las nuevas generaciones de directores. Basta recordar la magistral Una familia de Tokio, ya reseñada en este blog.

Basada en la novela homónima de Kyoko Nakajima, La casa del tejado rojo está construida sobre varios espacios temporales, siguiendo las memorias que la ya anciana Taki escribió con la ayuda de su sobrino nieto Takeshi. Este enfoque permite resaltar los contrastes entre las aspiraciones y costumbres japonesas durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial y las del siglo XXI; entre el Japón imperialista –arrogante y luego derrotado–y el moderno estado nipón.

La joven Taki ‑excepcional Haru Kuroki, premiada en la Berlinale 2014‑ deja su pueblo en 1936 para servir en el hogar del matrimonio Hirai. Allí, en la hermosa casa del tejado rojo, vivirá unos años que marcarán el resto de sus días. Con su bondad, su abnegación y el amor de su corazón puro, velará por la felicidad de todos y sufrirá con los avatares de la familia; un sufrimiento que se hace extremo cuando su ama, la bella Tokiko (Takako Matsu), conoce al joven Itakura.

Más declaraciones de Yamada: “Es una historia acerca del pecado, pero también está la época en que transcurre. (…) La modesta alegría que muestra La casa del tejado rojo durante el periodo moderno de la era Showa, es destruido por la guerra que se acerca cada vez más. (…) La guerra es un pecado horripilante que destruye la felicidad de los seres humanos”. Y el director nos cuenta esa historia con un pudor y un gusto exquisitos, cargando las imágenes de significado y de poesía, y aprovechando la deliciosa banda sonora de Joe Hisaishi. Tal vez podría haber evitado algunas reiteraciones o demoras –el film se alarga hasta los 136 minutos–, pero ya se ha advertido que se trata de un cine que sólo se disfruta si se ve sin prisas.

Si la película –concluye Yamada– inspira a los que la ven a sopesar qué es lo importante y qué no lo es, al comparar el presente con el pasado, me sentiría muy feliz”. Unas palabras que parecen eco de otras que dejó escritas la Nobel de Literatura Pearl S. Buck, buena conocedora de la mentalidad oriental: “Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”.

Juan Jesús de Cózar

domingo, 12 de abril de 2015

Nuevo filme de Pixar: ¡Un mundo de emociones!

Pete Docter, el director de grandes cintas animadas, como Up o Monsters Inc., ha sido capaz de llevar al público a lugares exóticos y llenos de imaginación. En la próxima película de Disney-Pixar (titulada "Inside Out", en español Intensa-mente), nos llevará al lugar más extraordinario de todos: el interior de la mente. El estreno en Estados Unidos está previsto el 6 de junio; en España será el 14 de agosto de 2015.

El argumento es muy atractivo. Una niña de 11 años, Riley, vive con agitación su tránsito a la adolescencia. Se siente desarraigada cuando su familia se traslada a San Francisco por el nuevo trabajo de su padre. Como todos nosotros, Riley está guiada por sus emociones. En una escena concreta (aquí radica la originalidad del argumento), la acción nos traslada al interior de su mente y descubrimos qué pasa allí, y cómo influyen en su actuación una serie de personajes: Alegría (voz en inglés de Amy Poehler), Temor (Bill Hader), Furia (Lewis Negro), Desagrado (Mindy Kaling) y Tristeza (Phyllis Smith). Esas emociones viven en el Cuartel General de su mente, y desde allí la asesoran en su vida cotidiana. Mientras Riley y sus emociones se esfuerzan por adaptarse a una nueva vida en San Francisco, la confusión y la ansiedad se apoderan del Cuartel General. Aunque Alegría trata de mantener a flote los pensamientos positivos, las demás emociones entran en conflicto al tratar de decidir cuál es la mejor manera de navegar por su nueva ciudad, su nueva casa y su nueva vida.

Un adelanto de lo que puede ser esta deliciosa historia es este primer tráiler, que refleja lo complicada que puede ser una simple cena familiar cuando en ella las emociones se desatan sin control.



El segundo tráiler, aparecido hace pocos días, es una explicación más detallada del mundo de las emociones en que vivimos. Ambos vídeos han superado los 5 millones de descargas. Sin duda, será uno de los grandes estrenos del año.

domingo, 5 de abril de 2015

La Resurrección de Jesús en el cine (1961-2004)

Hoy, día de la Resurrección del Señor, es un buen momento para ver cómo han reflejado este episodio las principales películas.

En Rey de Reyes (1961), dirigida por Nicholas Ray, el pasaje de la Resurrección sigue a pies juntillas el relato evangélico de San Juan. María Magdalena (Carmen Sevilla) ha pasado la noche entera en el exterior del sepulcro, porque quiere embalsamar el cuerpo del Señor en cuanto pase el sábado (día de obligado descanso para los judíos). Al despertar, “todavía muy temprano, cuando aún estaba oscuro… vio quitada la piedra del sepulcro” (Jn 20, 1). Se asoma, ve los lienzos depositados sobre la losa, “y entonces echó a correr” (Jn 20, 2).

Profundamente agitada, pues piensa que “se han llevado al Señor” (Jn 20, 2), sale en busca de alguien que pueda darle razón de lo que sucede. Divisa a un hombre que está vuelto de espaldas, y “pensando que era el hortelano, le dijo: ‘Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto’ (Jn 20, 15).

Sin volverse, el hombre inicia el diálogo que recoge S. Juan: “Mujer, ¿por qué lloras?”. “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. En ese instante, es Jesús quien se vuelve –no María Magdalena- y exclama su nombre. Ella le reconoce (aquí más por la visión de su rostro que por escuchar su voz) y grita: “¡Maestro!”. Jesús le dice: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre". El filme concluye el discurso de Jesús con una frase de Mateo: “Diles que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28, 10).


