domingo, 9 de agosto de 2015

Todos necesitamos descansar. También mi blog...

Hace nueve días que comenzó el mes de agosto: un mes para salir de la rutina diaria y descansar un poco. Eso es lo que yo voy a hacer en las próximas tres semanas: descansar. Pero descansar no quiere decir tumbarse a la bartola y ver pasar los días, sin hacer nada. Ese es el camino más fácil para el aburrimiento máximo. Descansar es hacer algo diferente y atractivo, a la vez que se reponen las fuerzas.

Yo procuro hacer como mis mejores alumnos. Ellos hacen prácticas –trabajan en periódicos o emisoras de radio, en agencias de publicidad o productoras audiovisuales– para completar lo aprendido durante el curso: para poner en práctica lo que, de modo teórico, han aprendido en todo el año. Es una idea estupenda. Yo voy a aprovechar las vacaciones para seguir un curso intensivo: para ponerme al día en los temas profesionales y en otros que me interesan. Os deseo lo mismo: un verano enriquecedor, relajante y fructífero.

El blog seguirá abierto, pero no habrá nuevas entradas hasta el 1 de septiembre. En este tiempo podéis hacer búsquedas, a través de las etiquetas de la barra superior o del buscador de arriba a la derecha, para releer algunas de las entradas más interesantes.

También os dejo un libro (ver foto arriba) para las largas tardes de verano: Cómo se hicieron las grandes películas. Lo escribí para enseñar a disfrutar el buen cine: el cine con valores, tanto clásico como moderno; por eso tiene una idea de fondo muy cercana a la que trato en este blog. Podéis encontrar una breve reseña en este enlace.

¡Nos vemos en septiembre!

domingo, 2 de agosto de 2015

Estrenos: "Todo saldrá bien", "Ghadi" y "Unos días para recordar"

Todo saldrá bien
Director: Wim Wenders. Guion: Bjørn Olaf Johannessen. Intérpretes: James Franco, Rachel McAdams, Charlotte Gainsbourg, Marie-Josée Croze, Julia Sarah Stone, Patrick Bauchau, Robert Naylor, Lilah Fitzgerald, Jack Fulton.- 118 min. Jóvenes-Adultos.

Un día de nieve, un joven escritor atropella a un niño. Muchos años después, el fantasma de aquel accidente persigue al autor encerrado en un bloqueo existencial y artístico que le impide no solamente publicar sino relacionarse con quienes, hasta ese momento, formaban parte de su vida.
Se esperaba mucho de la vuelta del veterano cineasta alemán Win Wenders, que llevaba siete años dedicado a rodar documentales (casi todos ellos magníficos). Sin embargo, Todo saldrá bien es una borrón en la valiosa filmografía de Wenders. Después de un prometedor arranque (esos paisajes nevados y ese accidente contado en dos tiempos: espeluznante la elipsis del segundo tiempo), la narración empieza a girar sobre sí misma o, lo que es peor, sobre James Franco. Es cierto que, parte del problema de Todo saldrá bien es pretender que un actor tan limitado pueda sostener un drama fundamentalmente psicológico. Pero la culpa no es solo de Franco. Su personaje es errático, pero también lo es el interpretado por Charlotte Gainsbourg (y aquí no hay un problema de falta de talento). Y es errático el guion, que fluye (aunque aquí fluir es un verbo demasiado generoso) entre silencios, miradas supuestamente reveladoras, sucesos caprichosos e inverosímiles y líneas de diálogo que pretenden ser trascendentes y se quedan en frases impostadas y artificiales, cuando no ridículas. Los maestros también patinan. Y esta película es solo un ejemplo de esta evidencia. (Ana Sánchez de la Nieta)

Ghadi
Director: Amin Dora. Guion: Georges Khabbaz. Intérpretes: Georges Khabbaz, Lara Rain, Emmanuel Khairallah, Camille Salameh, Rodrigue Sleiman, Samir Youssef, Caroline Labaki, Tarek Bacha.- 100 min. Jóvenes.

Leba es un profesor de música que lleva toda su vida en Mshakkal, popular barrio cristiano de la ciudad costera de Batroun, en Líbano. Allí se educó, allí se casó con Lara —una bella profesora de literatura francesa— y allí viven ambos felizmente con sus dos hijas. Cuando nace su primer hijo varón, Ghadi, que padece síndrome de Down, lo acogen como un regalo del cielo. Pero los vecinos no opinan lo mismo, pues Ghadi se pasa el día cantando y berreando. Cuando la situación parece insostenible, a Leba se le ocurre una solución… angelical.
Con esta fábula moral, el libanés Amin Dora debuta brillantemente, articulando una ágil y emotiva tragicomedia, cuyos personajes derrochan humanidad, y en la que su luminosa celebración de toda vida humana –de nítida inspiración cristiana– se completa con una lúcida crítica al individualismo materialista e insolidario. Dora dice lo que piensa sin complejos ni subrayados moralizantes, encarnando sus ideas en los personajes con veracidad, respeto y un sentido del humor muy oxigenante. Una gratísima sorpresa, en definitiva, culta y popular a la vez, rotunda en su defensa de la dignidad de cualquier ser humano. (Jerónimo José Martín).

Unos días para recordar
Director: Jean Becker. Guion: Jean Becker, Jean-Loup Dabadie. Intérpretes: Gérard Lanvin, Fred Testot, Jean-Pierre Darroussin, Swann Arlaud, Daniel Guichard, Anne-Sophie Lapix, Claudia Tagbo, Philippe Rebbot, Mona Jabeur.- 81 min. Jóvenes. (D)

París: un hombre cae al Sena, un joven se lanza a salvarlo. Más tarde, en el hospital, obligado a guardar cama, descubrimos a Pierre, un sesentón, solitario y cascarrabias cuyo único deseo es marcharse –no le dejan– y que le dejen en paz, ya que todo el hospital parece conspirar por entrar en su habitación. Obligado a permanecer inmóvil varias semanas, Pierre va a aprender a conocerse y a tratar a los demás.
Jean Becker es autor de Conversaciones con mi jardinero y otras cintas sobre personas normales, próximas al espectador, que quieren ser felices y descubren que para ello deben preocuparse de los demás. En Unos días para recordar Becker vuelve a conseguir esa mirada humana, que llega al corazón de los personajes y es capaz de pasar por alto sus evidentes defectos, y cobrarles afecto. Pierre descubre que no debe juzgar, sino aceptar a la gente como es, y dar. (Fernando Gil-Delgado).

(Reseñas tomadas de la web Aceprensa)

domingo, 26 de julio de 2015

"Del revés", de Pixar: El valor de las emociones

Tras una serie de películas que se alejaban del nivel al que nos tenían acostumbrado, Del revés (Inside Out) ha vuelto a traspasar las fronteras de la animación conocida y ha devuelto a Pixar al lugar de prestigio que tenía.

Dirigida por Peter Docter (Monstruos S.A., Up), nos cuenta la historia de Riley, una joven de 12 años, a través de las emociones que hay en su cabeza: Alegría, Tristeza, Miedo, Rabia y Asco (cuestionable traducción de Disgust, de la versión original). Riley, junto a sus padres, tienen que mudarse por problemas laborales y eso sirve de detonante/conflicto para que las experiencias nuevas que vaya viviendo pongan a prueba a sus cinco emociones, que son las verdaderas protagonistas. Con una creatividad propia solo de grandes maestros, Del Revés se introduce en la mente de los tres miembros de la familia mostrándonos quiénes son y por qué hace lo que hacen. En este caso, centrada en la mente de una pre-adolescente con sus conflictos, sueños, y recuerdos significativos de su infancia.

¿Hay alguien todavía que al ver una película de animación (con dibujos animados) piense que es sólo para niños y que no puede atrapar también al adulto? Toda buena película de animación, como casi todas las de Pixar, presenta una doble lectura: una primera, más obvia para niños, pero también hay una mirada adulta para todos aquellos que quieran encontrarla…

Quién no se ha divertido con los juguetes más famosos del cine (trilogía de Toy Story), a la vez que reflexionaba sobre la pertenencia, las etapas de la vida y la necesidad de una compañía humana; quién no se ha conmovido durante los primeros minutos de Up, una de las mejores aperturas de la historia del cine; quién no ha recuperado la capacidad de asombrarse y vibrar, al vivir la aventura de Monstruos S.A.; y quién no ha mirado con positividad, creatividad y hermosa curiosidad cualquier circunstancia gracias a Remy y a la maravillosa Ratatouille. Por ejemplo.

