lunes 23 de enero de 2012

Estreno de "Popieluszko: la libertad está en nosotros" (27 de enero)

Este viernes 27 de enero se estrena en España Popieluszko, una historia épica sobre la vida y martirio del padre Jerzy Popieluszko, héroe del movimiento Solidaridad. Este sacerdote, considerado como un héroe por el pueblo polaco, fue brutalmente asesinado en octubre de 1984. El 6 de junio del pasado año fue beatificado en Varsovia. La película relata también los vertiginosos días de Solidaridad, así como la situación política de la Polonia de los años 80.

El filme cuenta la historia de un hombre que pasó de ser un chico de campo a convertirse en el guía espiritual de una nación entera, y en el símbolo de la lucha por la verdad y la auténtica libertad.

El padre Jerzy Popieluszko descubrió su vocación poco después de realizar el servicio militar. Años después, se forjaría su leyenda en los difíciles tiempos de la “ley marcial” y su fama empieza a conocerse por todo el país. Pero un día Popieluszko desaparece ante el estupor del pueblo polaco y poco después aparece su cuerpo arrojado a un lago, víctima de un brutal asesinato. A su funeral en 1984, acudieron más de medio millón de personas.

El gran destino de este sacerdote se desarrolla sobre el fondo de los acontecimientos que cambiaron la historia en la década de 1980. Son los años en los que se proclama la huelga que dio origen a Solidarność, el primer sindicato independiente de la Europa del Este. El clima encendido de esos días se reconstruye en numerosas escenas de masas, en las que participaron personajes que vivieron realmente esos momentos.

Popiełuszko es una de las pocas películas que cuenta este importante periodo de la historia contemporánea. La cinta se dirige a un público amplio. En Polonia la vieron más de 1.300.000 espectadores. Su éxito allí se debió a la fuerza de la historia y a las grandes emociones que despierta, contadas con un lenguaje sencillo. La preparación del rodaje duró varios años. Durante este periodo, los creadores de la película recogieron una gran documentación, entre la que se encuentran los testimonios directos de las personas que conocieron y siguieron a Jerzy. En la escritura del guión, el autor, además de dar consistencia a los acontecimientos históricos, estuvo en constante comunicación con la familia y amigos de Popiełuszko.

La película ha sido producida por Focus Producers Srl. (con la colaboración de IF Max-Film S.A), que invirtió en el proyecto cerca de 3 millones de euros; además, la cinta ha sido cofinanciada con fondos del Instituto Polaco de Cine y del gobierno de Mazovia.

Tiene abierta una completísima web oficial. Allí se pueden descargar: carteles, fotografías, dosieres de prensa, testimonios de quienes conocieron a Popieluszko y toda la información sobre el filme. También puede solicitarse el estreno en la propia ciudad, o en un cine cercano. El trailer refleja muy bien los temas del filme y las crisis del personaje, así como todo el esfuerzo de producción que hay detrás.

lunes 16 de enero de 2012

¿Cuántas personas vieron al Papa en el Vaticano durante 2011?

La pregunta del título puede sorprender. Quizás sorprenda más aún la respuesta. Según el Vaticano, más de dos millones y medio de personas participaron en las ceremonias papales del año 2011, una cifra que crece desde hace tres años. Y aquí no se cuentan los que le vieron en sus viajes por Italia o en las salidas al extranjero (sólo en la JMJ, más de dos millones).

De esos 2'5 millones, un millón doscientas mil participaron en el Angelus de los domingos con el Papa, 400.000 le vieron en las audiencias generales y 846.000 en las ceremonias religiosas (Semana Santa, Navidad y Año Nuevo, beatificaciones y canonizaciones, etc).

Este vídeo de Rome Reports completa el listado de cifras. Un Papa ciertamente muy querido, al que mucha gente quiere escuchar.

viernes 13 de enero de 2012

Las películas sobre Juana de Arco (600 aniversario) (y 2)

4) Juana de Arco en la hoguera (Roberto Rossellini, 1954) con Ingrid Bergman.
Desde el cielo, la santa Juana observa y recuerda como fue su agonía y muerte; y hace un balance de lo que fue su vida y el motivo de los designios de Dios. Roberto Rossellini llevó al cine este oratorio de Paul Claudel. Ingrid Bergman, que era su esposa en esos momentos, volvió a interpretar a esta santa.

5) Juana de Arco (Robert Bresson, 1962) con Florence Carrez.
Recrea solamente el proceso del “juicio”, basándose en los documentos históricos que nos quedan. Dura sólo una hora y puede parecer monótona, pues casi todas las escenas transcurren en la celda o en la sala del juicio. Pero lo apasionante es precisamente eso: el cruce de preguntas capciosas y mal intencionadas con respuestas prudentes o ingeniosas de la santa, a pesar del cansancio, del tiempo que llevaba prisionera y de las pésimas condiciones en las que estaba.





6) Juana de Arco (Luc Besson, 1999) con Milla Jovovich.
En líneas generales, sigue los hechos históricos y demuestra admiración por el personaje. Las variaciones estriban en imaginar que una hermana fue violada cuando Juana era niña, y en permitir una doble lectura en cuanto a su misión: se puede pensar que, en efecto, recibió un encargo divino, o bien -mensaje para incrédulos- que fueron imaginaciones suyas. Para mantener este juego, se introduce el personaje de la conciencia (Dustin Hoffman), que atormenta a Juana. Pues este es el rasgo que se destaca: enviada de Dios, o autoengañada, Juana actuó en conciencia. Incluyo el trailer del filme.



7) Juana de Arco (Christian Duguay, 1999) con Leelee Sobieski.
Esta fantástica miniserie televisiva presenta un increíble despliegue de medios. Se ha realizado un enorme esfuerzo en la ambientación, y las escenas de batallas son muy vistosas. A esto se añade una historia de entidad, con un personaje, el de Juana, de una pieza, capaz de morir por defender sus convicciones más íntimas. Le acompañan varios secundarios de lujo: Peter O'Toole y Shirley McLaine.

(Ver aquí el comienzo del filme)

lunes 9 de enero de 2012

Las películas sobre Juana de Arco (600 aniversario)

Se cumplen ahora los 600 años del nacimiento de Juana de Arco (6 de enero de 1412 – 30 de mayo de 1431), también conocida como la Doncella de Orléans: heroína, militar y santa francesa.

Nacida en la región de la Lorena, Francia, ya con 17 años encabezó el ejército real francés. Convenció al rey Carlos VII de que expulsaría a los ingleses de Francia y éste le dio autoridad sobre su ejército en el Sitio de Orleans, la batalla de Patay y otros enfrentamientos en 1429 y 1430. Estas campañas revitalizaron la facción de Carlos VII durante la Guerra de los Cien Años. Posteriormente fue capturada y entregada a los ingleses. Los clérigos la condenaron por herejía y el duque Juan de Bedford la quemó viva en Ruan. La mayoría de los datos sobre su vida se basan en las actas de aquel proceso, en el que se introdujeron muchos datos falsos.

El Papa Calixto III dispuso en 1456 que se reabriera el proceso. La inocencia de Juana Domrémy fue reconocida ese mismo año en un proceso donde hubo numerosos testimonios. Ya en el siglo XX, fue beatificada en 1909 y posteriormente declarada santa en 1920 por el Papa Benedicto XV. Ese mismo año fue declarada como la santa patrona de Francia. Su festividad se celebra el día del aniversario de su muerte, el 30 de mayo.