En 1973, y como consecuencia de dos filmes polémicos (Jesucristo Superstar y Godspell), se concibió la idea de producir un serial televisivo sobre la vida de Jesús. Un proyecto de clara inspiración cristiana, que llevaron adelante la RAI (católica) y la BBC (anglicana). La imagen que la serie nos da de Cristo es clara, brillante, muy divina.

En su relato de la Resurrección, el director Franco Zeffirelli quiso subrayar los sentimientos y las reacciones de los personajes. La secuencia arranca con la llegada de María Magdalena y otras dos mujeres (Mc 16, 1), todavía con las brumas del amanecer. Los soldados dormitan, pero uno despierta: “¿Quiénes sois?”. La Magdalena es quien lidera el grupo: “Somos la familia de Jesús” (Aquí evoca una frase de Jesús: “El que cumple la Voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi Madre”). “¿Y qué queréis?” “Entrar en la tumba para ungir el cuerpo y llevarle ropa limpia, perfumes…”. El afecto humano de los seguidores de Cristo queda manifiesto en el diálogo. Tanto, que conmueve a los soldados: “Está bien. Pero necesitaréis un ejército para remover la piedra”.

En el trayecto al sepulcro, dos jóvenes y misteriosos labriegos les dicen desde una loma: “¿Por qué buscáis a los vivos entre los muertos? Jesús no está aquí?”. (Zeffireli traslada a esta escena previa el encuentro de las mujeres con dos ángeles en la entrada del sepulcro). Ellas les toman por locos y siguen adelante; pero, al llegar al sepulcro, descubren que, en efecto, Jesús no está. María Magdalena vuelve entonces sobre sus pasos, pero los dos jóvenes han desaparecido.

A continuación, el director italiano centra su atención en las actitudes de los apóstoles. Llega al cenáculo Felipe, y todo son recelos de que puedan correr la misma suerte que Jesús. Preguntan a Pedro, que ya entonces hace cabeza, y él responde: “Debemos hacer lo que el Maestro hubiera querido”. Ya no hay dudas ni negaciones en Pedro. Empieza a ser la piedra sobre la que se edifica la Iglesia.

En el instante en que Tomás duda de que Jesús pueda volver, llega María Magdalena y afirma conmovida: “¡Le he visto! ¡Al Maestro! Ha resucitado”. A continuación, la cámara enfoca la reacción de Pedro. Por ese primer plano, y por las citas antes señaladas, podemos concluir que este relato de la Resurrección sigue bastante de cerca el Evangelio de Marcos, que recoge sobre todo la predicación de S. Pedro. Pero, sobre todo, lo que busca Zefirelli es retratar la reacción de los personajes: la emoción y el amor de la Magdalena, la autoridad de Pedro, el temor de los apóstoles



A las puertas del tercer milenio, y tras algunas cintas polémicas (La última tentación de Cristo, Jesús de Montreal) que omiten deliberadamente la secuencia de la Resurrección, varias películas se proponen reflejar una nueva imagen de Cristo: más equilibrada e históricamente precisa.

Frente al Jesús exclusivamente divino de los sesenta (Rey de Reyes, La historia más grande jamás contada) y frente al Jesús “revolucionario” de los 70 y 80 (Jesucristo Superstar, Jesús de Montreal), los nuevos filmes van a tratar de mostrar a un Jesús que es Dios y Hombre al mismo tiempo: muy divino en sus milagros y en su mensaje, pero también muy humano en la preocupación por su Madre y por todos los que le siguen.

El primer fruto vino de la mano de Ettore Bernabei, un productor italiano que produjo con la CBS la miniserie Jesús (1999), dirigida por Roger Young e interpretada por Jacqueline Bisset, Jeremy Sisto y Debra Messing. Jesús habla de su condición divina, pero a la vez sonríe, bromea y dialoga afectuosamente con los apóstoles.

En el relato de la Resurrección, Young ha creado una puesta en escena que hila muy bien el relato de S. Juan. La mañana del Domingo, María Magdalena se dirige al sepulcro. Ve la piedra removida (Jn 20, 1) y corre al cenáculo para decir a los apóstoles que “¡Han robado su cadáver!” (Jn 20, 2). Pedro y Juan salen corriendo hacia el sepulcro (Jn 20, 3). Juan corre más y llega antes, pero sólo se asoma en la entrada. Enseguida llega Pedro y entra Juan (Jn 20, 4-6).

Entonces surge el diálogo entre la razón (Pedro) y el amor (Juan). Pedro dice: “No está” (es lógico y razonable pensar que lo han robado), pero Juan contesta: “Ha resucitado”. Pedro sigue hablando con la abeza: “Resucitado no, han robado su cadáver”. Juan, movido por el amor, ha alcanzado ya la Fe: “Pero Él dijo al tercer día resucitaré”. Y Pedro cree al fin (Se trata de una licencia, pues el evangelista dice que el único que creyó es Juan: Jn 20, 10).

Al salir del sepulcro, se topan con María Magdalena, que ha vuelto. Ellos se van corriendo a decir a todos que Jesús ha resucitado (nueva licencia del director) mientras ella se queda desconsolada junto a la tumba (Jn 20, 11). Por detrás de un alto palmeral, se oye una voz que dice: “Mujer, ¿por qué lloras?” (Jn 20, 15). Magdalena no reconoce aún la voz de Jesús, y le dice, tomándole por el hortelano: “Si te has llevado a mi Señor, dime dónde lo has puesto”. Jesús sale de la zona arbolada y dice, a la vista de ella: “¡María!”. Y ella grita: “¡Maestro!” y le abraza emocionada (Jn 20, 16). Una reacción mucho más efusiva que la sugerida en el Evangelio (“No me toques”, le dice Jesús).