Del revés, sigue esta línea de doble lectura, aunque quizás, como le pasaba a Wall-e, sea menos apta para la comprensión de los más pequeños y puedan perderse a ratos en un laberinto bellamente construido. Para poder abordar este proyecto de gran envergadura han tocado y desarrollado temas como: la psicología masculina y femenina, el riesgo que implica vivir de la abstracción que nos lleva a confundir hechos con opiniones, la importancia de la sinceridad a un tú para poder pensar libremente (moral: una relación sincera ante un tú con el que cambio), la necesidad de vínculos para formar nuestra identidad o la dignidad de una cierta tristeza para descubrir nuestra misión y vocación en la vida. Y todo eso con una mirada alegre por la vida, nada psicologicista, que afirma y ensalza la familia como lugar privilegiado para todo. ¿Se puede encontrar todo eso en una película para niños? Sí, todo eso y mucho más.

En definitiva, una película apta para toda la familia que expresa con sabiduría, inteligente sentido del humor y gran originalidad la psique humana, y abre caminos interesantes que indican una nueva saga que dará mucho que hablar. Del revés debería ser una de las películas del año y alcanzar mucho más que el Oscar a la mejor película de animación…

Pixar ha recordado que las películas son experiencias que impulsan el cambio. Y hoy, como otras muchas veces en la historia, estamos hambrientos de una palabra distinta de crisis. Todas estas indignaciones, lamentos y frustraciones, quejas y olvidos, gritos y silencios ahogados, culminan, si somos serios, con una mirada hacia dentro… Pixar nos indica que así no, que mejor… Del revés.

Carlos Aguilera
Pantalla 90

domingo, 19 de julio de 2015

"El Apóstol": un filme valiente sobre la conversión de un musulmán a la Fe católica


(JUAN JESÚS DE CÓZAR).- Esta interesantísima película se estrenará en España el próximo 7 de agosto y corre el peligro de pasar inadvertida. Se trata de una cinta francesa dirigida por Cheyenne Marie Carron, una realizadora de 39 años de origen argelino, cuya historia personal vale la pena conocer para entender mejor “El Apóstol” (L’Apôtre, 2014).

Nací en suelo francés –explicaba Carron en una entrevista‑ y me abandonaron a la edad de tres meses. Crecí en una familia francesa. Fui a la iglesia toda mi infancia y adolescencia, y siempre me sentí amada por Dios. Pero mis padres no tenían el derecho a bautizarme porque no eran mis tutores legales. Yo estaba bajo la tutela del Estado francés”.

A los 20 años decidió iniciar la preparación para bautizarse en la Iglesia Católica, pero “no me sentía capaz de recibir el Bautismo –recordaba‑ y llevar una vida conforme a ese Sacramento. Porque yo, cuando me lanzo a algo, me lanzo a fondo. Y yo tenía miedo de que el Bautismo me apartase de mis objetivos [el cine]. Cuando uno empieza a estudiar los Evangelios, toca con los dedos lo esencial. Y lo esencial no habría podido ser el cine”.

En 2012, después de rodar un largometraje semi-autobiográfico (“La fille publique”), decidió culminar su incorporación a la Iglesia. El padre Faure, su párroco, que la conocía desde pequeña, le ayudó a prepararse para el Bautismo, que tuvo lugar en la Pascua de 2014. A partir de ese momento Cheyenne completó su nombre con el de Marie.

El Apóstol” tuvo su première mundial en el Festival Mirabile Dictu de Roma, donde recibió el premio especial de la Fundación Capax Dei. Unos meses después, el 1 de octubre de 2014, se estrenó en Francia… ¡en una sola sala! “He hecho esta película para todos los que eligen seguir los pasos de Cristo y sufren persecuciones en cualquier lugar del mundo”, manifestaba la directora a Le Figaro. Una declaración que puede ayudar a entender el temor de muchos exhibidores y su negativa a estrenarla. No obstante, la cinta continuó proyectándose con éxito en sucesivas salas. Porque, hay que decirlo ya, el filme es francamente bueno y de una autenticidad apabullante.

El argumento de “El Apóstol” se centra en Akim (Fayçal Safi), un bondadoso joven musulmán que trabaja en una panadería y que se prepara para ser Imán. Vive en el seno de una familia muy unida, junto a sus cariñosos padres, a su hermano Youssef y a su hermana Hafsa. Cierto día, un musulmán estrangula a una vecina, hermana del párroco católico del barrio; Akim presencia la retirada del cadáver y se entera después de que el sacerdote ha tomado la heroica decisión de vivir junto a los padres del asesino, porque con su presencia los ayuda a seguir viviendo. Este suceso –basado en un hecho real que impactó a la directora‑, junto al conocimiento casual de un mecánico católico, tendrá consecuencias muy importantes en la vida de Akim.

El estilo documental que Carron imprime al filme, paseando vigorosamente su cámara por los escenarios, involucrándola en los conflictos, acercándola a los protagonistas…, transmite una plena sensación de veracidad al espectador, que se siente inevitablemente implicado en los dilemas de Akim y de su familia. Los colores apagados y la reiterativa e “incómoda” música de Patrick Martens, contribuyen también a evidenciar la crisis interior de Akim y de su familia; una crisis que Carron resuelve mediante un desenlace modélico.

El Apóstol” es una cinta valiente, sensible y equilibrada, que deberían ver muchos cristianos y muchos musulmanes. Si tuviera que resumirla en dos palabras, ésas serían LIBERTAD y RESPETO; así, con mayúsculas. En la entrevista mencionada más arriba, la directora declaraba lo siguiente: “La vuelta del deseo religioso en muchos jóvenes franceses es algo real y hermoso. Yo formo parte de estos jóvenes. El reparto del filme reunió a actores ateos, musulmanes, católicos, judíos convertidos… Unidos generamos una película que afirma el deseo de creer en Dios y la tolerancia”.

Aquí se puede ver el extenso tráiler en versión original con subtítulos en español:


domingo, 12 de julio de 2015

La fe de Ennio Morricone (Entrevista por sus 50 años de carrera musical)

El compositor Ennio Morricone (400 películas en su haber, 7 discos de platino) explica en Credere.it la intimidad de su fe, desde los rosarios rezados con su madre a la oración diaria: una hora al día entre música e intenciones.

Subiendo por las escaleras de entrada a la casa de Ennio Morricone parece que volvemos a ver un encuadre de gran potencia: la cámara se eleva mientras Noodles (Robert De Niro), desesperado y destrozado por su propia violencia, se aleja hacia el mar donde reverbera el amanecer. El encuadre es de Sergio Leone en la película Érase una vez en América; la música, desgarradora, es del gran compositor que ha aceptado abrirnos su corazón.

-Maestro, siempre he pensado que esta música había sido creada antes del rodaje de la película.

-¡Es verdad! Leone me hacía trabajar antes de empezar a rodar. Los directores que dan más tiempo facilitan el trabajo tanto a ellos mismos como a mí: yo puedo dedicarme a la creación, ellos se acostumbran a la música que les propongo. Llegar al último momento puede comportar una decepción. La mayor parte de las colaboraciones creativas entre los directores y yo ha ido bien, ¡pero no todas!
»La música es un arte que para que se convierta en esposo o hermano de la película necesita el mismo elemento que caracteriza a la película: tiempo. La temporalidad hermana el cine con la música. ¿De dónde procede la música de una película? De un más allá misterioso.

-Menos misteriosa es su fe...

-Provengo de una familia cristiana. Mi fe ha nacido en mi familia. Mis abuelos eran muy religiosos. Mi madre, mis hermanas y yo rezábamos siempre antes de irnos a la cama. Recuerdo el período de la guerra. Durante esos años terribles rezábamos el Rosario. Estábamos todos muy impresionados. Me veo de nuevo, medio dormido, respondiendo a los Ave Maria de mi madre. Siempre hemos sido religiosos. Los domingos íbamos a misa y comulgábamos.

-¿Qué revela de sí un hombre creyente?

-Identifica a una persona honesta, altruista, respetuosa de Dios y del prójimo. Amar a los otros -aunque la palabra amar puede parecer fuerte-, pero es así. Esto es importante. Yo pienso verdaderamente en el bien de los otros, que mi modo de actuar no cause el mal en el prójimo. Es perfectamente normal para mí hacer algo por respeto a la persona con la que me encuentro.

-Valores que ha transmitido también a su familia.