El cine ha llevado su vida a la pantalla en varias ocasiones. Voy a recordar aquí las más importantes.

1) Joan the Woman (Cecil B De Mille, 1917), con Geraldine Farrar. Muda, con música y carteles. En blanco y negro.
Para la época, por los medios y limitaciones que tenían, es una recreación magnífica. Para el público actual, quizás le parezca una simpleza o una caricatura. Pero en su momento fue una gran súper producción de Hollywood. Da a conocer lo más popular de la historia, ignorando muchos detalles que se conocieron años después.



2) La pasión de Juana de Arco (Carl T Dreyer, 1928), con María Falconetti. También muda con música y carteles. En blanco y negro.
Una verdadera obra maestra, que aún hoy es admirable en muchos de sus logros. El proceso a Juana de Arco le sirve a Dreyer para retratar con lucidez las pasiones humanas y la actitud ante el sufrimiento. El personaje comenzó a interesarle en 1920, con su canonización. Con este filme quiso reflejar el triunfo del alma sobre la muerte.



3) Juana de Arco (Victor Fleming, 1948) con Ingrid Bergman. Sonora, en color.
La más respetuosa con los personajes y la más fidedigna. Hay varios detalles que no relata, pero lo que cuenta es verídico; y, en general, la trama es clara. La actuación de Ingrid Bergman, aunque ya no era una adolescente, resulta creíble y está bien lograda. Quizá sea la más popular de todas las “Juanas de Arco”, también por la credibilidad como personaje. Mención especial merece el vestuario y la excelente ambientación.



(2ª parte: viernes 13 de enero)

viernes 6 de enero de 2012

La Navidad en el cine (15): El recuerdo de Belén en la vida de la Virgen

La Virgen guardaba todas estas cosas meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19). Todos los sucesos de la infancia de Jesús fueron, para su Madre, tema constante de meditación. Y el de Belén, más que ningún otro. Ésta es la idea que han querido reflejar dos filmes de muy variada orientación: mostrar al espectador hasta qué punto estuvo presente el recuerdo de Belén en la memoria de María.

En “El hombre que hacía milagros” (1999), el relato arranca cuando Jesús adulto, al regreso de un día de trabajo, comunica a su Madre que va a comenzar la obra que le encargó su Padre. Sin poder evitarlo, María recuerda dos escenas de la infancia de su Hijo en que esas mismas palabras sonaron en sus oídos. La primera es cuando se perdió en el Templo y le buscaron durante tres días. “¿Por qué me buscabais? –responde Jesús- ¿No sabíais que debo dedicarme a las obras de mi Padre?”. La segunda es la escena de Belén y la llegada de los Magos, que señalaba inequívocamente unos planes de Dios que el Niño venía a cumplir. Ahora, cuando está a punto de iniciar su vida pública, María recuerda todas esas cosas que guardaba en su corazón.


video

Un recuerdo similar de lo acontecido en Belén es lo que vemos en la miniserie Jesús (1999). El Señor ha regresado de los 40 días en el desierto y la Virgen se apresta a cuidarle para que se reponga. Después de tres días durmiendo, Jesús despierta y refiere a su Madre el sueño que ha tenido, en el que aparecía José. Ese recuerdo conmueve a María. Ella se dirige entonces a la ventana y ve a dos jóvenes –Juan y Andrés- que le aguardan fuera. “¿Qué quieren?”, pregunta. Y Jesús responde: “Ser mis seguidores. ¡Ja! Puede que no esté preparado, Madre”. Ante esta respuesta de tono irónico, María saca un pequeño cofre que tenía bien guardado: allí están, cubiertos con un paño, los regalos que trajeron los Magos. Recuerda a Jesús su llegada a Belén para adorarle, y comenta (evidenciando que ha meditado muchas veces esa escena): “Aquellos hombres no hubieran hecho un largo viaje siguiendo a aquella estrella si la Voluntad de Dios no les hubiera guiado”.


jueves 5 de enero de 2012

La Navidad en el cine (14): El aviso en sueños a José y la matanza de los Inocentes

El período de la Navidad termina con dos acontecimientos simultáneos: la matanza de los inocentes y, justo antes, el aviso en sueños a José.

Del aviso en sueño hay dos películas que han hecho una puesta en escena muy semejante: El Evangelio según San Mateo (1964) y María de Nazaret (1995). La segunda, inspirada claramente en el filme de Pasolini, añade su peculiar estilo simbólico: el recurso a una luz intensa para sugerir la presencia de lo sobrenatural. La cámara enfoca primero a la Virgen con el Niño, se desplaza luego hasta José, y entonces sucede el anuncio en sueños. Lo más llamativo de esta breve escena es la dulzura de la Virgen y su completa docilidad a lo que decide José.



Una composición escénica parecida es la que antes había diseñado Pasolini en el filme de los sesenta. La cámara muestra primero a la Virgen y el Niño, se recrea en Él, y sólo después pasa a José. Aquí el Ángel sí aparece: con esa imagen adolescente que vimos en el aviso inicial del Ángel, y con la autoridad firme de un ser celestial: “Coge al Niño y a su Madre y huye a Egipto”. La partida apresurada de Belén se llena de nostalgia: por una parte, por la música que oímos de fondo (los coros de “La pasión según san Mateo”, de Bach, que cantan solemnes: “Caemos de rodillas, llorando”); por otra, por esa mirada conmovida de María, que recorre con melancolía los lugares de Belén que habitó su Hijo. Sabe que es la última vez que los contempla. Y este sentimiento de añoranza llena esta última parte de la secuencia fílmica.



En Jesús de Nazaret (1977), por contraste, la secuencia se centra en la decisión arbitraria de Herodes y la locura que entonces le consumía: “Ahora, id a Belén y ¡haced historia! ¡¡Matad!! ¡Matad a todos!”. A continuación, unos segundos de suspense –de fondo oímos el rumor de los caballos a galope- nos hace presagiar la inminencia de la tragedia. Llega, inhumana y ciega, la matanza por parte de los soldados; quizás por esa actitud, el director nos oculta su rostro. Y sí vemos, en cambio, los rostros muertos de niños y madres en las callejuelas de Belén. La cámara se mueve, agitada, en aquella terrible desolación. Oímos gritos, carreras, tumultos. Y el asesinato en contraluz, mostrado sólo en sombra, acabará por ser la imagen más dramática. En boca de uno de los ancianos, Zeffirelli coloca el comentario final de S. Mateo: “Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: ‘En Ramá so oyó una voz, llanto y lamento grande. Es Raquel que ll ora por sus hijos, y no quiere consuelo porque ya no existen’”.