Además, aquí el reconocimiento de Jesús no se produce porque Él se vuelva hacia ella (como en Rey de Reyes) sino por la elevada maleza, lo cual es más razonable. Sugiere, además, que el descubrimiento se produce cuando escucha su nombre. Descubrir que Dios la llama por su nombre, personalmente, con un tono conmovido de infinito cariño, es algo que la cinta sugiere, aunque no lo haya reflejado por completo.


En la misma línea de mostrar a un Jesús divino y humano, Redentor de los hombres y –a la vez- cariñoso y afable con todos, en el año 2000 se estrena en Estados Unidos una película de animación, dirigida por Stanislav Sokolov, titulada El hombre que hacía milagros. Muy fiel a los Evangelios, la historia está narrada desde el punto de vista de una adolescente: la hija de Jairo, a la que Cristo resucita en una escena conmovedora.

El filme presta una especial atención a la secuencia de la Resurrección y a los acontecimientos que siguieron. Mientras otras películas omiten esa parte (El Mesías) o la distorsionan por completo (Jesús de Montreal, Jesucristo Superstar), El hombre que hacía milagros le da una importancia capital en el conjunto del relato. Además, y en comparación con los demás filmes comentados en este serial sobre “La Resurrección en el cine”, aquí el desarrollo de esos acontecimientos abarca un metraje considerable y conjuga, en su narración, la fidelidad a las Escrituras con una integración creativa de las distintas escenas relatadas por S. Juan y S. Lucas.

En este filme vemos, de forma hilvanada, todos los sucesos de aquellas horas: María Magdalena encuentra la tumba vacía y se echa a llorar (Jn 20, 1). Entonces, una voz cálida a sus espaldas —que ella toma por la del hortelano— trata en vano de consolarla; hasta que le oye pronunciar su nombre, “¡María!”, y se vuelve conmovida porque ha comprendido que está ante Jesús resucitado (Jn 20, 11-18). Según le indica el Maestro, corre a contárselo a Pedro, y esto mueve al apóstol a acudir a la tumba (Jn 20, 2-7), aunque sin la compañía de Juan.

De regreso a Jerusalén, mientras medita en el sepulcro vacío, Pedro se encuentra con el Maestro (Lc 24, 34) y vuelve corriendo para contarlo a los demás apóstoles. Al llegar al cenáculo, vemos que acaban de llegar Cleofás y Jairo, y éstos relatan —se ve luego en dibujos animados— cómo Jesús se les ha aparecido en el camino a Emaús y les ha explicado las Escrituras, y cómo le han reconocido al partir el pan (Lc 24, 13-35). Tomás muestra entonces un escepticismo sarcástico frente a esos relatos, que juzga fantaseados... Y aquí corté la secuencia, para no hacerla demasiado larga. Lo que sigue es la repentina aparición de Jesús, que enseña sus manos a todos, y en especial a Tomás. El apóstol cambia su incredulidad por un sincero acto de fe (Jn 20, 36-41).

La concatenación de escenas -creando unidad en lo que eran cuadros sueltos- es lo que hace sublime, atractivo y dinámico el relato que este filme nos ofrece de toda la secuencia de la Resurrección.



El último filme que analizamos en este serie es La Pasión de Cristo (2004), dirigido por Mel Gibson. En un plano breve (un epílogo sumamente sugestivo a todo el gran relato de la pasión) nos ofrece una explicación teológica –basada por completo en un pasaje de S. Juan- de lo que sucedió en el instante de la Resurrección.

Según testimonios de la época, los judíos empleaban una gran sábana blanca para embalsamar a los difuntos. También era costumbre envolver el rostro con otro paño más pequeño (sudario, le llamaban) para sujetar la mandíbula y evitar que se abriera la boca del cadáver. Es lo que hicieron con Jesús: tenía la sábana “y el sudario que había sido puesto en su cabeza” (Jn 20, 7). Con esto tenemos dos piezas: la sábana y una venda separada de ella que se usaba como mortaja.

Cuando Juan entró en el sepulcro, “vio los lienzos plegados y el sudario, que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio” (Jn 20, 7). Es esa disposición de los lienzos (“todavía enrollados” pero sin el cuerpo en su interior), simplemente “plegados(en el original griego: “caídos”, como si hubiera desaparecido el cuerpo de su interior) es lo que inmediatamente mueve a la conversión del apóstol: “Entonces entró también el otro discípulo…, y vio y creyó” (Jn 20, 8).

Todo esto es lo que trata de reflejar el último plano de la película de Mel Gibson. Un fantástico plano-secuencia sugiere el momento en que se desliza la piedra de la entrada. Todos los Evangelios señalan que la piedra fue removida, y Mateo describe incluso el momento en que “se produjo un gran terremoto, y un ángel del Señor… apartó la piedra” (Mt 28, 2). La toma va recorriendo las distintas cavidades de la roca, y de repente entran en plano los lienzos sagrados en el momento en que empiezan a caer sobre sí mismos.