-Sí, y también el del sacrificio. En estos últimos tiempos hay que sacrificarse aún más: yo mismo algunas veces me sacrifico para ayudar a las personas que están en paro, a las muchas preocupaciones que agobian. Con mi esposa, que es una buena persona, escrupulosa, hemos acostumbrados a nuestros hijos a esta generosidad. No está dicho que mis hijos la hayan aceptado completamente, no lo sé, pero sé que son buenísimos hijos, que se parecen al padre y a la madre. Ama a los otros como te amas a ti mismo: éste es, para mí, un modo normal de ser.

-¿Cómo de cerca puede estar la música respecto de Dios?

-La música ciertamente está cerca de Dios. Al mismo tiempo, la música está proyectada en el alma y en el cerebro del hombre. Le permite meditar. El discanto (técnica de polifonía medieval en la que un cantante canta el canto llano mientras otro entona una voz suplementaria) y el fabordón provienen de los primeros tratamientos polifónicos del canto gregoriano; de aquí nace la música occidental.
»La música es el único arte real que se acerca verdaderamente al Padre eterno y a la eternidad. Me digo a mí mismo, y algunas veces a mi mujer, que la música ya existía, ¡toda ella! La música que ha sido escrita y que será escrita. ¡Y el compositor que la ha cogido y la cogerá! Según la propia época, según el momento en el que él escribe y según la civilización y el estado de la investigación musical de su tiempo. La música ya existe, aunque no esté.

-El gran público desconoce en gran parte su extraordinario repertorio de música contemporánea, que usted define absoluta. Estos sonidos tienen a menudo referencias espirituales.

-Luciano Salce, director para el que he compuesto la banda sonora de varias películas, un día me llamó y me dijo: “Tengo que dejarte”. “¿Por qué?”. Éramos amigos y lo seguimos siendo hasta su muerte. “Porque yo hago películas cómica y tu compones música espiritual, sacra. Tengo que dejarte obligatoriamente”. Este episodio me marcó mucho. Gracias a él empecé a reflexionar sobre ello. Probablemente a veces expreso lo sacro también cuando no lo busco o no pienso en ello. Ni tan siquiera hablo de inspiración, que no existe. Hablo de ideas. Tal vez estoy en un camino que lleva a estos resultados.

-De hecho, en su repertorio encontramos también música sacra y hace pocas semanas usted dirigió la Missa Papae Francisci, un homenaje al Papa Francisco de belleza intensa y única.

-Se me pidió Amen como composición para un coro para la iglesia de Santa María de los Ángeles de Roma, con ocasión de un Festival en el que participaban seis coros procedentes de todo el mundo. Decidí componer una obra donde sólo una palabra, «Amen», fuera cantada pero con la idea de implicar a los seis coros. Egisto Macchi me pidió que escribiera un Via Crucis. Le respondí que sí. Recientemente he escrito una música sobre la Creación. El aire, la luz, el agua, el fuego, la tierra, el hombre. Después, la torre de Babel, de la que mana, en hebreo, una multitud de voces en un crescendo cada vez más imponente.

-¿Cuál es el episodio bíblico que más ama y recuerda?

-Sin dudas, las parábolas de Cristo. El relato de las bodas de Caná me emociona mucho. ¿Cómo no recordar la Pasión, momento importantísimo para la vida de Cristo y de todos nosotros?.



-La Misión es, tal vez, la película que le ha permitido narrar mejor el desmoronamiento de la conciencia humana. Mientras se narraba un periodo de sufrimiento buscado por la Iglesia, su música, a medida que se sucedían las piezas, crecía alcanzando niveles altísimos de fuerza espiritual que yo traduciría como una intensa petición de perdón.

-El co-productor de la película, Fernando Ghia, me llevó a Londres a verla. Al ver el final me puse a llorar, esa matanza de indios y de jesuitas a manos de los portugueses y los españoles. Tenía delante de mí al director y a los dos productores y les dije: “No, yo no la hago, es preciosa así”. Creo que estuve llorando media hora. Y ellos insistían. Hasta que cedí: “Haré la música”. No quería componerla porque si me equivocaba podría haber estropeado la película. Trabajando sobre tres elementos distintos que no podía ignorar, el oboe del jesuita padre Gabriel, la música coral y la música étnica de los indios, creo que fue un milagro que consiguiera componer una música en la que tres combinaciones independientes de sonidos funcionaban también contemporáneamente.

-La música puede ser una oración de gran intensidad.

-¡Ciertamente! Pero más allá de la música se necesitan palabras, intenciones, concentración. Yo rezo una hora al día, incluso más. Es lo primero que hago. También durante el día, así, al azar. Por la mañana me pongo delante de ese Cristo (en el gran salón, iluminada por una ventana, hay una magnífica imagen de Jesús). Y también por la noche. Espero que mis oraciones sean escuchadas.

Vito Amodio (Credere.it)

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50 años de premios y éxitos

Ennio Morricone nació en Roma el 10 de noviembre de 1928. Se licenció en el Conservatorio en tromba y composición. Saltó a la fama en todo el mundo por las bandas sonoras de las películas del Oeste de Sergio Leone Por un puñado de dólares (1964), La muerte tenía un precio (1965), El bueno, el feo y el malo (1966), Hasta que llegó su hora (1968) y ¡Agáchate, maldito! (1971). Ha compuesto la banda sonora de más de 400 películas, colaborando con directores del calibre de Gillo Pontecorvo, Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci, Giuseppe Tornatore, Brian De Palma, Roman Polanski, Oliver Stone, Pedro Almodovar, Roland Joffé. Ha recibido 27 Discos de oro, 7 Discos de platino, 7 David de Donatello (galardón cinematográfico de la Academia del Cine Italiano), 3 Golden Globe, 1 Grammy Award, además del León de Oro del Festival de Venecia y el Oscar a toda su carrera.

lunes, 22 de junio de 2015

Tomás Moro en el cine: la convivencia entre Fe y Vida política

La credibilidad de los políticos anda por los suelos. En todo el mundo. Y lo peor no es eso, lo peor es que se ha vuelto una profesión peligrosa para gente con principios.

Ante algunas situaciones que atenazan la conciencia de muchos políticos católicos (disciplina de voto ante cuestiones que repugnan a su conciencia: ley del aborto, por ejemplo) puede resultarles alentador el ejemplo de Tomás Moro, cuya fiesta celebramos hoy. Él supo conjugar su vida cristiana con su cargo político, y supo ser fiel a su Fe en toda circunstancia: con prudencia para no hablar, pero también con firmeza cuando hizo falta. Por eso, cuando fue necesario, supo jugarse la vida antes que aprobar una ley injusta: el divorcio de Enrique VIII abriría la puerta a todos los divorcios de la humanidad. Ese drama de conciencia es el que relata ese precioso filme, “Un hombre para la eternidad”, que mereció 6 Oscars de la Academia, incluidos los de mejor película, director y actor.

Sí, Tomás Moro es todo un ejemplo de cristiano coherente que estuvo siempre abierto al mundo. Asistía diariamente a la Misa en su parroquia y se imponía severas penitencias que sólo su confesor y su familia conocían. Su casa era considerada la más acogedora de Londres. Y, por las noches, recorría los barrios bajos para dar limosna a los pobres más vergonzantes. ¡Todas las noches!

Toda esta vida cristiana no le retrajo de la vida pública. Todo lo contrario: le impulsaba a servir a los demás desde los cargos que le confiaban. Miembro del Parlamento desde los 26 años, fue elegido juez y subprefecto de la ciudad de Londres, y se opuso a algunas medidas injustas de Enrique VII. Con la llegada de Enrique VIII, protector del humanismo, Moro entró al servicio del Rey, quien le encomendó las más difíciles misiones diplomáticas en Europa. Lo nombró para varios cargos menores y, finalmente, le hizo Lord Canciller de Inglaterra en 1729, cuando tenía 51 años. Eran verdaderamente grandes amigos.

Irónicamente, Moro -a quien Enrique VIII mandó decapitar- fue su más fiel servidor. A diferencia de otros, que parecían servirle pero que sólo lo adulaban en beneficio personal, Moro siempre le fue fiel. Nunca habló mal de él, ni siquiera cuando se apartó de la fe que ambos profesaban. Prefirió callar, pero su silencio ante la decisión real de ir contra el Papa y la indisolubilidad del matrimonio fue más atronador en Inglaterra que todos los discursos de aquellos años revueltos. Todo el mundo sabía lo que Moro pensaba. No habló para no hacer daño a su familia ni al Rey, y ni aún así pudo evitar la tragedia. Lo peor de todo es que el Rey sabía que Moro seguía siendo su amigo, tal vez su único amigo.