En La Natividad (2006), la escena arranca con la cena de Herodes en la que decide la matanza. Junto al tirano vemos a su hijo Herodes Antipas, que treinta años después tomará la mujer de su hermano, Herodías, encerrará y decapitará a S. Juan Bautista, y gobernará Judea durante toda la vida pública del Señor. Ambos traman la masacre, que vamos a ver en dos escenas paralelas: los soldados matando en plena noche, y José despertando por el aviso del Ángel. Toda la secuencia evoca la profecía del Mesías esperado. Uno de los soldados penetra en una casucha y recorre con la antorcha el lugar: es el establo donde habitó la Sagrada Familia, y cada uno de los rincones se llena para el espectador de un indudable encanto. Cuando la antorcha se detiene sobre la cuna del Niño, el momento suena a despedida y a victoria, a nostalgia y a salvación. La sabiduría de Dios Niño ha vencido la astucia y el odio de los soldados de Herodes.

martes 3 de enero de 2012

La Navidad en el cine (13): ¿Cuándo llegaron los Magos a Belén?



Las representaciones populares de la Navidad han tendido a unir, en la misma noche del Nacimiento, la adoración de los pastores al Niño y la llegada de los Magos al portal. Esto ha surgido, sobre todo, por una necesidad “escénica”: una pintura o una representación de esa escena resulta mucho más rica y polifónica si unifica en una sola imagen a todos los personajes implicados; así aparece como más grandiosa. Pero los teólogos suponen que ambos hechos estuvieron separados en el tiempo. Desde que avistaron la estrella, prepararon el viaje y llegaron a Jerusalén desde el lejano Oriente, debió pasar casi un año. Eso mismo parece sugerir la decisión de Herodes: “se informó por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella” (Mt 2, 7) y, teniendo eso a la vista, manda degollar no a los recién nacidos, sino a todos los varones menores de dos años: debieron decirle que la estrella apareció un año antes.

En las tres escenas que vimos ayer, la llegada de los pastores se muestra casi simultánea a la llegada de los Magos. Y algo similar sucede en Ben Hur. Aquí la escena arranca desde el portal. Los pastores, que han llegado unos minutos antes, se vuelven al oír unas pisadas y aparecen de espaldas los Magos. Entran en el establo y, con ellos, entra también la cámara. Se detienen un instante, se arrodillan y depositan sus presentes. Aún no hemos visto al Niño. El director ha buscado el efecto sorpresa, y retrasa lo más posible el mostrarnos la sublime escena. En el mismo plano –no se ha interrumpido desde el principio- la cámara avanza y vemos al fin a Jesús, María y José. Tres grupos están perfectamente distribuidos en el espacio escénico, como en tres anillos concéntricos: los pastores, los Magos y la Sagrada Familia. Una escena sin palabras, que termina con un toque bocólico: un ternero acude dando saltos hasta su madre, subrayando así el símbolo fundamental de la maternidad.



También en La Natividad se hace coincidir la llegada de pastores y Magos. Aquí el juego de luces es intenso. Primero vemos a los Magos acercándose a contraluz. Luego aparece el establo iluminado por un haz luminoso que señala el lugar donde está Jesús (Mt 2, 9). Y, finalmente, se produce el encuentro de todos los personajes en la Luz (aunque el mundo está a oscuras). Por eso Gaspar exclama: “¡El más grande los Reyes… nacido en el lugar más humilde!”. Los Magos se miran, y uno de ellos añade: “Dios… hecho carne”.

En Jesús de Nazaret, a diferencia de los anteriores, la llegada de los Magos se produce meses después. José y María regresan con el Niño de la purificación en el templo y se sorprenden al ver unos pajes bien vestidos en la puerta de su casa. Ni es de noche ni están ahí los pastores: la imagen es completamente inédita. Además, tampoco se cobijan en una gruta: a José le ha dado tiempo a construir una casa de madera. Y allí se produce el encuentro con los Magos: “No temáis. ¿Dónde está el Niño? Venimos de muy lejos para adorarle”. Se produce entonces un triple juego de miradas: de José y María a los Reyes, de éstos a Jesús, y de éste a la cámara (en esa mirada, el espectador se siente interpelado). Viene entonces la declaración de Baltasar, muy en línea con la escena anterior de La Natividad: “Al venir a aquí, a un establo, creí que nos equivocábamos; pero ahora veo que es muy justo”. Para hacer más explícito el mensaje, Gaspar añade: “No en la gloria, sino en la humildad.

lunes 2 de enero de 2012

La Navidad en el cine (12): Adoración de los Magos al Niño

La Adoración de los Magos es la última gran fiesta de la Navidad, aunque el tiempo litúrgico termina con el Bautismo del Señor. Es una fiesta de capital importancia en el mensaje cristiano. Se le llama Epifanía (del griego “epi”: primera, y “fanía”: aparición) porque es, en efecto, la primera manifestación de la divinidad de Cristo. Sobre todo, es la primera manifestación de la universalidad de la redención: porque Jesús, que es el Mesías esperado y procede de la estirpe de David, no viene a salvar sólo al pueblo judío, sino a todos los hombres. Sin excepción.

En Rey de Reyes (1961), la escena empieza con una evocación del Evangelio de S. Mateo: “Cuando el Hijo de Dios nació en Belén de Judea, tres Magos vinieron de Oriente”. Pero, a continuación añade algunas tradiciones populares: “Se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Venían de Persia, Mesopotamia y Etiopía”. En el desarrollo de la escena es importante tanto el juego de la luz (con los Magos recortados en silueta sobre el horizonte) como el tono costumbrista del establo, con diversos animales domésticos ubicados en el portal. El sentido pictórico de la secuencia se refleja en la composición de los grupos (en la puerta los Magos, a la izquierda José y los pastores, al fondo la Virgen con el Niño), y también en el silencio con que se desarrolla todo: ni una sola palabra rompe el recogimiento de este pasaje.




Por otro lado, en La historia más grande jamás contada (1965), la escena se nos muestra rica en contrastes y en el uso simbólico de la luz, como ya dijimos en el primer artículo de esta serie. Los ropajes blancos de los Magos contrastan con el negro oscuro en que transcurre la acción. La única luz de la escena es la que proviene del candil de José, tal como vimos en un artículo anterior.

La puesta en escena juega con los distintos espacios. En el espacio más interior (el establo) están José, María y el Niño; ahí entran los Magos, que ofrecen sus presentes y explican el sentido que cada tienen; esa entrada en el "interior" les autoriza a iniciar un diálogo con la Virgen centrado en el nombre que pondrán al Niño: “Se llamará Jesús”, dice Ella, recordando lo que le había dicho el Ángel en la Anunciación. En el espacio exterior, contemplando la escena, están los pastores (con la luz que proviene del interior). Detrás (apartados de la escena, y situados en lo alto de un cerro: en una posición amenazante), están los soldados de Herodes, que han seguido el rastro de los Magos; aparecen sin luz alguna. El ladrido de un perro pone sobre aviso a los Magos, que deciden reemprender la marcha aunque sólo han estado unos minutos en el portal. José se asoma al ventanuco y "oye" en su interior la advertencia del Ángel que S. Mateo relata como escuchada en sueños: "Toma al Niño, y huid".