Sigue el movimiento del plano, y los lienzos quedan “caídos”, atados y enrollados alrededor de la mortaja, como si en ese preciso momento hubiera desaparecido el cuerpo de Jesús. Justo entonces vemos la razón de ese vacío: la cámara enfoca un luminoso primer plano de Cristo resucitado, que a continuación se alza para mostrar su cuerpo glorioso, sin los estigmas de la flagelación y la coronación, pero sí con las señales de los clavos en sus manos. Es el momento en que acaba de resucitar y por eso los lienzos caen sobre sí mismos. Gibson muestra así a los espectadores, justo en el momento en que sucede, lo que una vez acontecido conmoverá profundamente a Juan.

domingo, 29 de marzo de 2015

“La historia de Marie Heurtin”: el lenguaje del corazón

No es habitual que una película se estrene un miércoles, pero si pensamos en un Miércoles Santo y el filme tiene un claro contenido espiritual o religioso, el estreno aprovecha el “tirón” de la Semana Santa y el largo puente que se origina. Es el caso de “La historia de Marie Heurtin”, una sensible cinta francesa que llegará a nuestras pantallas el 1 de abril y que contiene atractivos suficientes para recomendar su visionado.

El argumento se apoya en la verdadera historia Marie Heurtin, una joven sordomuda y ciega, nacida en 1885 y fallecida en 1921. La película comienza con la llegada de Marie a un convento de las Hijas de la Sabiduría, congregación fundada por San Luis María Grignon de Monfort y Sor María Luisa de Jesús (Trichet). Sus buenos y desesperados padres le han dado todo el cuidado y cariño posibles, pero no logran que Marie se comunique y ésta se comporta como una pequeña salvaje. Las religiosas, que acogen a chicas discapacitadas, tienen una justificada fama en la atención de niñas sordomudas y una amplia experiencia en el lenguaje de los signos. Marie (Ariana Rivoire) es un caso demasiado difícil, pero la hermana Marguerite (Isabel Carré), una joven y entusiasta monja de frágil salud, insiste en hacerse cargo de su instrucción.

Dirige, y dirige bien, Jean-Pierre Améris (“La vida”, “Tímidos anónimos”), que se beneficia de un medido guión, del colorido de la campiña francesa y de las interpretaciones de Isabel Carré y Ariana Rivoire, sordomuda en la vida real. Con una puesta en escena sobria, elegante y poética en ocasiones, consigue involucrar poco a poco al espectador sin cansarlo, regulando bien el tempo de cada escena. Por otro lado, nos presenta un retrato amable y hasta divertido de las monjas, con una madre superiora enérgica y flexible a la vez, lejos de la visión sectaria que han propuesto otras cintas.

Como es lógico, el sentido del tacto tiene una relevancia particular en la película. Un sentido que queda ennoblecido cuando su objetivo es elevado, como es el que pretende Sor Marguerite con Marie: enseñarle a comunicarse, a relacionarse y, por tanto, hacerla más capaz de amar y de ser amada. Un trabajo agotador que no sólo se hace con signos sino, sobre todo, con el corazón, con esa actitud de generosidad que sabe descubrir las posibilidades de crecimiento que se esconden tras las limitaciones personales.

El filme remite a títulos tan reconocidos como “El milagro de Anna Sullivan” (Arthur Penn, 1962) o “El pequeño salvaje” (François Truffaut, 1970), y no está lejos del cine de Robert Bresson. Procurando evitar el sentimentalismo pero sin renunciar a las emociones, Améris acaba la película en alto con una bellísima escena muy bien planificada, que provocará más de una lágrima en el público. Un final que deja al espectador –así lo pude comprobar en el preestreno al que asistí– con la impresión cierta de haber visto una buena película: que no es poco.

Juan Jesús de Cózar

La imagen de Jesús en "La pasión de Cristo"

Comienza hoy la Semana Santa, un buen momento para recordar aquella película dura y polémica -pero, a la vez, maravillosa, encendida, realista... llena de fe y amor- que fue "La Pasión de Cristo" (2004). Un filme que, a pesar de sus detractores, tuvo un impacto tremendo y muy positivo en las audiencias de todo el mundo.

Con independencia de su posterior trayectoria personal, Mel Gibson ha reconocido que quiso rodar su película, llena de significación teológicapara agradecer a Dios la “fuerte crisis espiritual” que le había hecho “volver a mi fe cristiana”. Así lo contaba en una entrevista publicada poco antes del estreno:

Yo siempre he creído en Dios, en su existencia. En mi familia me enseñaron a creer de cierta manera. Pero a mitad de mi vida, dejé algo de lado mi fe, y otras cosas ocuparon el primer lugar (...). En ese momento, comprendí que necesitaba algo más si quería sobrevivir. Me sentía impulsado a una lectura más íntima de los Evangelios, de la historia en su conjunto. Ahí fue cuando la idea empezó a cuajar dentro de mi cabeza. Empecé a ver el Evangelio con gran realismo, recreándolo en mi propia mente para que tuviera sentido para mí, para que fuera relevante para mí. Eso es lo que yo quería llevar a la pantalla”.

Precisamente por eso, el director australiano fue sido muy explícito a la hora de señalar qué le movía a realizar esta cinta. Por una parte, una suerte de catarsis, de purificación personal: “Descubrí que, para sanar las heridas de mi vida, debía observar las heridas de Cristo; y, por tanto, contemplar la Pasión”. Por otra, una oportunidad para que la gente sencilla pudiera redescubrir la manifestación máxima del afecto divino: “Es la historia del amor más grande que se puede tener: dar la vida por alguien. La Pasión es la aventura más grande de la historia. Creo que es la mayor historia de amor de todos los tiempos: Dios que se hace hombre y los hombres que le odian y le matan”.