Este pasaje de “Un hombre para la eternidad” (2' 16") resume algunos de estos aspectos que hemos mencionado. Y tal vez pueda inspirar a algún político en situaciones conflictivas.

domingo, 31 de mayo de 2015

“Conducta”: una gran película sobre enseñanza y educación

Se estrena el viernes 5 de junio, o el 4 en aquellas ciudades donde ese día es festivo. El titular del artículo no es exagerado, porque “Conducta” (Cuba, Ernesto Daranas, 2014) ha recibido más de 30 premios internacionales y muchas más nominaciones: candidata al Oscar por Cuba, finalista en los Goya, triunfadora en el Festival de Málaga, galardonada en el Iberoamericano de Huelva, en la Muestra de Cine Latinoamericano de Cataluña, y en festivales de Nueva York, Brasilia, Lima, Giffoni, Marsella, Grenoble… La última alegría la recibió el 28 de mayo con el anuncio de las 8 nominaciones a los Premios Platino, que se entregarán en Marbella el próximo 18 de julio.

Pero, por encima de esa abundancia de reconocimientos, “Conducta” es sobre todo un gran filme, uno de esos que muchos críticos calificarían de imprescindible. Una película tan valiosa que puede “codearse” –por su alcance, no por su presupuesto‑ con títulos que han retratado a insignes “profesores de cine”. En el caso de “Conducta” se trata de una maestra, Carmela, que –estoy seguro– se convertirá en una referencia cinematográfica para el sector docente, como en su momento lo fue Mr. Keating (“El club de los poetas muertos”, 1989).

A alguno podría sorprenderle que una cinta cubana logre una cota tan alta de excelencia. En Cuba, desde luego, no están en condiciones de realizar grandes alardes presupuestarios, pero allí surgen verdaderos artistas y existe –por ejemplo‑ una larga tradición en el género documental, algo que se nota en la autenticidad que respira “Conducta. En su país logró abarrotar durante varias semanas las salas de cine, fenómeno que no se producía de 1993, con el estreno de “Fresa y chocolate” (Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío).

El filme nos presenta a unos personajes entrañables, que se ganan el corazón del espectador: Chala, un niño de 11 años, que vive con su madre drogadicta, Sonia, y que entrena perros de pelea para aportar algo de dinero a su casa; Carmela, su maestra de sexto curso, una veterana y excelente profesional que conoce bien a Chala y sabe encauzar sus arranques de agresividad; Yeni, su primer amor y la mejor alumna de la clase… Una serie de acontecimientos, que es preferible no desvelar, afectará a todos ellos, pero sobre todo a Chala, a quien los responsables del colegio han decidido enviar a una “Escuela de conducta” (algo parecido a un correccional).

La sabia dirección de Daranas (La Habana, 1961) consigue introducirnos en los barrios marginales y en las calles bulliciosas de su ciudad natal; nos sube a azoteas llenas antenas; nos familiariza con el sonido de La Habana, con sus edificios deteriorados, con sus coches desfasados, con ese viejo tren que parece un elemento más del paisaje… Pero es la suya una mirada llena de cariño, que sabe sacar belleza de todo lo que filma –incluso de los desconchones– para asombro del espectador. La potencia visual de la espléndida fotografía de Alejandro Pérez es una de las claves de ese impacto.

Conducta” cuenta con un guión muy medido del propio director, donde presente y pasado interfieren y dotan a la narración de un ritmo que nunca decae. La riqueza argumental no elude una cierta crítica política y del sistema educativo cubano, ni la importancia de la Religión para la vida de las personas. Y se agradece que su final sea tan abierto como esperanzador.

Si la actuación de Armando Valdés Freire como Chala es de una naturalidad sorprendente, la de Alina Rodríguez en el papel de Carmela es de aplauso, y así le fue reconocida en varios festivales. Les acompañan un buen puñado de secundarios, todos muy bien dirigidos, con una mención especial para los niños, que se enfrentan a la cámara sin el menor signo de teatralidad.

"Confieso que, mientras la filmábamos, pensábamos que era una historia muy nuestra, pero cuando la película empezó a ser premiada en festivales de lugares tan diversos, entendimos que la empatía que sus personajes despiertan es universal", declaró Daranas cuando conoció la nominación al Goya de “Conducta”. Unas palabras confirmadas por los varios “premios del público” que ha recibido.

Conducta” es una cinta que gustará a un amplio espectro de personas, que encantará a los docentes y educadores en general, y que puede convertirse en una herramienta didáctica muy eficaz. UNICEF la ha distinguido con dos galardones por “su defensa de los derechos de los niños”, y apoyará su estreno en España con diversas iniciativas institucionales.

Ojalá el público español también sepa apreciarla.

Juan Jesús de Cózar

lunes, 25 de mayo de 2015

Selección de estrenos en DVD (Mayo 2015)

Ofrezco la selección de estrenos en DVD que ha publicado Ana Sánchez de la Nieta en Aceprensa. Me parece un elenco acertado, pensado para poder ver en familia (para jóvenes y adultos).

Magia a la luz de la luna

Director y guionista: Woody Allen. Intérpretes: Colin Firth, Simon McBurney, Emma Stone, Catherine McCormack, Eileen Atkins, Erica Leerhsen. 97 min. (D).

Años 20 del pasado siglo. Stanley, afamado mago británico que rechaza cualquier cosa que huela a sobrenatural, disfruta desenmascarando a todo aquel que ose atribuirse dotes de adivinación o capacidad de comunicarse con los espíritus. Un amigo le propone conocer en la Provenza francesa a la joven americana Sophie, quien tiene obnubilada por completo a una adinerada familia. Y aunque Stanley está convencido de que es una embaucadora, Sophie empieza a hacerle pensar si no habrá dado por fin con alguien capaz de alterar sus racionalistas convicciones. El film funciona, con su halo romántico, y bromas y sorpresas de buena ley, sembrando las dudas que el mismo cineasta alberga. Allen potencia a grandes actores a los que no había acudido hasta la fecha, como Colin Firth y Emma Stone.

Interstellar

Director: Christopher Nolan. Guion: Jonathan Nolan, Christopher Nolan (argumento: Kip Thorne). Intérpretes: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Michael Caine, Matt Damon, Bill Irwin, John Lithgow, Casey Affleck, David Gyasi, Wes Bentley. 169 min. Oscar a los efectos visuales.

El creador de la mejor saga de Batma cuenta aquí la historia de un padre que se embarca en una compleja misión espacial en busca de una galaxia donde los seres humanos puedan vivir, pues la Tierra ha quedado inhabitable. A partir de esta sinopsis, que comparte con títulos similares, y de una historia del físico americano Kip Thorne, que primero atrajo a Steven Spielberg, Nolan construye un complejo relato sobre agujeros negros, viajes en el tiempo y realidades en cuarta y quinta dimensión. Interstellar no es ni mucho menos perfecta pero es un espectáculo enorme, una de esas películas que uno recomienda sin miedo a sus amigos sabiendo que no van a arrepentirse de haberse dejado un dinero en la taquilla.

The Imitation Game (Descifrando Enigma)

Director: Morten Tyldum. Guion: Graham Moore (libro: Andrew Hodges). Intérpretes: Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance, Matthew Goode, Allen Leech, Tuppence Middleton. 114 min. (D). Oscar al guion adaptado.

Interesante biopic sobre Alan Turing, el matemático británico que consiguió descifrar los mensajes nazis en la Segunda Guerra Mundial. Su máquina, precursora de los actuales ordenadores, permitió acortar la guerra, impulsó la victoria de los aliados y salvó millares de vidas. La historia es conocida, pero no fácil de contar bien: no lo es mantener un thriller apoyado en términos matemáticos, y ante esta dificultad, la tentación de dirigir la acción hacia alguna “carretera secundaria” –llámese historia de amor, conflicto personal, grupal, etc– es muy fuerte. Tyldum evita los dos peligros, por un lado dando peso a lo que realmente tiene importancia y desarrollando bien el invento de la máquina; por otro, abordando las subtramas dramáticas como lo que son: necesarias pero secundarias.

Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?

Director y guionista: Philippe de Chauveron. Intérpretes: Christian Clavier, Chantal Lauby, Ary Abittan, Medi Sadoun. 97 min. (S).