La versión de esta escena en María de Nazaret (1995), de Jean Delannoy, es mucho más colorista y vistosa que las anteriores. La luz cálida del portal vence aquí sobre la oscuridad de la noche, y la alegría del momento se refleja en los ropajes de los Magos. En el interior, la puesta en escena realza la majestad de la Virgen: aunque tumbada por el alumbramiento, su rostro refleja paz y serenidad, y su figura ocupa el centro de la imagen: la vemos como Señora, como Madre de Dios, como Reina de cielos y Tierra. También aquí los Magos explican el sentido de sus regalos, con un tono más poético y una sensibilidad más cercana a la nuestra: todo se parece mucho a las representaciones de nuestros belenes. Al final, un narrador recoge con bastante fidelidad la narración de S. Mateo: "Y, tras ser prevenidos en un sueño de no volver a Herodes, regresaron a sus propios países por otro camino".

viernes 30 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (11): Los Magos en Jerusalén. Entrevista con Herodes

En El Evangelio según San Mateo (1964), Pasolini optó por el tono costumbrista a la hora de narrar la llegada de los Magos a Jerusalén. Plaza bulliciosa, gritos de mercadeo, ir y venir de gentes con mercancías. En ese marco abigarrado y confuso, aparecen los tres Magos, con sus camellos y sus criados, y atraviesan en silencio tan agitada escena. Tras pasar la puerta con doble arco que daba entrada a la ciudad, se dirigen por un camino estrecho hasta la misma sinagoga.

Allí, en medio de una ceremonia judía de tono folclórico y deliberadamente anacrónico, los Magos preguntan a los jefes de los sacerdotes: “¿Dónde está el Rey de los judíos que acaba de nacer? Hemos visto en Oriente su estrella y venimos a rendirle homenaje”. En un contexto de barullo y gritos sueltos, son éstas las únicas palabras que oímos con claridad, antes de su encuentro con Herodes. Fiel, nuevamente, a su puesta en escena, el guión recoge sólo las palabras que Mateo incluyó en su Evangelio.



El Mesías (1975), de Roberto Rossellini, es una versión atípica de la vida de Jesús. Austera en algunos pasajes, y más centrada en una parte de los discursos de Jesús (el mensaje de bondad) que en los milagros y signos que muestran su divinidad, el director italiano quiso subrayar la faceta más humana de la vida de Cristo. En el pasaje de Herodes con los Magos advertimos una clara intencionalidad paródica. La escena arranca con un primer plano de los pies del monarca, doloridos por un esfuerzo que nunca hizo: todo aquí sugiere su hipocondría. El plano se abre para mostrar a un Herodes más preocupado por sus afeites y cuidados que por sus súbditos y su reino. Por eso, de los Magos recién llegados (le anuncian unos “sabios, príncipes astrólogos”) lo único que le interesa es el anuncio de un nuevo rey en sus tierras. En consecuencia, tras escuchar los detalles de la profecía por uno de sus cortesanos, recibe a los Magos tumbado en su cama –otras vez su hipocondría y su comodidad- y les muestra una falsa hospitalidad que es inmediatamente desacreditada en el gesto final con el jefe de su guardia.




Con todo, el pasaje más completo de toda esa secuencia nos la proporciona el filme María de Nazaret (1995). Jean Delannoy muestra, primero, la llegada humilde de los pastores a la gruta y, en paralelo, la ostentosa recepción a los Magos. Vemos después a un Herodes llagado en todo el cuerpo (tiene lepra y no para de rascarse), lo que es un adelanto en el tiempo –una licencia artística- de lo que el Nuevo Testamento nos dirá de su abuelo Herodes Agripa: tras matar a Santiago y encarcelar a Pedro, fomenta que la plebe le trate como a un dios, por lo que “fue herido por un ángel del Señor, y expiró comido por los gusanos” (Hechos 12, 23). Este hecho milagroso, que se refleja más adelante en el filme, es relatado también por el historiador judío Flavio Josefo en sus Antigüedades Judías: “La gente gritó: ‘Ahora te honramos como dios’. El rey… sintió un agudo dolor estomacal, y tras sufrir continuamente durante cinco días, murió a la edad de 54 años” (Libro XVII, Cap. VI).

En el pasaje que hemos seleccionado, llaman la atención el dramatismo de las escenas, la fuerte concatenación de las mismas, el tono caricaturesco de Herodes y el duro contraste entre él y los demás grupos de personajes: la humildad de los pastores frente a la pompa de palacio, la sinceridad de los Magos frente a la falsa adulación del monarca, la sumisa obediencia de su siervo frente al duro maltrato al que le somete. El final de todo el fragmento, a las puertas ya de la cueva, sorprende por la enorme concurrencia allí congregada.


jueves 29 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (10): La Estrella conduce a los Magos hasta Belén

De todas las figuras que estos días adornan nuestros belenes hay una que tiene particular importancia. No es una figura humana, ni angélica ni tampoco animal; y, sin embargo, no suele faltar en ninguna representación. Me refiero a la estrella de Belén, aquella que guió a los Magos desde lejos (“vimos su estrella en el Oriente”) y que, reaparecida ante sus ojos, les guió “hasta pararse sobre el lugar donde estaba el Niño” (Mt 2,9).

Me ha parecido interesante dedicarle un artículo en esta serie porque ha sido protagonista indiscutible de cientos de relatos navideños, y porque los Magos –como indica S. Mateo- “al ver de nuevo la estrella se llenaron de inmensa alegría (Mt 2, 11). Sin duda, la mejor parábola para explicar la vocación que Dios dirige a cada hombre para que encuentre su camino hacia Él.

La primera escena que recojo hoy recuerda el momento en que los tres Magos se encontraron en el desierto. Algunos filmes han supuesto que los tres sabios partieron de un mismo punto, pero el Evangelio no dice nada al respecto, por lo que es lícito suponer –es también lo más lógico- que iniciaran el trayecto desde lugares muy diversos y se encontraran en algún momento, siguiendo a la misma estrella. Así lo refleja Zeffirelli en Jesús de Nazaret (1977).

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Ben Hur (1959) es, muy probablemente, el filme que más importancia ha concedido a la estrella en el viaje de los Magos. La secuencia en que esto se visualiza es larga y solemne, subrayada también por una poderosa banda musical. Aquí recojo sólo el tramo final, donde vemos –en fases sucesivas- cómo la luz de la estrella atrae las miradas de los lugareños de Belén, en primer lugar; de los Magos montados en sus camellos, a continuación; y de los pastores mientras cuidaban a sus rebaños, por último. Como remate, la luz se detiene sobre la gruta y se hace allí fuerte y luminosa. Antes, en el retrato de los Magos vistos de perfil, hemos podido observar la diversidad de origen: Egipto, Persia y África, por el tocado de sus cabezas, parecen estar ahí reflejados. Lo cual sigue punto por punto la suposición popular desde hace siglos.



La estrella es también figura importante en La historia más grande jamás contada (1965). Una fotografía muy cuidada ilumina el camino de los Magos por la noche de Belén. Vemos todo en contraluz, con los Magos de espaldas avanzando hacia la estrella y quedando ésta en lugar destacado de la composición. Un nuevo juego de luces nos sorprende al llegar a la gruta: las tonalidades frías y azuladas del exterior contrastan con los tonos cálidos y rojizos del interior, donde brilla la Luz. Es el recuerdo simbólico del texto que acabamos de escuchar en off: “La vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, pero las tinieblas no la recibieron” (Jn 1, 4-5).