Para esta recreación de los relatos evangélicos, Gibson optó por una narración y una puesta en escena decididamente realistas. No quería dulcificar ni un ápice el duro relato de la Pasión, y su guión definitivo abundó en escenas crudas, como la flagelación y coronación de espinas, los malos tratos de la soldadesca, la creciente asfixia colgado en el madero, la muerte agónica sobre la cruz.

En síntesis, el cineasta quiso reflejar a Cristo en toda su doliente humanidad (maniatado, flagelado, insultado y arrastrado hasta la cruz) como manifestación plena de su inmenso amor por los hombres. Esa es la imagen que nos muestra de Jesús: no un Jesús bello y hermoso; tampoco uno distante o angustiado por nuestras faltas; sino un Jesús doliente: humano, plenamente humano, que asume el castigo que sus hermanos los hombres merecíamos.

El Jesús de Caviezel apenas habla, y tampoco expresa muchas emociones. En silencio, calla y sufre: porque esa es la Voluntad de su Padre. Y Gibson nos hace ver que esa noche de amargura no fue en absoluto un trance fácil por el hecho de que fuera Dios. Como hombre, sufrió en la misma medida de su amor, que era inmenso. Por eso sufrió una agonía que el espectador llega a sentir en su propia carne. Más de uno ha tenido que apartar la vista o salir por unos instantes de la proyección. Cuando, terminada la primera flagelación, le vemos levantarse para seguir sufriendo, somos conscientes de todo lo que nos amó...

lunes, 23 de marzo de 2015

15 películas para esta Semana Santa

La semana próxima -que, por tantos motivos, todo el mundo denomina Santa- será fecunda en representaciones de la Pasión: procesiones de pasos y tronos, obras teatrales, tradiciones centradas en la Cruz... Mil y un eventos artísticos inundarán las calles de nuestro país, mostrando a las claras lo mucho que la cultura cristiana ha calado en nuestra sociedad.

Hasta hace poco, la programación televisiva se mantenía en esa línea: procuraba incluir filmes religiosos -que relatan la vida de Jesús o de los primeros cristianos- para recordar a los espectadores los acontecimientos que íbamos a celebrar. Últimamente, sin embargo, las parrillas de las cadenas se han distanciado un tanto de lo que conmemoramos en la Semana Santa. Y como, al haber más tiempo libre, muchas familias piensan en ver películas enriquecedoras, aptas para todos los públicos y que a la vez evoquen los acontecimientos de la Pasión, he pensado en publicar esta selección de películas que pueden encontrarse en cualquier video-club.

En otros lugares he publicado "Las 10 mejores películas sobre Jesús de Nazaret", "Las 100 películas más inspiradoras de la historia" o "Las 100 mejores películas católicas". Ahora propongo un elenco con 3 listados de filmes: 5 sobre la vida de Jesús, 4 sobre los primeros cristianos y 6 películas recientes con valores (en los cines o en DVD). Espero que os sirva para programar el cine de las dos próximas semanas. Y no dejéis de decirme cuál es vuestra preferida en cada apartado:

a) Vida de Jesús:

- Jesús de Nazaret (Italia, 1977), de F. Zeffirelli. Mini-serie en 4 capítulos. Todos.
- Jesús (Italia, 1999), de R. Young. Mini-serie en 2 capítulos. Para jóvenes.
- El hombre que hacía milagros (2000), de Derek W. Hayes y Stanislav Sokolov. Animación en 3-D. Para toda la familia, gustará mucho a los niños.
- La pasión de Cristo (USA, 2004), de Mel Gibson. Para jóvenes y mayores.
- Ben Hur (USA, 1959), de William Wyler. Un clásico de la Semana Santa, con dos breves apariciones de Jesús que transforman la vida de Judá Ben Hur.

b) Primeros cristianos:

- Quo Vadis (1951), de Mervyn LeRoy (con Robert Taylor y Deborah Kerr)
- La túnica sagrada (1953), de Henry Koster (con Richard Burton y J. Simmons)
- Barrabás (1962), de Richard Fleischer (con Anthony Quinn y Vittorio Gassman)
- En busca de la tumba de Cristo (2007), de Guilio Base (con D. Liotti, Ornella Muti, F. Murray Abraham, Mónica Cruz y Max von Sydow)

c) Películas recientes con valores cristianos:

- Quédate conmigo (2014), de Michael McGowan (Preciosa historia de amor y entrega en la tercera edad, que se pone a prueba en la enfermedad)
- El cielo es real (2014), de Randall Wallace (Basado en la experiencia real de un niño que al borde de la muerte puso visitar el Cielo)
- La jaula dorada (2014), de Ruben Alves (Comedia costumbrista sobre el amor en la familia y el espíritu de servicio a los demás)
El medallón perdido (2013), de Bill Muir (Aventuras; sobre la Fe y la familia)
- El gran milagro (2013), de Bruce Morris (Animación; sobre la Misa y los Ángeles)
- Prefiero el paraiso (2012), de Giacomo Campiotti (Biografía de San Felipe Neri)  

domingo, 15 de marzo de 2015

San José en el cine: ¿artesano o carpintero?

El próximo 19 de marzo, fiesta de San José, es un buen día para acordarnos del padre legal de Jesús, Patrono de la Iglesia Universal. Sobre todo, es un día para pensar en su faceta como trabajador, que compartía con su Hijo, y en la que nos parecemos a él: también nuestra vida está marcada por el trabajo. 