Los Verneuil, Claude y Marie, son un matrimonio de raíces profundamente francesas. Cristianos de siempre, no entienden qué les pasa a sus cuatro hijas. La primera se ha casado con un musulmán de origen argelino; la segunda, con un judío; la tercera, con un chino… A Claude y Marie les gustaría que la pequeña se casara por la Iglesia, con un católico. Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho? es una comedia sin pretensiones, pero bastante lograda: con buenos actores, diálogos agudos y situaciones divertidas. Chauveron juega la baza del buen cine francés, pero ofrece un mensaje universal: la intransigencia y la xenofobia se encuentran a ambos lados y todos tienen que hacer un esfuerzo para convivir.

domingo, 17 de mayo de 2015

Estreno de "Romero": un mártir de la Fe

Este sábado 23 de mayo es la beatificación de Mons. Romero. Con ese motivo, el festival de Cine Madrimaná organiza, el miércoles 20 de mayo, en Madrid, un preestreno benéfico de la película "Romero. El santo del pueblo", que este mes lanza en DVD la distribuidora European Dreams Factory, galardonada este año con el Premio ¡Bravo! de la Comisión de Medios de Conferencia Episcopal.

Tras una década muy conflictiva social, política y económicamente, El Salvador inaugura la década de los 80 del siglo XX con una nunca declarada guerra civil entre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y la gubernamental Fuerza Armada de El Salvador (FAES) –los Escuadrones de la Muerte–. Una guerra que duró doce años y que dejó 75.000 salvadoreños muertos o desaparecidos. En ese contexto, la Iglesia de El Salvador vivía momentos difíciles. Por un lado, había sacerdotes y obispos que, temerosos de la amenaza comunista, se alinearon con el Gobierno; por otro, estaban los sacerdotes –muchos de ellos jesuitas– que sucumbieron a la Teología de la liberación y algunos de los cuales terminaron por coger las armas; en medio, estaban católicos como monseñor Óscar Romero, que denunciaban desde la fe las graves injusticias que se perpetraban contra el pueblo, pero sin ceder a las veleidades marxistas de la lucha de clases.

Todo esto queda muy bien retratado en la película norteamericana Romero, realizada en 1989 por John Duigan, con guion de John Sacret Young, antes de finalizar la guerra civil. El actor Raúl Juliá da vida a monseñor Romero, al que vemos en 1977, cuando fue nombrado arzobispo de San Salvador por el Papa Pablo VI. Él mismo, que se concibe como un ratón de biblioteca, no comprende el sentido de su elección. Muchos le consideran un hombre débil, incapaz de afrontar los retos que tiene delante, pero los sucesos que van a ocurrir ante sus ojos le van a transformar en un hombre lleno de coraje y valentía, siempre a causa de su fe.

Uno de estos acontecimientos es el asesinato del jesuita Rutilio Grande, gran amigo de Romero, cuando se dirigía a una aldea a celebrar misa. A partir de ese momento, el obispo va a comprender la verdadera posición del Gobierno y se va a ir distanciando e incluso enfrentando a los dirigentes de la nación. Otro suceso fue el secuestro del ministro de Agricultura, Rafael Zelada, a manos de la guerrilla, cuando el obispo trató infructuosamente de mediar. Pero un hecho que obligó a Romero a abandonar definitivamente la ambigüedad fue la detención de su amigo el padre Osuna.

Romero muestra con precisión las diferencias en el seno de la Conferencia Episcopal, el papel del Provincial de los jesuitas y la interesante actitud de monseñor Flores, que a pesar de no estar de acuerdo con Romero, le apoya en todo. Del mismo modo, el film deja clara la actitud de Romero ante la teología de la liberación, en un diálogo que mantiene con un sacerdote guerrillero hacia el final de la película. Sin duda, este largometraje es un hermoso retrato del martirio cristiano, con escenas memorables como la recuperación del Santo Sacramento de una iglesia ocupada por el ejército, o el momento de la muerte de Romero. Inolvidable.

A continuación, ofrecemos un reportaje/trailer (4') que explica el contexto histórico y el sentido del filme.

Juan Orellana
Alfa y Omega

domingo, 3 de mayo de 2015

“Mandarinas”, el filme que merecía el Oscar

Al final se lo llevó “Ida”, la multipremiada cinta polaca de Pawel Pawlikowski. Me refiero al Oscar al mejor film de habla no inglesa, al que también aspiraba “Mandarinas” (Mandariinid, 2013), una producción escrita y dirigida por el estonio Zaza Urushadze que se estrenó en España el viernes 30 de abril.

Si “Ida” es cine mayúsculo, con una soberbia fotografía en blanco y negro, “Mandarinas” me parece una película aún más valiosa, de mayor alcance, a pesar de su aparente modestia. Su línea argumental es sencilla, pero los diálogos y –sobre todo– la actitud del personaje principal, provocan en el espectador una honda reflexión sobre el sinsentido de la guerra y, en general, sobre el de cualquier conflicto que degenere en violencia.

Para que el lector se haga cargo de la historia que narra, conviene recordar que, tras la disolución de la URSS, Georgia declaró su independencia en 1991 y consideraba a Abjasia como república autónoma perteneciente a su país. Sin embargo, Rusia defendía la condición de Abjasia como estado independiente. El conflicto de intereses derivó en la guerra abjasio-georgiana de 1992, momento en el que se sitúa la acción de “Mandarinas”, que comienza con la inserción del siguiente texto: “En la segunda mitad del siglo XIX, en Abjasia se establecieron aldeas estonias. La guerra abjasio-georgiana, que comenzó en 1992, alteró la apacible vida de los habitantes estonios. La mayoría de ellos decidió regresar a su patria histórica. Sus aldeas quedaron vacías. Sólo unos pocos permanecieron”.




Ivo (Lembit Ulfsak) es uno de esos estonios que decidió quedarse. Ebanista y hombre de una calma proverbial, le vemos fabricar cajas de madera para ayudar a su amigo y vecino Margus (Elmo Nüganena), que ha resuelto regresar a Estonia después de recoger y vender la cosecha de mandarinas de su finca. Pero sus casas se encuentran en medio de la contienda, y en una escaramuza bélica resultan heridos un checheno musulmán pro ruso y un georgiano de religión cristiana. Ivo se convierte así, involuntaria pero concienzudamente, en el buen samaritano que debe sanar las heridas de los cuerpos y –principalmente– de las almas de esos dos “enemigos íntimos”. Su austera casa será el improvisado hospital donde Ivo, como sabio alquimista, elaborará con sus hábiles manos las “pócimas” curativas. Sus serenas y firmes palabras harán el resto.

Por lo escrito hasta ahora podría dar la impresión de que “Mandarinas” es una película algo plana, pero nada más lejos de la realidad. El ritmo es intencionadamente reposado, pero contiene algunas impactantes escenas de acción y está recorrida por una notable tensión interna que engancha al espectador sin manipularlo. Por lo demás, el guión nos regala algunos diálogos memorables y nos desvela al final los motivos del comportamiento de Ivo.

Urushadze filma con solvencia y dirige muy bien a sus actores. En este sentido, buena parte de la credibilidad del film hay que adjudicársela a la interpretación del veterano Lembit Ulfsak, de una naturalidad apabullante y que puede traer a la memoria la de Richard Farnsworth en “Una historia verdadera” (David Lynch, 1999).

Mandarinas” no es sólo un gran alegato contra la guerra, como también lo fue la oscarizada “En tierra de nadie” (2001), del bosnio Danis Tanovic. Aunque ambas películas tienen algún punto de similitud, estamos ante una obra más profunda e imperecedera. En las dos hay tragedia, como es inevitable cuando surge una guerra, pero “Mandarinas” no sólo es una llamada a la paz y al desarme, sino también al respeto, a la comprensión, a la necesidad de perdonar, a la esperanza… Una esperanza a la que da alas la evocadora canción del compositor georgiano Irakli Charkviani que suena en la última escena y que se puede escuchar aquí.

Juan Jesús de Cózar

sábado, 25 de abril de 2015

Estreno de "Little boy" en Estados Unidos y... en el Vaticano

Little boy” es la última película de Eduardo Verastegui, conocido intérprete mexicano que triunfó en Estados Unidos como actor y como modelo, antes de su decisiva conversión al catolicismo en el año 2004. Desde entonces, se ha empeñado en hacer películas que promuevan los valores cristianos.

Little boy”, de cuya producción hablamos ya en este blog, transcurre en un pequeño pueblo de Estados Unidos a principios de los años cuarenta. Narra la historia de un niño de ocho años que es rechazado y maltratado por sus compañeros. “Eso no le importa –señala Verastegui– porque se refugia en el cariño de su padre. Un día su papá es reclutado por el ejército americano y conducido al Pacífico, donde es hecho prisionero por los japoneses. A partir de entonces, el niño tendrá que enfrentar la vida él solo”.

La película se estrenó ayer, 24 de abril, en Estados Unidos. Y con éxito destacable (1’5 millones de dólares en su primer día de recaudación). El 15 de mayo se estrena en México, y después del verano llegará a toda Europa.

