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domingo, 8 de abril de 2018

"Pablo, el Apóstol de Cristo"

(JUAN JESÚS DE CÓZAR). Ha sido sin duda la película de esta Semana Santa. “Pablo, el Apóstol de Cristo” es una correctísima propuesta de Affirm Films, la división de Sony para la producción de filmes de temática religiosa. Escrita y dirigida por Andrew Hyatt, responsable también de la notable “Llena de gracia” (2015) sobre los últimos días de la Virgen María, la cinta fue rodada en la isla de Malta y cuenta con buenos valores de producción y meritorias interpretaciones.

Hyatt se toma su tiempo para recrear lo que podría haber sido el origen de la escritura de los Hechos de los Apóstoles, porque busca involucrar al espectador a través de un proceso reflexivo y no meramente emotivo o visual. El guión nos presenta a un San Pablo anciano (James Faulkner) encarcelado en Roma, que es visitado por San Lucas (Jim Caviezel). El gobernador de la prisión es Mauritius Gallas (Olivier Martinez), militar cuya hija se encuentra gravemente enferma. El personaje de San Lucas sirve también de nexo con una importante subtrama de la película, centrada en la dura situación de los cristianos perseguidos por Nerón, a los que Aquila y Priscila (John Lynch y Joanne Whalley) intentan proteger.

El filme está recorrido por la inquietud y las dudas que pesan sobre casi todos los personajes, que deben tomar decisiones difíciles. Y, de alguna manera, todos esperan las luces que les pueda aportar San Pablo, porque él conoció –se le apareció– el Maestro. Este enfoque permite al director ofrecernos sabrosos textos de las cartas paulinas, con especial mención del Himno a la caridad (1 Co 12,31-13,13), objeto de una hermosa y emocionante escena.

Frente al silencio de los dioses paganos que no responden a las peticiones de Mauritius, el Dios que predica San Pablo habla a través de las vidas generosas de cristianos corrientes y pacíficos, enamorados de Cristo y dispuestos a seguirlo hasta la muerte si es preciso. Un contraste aplicable a nuestros días y que resuena en estas palabras del Papa Francisco: “El mundo odia a los cristianos por la misma razón que odiaban a Jesús: porque ha llevado la luz de Dios a un mundo que prefiere las tinieblas para esconder sus obras malvadas. Por esto, hay oposición entre la mentalidad del Evangelio y la mundana”.

Es cierto que una mayor agilidad narrativa hubiera beneficiado a la cinta y facilitado el acceso del público juvenil, acostumbrado a otros ritmos visuales y expresivos. No obstante, películas tan positivas como “Pablo, el Apóstol de Cristo” o “El caso de Cristo”, estrenada unas semanas antes, demuestran el creciente acierto de algunos productores a la hora de abordar en el cine cuestiones religiosas o espirituales.

jueves, 24 de marzo de 2016

"Resucitado": Quien busca, halla...

(JUAN JESÚS DE CÓZAR) Esta coproducción entre USA y España, filmada en su mayor parte en Almería, llegó a nuestras pantallas ayer, Miércoles Santo, precedida de su éxito en la taquilla norteamericana, donde lleva recaudados casi 35 millones de dólares desde su estreno el pasado 19 de febrero.

La comparación con la “La Pasión de Cristo” surge inevitable, pero conviene aclarar que ambas películas no sólo abordan momentos históricos distintos, sino también géneros diversos. El film de Mel Gibson es un drama religioso hiperrealista de gran hondura teológica, mientras que “Resucitado” podría ser calificado como thriller bíblico.

Dirige Kevin Reynolds (“Robin Hood, príncipe de los ladrones”,“Waterworld”, “La venganza del conde de Montecristo”), que también coescribe el guión junto a Paul Aiello. La película, dividida en dos partes claramente diferenciadas, combina entretenimiento, emoción, recreación histórica y relato evangélico, con la intención de atraer a un amplio espectro de público: creyentes y no creyentes; adolescentes que buscan acción y suspense, y adultos de todas las edades que se interesan por un cine más reposado de relaciones humanas.