La pregunta que está implícita en el titular afecta también al Hijo de Dios: ¿fue Jesús, como José, de profesión carpintero? Esa ha sido la creencia popular: que José fue el carpintero de Nazaret y transmitió su oficio a Jesús, quien ejerció también esa profesión hasta el comienzo de su vida pública. Pero ¿es eso lo que nos dicen los Evangelios?

El relato de S. Mateo incluye un versículo en el original griego (“oùj oûtos estin ho toû téktonos huiós”) que durante siglos se ha traducido así: ¿No es éste el hijo del carpintero?” (Mt 13,55). Una expresión muy parecida se recoge también en S. Marcos: “¿No es éste el carpintero, el hijo de María?” (“oûj oûtos estin ho tekton, ho huiòs tes Marías”). En ambos lugares, la palabra griega “tekton” se ha traducido como carpintero, pues se trataba de un trabajador manual que trabajaba la madera.

Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que con esa expresión, tekton, se designaba en general al artesano que trabajaba la madera y la piedra, especialmente en la construcción; de modo que al imaginarnos el oficio de José y de Jesús hemos de pensar más bien en lo que hoy sería una mezcla de albañil y artesano (en construcciones basadas en la madera), y no tanto en un carpintero como los de hoy (diseñador y reparador de muebles). De ahí que la frase del Evangelio que hemos citado al principio habría que traducirla así: “¿No es éste el hijo del artesano?”, tal como leemos hoy en las ediciones modernas. De hecho, la palabra “arquitecto” designaba a aquel jefe de obra que dirigía a los diversos “tectones” que intervenían en la construcción.

Esa es, justamente, la imagen del oficio de Jesús que muestra “El hombre que hacía milagros” (fotogramas de la izquierda y de arriba). En la primera secuencia de ese filme vemos a Jesús trabajando la piedra y la madera en las obras de la sinagoga de… Séforis. Y uno podría preguntarse: “¿Pero Jesús no vivía en Nazaret?”. En efecto, así lo refieren los Evangelios. Pero las últimas excavaciones arqueológicas han revelado, por una parte, que Nazaret era entonces un pueblo pequeño y pobre, en el que dudosamente habría trabajo para un carpintero durante todo el año; y, por otra, han situado en Séforis la residencia de Herodes Antipas.

Antipas, tetrarca de Galilea y Perea entre los años 4-39 d.C. (es decir, toda la infancia y la juventud de Jesús), había hecho de Séforis la capital de aquel territorio: la había fortificado y la había embellecido con grandes obras públicas, para lo que había sido preciso contratar a cientos de obreros, carpinteros y artesanos. A esto se añade que Séforis se encuentra a sólo 5 Km. de Nazaret: es decir, a una hora a pie. Si imaginamos a Jesús y a José, artesanos que sabía trabajar la piedra y la madera, en una pequeña aldea en la que no había mucho trabajo... es bastante verosímil pensar que ambos hubieran trabajado allí, esporádicamente o de modo estable, justo en los años anteriores al comienzo de la vida pública de Jesús. De hecho, esto es lo que nos muestra el principio de “El hombre que hacía milagros”.

Así pues, José y Jesús fueron carpinteros, pero algo más que eso. Fueron artistas que sirvieron con su trabajo a una población mucho más amplia que la de Nazaret. Y con ese oficio se santificaron y santificaron también la realidad que les tocó vivir.

A diferencia de la película animada que comento, la mayoría de los filmes -desde la época muda hasta ahora- ha preferido representar a Jesús como carpintero. Así lo vemos en este fotograma de "La pasión de Cristo", en el que la Virgen, sin dejar un momento sus tareas en el hogar, sigue con atención el trabajo de su hijo en la carpintería de Nazaret. Ella le vio trabajar la madera durante años, consciente de que también así estaba obrando su Hijo la redención en el mundo.

Aquí os dejo el tráiler de "El hombre que hacía milagros". Lo primero que se dice de Jesús es que fue "el carpintero de Séforis".

¡Y muchas felicidades a todos los Josés y a todas las Josefinas o Mª José...!

domingo, 8 de marzo de 2015

“Selma”, el sueño de Martin Luther King

Ayer se cumplieron 50 años de aquel bloody sunday del 7 de marzo de 1965, cuando la policía de Selma (Alabama) reprimió violentamente el primer intento de marcha pacífica que convocó Martin Luther King, para reclamar que el acceso al voto de la población negra fuese una realidad. Los 600 manifestantes pretendían llegar hasta Montgomery, sede del gobierno del Estado de Alabama, y no pudieron pasar del puente Edmund Pettus, a pocos kilómetros del centro de la ciudad.

Coincidiendo con ese aniversario, el pasado viernes se estrenó en España “Selma”, una película dirigida por la afroamericana Ava DuVernay, con guión del debutante Paul Webb y de la propia directora. El filme comienza recreando la concesión del Nobel de la Paz de 1964 a Martin Luther King, encarnado por un excelente David Oyelowo. El premio era un reconocimiento a la intensa labor de King, pastor baptista, en pro de los derechos civiles de los negros desde una década antes.

A este inicio le siguen dos escenas significativas: el recuerdo del miserable atentado perpetrado por el Ku Klux Klan el domingo 15 de septiembre de 1963 en una iglesia de Birmingham (Alabama), que causó la muerte de cuatro niñas negras e hirió a otros 22 niños; y una llamada de King a su amiga Mahalia Jackson para que le cante por teléfono “Take My Hand, Precious Lord. Ésta era la canción favorita de King, y en más de una ocasión llamó a la artista para que oírsela cantar. (Para los aficionados al gospel, aquí puede verse a Mahalia Jackson cantando en vivo esta famosa canción).