Sin embargo, la cinta ha conocido un “estreno” más íntimo y emotivo. El 23 de abril, un día antes de la première mundial, Verástegui fue recibido en el Vaticano por el Papa Francisco y entregó al Santo Padre una copia privada, doblada al español especialmente para él. Poco después, Eduardo contó a los medios que le preguntó si podía romper el protocolo para abrazarlo: “Él me dijo: ¡Claro que sí!Lo abracé, me dio dos palmadas en la espalda, y me susurró: ´¡Rece por mí!´ Fue un momento mágico para mí”.

En este reportaje de Rome Reports, en el que se da noticia del argumento y se recogen algunas escenas, aparecen más declaraciones del actor mejicano. Sin duda, se trata de una película interesante, a la que conviene seguir la pista.

domingo, 19 de abril de 2015

"La casa del tejado rojo": las razones del corazón

Una buena película rezuma encanto y fragancia”. La afirmación corresponde a Yoji Yamada, el octogenario –y sabio– director de cine japonés, en una entrevista a raíz de su último film, La casa del tejado rojo (2014), estrenado en España el pasado 10 de abril. Y, refiriéndose a los actores, continuaba: “Lo importante es conseguir que la cámara atrape sus pensamientos y estados de ánimo. Pienso en eso cuando ruedo, aunque son cosas difíciles de reconocer, de captar, por lo que me esfuerzo en sentirlas de forma consciente en el ‘aire’ de una escena. Quiero rodar para capturar la atmósfera y la esencia”.

Yamada es uno de los discípulos más aventajados del maestro Ozu –junto a Hirokazu Koreeda–, y sus películas se sitúan en las antípodas del vértigo de muchas producciones actuales: destilan elegancia, serenidad, delicadeza, contención… Tienen mucha ‘vida interior’, pero exigen una mirada contemplativa y reflexiva por parte del espectador, para percibir más allá de lo que se muestra. Quizá sea un cine en extinción –sólo para nostálgicos, según algunos críticos–, pero esto no deja de ser una mala noticia, porque la filmografía de Yamada tiene mucho que enseñar a las nuevas generaciones de directores. Basta recordar la magistral Una familia de Tokio, ya reseñada en este blog.

Basada en la novela homónima de Kyoko Nakajima, La casa del tejado rojo está construida sobre varios espacios temporales, siguiendo las memorias que la ya anciana Taki escribió con la ayuda de su sobrino nieto Takeshi. Este enfoque permite resaltar los contrastes entre las aspiraciones y costumbres japonesas durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial y las del siglo XXI; entre el Japón imperialista –arrogante y luego derrotado–y el moderno estado nipón.

La joven Taki ‑excepcional Haru Kuroki, premiada en la Berlinale 2014‑ deja su pueblo en 1936 para servir en el hogar del matrimonio Hirai. Allí, en la hermosa casa del tejado rojo, vivirá unos años que marcarán el resto de sus días. Con su bondad, su abnegación y el amor de su corazón puro, velará por la felicidad de todos y sufrirá con los avatares de la familia; un sufrimiento que se hace extremo cuando su ama, la bella Tokiko (Takako Matsu), conoce al joven Itakura.

Más declaraciones de Yamada: “Es una historia acerca del pecado, pero también está la época en que transcurre. (…) La modesta alegría que muestra La casa del tejado rojo durante el periodo moderno de la era Showa, es destruido por la guerra que se acerca cada vez más. (…) La guerra es un pecado horripilante que destruye la felicidad de los seres humanos”. Y el director nos cuenta esa historia con un pudor y un gusto exquisitos, cargando las imágenes de significado y de poesía, y aprovechando la deliciosa banda sonora de Joe Hisaishi. Tal vez podría haber evitado algunas reiteraciones o demoras –el film se alarga hasta los 136 minutos–, pero ya se ha advertido que se trata de un cine que sólo se disfruta si se ve sin prisas.

Si la película –concluye Yamada– inspira a los que la ven a sopesar qué es lo importante y qué no lo es, al comparar el presente con el pasado, me sentiría muy feliz”. Unas palabras que parecen eco de otras que dejó escritas la Nobel de Literatura Pearl S. Buck, buena conocedora de la mentalidad oriental: “Muchas personas se pierden las pequeñas alegrías mientras aguardan la gran felicidad”.

Juan Jesús de Cózar

domingo, 12 de abril de 2015

Nuevo filme de Pixar: ¡Un mundo de emociones!

Pete Docter, el director de grandes cintas animadas, como Up o Monsters Inc., ha sido capaz de llevar al público a lugares exóticos y llenos de imaginación. En la próxima película de Disney-Pixar (titulada "Inside Out", en español Intensa-mente), nos llevará al lugar más extraordinario de todos: el interior de la mente. El estreno en Estados Unidos está previsto el 6 de junio; en España será el 14 de agosto de 2015.

El argumento es muy atractivo. Una niña de 11 años, Riley, vive con agitación su tránsito a la adolescencia. Se siente desarraigada cuando su familia se traslada a San Francisco por el nuevo trabajo de su padre. Como todos nosotros, Riley está guiada por sus emociones. En una escena concreta (aquí radica la originalidad del argumento), la acción nos traslada al interior de su mente y descubrimos qué pasa allí, y cómo influyen en su actuación una serie de personajes: Alegría (voz en inglés de Amy Poehler), Temor (Bill Hader), Furia (Lewis Negro), Desagrado (Mindy Kaling) y Tristeza (Phyllis Smith). Esas emociones viven en el Cuartel General de su mente, y desde allí la asesoran en su vida cotidiana. Mientras Riley y sus emociones se esfuerzan por adaptarse a una nueva vida en San Francisco, la confusión y la ansiedad se apoderan del Cuartel General. Aunque Alegría trata de mantener a flote los pensamientos positivos, las demás emociones entran en conflicto al tratar de decidir cuál es la mejor manera de navegar por su nueva ciudad, su nueva casa y su nueva vida.

Un adelanto de lo que puede ser esta deliciosa historia es este primer tráiler, que refleja lo complicada que puede ser una simple cena familiar cuando en ella las emociones se desatan sin control.



El segundo tráiler, aparecido hace pocos días, es una explicación más detallada del mundo de las emociones en que vivimos. Ambos vídeos han superado los 5 millones de descargas. Sin duda, será uno de los grandes estrenos del año.

domingo, 5 de abril de 2015

La Resurrección de Jesús en el cine (1961-2004)

Hoy, día de la Resurrección del Señor, es un buen momento para ver cómo han reflejado este episodio las principales películas.

En Rey de Reyes (1961), dirigida por Nicholas Ray, el pasaje de la Resurrección sigue a pies juntillas el relato evangélico de San Juan. María Magdalena (Carmen Sevilla) ha pasado la noche entera en el exterior del sepulcro, porque quiere embalsamar el cuerpo del Señor en cuanto pase el sábado (día de obligado descanso para los judíos). Al despertar, “todavía muy temprano, cuando aún estaba oscuro… vio quitada la piedra del sepulcro” (Jn 20, 1). Se asoma, ve los lienzos depositados sobre la losa, “y entonces echó a correr” (Jn 20, 2).

Profundamente agitada, pues piensa que “se han llevado al Señor” (Jn 20, 2), sale en busca de alguien que pueda darle razón de lo que sucede. Divisa a un hombre que está vuelto de espaldas, y “pensando que era el hortelano, le dijo: ‘Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto’ (Jn 20, 15).

Sin volverse, el hombre inicia el diálogo que recoge S. Juan: “Mujer, ¿por qué lloras?”. “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto”. En ese instante, es Jesús quien se vuelve –no María Magdalena- y exclama su nombre. Ella le reconoce (aquí más por la visión de su rostro que por escuchar su voz) y grita: “¡Maestro!”. Jesús le dice: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre". El filme concluye el discurso de Jesús con una frase de Mateo: “Diles que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28, 10).


En 1973, y como consecuencia de dos filmes polémicos (Jesucristo Superstar y Godspell), se concibió la idea de producir un serial televisivo sobre la vida de Jesús. Un proyecto de clara inspiración cristiana, que llevaron adelante la RAI (católica) y la BBC (anglicana). La imagen que la serie nos da de Cristo es clara, brillante, muy divina.