Finalmente, el paso al interior de la gruta nos lleva, como de la mano, al interior de la mente de María. Ella, que “conservaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2, 19), recuerda en ese instante lo que le había dicho el Ángel en la Anunciación: “Será grande, y se llamará Hijo del Altísimo. Y el Señor Dios le dará el trono de David, su Padre. Y su reino no tendrá fin”.

martes 27 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (9): Los Magos y la Estrella

Además de los pastores, otros personajes decisivos completan en estos días la escena de Belén. Se trata de los Magos. Los Evangelios no dice que fueran Reyes, pero la tradición ha supuesto –con cierta lógica– que debían ser tales cuando llegan a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos y cuando, además, son recibidos por la máxima autoridad del lugar: el rey Herodes. Por otro lado, sus regalos son los propios de un rey.

Tampoco dice S. Mateo cuántos eran: “Unos Magos venidos de Oriente” (de ahí sus ropajes persas). Esos Magos podían ser dos, cuatro, seis... Pero como fueron tres sus regalos (oro, incienso y mirra), la tradición ha deducido que ese debía ser el número de los que se reunieron en Belén. Lo que sí mencionan las Escrituras es su profesión: eran magos, es decir, estudiosos de las estrellas y de sus movimientos en el Cielo; y precisamente de ese oficio se valdrá Dios para atraerlos –mediante una estrella– hasta el lugar exacto donde se encontraba Jesús.

En el artículo de hoy vamos a ver cómo son presentados en algunos filmes que han dedicado especial atención a estas tres figuras y a la repentina atracción por la Estrella de Belén. El que mejor lo ha hecho para un público infantil es Los Reyes Magos (2003), película animada dirigida por el español Antonio Navarro. Aquí, cada personaje tiene una personalidad muy marcada. Gaspar es un maestro de futuros magos, prudente y austero, que enseña a los niños a desentrañar los misterios del firmamento; su color es el azul celeste. Melchor es un mago gordinflón y un tanto avaricioso que sueña con descubrir los lugares donde se esconde el oro; sus colores son el marrón, los ocres y el dorado. Y Baltasar es un mago luchador, defensor de los oprimidos, que acude en rescate de los niños cautivos y trata de acabar con la trata de esclavos en África; sus colores son el negro y el azul oscuro.

Los diálogos de Gaspar con los jóvenes aprendices de mago son de lo más sabroso: “Con su luz, las estrellas predicen el futuro de los hombres, guardan los deseos secretos de los niños y nos cuentan historias de batallas, viajes y héroes… Buscáis la fama, pero eso tiene un precio, y ahora es cuando tenéis que empezar a pagarlo: con vuestro sudor y vuestro esfuerzo”.




En La Natividad (2006), Catherine Hardwicke nos acerca al trabajo minucioso de estos magos en escenas cuidadosamente ambientadas. Hasta una lejanísima Persia llega un misterioso legajo que contiene la profecía de los judíos. Gaspar, que conoce la lengua hebrea, es capaz de descifrarlo: “Un estrella… se alzará… desde la tierra… ¡de Israel!”. El Mesías, como señalan también otros fenómenos que han observado en el firmamento, está a punto de nacer entre los hombres.




Poco después, este mismo filme muestra los preparativos del viaje. En boca de Melchor, que escruta un viejo mapa de la zona, oímos el recuento de las dificultades: “Un desierto árido, llanuras inhóspitas, montañas muy escarpadas… hasta llegar a Jerusalén”. La clara determinación de este personaje encuentra resistencia en las dudas de sus compañeros, que desaconsejan un viaje tan arriesgado en solitario: “No deseo ir solo, deseo que vayamos los tres”. En esta breve escena quedan perfectamente reflejados los caracteres de cada uno de los Magos.


lunes 26 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (8): La adoración de los pastores

Los pastores aparecen en el relato de los Evangelios en dos ocasiones: primero en las montañas, cuando se les aparece el Ángel mientras vigilan el rebaño y pernoctan al raso; segundo en la cueva de Belén, a donde acuden presurosos para comprobar lo que se les ha dicho sobre el Niño.

De la primera escena, el ejemplo más relevante es el de María de Nazaret (1995), de Jean Delannoy. En este filme la luz juega un papel decisivo para sugerir la presencia de lo sobrenatural. En línea con Zeffirelli, el director francés rechaza mostrar explícitamente a los seres angélicos, y en las revelaciones anteriores (en la Anunciación o en los sueños de José) a la voz del Ángel acompaña un fuerte halo de luz que irrumpe desde arriba y lo inunda todo. También aquí, en el anuncio a los pastores, el tratamiento cinematográfico es parecido, aunque el efecto de misterio quiere reforzarse –quizás excesivamente- por un fondo musical inquietante y un tono ahuecado en la voz del Ángel. La idea de que transmite un mensaje de Dios se subraya en la toma cenital (vemos la escena desde arriba, por encima de las cabezas de los pastores) y en el hecho de que todo el artificio de la puesta en escena (luz, música, punto de vista) desaparece de improviso en cuanto termina el discurso del mensajero celestial.




En La Natividad (2006), vemos la llegada de los pastores en un doble plano. Primero, desde el camino, con la progresiva aparición de las figuras, y después desde la gruta, donde lo que se subraya es la acogida de María y de José. También aquí la luz sobre la gruta tiene una intencionalidad dramática: subraya la presencia de Dios en ese Niño tan pequeño e indefenso; ahí está el Hijo de Dios. De todos los pastores, hay uno que se adelanta y cobra protagonismo en la escena. Es aquel que María y José encontraron en su camino a Jerusalén, y que les habló misteriosamente de descubrir el regalo que cada uno lleva dentro de sí. Ahora, ante el Niño en brazos de su Madre, descubre al fin cuál es el obsequio que Dios había puesto en su interior: poder contemplar y acariciar al Redentor. Por eso le dice María en un aparte: “Ha venido para salvarnos… Y todos recibimos este presente”.




Por último, Jesús de Nazaret muestra la llegada de los pastores desde un personaje que no aparece en los Evangelios: la gitana del mesón, que les orientó para llegar a la gruta y que ha regresado para ayudar a la joven Madre y al inexperto José. En días anteriores vimos como Zeffirelli insistía en que la ayuda a Jesús Niño vino del lado de la gente humilde. Aquí , esta idea se ve confirmada con la llegada de los pastores, inicialmente “expulsados” por la gitana –para que no molesten a María ni al Niño– y posteriormente acogidos por José, que comprende que han sido enviados por el Ángel para ser los primeros adoradores del Niño Dios. El recuerdo entrecortado de las palabras del Ángel (su corazón ha entendido mucho más que lo que su inteligencia ha podido retener de aquellas palabras angélicas) es la mejor tarjeta de visita para justificar su presencia allí. Y su humilde adoración al Niño, subrayada por la banda musical, es la máxima reverencia que los hombres podíamos dar a quien es Dueño de todo el Universo.
(Pinchar en la imagen para ver el vídeo)

viernes 23 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (7): ¡Jesús nace en Belén!

Hoy celebramos el nacimiento de Jesús. Dios que nace en una cueva, en un pesebre. Cada película ha reflejado esta escena –y la que le precede: la llegada a la gruta de Belén– con un tono y un ritmo muy diferente, según el sentido que ha pretendido cada director.

En La Natividad (2006), Catherine Hardwick ha filmado la llegada al establo de Belén con un ritmo creciente. La Virgen siente que llega su hora, y José acelera el paso con nerviosismo. Llegamos. Belén está ante nuestros ojos. Pero Belén no es aquí ese tumulto de forasteros, amontonados por las calles, que hemos visto en otros filmes; aquí es un conjunto de casas pequeñas y sin calor: frías, solitarias, un tanto inhóspitas. Ninguna de ellas abre sus puertas a las llamadas de José: es la frialdad en persona la que recibe indiferente la llegada del Mesías.