El elenco de actores está encabezado por un convincente Joseph Fiennes, que da vida en la ficción a Clavius, un tribuno romano testigo de la muerte en la cruz de Jesús de Nazaret, a quien Pilato (Peter Firth) encarga que encuentre el cuerpo del Crucificado. Para llevar a cabo esa ardua tarea de investigación contará con la ayuda del joven Lucius (Tom Felton, el Draco Malfoy de la saga de Harry Potter). Una misión que exigirá a Clavius realizar detenciones, interrogatorios… e incluso exhumación de cadáveres, pero que también le llevará más allá de la búsqueda de ese presunto “cuerpo robado”, en versión oficial del Sanedrín.

Reynolds y Aiello han escrito una historia que se ciñe con fidelidad a los textos evangélicos, una decisión loable que –además de evitar el riesgo de la polémica– les permite gozar de una gran libertad inventiva para desarrollar el personaje de Clavius y detallar su evolución. En este sentido, es un acierto la contraposición entre el protagonista y Pilato, dos hombres ambiciosos pero con aspiraciones dispares: a Pilato sólo le interesa hallar el cuerpo del Nazareno para su propia tranquilidad; Clavius quiere saber la verdad, justo lo que a Pilato nunca le importó.

El film presenta a un Jesús (Cliff Curtis) muy normal físicamente, familiar, alegre y misericordioso (la escena con el leproso resulta realmente conmovedora), y a unos Apóstoles sencillos e idealistas. En cambio, la presencia de la Virgen es testimonial y sólo la vemos fugazmente al pie de la cruz, mientras oímos sus gritos de dolor; una decisión poco afortunada que es quizá el descuido más relevante del guión.

Con una notable y emocional banda sonora de Roque Baños, la aportación española se completa con las interpretaciones de María Botto en el papel de María Magdalena, de Jan Cornet como el apóstol Tomás o de Antonio Gil que encarna a José de Arimatea.

Aunque “Resucitado” no alcanza la excelencia de “La Pasión de Cristo”, tiene el mérito de recuperar parte del clasicismo de las películas bíblicas, sin renunciar a los recursos del cine moderno. Una propuesta que puede marcar el camino a futuras producciones de calidad, de modo que logren armonizar el espectáculo con la verdad del hecho religioso.

sábado, 6 de diciembre de 2014

“Exodus” y “Noé”: espectacularidad versus fidelidad

(Juan Jesús de Cózar).- Hemos hablado largamente de “Exodus” (Ridley Scott) en este blog: a propósito del diluvio de películas bíblicas que se avecinaba, del fabuloso lanzamiento del tráiler, de su marketing estratégico y de la posible fidelidad del guión a lo narrado en la Escritura. Ahora, al comienzo de su reseña crítica (ayer fue su estreno en España), es ineludible una breve comparación con “Noé(Darren Aronofsky), porque ambas películas han sido grandes superproducciones basadas en el libro del Génesis, y ambas han llegado a nuestras pantallas en 2014.

Siendo Aronosfsky un director que dota a sus filmes de imágenes poderosas, personalmente me ha impresionado mucho más la espectacularidad lograda por el director de Gladiator (2000). “Exodus” deslumbra (el 3D, en este caso, ayuda), asombra, posee un gran poder de atracción y llena los sentidos, que muchas veces no logran abarcar tanta riqueza visual y sonora. El clasicismo de “Exodus” contrasta con el look más moderno de “Noé”. Pero –adelantémoslo ya– las dos películas conmueven poco, porque la emoción (la auténtica emoción, no el sentimentalismo) es la llave que abre el corazón del espectador y le compromete en la historia.