En su relato de la Resurrección, el director Franco Zeffirelli quiso subrayar los sentimientos y las reacciones de los personajes. La secuencia arranca con la llegada de María Magdalena y otras dos mujeres (Mc 16, 1), todavía con las brumas del amanecer. Los soldados dormitan, pero uno despierta: “¿Quiénes sois?”. La Magdalena es quien lidera el grupo: “Somos la familia de Jesús” (Aquí evoca una frase de Jesús: “El que cumple la Voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi Madre”). “¿Y qué queréis?” “Entrar en la tumba para ungir el cuerpo y llevarle ropa limpia, perfumes…”. El afecto humano de los seguidores de Cristo queda manifiesto en el diálogo. Tanto, que conmueve a los soldados: “Está bien. Pero necesitaréis un ejército para remover la piedra”.

En el trayecto al sepulcro, dos jóvenes y misteriosos labriegos les dicen desde una loma: “¿Por qué buscáis a los vivos entre los muertos? Jesús no está aquí?”. (Zeffireli traslada a esta escena previa el encuentro de las mujeres con dos ángeles en la entrada del sepulcro). Ellas les toman por locos y siguen adelante; pero, al llegar al sepulcro, descubren que, en efecto, Jesús no está. María Magdalena vuelve entonces sobre sus pasos, pero los dos jóvenes han desaparecido.

A continuación, el director italiano centra su atención en las actitudes de los apóstoles. Llega al cenáculo Felipe, y todo son recelos de que puedan correr la misma suerte que Jesús. Preguntan a Pedro, que ya entonces hace cabeza, y él responde: “Debemos hacer lo que el Maestro hubiera querido”. Ya no hay dudas ni negaciones en Pedro. Empieza a ser la piedra sobre la que se edifica la Iglesia.

En el instante en que Tomás duda de que Jesús pueda volver, llega María Magdalena y afirma conmovida: “¡Le he visto! ¡Al Maestro! Ha resucitado”. A continuación, la cámara enfoca la reacción de Pedro. Por ese primer plano, y por las citas antes señaladas, podemos concluir que este relato de la Resurrección sigue bastante de cerca el Evangelio de Marcos, que recoge sobre todo la predicación de S. Pedro. Pero, sobre todo, lo que busca Zefirelli es retratar la reacción de los personajes: la emoción y el amor de la Magdalena, la autoridad de Pedro, el temor de los apóstoles



A las puertas del tercer milenio, y tras algunas cintas polémicas (La última tentación de Cristo, Jesús de Montreal) que omiten deliberadamente la secuencia de la Resurrección, varias películas se proponen reflejar una nueva imagen de Cristo: más equilibrada e históricamente precisa.

Frente al Jesús exclusivamente divino de los sesenta (Rey de Reyes, La historia más grande jamás contada) y frente al Jesús “revolucionario” de los 70 y 80 (Jesucristo Superstar, Jesús de Montreal), los nuevos filmes van a tratar de mostrar a un Jesús que es Dios y Hombre al mismo tiempo: muy divino en sus milagros y en su mensaje, pero también muy humano en la preocupación por su Madre y por todos los que le siguen.

El primer fruto vino de la mano de Ettore Bernabei, un productor italiano que produjo con la CBS la miniserie Jesús (1999), dirigida por Roger Young e interpretada por Jacqueline Bisset, Jeremy Sisto y Debra Messing. Jesús habla de su condición divina, pero a la vez sonríe, bromea y dialoga afectuosamente con los apóstoles.

En el relato de la Resurrección, Young ha creado una puesta en escena que hila muy bien el relato de S. Juan. La mañana del Domingo, María Magdalena se dirige al sepulcro. Ve la piedra removida (Jn 20, 1) y corre al cenáculo para decir a los apóstoles que “¡Han robado su cadáver!” (Jn 20, 2). Pedro y Juan salen corriendo hacia el sepulcro (Jn 20, 3). Juan corre más y llega antes, pero sólo se asoma en la entrada. Enseguida llega Pedro y entra Juan (Jn 20, 4-6).

Entonces surge el diálogo entre la razón (Pedro) y el amor (Juan). Pedro dice: “No está” (es lógico y razonable pensar que lo han robado), pero Juan contesta: “Ha resucitado”. Pedro sigue hablando con la abeza: “Resucitado no, han robado su cadáver”. Juan, movido por el amor, ha alcanzado ya la Fe: “Pero Él dijo al tercer día resucitaré”. Y Pedro cree al fin (Se trata de una licencia, pues el evangelista dice que el único que creyó es Juan: Jn 20, 10).

Al salir del sepulcro, se topan con María Magdalena, que ha vuelto. Ellos se van corriendo a decir a todos que Jesús ha resucitado (nueva licencia del director) mientras ella se queda desconsolada junto a la tumba (Jn 20, 11). Por detrás de un alto palmeral, se oye una voz que dice: “Mujer, ¿por qué lloras?” (Jn 20, 15). Magdalena no reconoce aún la voz de Jesús, y le dice, tomándole por el hortelano: “Si te has llevado a mi Señor, dime dónde lo has puesto”. Jesús sale de la zona arbolada y dice, a la vista de ella: “¡María!”. Y ella grita: “¡Maestro!” y le abraza emocionada (Jn 20, 16). Una reacción mucho más efusiva que la sugerida en el Evangelio (“No me toques”, le dice Jesús).

Además, aquí el reconocimiento de Jesús no se produce porque Él se vuelva hacia ella (como en Rey de Reyes) sino por la elevada maleza, lo cual es más razonable. Sugiere, además, que el descubrimiento se produce cuando escucha su nombre. Descubrir que Dios la llama por su nombre, personalmente, con un tono conmovido de infinito cariño, es algo que la cinta sugiere, aunque no lo haya reflejado por completo.


En la misma línea de mostrar a un Jesús divino y humano, Redentor de los hombres y –a la vez- cariñoso y afable con todos, en el año 2000 se estrena en Estados Unidos una película de animación, dirigida por Stanislav Sokolov, titulada El hombre que hacía milagros. Muy fiel a los Evangelios, la historia está narrada desde el punto de vista de una adolescente: la hija de Jairo, a la que Cristo resucita en una escena conmovedora.

El filme presta una especial atención a la secuencia de la Resurrección y a los acontecimientos que siguieron. Mientras otras películas omiten esa parte (El Mesías) o la distorsionan por completo (Jesús de Montreal, Jesucristo Superstar), El hombre que hacía milagros le da una importancia capital en el conjunto del relato. Además, y en comparación con los demás filmes comentados en este serial sobre “La Resurrección en el cine”, aquí el desarrollo de esos acontecimientos abarca un metraje considerable y conjuga, en su narración, la fidelidad a las Escrituras con una integración creativa de las distintas escenas relatadas por S. Juan y S. Lucas.

En este filme vemos, de forma hilvanada, todos los sucesos de aquellas horas: María Magdalena encuentra la tumba vacía y se echa a llorar (Jn 20, 1). Entonces, una voz cálida a sus espaldas —que ella toma por la del hortelano— trata en vano de consolarla; hasta que le oye pronunciar su nombre, “¡María!”, y se vuelve conmovida porque ha comprendido que está ante Jesús resucitado (Jn 20, 11-18). Según le indica el Maestro, corre a contárselo a Pedro, y esto mueve al apóstol a acudir a la tumba (Jn 20, 2-7), aunque sin la compañía de Juan.

De regreso a Jerusalén, mientras medita en el sepulcro vacío, Pedro se encuentra con el Maestro (Lc 24, 34) y vuelve corriendo para contarlo a los demás apóstoles. Al llegar al cenáculo, vemos que acaban de llegar Cleofás y Jairo, y éstos relatan —se ve luego en dibujos animados— cómo Jesús se les ha aparecido en el camino a Emaús y les ha explicado las Escrituras, y cómo le han reconocido al partir el pan (Lc 24, 13-35). Tomás muestra entonces un escepticismo sarcástico frente a esos relatos, que juzga fantaseados... Y aquí corté la secuencia, para no hacerla demasiado larga. Lo que sigue es la repentina aparición de Jesús, que enseña sus manos a todos, y en especial a Tomás. El apóstol cambia su incredulidad por un sincero acto de fe (Jn 20, 36-41).

La concatenación de escenas -creando unidad en lo que eran cuadros sueltos- es lo que hace sublime, atractivo y dinámico el relato que este filme nos ofrece de toda la secuencia de la Resurrección.



El último filme que analizamos en este serie es La Pasión de Cristo (2004), dirigido por Mel Gibson. En un plano breve (un epílogo sumamente sugestivo a todo el gran relato de la pasión) nos ofrece una explicación teológica –basada por completo en un pasaje de S. Juan- de lo que sucedió en el instante de la Resurrección.