Mientras tanto, la Virgen está ya a punto de dar a luz. No sabiendo ya qué hacer, José la coge en sus brazos y sigue gritando por las calles, en busca de refugio: “¡Por favor, un techo donde cobijarnos!”. Sólo una persona les escucha: ni siquiera les habla, señala simplemente en una dirección en cuyo final se vislumbra un establo. Y allí deposita a la Virgen, en medio de ovejas y ganado, tras una carrera de desesperación.

En contraste con esta creciente agitación (Hardwick se ha fijado sobre todo en el dramatismo de la escena), las siguientes imágenes revelan un clima de paz, serenidad y contemplación. Una estrella en el firmamento anuncia que el Mesías ha llegado ya. Y vemos varios grupos que miran hacia el Cielo: S. Joaquín y Santa Ana, en primer lugar; y luego Simeón y su mujer.



En Jesús de Nazaret (1977), Zeffirelli desarrolla esta escena de modo muy diferente, con un ritmo más pausado. Después de que la gitana les indique el camino hacia la gruta (la secuencia que vimos ayer), José y María se refugian en el establo. La siguiente escena muestra la aparición de la Estrella, que –como en casi todos los filmes– sustituye y simboliza el momento –imposible de filmar– del nacimiento de Cristo. La acción aquí se remansa: una Vida nueva aparece en el firmamento, una luz más brillante que todas las demás para iluminar un mundo a oscuras. Lentamente, José deposita al Niño en brazos de su Madre. Y llega entonces la gitana, que había advertido que vendría al terminar su jornada de trabajo. Sí: nuevamente son los pobres y desamparados los que acogen a Cristo en su llagada a la tierra. Ella sabe bien cómo arreglárselas en esa situación, por eso da instrucciones precisas a José: “Ponlo ahí, en el pesebre, y procura que haya paja fresca para que tenga calor. Yo me ocuparé de ella”. El travelling de aproximación al rostro del Niño, acorde con la serenidad de toda la escena, es una clara invitación al espectador para que contemple en silencio ese momento.

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Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”. Así resume S. Lucas el momento más trascendental de la historia de los hombres, con una clara referencia a la actividad de María (arropa, viste y acomoda al Niño) que ha sido interpretada por los exégetas como una muestra más de que la Virgen se vio libre de los dolores del parto.

En esta escena de La Natividad (2006), vemos que José ha preparado ya una cuna (un anacronismo que, sin embargo, casa bien con las imágenes tradicionales de nuestros belenes) y ayuda, después, a la Virgen a poner al Niño allí. La conversación que mantuvieron en el viaje (y que vimos el lunes pasado) parece reanudarse aquí: con el mismo afecto, con el mismo tono de intimidad. “¿Estás bien?”, pregunta José. Y responde María: “Ha recibido la fuerza que había pedido: fuerza de Dios… y de ti”. Su caricia en el rostro de José es correspondido con un beso en el dorso de su mano. Y esa tierna relación nos recuerda que, en la Sagrada Familia, todo estuvo presidido por el Amor.

jueves 22 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (6): "No había sitio para ellos en la posada"

La llegada a Belén y la falta de sitio en la posada –aspectos explícitamente relatados por S. Mateo– han favorecido que la imaginación popular se forjara una idea un tanto negativa del posadero de Belén: un hombre de pocos escrúpulos, que no se apiada de esos forasteros ni de una mujer que está a punto de dar a luz.

Con su apuesta por la denuncia política, el director de Rey de Reyes (1961) quiso dibujar una Belén caótica y confusa, de hombres violentos, corrompidos por la dominación romana. Hasta esa ciudad anárquica llegan José y María, y la bondad de esa pareja resalta por contraste en ese marco de odio y egoísmo. También el posadero responde a ese arquetipo, aunque su imagen no es del todo negativa: cuando, al final de la conversación, sabe que María va a dar a luz esa noche, cambia el tono de sus palabras y les ofrece un pesebre para que puedan acogerse allí. Tal vez sea ese el mejor acomodo para ellos.



Años más tarde, Zeffirelli hará también un retrato semejante de esta secuencia, con una Belén más tranquila y festiva, y en un tono más alegre y costumbrista. El posadero es igualmente antipático y egoísta, más aún que el del filme precedente. Llega incluso a cerrar literalmente la puerta en sus narices para evitar que se cuele en posada algún forastero. En ese entorno adverso –en el que advertimos la profunda confianza en Dios de José– la ayuda les vendrá por una gitana que trabaja en el mesón. Ha oído toda la conversación, y ella –también una “desheredada” y una extranjera– les dará cobijo en esa tierra extraña y les conducirá hasta una cueva de las afueras. Ese contraste entre la altivez de los ricos y la solidaridad de las gentes sencillas marcará en adelante toda la película de Jesús de Nazaret (1977).

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Por contraste a los filmes anteriores, María de Nazaret (1995), de Jean Delannoy, retrata al posadero de forma más amable y acogedora. En un contexto igualmente costumbrista –cantos, bailes, panderetas, con una Belén rebosante de forasteros– la breve conversación entre José y el mesonero termina felizmente: este hombre ofrece a José y a María el mejor lugar del que dispone: un humilde establo, pero sin ruidos y con cierta intimidad. El contraste con la bullanga y el ruido de afuera es tan grande, que la Virgen afirma convencida: “Mi Hijo no podría desear mejor palacio para venir al mundo”.

miércoles 21 de diciembre de 2011

¡Feliz Navidad! Y mis deseos para el nuevo año

En vísperas de Nochebuena, el mejor post es una felicitación navideña. Os adjunto la que he enviado a mis mejores amigos. Porque, sin duda, vosotros os contáis entre ellos. Gracias por estos dos años que llevamos juntos, y que sigamos unidos en el 2012.

Queridos amigos:

Para quienes vivimos apasionadamente el mundo de la comunicación –como profesores, profesionales, estudiantes o simples espectadores– el año 2011 ha sido un año de grandes titulares. Inauguramos el año con las revueltas en el mundo árabe (Egipto, Libia, Siria, Argelia...) en las que las redes sociales fueron la pieza clave. Poco después, estallaba en España el 15-M, una protesta de "indignados", con acampadas y manifestaciones, que desconcertó al gobierno y al sistema. También en marzo, un tsunami arrasó la costa oriental japonesa, destruyó la prefectura de Tohoku y provocó un grave incendio en la central nuclear de Fukushima; en los trabajos de extinción, los japoneses dieron al mundo una lección de serenidad, solidaridad y trabajo.

El 29 de abril el mundo entero pudo contemplar un cuento de hadas: la boda del príncipe Guillermo de Inglaterra con Catherine Middleton en la Abadía de Westminster. Tres días después, Bin Laden, cabeza del movimiento Al Qaeda, fue localizado y aniquilado en Islamabad, Pakistán. En julio, un fanático hizo explotar una bomba junto a la sede del gobierno de Oslo y después sembró el pánico en una campamento juvenil: murieron 87 personas. En agosto, la visita del Papa a España atrajo a casi dos millones de jóvenes a Cuatro Vientos, que tuvieron un comportamiento ejemplar: tras el fuerte temporal, rezaron con ante el Santísimo en un silencio sobrecogedor; y su noche de fiesta en Madrid no dejó apenas desperdicios (los recogieron antes de irse), y ni siquiera un coma etílico.