Son escenas relevantes porque dan a conocer al espectador el estado de ánimo del protagonista: indignación, conciencia de su deber de continuar la lucha, cansancio y necesidad de la ayuda de Dios. A esta situación interior se suma la preocupación de King por mantener la unidad familiar, seriamente dañada por sus ausencias y –sugiere el guión– por algunas debilidades en el terreno afectivo.

La película ha contado con un magnífico reparto (Tom Wilkinson, Tim Roth, Giovanni Ribisi, Cuba Gooding Jr., Carmen Ejogo…, además del mencionado Oyelowo) y ha sido coproducida por Brad Pitt y Oprah Winfrey, que se reserva un breve pero elocuente papel.

La cinta fue bien acogida por la crítica estadounidense y logró ser nominada al Oscar como mejor película. Finalmente sólo obtuvo el premio a la mejor canción, la estupenda “Glory” de John Legend, que vale la pena oír en el siguiente videoclip con imágenes del filme:



La resonancia en Europa de la película ha sido mucho menor; por un lado, porque la historia nos afecta menos que al pueblo norteamericano y, por otro, debido a una puesta en escena que no pasa de correcta y que sólo brilla en las escenas de masas. Además, se le puede reprochar un tono excesivamente discursivo y un metraje que se alarga a los 123 minutos.

No obstante, se trata de una cinta instructiva e interesante, que ayuda a entender mejor las motivaciones de King (nacido en Atlanta el 15 de enero de 1929 y asesinado en Memphis el 4 de abril de 1968) y unos hechos quizá someramente conocidos. Los conflictos internos del protagonista, los amagos de división entre sus partidarios, su relación con el presidente Lyndon B. Johnson, la interferencia del FBI de J. Edgar Hoover, y la colaboración que prestaron a su causa católicos y cristianos negros y blancos de diversas confesiones, son algunos de los alicientes para recomendar un filme que contenía elementos para ser mejor.

Juan Jesús de Cózar

domingo, 22 de febrero de 2015

Historia y Religión en el Cine

Acaba de aparecer en las librerías Cinema, Historia, Religión, un libro interesante tanto para los amantes del Séptimo Arte, como para los estudiosos de las relaciones Cine-Historia o Cine-Religión.

Los autores son dos grandes expertos en las tres materias que el título entrelaza. José María Caparrós, Catedrático de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona, dirige desde 1983 el Centro de Investigaciones Film Historia y ha publicado más de 40 libros sobre historia del cine. Ferrán Blasi, Doctor en Teología por la Universidad Lateranense de Roma, es sacerdote y ha sido periodista, abogado y maestro; es autor de 8 libros, ente ellos: Los nombres de Cristo en la Biblia y Conocer la biblia.

El presente volumen analiza 23 películas de gran calado: desde El Evangelio según San Mateo (1964), de Pier Paolo Pasolini, o Un hombre para la eternidad (1966), de Fred Zinnemann, hasta Cristiada (For Greater Glory, 2012), Un Dios prohibido (2013) o la aún reciente Noé (2014), de Darren Aronofsky. En medio, grandes hitos del cine religioso, como La pasión de Cristo (2004), de Mel Gibson, o La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke; y también biopics [Visión (2009), sobre santa Hildegarda; Prefiero el Paraíso (2010), sobre san Felipe Neri], documentales [El gran silencio (2005), Lourdes (2009), La última cima (2010)] y filmes que unen la biografía con la ficción [Encontrarás dragones (2011)]. Finalmente, tienen cabida también algunas películas “heterodoxas”, como Je vous Salve, Marie (1984), La última tentación de Cristo (1988) o Ágora (2009), que son analizadas con serenidad, rigor histórico y visión cristiana.

Como explica en el prólogo el crítico de cine espiritual Mn. Peio Sánchez “las relaciones entre el cine y la religión siempre han sido peligrosas”, tanto por la capacidad representativa del mundo audiovisual, como por la estrecha línea que separa la realidad de la ficción. Teniendo esto muy presente, parece claro que esta crítica cinematográfica, llevada a cabo por expertos, puede ayudar a los lectores por la profundidad teológica de su análisis, por la misma selección de las películas, y por el acertado contexto que rodea a cada filme: sus características como producción artística, y el perfil cinematográfico y personal de su director.

El interés por conocer el rostro de Cristo se manifiesta hoy en día en las películas: cada nuevo filme sobre Jesús levanta inevitablemente una ola de expectación y entusiasmo. Por eso no es de extrañar que 4 de los filmes analizados tengan como figura central a Jesucristo. Pero la vida de Cristo se continúa de alguna manera en sus seguidores. Por eso las vidas de santos son el segundo gran grupo de películas: porque hoy, como ayer, sus biografías despiertan un inusitado atractivo para las generaciones actuales.

El libro tiene un gran valor. Cinema, Historia, Religión es la primera obra en castellano que desarrolla esas dos temáticas (historias y religión) en el mundo del cine. Por eso consigue ser una guía muy especial para todo espectador cinéfilo interesado en el género cinematográfico religioso.

domingo, 15 de febrero de 2015

Dos filmes sobre Madre Teresa de Calcuta

(Juan Jesús de Cózar).- Las vidas de los santos han constituido siempre excelentes argumentos para su adaptación al cine. Porque sus historias personales son siempre apasionantes: hay auténticas aventuras, intensos conflictos, acciones heroicas… Un ejemplo paradigmático es Santa Juana de Arco, cuya vida ha sido trasladada a la gran pantalla una docena de veces, por directores de la talla de Méliès, DeMille, Dreyer, Preminger, Bresson...