Según testimonios de la época, los judíos empleaban una gran sábana blanca para embalsamar a los difuntos. También era costumbre envolver el rostro con otro paño más pequeño (sudario, le llamaban) para sujetar la mandíbula y evitar que se abriera la boca del cadáver. Es lo que hicieron con Jesús: tenía la sábana “y el sudario que había sido puesto en su cabeza” (Jn 20, 7). Con esto tenemos dos piezas: la sábana y una venda separada de ella que se usaba como mortaja.

Cuando Juan entró en el sepulcro, “vio los lienzos plegados y el sudario, que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio” (Jn 20, 7). Es esa disposición de los lienzos (“todavía enrollados” pero sin el cuerpo en su interior), simplemente “plegados(en el original griego: “caídos”, como si hubiera desaparecido el cuerpo de su interior) es lo que inmediatamente mueve a la conversión del apóstol: “Entonces entró también el otro discípulo…, y vio y creyó” (Jn 20, 8).

Todo esto es lo que trata de reflejar el último plano de la película de Mel Gibson. Un fantástico plano-secuencia sugiere el momento en que se desliza la piedra de la entrada. Todos los Evangelios señalan que la piedra fue removida, y Mateo describe incluso el momento en que “se produjo un gran terremoto, y un ángel del Señor… apartó la piedra” (Mt 28, 2). La toma va recorriendo las distintas cavidades de la roca, y de repente entran en plano los lienzos sagrados en el momento en que empiezan a caer sobre sí mismos.

Sigue el movimiento del plano, y los lienzos quedan “caídos”, atados y enrollados alrededor de la mortaja, como si en ese preciso momento hubiera desaparecido el cuerpo de Jesús. Justo entonces vemos la razón de ese vacío: la cámara enfoca un luminoso primer plano de Cristo resucitado, que a continuación se alza para mostrar su cuerpo glorioso, sin los estigmas de la flagelación y la coronación, pero sí con las señales de los clavos en sus manos. Es el momento en que acaba de resucitar y por eso los lienzos caen sobre sí mismos. Gibson muestra así a los espectadores, justo en el momento en que sucede, lo que una vez acontecido conmoverá profundamente a Juan.

domingo, 29 de marzo de 2015

“La historia de Marie Heurtin”: el lenguaje del corazón

No es habitual que una película se estrene un miércoles, pero si pensamos en un Miércoles Santo y el filme tiene un claro contenido espiritual o religioso, el estreno aprovecha el “tirón” de la Semana Santa y el largo puente que se origina. Es el caso de “La historia de Marie Heurtin”, una sensible cinta francesa que llegará a nuestras pantallas el 1 de abril y que contiene atractivos suficientes para recomendar su visionado.

El argumento se apoya en la verdadera historia Marie Heurtin, una joven sordomuda y ciega, nacida en 1885 y fallecida en 1921. La película comienza con la llegada de Marie a un convento de las Hijas de la Sabiduría, congregación fundada por San Luis María Grignon de Monfort y Sor María Luisa de Jesús (Trichet). Sus buenos y desesperados padres le han dado todo el cuidado y cariño posibles, pero no logran que Marie se comunique y ésta se comporta como una pequeña salvaje. Las religiosas, que acogen a chicas discapacitadas, tienen una justificada fama en la atención de niñas sordomudas y una amplia experiencia en el lenguaje de los signos. Marie (Ariana Rivoire) es un caso demasiado difícil, pero la hermana Marguerite (Isabel Carré), una joven y entusiasta monja de frágil salud, insiste en hacerse cargo de su instrucción.

Dirige, y dirige bien, Jean-Pierre Améris (“La vida”, “Tímidos anónimos”), que se beneficia de un medido guión, del colorido de la campiña francesa y de las interpretaciones de Isabel Carré y Ariana Rivoire, sordomuda en la vida real. Con una puesta en escena sobria, elegante y poética en ocasiones, consigue involucrar poco a poco al espectador sin cansarlo, regulando bien el tempo de cada escena. Por otro lado, nos presenta un retrato amable y hasta divertido de las monjas, con una madre superiora enérgica y flexible a la vez, lejos de la visión sectaria que han propuesto otras cintas.

Como es lógico, el sentido del tacto tiene una relevancia particular en la película. Un sentido que queda ennoblecido cuando su objetivo es elevado, como es el que pretende Sor Marguerite con Marie: enseñarle a comunicarse, a relacionarse y, por tanto, hacerla más capaz de amar y de ser amada. Un trabajo agotador que no sólo se hace con signos sino, sobre todo, con el corazón, con esa actitud de generosidad que sabe descubrir las posibilidades de crecimiento que se esconden tras las limitaciones personales.

El filme remite a títulos tan reconocidos como “El milagro de Anna Sullivan” (Arthur Penn, 1962) o “El pequeño salvaje” (François Truffaut, 1970), y no está lejos del cine de Robert Bresson. Procurando evitar el sentimentalismo pero sin renunciar a las emociones, Améris acaba la película en alto con una bellísima escena muy bien planificada, que provocará más de una lágrima en el público. Un final que deja al espectador –así lo pude comprobar en el preestreno al que asistí– con la impresión cierta de haber visto una buena película: que no es poco.

Juan Jesús de Cózar

La imagen de Jesús en "La pasión de Cristo"

Comienza hoy la Semana Santa, un buen momento para recordar aquella película dura y polémica -pero, a la vez, maravillosa, encendida, realista... llena de fe y amor- que fue "La Pasión de Cristo" (2004). Un filme que, a pesar de sus detractores, tuvo un impacto tremendo y muy positivo en las audiencias de todo el mundo.

Con independencia de su posterior trayectoria personal, Mel Gibson ha reconocido que quiso rodar su película, llena de significación teológicapara agradecer a Dios la “fuerte crisis espiritual” que le había hecho “volver a mi fe cristiana”. Así lo contaba en una entrevista publicada poco antes del estreno:

Yo siempre he creído en Dios, en su existencia. En mi familia me enseñaron a creer de cierta manera. Pero a mitad de mi vida, dejé algo de lado mi fe, y otras cosas ocuparon el primer lugar (...). En ese momento, comprendí que necesitaba algo más si quería sobrevivir. Me sentía impulsado a una lectura más íntima de los Evangelios, de la historia en su conjunto. Ahí fue cuando la idea empezó a cuajar dentro de mi cabeza. Empecé a ver el Evangelio con gran realismo, recreándolo en mi propia mente para que tuviera sentido para mí, para que fuera relevante para mí. Eso es lo que yo quería llevar a la pantalla”.

Precisamente por eso, el director australiano fue sido muy explícito a la hora de señalar qué le movía a realizar esta cinta. Por una parte, una suerte de catarsis, de purificación personal: “Descubrí que, para sanar las heridas de mi vida, debía observar las heridas de Cristo; y, por tanto, contemplar la Pasión”. Por otra, una oportunidad para que la gente sencilla pudiera redescubrir la manifestación máxima del afecto divino: “Es la historia del amor más grande que se puede tener: dar la vida por alguien. La Pasión es la aventura más grande de la historia. Creo que es la mayor historia de amor de todos los tiempos: Dios que se hace hombre y los hombres que le odian y le matan”.

Para esta recreación de los relatos evangélicos, Gibson optó por una narración y una puesta en escena decididamente realistas. No quería dulcificar ni un ápice el duro relato de la Pasión, y su guión definitivo abundó en escenas crudas, como la flagelación y coronación de espinas, los malos tratos de la soldadesca, la creciente asfixia colgado en el madero, la muerte agónica sobre la cruz.

En síntesis, el cineasta quiso reflejar a Cristo en toda su doliente humanidad (maniatado, flagelado, insultado y arrastrado hasta la cruz) como manifestación plena de su inmenso amor por los hombres. Esa es la imagen que nos muestra de Jesús: no un Jesús bello y hermoso; tampoco uno distante o angustiado por nuestras faltas; sino un Jesús doliente: humano, plenamente humano, que asume el castigo que sus hermanos los hombres merecíamos.

El Jesús de Caviezel apenas habla, y tampoco expresa muchas emociones. En silencio, calla y sufre: porque esa es la Voluntad de su Padre. Y Gibson nos hace ver que esa noche de amargura no fue en absoluto un trance fácil por el hecho de que fuera Dios. Como hombre, sufrió en la misma medida de su amor, que era inmenso. Por eso sufrió una agonía que el espectador llega a sentir en su propia carne. Más de uno ha tenido que apartar la vista o salir por unos instantes de la proyección. Cuando, terminada la primera flagelación, le vemos levantarse para seguir sufriendo, somos conscientes de todo lo que nos amó...