La crisis económica siguió azotando al mundo en 2011: Estados Unidos sufrió una crisis interna para aumentar su nivel de endeudamiento y la Unión Europea se metió en un avispero -del que aún no ha salido- para salvar la moneda del euro. El 20 de octubre nos levantamos con dos noticias de distinto signo: la revuelta libia localizó y dio muerte a Muammar Gaddafi, y ETA anunció al mundo su definitivo adiós a las armas. Justo un mes más tarde, España apostaba en las urnas por un cambio político, azuzada por el paro, la recesión y la incertidumbre.

A pesar de todo, ninguna de esas noticias ha sido tan luminosa como la que ahora se aproxima: la Noticia de la Navidad: la única verdaderamente importante, y la única que merece ser celebrada año tras año. En la tele, en Internet o en los periódicos quizás salga lo más superficial de ella, pero es en las cartas personales y los encuentros familiares -¡gran fracaso de los medios de comunicación!- donde esta Noticia crece y se comunica eficaz y amorosamente. Porque la comunicación, o es humana y en favor de las personas, o no es nada.

Que paséis unas muy felices fiestas de Navidad, y que los Reyes Magos nos traigan muchos regalos el año próximo, sobre todo a los más necesitados. Que se acabe la crisis y haya trabajo para todos; que cesen el hambre, la guerra, el terrorismo y la violencia; que la familia –tan castigada– salga fortalecida y recuperada; que se respete siempre la vida, desde su concepción hasta su muerte natural, también cuando parezca débil o limitada; que todos puedan dar a sus hijos la educación que desean, y que haya salud y amor en todos los hogares. Personalmente, me contentaré con el regalo de veros más a menudo y compartir un rato de felicidad.

Gracias por el 2011. Y que seamos un poquito mejores en el 2012. Sobre todo, que no perdamos la sonrisa ni un solo día.

Un fuerte abrazo navideño,

Alfonso Méndiz.

martes 20 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (5): Las penalidades del viaje a Belén

El filme Rey de Reyes (1961), de Nicholas Ray, incluye una breve secuencia sobre el duro viaje a Belén. Mientras vemos en pantalla las imágenes del trayecto (José tirando del asno sobre el que va María embarazada), la voz en off del narrador alude al sentido profético de ese viaje, recogiendo las palabras literales de S. Mateo: “Está escrito. En aquellos días Cesar Augusto publicó un decreto ordenando el empadronamiento general. Todos hubieron de marchar a sus ciudades a inscribirse”. La ulterior referencia a José –“pobre carpintero”– subraya la humildad de la Sagrada Familia, en contraste con la altivez de los personajes que hemos visto o vamos a ver de inmediato: el rey Herodes, los soldados, el posadero de Belén, etc.




En el guión de La Natividad (2006), Catherine Hardwick concedió una importante notable a las peripecias del viaje a Belén. Al principio, advertimos la cara amable y gozosa del trayecto; incluso vemos la hospitalidad de los pescadores con los que se cruzan en el camino. También se aprecia –levemente– la solidaridad entre los viajeros de la caravana, que ofrecen sus viandas a la joven pareja. Pero lo más interesante es el tono íntimo y sobrenatural de la conversación que fluye entre la Virgen y S. José. María introduce la conversación aludiendo a los movimientos del Niño en su seno, y al poco pregunta a su marido por las revelaciones del Ángel en sueños. De este modo, somos partícipes de una confidencia íntima, en la que salen a relucir sus miedos, pero también el gozo de la inminente venida de Dios al mundo.




Más avanzada la trama, la inicial bonanza que Hardwick retrata en los primeros compases se torna arisca, dura y agotadora. Primero les vemos abrirse paso en una tormenta de arena, y después les vemos caminar sobre las punzantes rocas de la montaña. Desde el punto de vista de la Virgen, montada en el asno, vemos en picado los talones heridos de José: la mirada atenta de María –como más tarde en Caná– advierte enseguida que su marido necesita cuidados. Y en la siguiente escena, su cariño maternal se vuelca en un afecto profundamente humano, sin dejar de ser divino. Su oración íntima a Jesús, en lo escondido, despierta en el espectador una profunda resonancia: “Hijo mío, tendrás a un hombre bueno y honesto para criarte; un hombre que renunciará a sí mismo y se dará a los demás”.


lunes 19 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (4): Preparativos del viaje. La Virgen decide ir con José

Los Evangelios nada dicen de los preparativos del viaje a Belén. En la historia del Séptimo Arte, cada director ha imaginado una solución distinta a esta escena, en la que José debe tomar decisiones importantes: ir a Belén y cumplir el mandato o quedarse en Nazaret para cuidar de María, acudir él solo o acompañado de su esposa, en qué momento partir y cómo organizar el trayecto.

La película Jesús de Nazaret (1977), de Franco Zeffirelli, centra este pasaje en la figura del carpintero, quizás porque en las escenas anteriores (Anunciación, visitación, Nacimiento del Bautista), la figura central ha sido la Virgen. Aquí, es José quien lleva las riendas de la escena, y esta actitud nos permite descrubrir, de forma muy nítida, la altura moral de este personaje en quien Dios había confiado una misión decisiva: hacer las veces de padre de Jesús, dirigir el hogar de Nazaret, cuidar del Niño y de María.

En toda la escena manifiesta su completa identificación con la Voluntad divina, por eso aprecia de inmediato que en el censo de Cesar Augusto se cumple la profecía de que el Mesías nacerá en Belén. “Hasta Augusto obedece a Dios”, exclama entusiasmado. La presencia de Santa Ana –enferma y postrada en el lecho– refuerza algo que ya hemos visto en la secuencia de la Anunciación: su carácter de testigo directo de todas las maravillas que Dios realizó en su hija, en María.


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Una solución distinta a la de Zeffirelli es la que Jean Delannoy plasma en su película María de Nazaret (1995). Aquí la protagonista es María, que aparece totalmente decidida a acompañar a José, y es quien toma las decisiones del viaje. Con una imagen más realista de su embarazo –debía estar de ocho meses en el momento del anuncio del censo–, María resuelve las dudas de José: “No puedes retrasar el viaje hasta después de que nazca el Niño, ¡te encarcelarían! Y ¿qué haríamos nosotros sin ti?”. María está resuelta: “Mañana iremos a Belén, es lo prudente”. Y aunque no menciona a Dios, parece evidente que su deseo no es otro que el de cumplir su Voluntad. Así empieza el doloroso viaje: en apenas tres segundos nos damos perfecta cuenta de lo mucho que debió de padecer María en ese trayecto





Finalmente, en La Natividad (2006) la escena de los preparativos se resuelve en una conversación familiar: están presentes S. Joaquín, Santa Ana, la Virgen y S. José. La decisión es compartida. El carpintero inicia el diálogo: no puede censarse en Nazaret, debe ir a Belén, e insinúa que tal vez María deba acompañarla. Santa Ana tercia en ese punto: a Ella le permitirán quedarse. Pero Joaquín replica con dureza: “No le permitirán nada”. También aquí es la Virgen quien resuelve la situación: pase lo que pase, acompañará a su esposo. Una vez tomada la decisión, la conversación se centra en los preparativos: Joaquín ofrece el asno para el viaje –lo único que la familia tiene para subsistir– y José, conmovido, promete que cuidará de su hija y del Niño con todas sus fuerzas.