Un caso similar más reciente es el de San Juan Pablo II. Desde que Krzysztof Zanussi realizara en 1981 el largometraje “De un país lejano”, han sido numerosos los filmes o documentales inspirados en su figura; quizá uno de los más logrados es “Karol”, una miniserie para televisión dirigida por Giacomo Battiato, que cuenta con dos partes, una estrenada en 2005 y otra en 2006.

Pues bien, 2015 puede ser el año de la Madre Teresa de Calcuta ‑beatificada por San Juan Pablo II en 2003‑, con motivo de dos estrenos ya anunciados sobre su vida. El primero se titula “The letters”, película escrita y dirigida por William Riead, que se apoya en las cartas que la fundadora de las Misioneras de la Caridad escribió durante casi 50 años a su consejero espiritual, el Padre Celeste van Exem. El filme cuenta con artistas de la talla de Juliet Stevenson, Rutger Hauer o Max von Sydow. He aquí el tráiler oficial.



La segunda cinta llevará por título “'I Thirst”, con guión de Keir Pearson, nominado al Oscar por “Hotel Rwanda” (2004). “No podemos estar más entusiasmados de hacer esta película sobre una mujer que luchó por el compromiso absoluto, la fe, la caridad y el amor”, explicó Pearson durante la presentación del proyecto, para el que se ha documentado viajando a Calcuta, India y Tijuana.

En la producción ha participado el Centro Madre Teresa de Calcuta, la organización sin ánimo de lucro dirigida por los administradores legales de su fondo fiduciario, que tiene como objetivo promover y apoyar el conocimiento de su obra a través de su estudio y difusión.

Desde luego, Madre Teresa –Premio Nobel de la Paz en 1979– y su fundación merecen sobradamente este homenaje cinematográfico. Las 4.500 religiosas que pertenecen actualmente a la institución realizan una extraordinaria labor en más de 130 países, donde tienen abiertas un total de 710 casas dedicadas a asistir a los pobres y enfermos.

Esperemos que estas dos producciones logren distribución para su estreno en nuestro país. Mientras tanto recomiendo al lector la visión de “Teresa de Calcuta” (Fabrizio Costa, 2003), una miniserie para la televisión italiana de tres horas de duración, sobre la que se elaboró una versión recortada de poco más de 100 minutos para su exhibición en salas de cine, que fue la que se comercializó en dvd. Cuenta con unas estupendas actuaciones de Olivia Hussey (la actriz que interpretó a la Virgen María en “Jesús de Nazaret”, de Zefirelli) y de la española Ingrid Rubio.

Ciertamente, 2015 puede ser un gran año para el cine religioso. Sin duda lo será -eso deseamos- para el reconocimiento fílmico de la Madre Teresa de Calcuta.

viernes, 6 de febrero de 2015

Las 25 mejores películas románticas

A nadie se le escapa que dentro de pocos días, el 14 de febrero, es San Valentín. En todos los medios de comunicación hay artículos y propuestas para esta fecha.

En realidad, no hay que esperar al Patrón de los enamorados para tener un detalle con la mujer o el marido, con la novia o el novio. El amor es algo que hay que regar todos los días, como la rosa de El Principito. Nosotros necesitamos ser también ese pequeño Príncipe que riega con ternura, cada día, esa flor delicada.

Nuestro amor necesita cuidados pequeños todos los días: una sonrisa, un beso, un abrazo, un piropo... Un pequeño detalle de servicio que manifiesta a quién llevamos en la cabeza y en el corazón.

Y evitar la rutina, y decir “te quiero” con la ilusión de la primera vez. Volver a ser novios, aunque se cuenten por decenios los años de matrimonio.

Todo eso es cierto. Pero también lo es que las fechas tienen su significado. Por eso he querido sumarme a esta celebración con una lista de 25 películas románticas que han superado la barrera del tiempo. Esta semana es una ocasión espléndida para sorprender a nuestra pareja con un filme que vimos hace años, o que vemos ahora por primera vez. El cine siempre ha sido “una fábrica de sueños”; y en ocasiones, una forma de demostrar el cariño.

Que paséis un gran día de San Valentín
 (Es sábado, ocasión propicia para festejarlo con una gran película). Y, si es posible, decidme cuál de ellas es vuestra preferida. Me encantará saberlo:

1. Casablanca (1942), de Michael Curtiz
2. Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler
3. Lo que el viento se llevó (1939), de Victor Fleming
4. Tú y yo (1957), de Leo McCarey
5. Ninotchka (1939), de Ernst Lubitch

6. Sonrisas y lágrimas (1965), de Robert Wise
7. Matrimonio de conveniencia (1990), de Peter Weir
8. Cumbres borrascosas (1939), de William Wyler
9. Luces de la ciudad (1931), de Charles Chaplin
10. Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau

11. El hombre tranquilo (1952), de John Ford
12. Bodas y prejuicios (2005), de Gurinder Chadha
13. Mejor... imposible (1997), de James L. Brooks
14. Breve encuentro (1945), de David Lean
15. Sabrina (1954), de Billy Wilder

16. West Side Story (1961), de Robert Wise
17. Algo para recordar (1993), de Nora Ephron
18. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub
19. Ghost (1990), de Jerry Zucker
20. La princesa prometida (1987), de Rob Reiner

21. La Bella y la Bestia (1991), de Gary Trouslade y Kirk Wise
22. Lo que queda del día (1993), de James Ivory
23. Sentido y sensibilidad (1995), de Ang Lee
24. El camino a casa (1999), de Zhang Yimou
25. La vida secreta de las palabras (2005), de Isabel Coixet