viernes 16 de diciembre de 2011

La Navidad en el cine (3): Empadronamiento de Cesar Augusto

La película Ben Hur (William Wyler, 1959) arranca justamente con la secuencia del empadronamiento. Toda la primera parte –casi 20 minutos– está dedicada al Nacimiento de Jesús (no en vano, tiene por subtítulo: “A tale of Christ”) y recorre con cierta parsimonia los episodios que preceden a Belén. El primero de todos, como punto de partida para toda su historia novelada, es el empadronamiento de César Augusto. Aún sobre los títulos de crédito, una voz nos sitúa en el marco histórico-político de aquel censo, que avivó en el pueblo judío los anhelos de liberación. Judea, que llevaba un siglo bajo el yugo romano y vivía a la espera de un nuevo Mesías, experimentó con este suceso una repentina añoranza de su antiguo esplendor: la gran Jerusalén, la Torre Antonia... tantos y tantos lugares que evocaban su pasado.



Por contraste a ese marco histórico, La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke, sitúa el empadronamiento en una supuesta intriga del rey Herodes para acabar con el Mesías esperado. Hardwicke atribuye a este personaje un mayor protagonismo en las escenas del Nacimiento de Cristo que el escuetamente señalado en los Evangelios. Herodes, temeroso de que alguien pueda arrebatarle el poder y obsesionado con la profecía de un nuevo Rey de Israel, aprovecha el censo de Cesar Augusto para obligar a los judíos a volver a su ciudad de origen: así podrá localizar a ese Mesías liberador, pues la profecía indica que surgirá de la estirpe de David. Si es verdad que existe, deberá acudir necesariamente a Belén.

En la escena siguiente, el anuncio del censo por parte de los soldados siembra la inquietud en la pequeña aldea de Nazaret. José, con su esposa embarazada de ocho meses, recibe aquella noticia con especial preocupación.



Finalmente, la película Jesús (1979), codirigida por Peter Sykes y John Krisch, hace del empadronamiento el punto de arranque de una historia continuada y fluida, recorrida a ritmo vertiginoso, que abarca todos los acontecimientos de la infancia de Jesús: anuncio del censo, la llegada a Belén, la falta de sitio en la posada y el cobijo en la gruta; después, el anuncio a los pastores, el nacimiento del Niño y la adoración de aquellos en el portal; y finalmente, la presentación en el Templo, la circuncisión y el cántico profético de Simeón. Todo en 2’30”. Una secuencia que, por su fuerte concatenación, pide ser expuesta en su totalidad, y en la que apreciamos, sobre todo, su carácter didáctico –el narrador explica todos los sucesos, son una clara intencionalidad catequética- y la acertada ambientación costumbrista de las construcciones y vestimentas de la época. El doblaje es sudamericano.


jueves 15 de diciembre de 2011

La historia de Gianna Jessen, que sobrevivió tras ser abortada con siete meses, se lleva al cine

La historia de Gianna Jessen es «de película». Su madre la intentó abortar mediante el cruel método de la aplicación de una dosis de solución salina. Pero el bebé se aferró a la existencia aunque creyeron que aquel intento tendría secuelas gravísimas por las que no duraría mucho tiempo viva. Nació sana, y al nacer, la mamá biológica dio a Gianna en adopción.

Hoy Gianna recorre la Estados Unidos compartiendo su testimonio y celebrando el milagro de su vida. Vida que, con algunas licencias propias del ámbito cinematográfico, ha sido llevada a la pantalla grande en una cinta titulada «October Baby» que estará en las salas de cine en marzo de 2012. Aquí publiqué hace unos meses el estremecedor testimonio de Gianna Jessen, también recogido en vídeo: «Mi madre tenía siete meses de embarazo cuando decidió abortarme. Yo soy la persona que ella abortó» .

«October Baby» será la película pro vida de 2012. Se trata de un film que, como nos dicen sus creadores, «puede cambiar la forma de ver el mundo, a sus seres queridos... y la vida». Protagonizada por Rachel Hendrix, ya disponen de un portal que ofrece información relacionada con la producción, presencia en redes sociales y el tráiler que inserto a continuación:



En Facebok tienen una fan page y en Twitter un perfil (@OctoberBabyFilm). El canal en YouTube es especialmente interesante por su valiosa serie de videos relacionados con la producción.

(Vía: Religión en Libertad)

La Navidad en el cine (2): Dudas de José y anuncio del Ángel en sueños

El pasaje de las dudas de José es uno de los más angustiosos de todo el Evangelio. Un hombre justo, que sabe en su corazón que su mujer es inocente, no puede comprender cómo ella está encinta. Se ve como acorralado, entre las sospechas del pueblo y el silencio sagrado de María. Está literalmente entre la espada y la pared.



En El Evangelio según San Mateo (1964), Pier Paolo Pasolini refleja esa angustia fiel a su estilo: en toda la primera parte del filme no se oyen palabras humanas (sólo las que provienen de almas limpias: las del Ángel o las de los niños) y todo en ese fragmento es dicho con los gestos y los silencios. La inocencia de María que anuncia Gabriel se simboliza en la propia inocencia del Arcángel: su figura recuerda la de una adolescente, y su aparición se produce justamente donde antes jugaban los niños. Al regresar, José recuerda unas palabras de Isaías (“He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo”) que S. Mateo recoge en su libro. Y es que Pasolini –de ahí el título del filme- quiso seguir al pie de la letra el relato de ese primer Evangelio.

En Jesús de Nazaret (1977), Zeffirelli refleja el sueño inquieto de José: tiene una pesadilla en la que ve a su esposa María acosada por el pueblo de Nazaret. Quieren lapidarla, y recogen piedras con gesto amenazante. Aquí el director italiano establece un claro paralelismo con la escena de la mujer adúltera: así como el Señor no se quedó al margen, sino que actuó para salvar a aquella mujer pecadora, José comprende en ese sueño que debe actuar, que no puede limitarse a repudiarla. Cuando despierta por la voz del Ángel (Zeffirelli rehusó mostrar seres sobrenaturales en el filme) escuha la confirmación de que esa es justamente la voluntad de Dios.

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Una solución parecida a ésta será la que emplee Catherine Hardwicke en La Natividad (2006). Sin percibirlo con claridad, el espectador se ve metido en el sueño de José: los habitantes de Nazaret quieren lapidar a María, y el angustiado carpintero –los acontecimientos le hacen sentirse traicionado- experimenta un fuerte deseo de venganza. Entonces comprendemos que no estamos en la realidad, que eso sólo puede ser un sueño: José nunca podría desear algo así. En medio de la pesadilla aparece la figura de Gabriel, que hemos visto antes en la Anunciación, y su voz le aclara todo lo sucedido. La escena termina con un pasaje que suele omitirse en los demás filmes: la conversación consoladora entre José y María, que sigue inmediatamente a este tormentoso episodio, y que torna la amargura en infinita felicidad.