En ambos casos, los personajes principales (Moisés y Noé) se nos presentan más como guerreros que como líderes religiosos, pero es algo bien comprensible si pensamos en la legítima finalidad de atraer a un público juvenil, interesado sobre todo en películas de héroes y aventuras. Christian Bale está inmenso, como casi siempre, y encarna a un Moisés sereno y fuerte, tierno y enérgico, aunque quizá poco sobrenatural. Esta es una de las pegas de la película. La otra –en mi opinión– es la opción elegida por el director para presentar a Dios en el filme. No conviene desvelar detalles de la trama, pero a uno le hubiera gustado que ese Dios que “hablaba con Moisés como con un amigo” (Ex 33, 11) se nos mostrara amable, misericordioso, sin atisbo de crueldad, más familiar…; obligado a castigar, sí, pero muy a su pesar, porque debía salvar al pueblo elegido –su Pueblo– del que nacería el Mesías prometido.

Como se puede adivinar fácilmente, el problema de “Exodus” está en el guión. Y eso que han intervenido hasta cuatro “plumas”: Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine y Steven Zaillian; este último, brillante guionista de “La lista de Schindler”, “En busca de Bobby Fischer” o “Moneyball”. A pesar de que la historia está bien narrada técnicamente, carece de la profundidad necesaria y no quedan planteados los grandes temas de fondo, reduciendo buena parte de la acción al antagonismo entre Moisés y su “hermano de leche” Ramsés (un notable Joel Edgerton).

Además de Bale y de Edgerton, conviene mencionar el buen hacer –en sus breves papeles– de John Turturro (Seti) como padre de Ramsés, y de la española María Valverde (Séfora) como esposa de Moisés. Precisamente ella es la que protagoniza las escenas más íntimas y emotivas: la noche de su boda con Moisés y el reencuentro con él después del paso del Mar Rojo. Sin embargo, dos grandes actores como Ben Kinsgley (Nun) y Sigourney Weaver (Tuya) parecen convidados de piedra, porque sus apariciones resultan tan fugaces como superfluas.

Si el apartado visual es grandioso, también lo es la música de un inspirado Alberto Iglesias, que con su carácter épico y emocional acompaña oportunamente al espectador durante las dos horas y media que dura el filme.

Quizá las nuevas generaciones no conozcan la versión de la vida de Moisés que realizó Cecil B. DeMille en 1956: “Los diez mandamientos”, protagonizada por Charlton Heston y Yul Brynner. La visión de “Exodus” –que recomiendo, a pesar de sus defectos– puede ser un buen reclamo para recuperarla. Y también una ocasión para (re)leer la verdadera historia de Moisés: su encuentro con Dios en la zarza ardiente, su aceptación de las Tablas de la Ley, su incansable búsqueda de la Tierra Prometida... Una gran epopeya en la que nunca le faltó el aliento divino...

sábado, 23 de abril de 2011

El guión de "La Pasión de Cristo" (4): Aportaciones de Ana Catalina Emmerich

A todo este material que procede de los Evangelios o de la tradición, los dos guionistas sumaron también las visiones de Ana Catalina Emmerich, que quedaron recogidas en muchas secuencias de la película. Entre ellas, cabe destacar las siguientes:

- Durante la oración en el huerto de Getsemaní, el diablo aparece junto a Jesús y trata de tentarle para que desista. Según Emmerich, “Satanás gritaba a su santa humanidad diciéndole: ‘¡Cómo! ¿Vas a tomar también este castigo sobre ti? ¿De verdad quieres satisfacer por todo esto?’”.

- Cuando el Señor despierta a los tres apóstoles dormidos y se va de nuevo a orar, los apóstoles dialogan entre ellos: “¿Qué tiene?, ¿qué le ha sucedido?... Está en un completo abandono”. Y, tras la segunda visita, comentan: “¿Qué haremos nosotros cuando le hayan hecho morir? Lo hemos dejado todo por seguirle...”.

- Tras el prendimiento, los alguaciles atan al Señor con cuerdas y cadenas y lo arrastran camino de Jerusalén, mientras lo maltratan y le dan latigazos. Como consecuencia, Jesús cae por dos veces al suelo. Al llegar al puente que cruza el torrente Cedrón, lo arrojan desde lo alto, y el Señor queda suspendido de las cuerdas.

- Después de las negaciones, Pedro sale fuera de la casa de Caifás y se encuentra con la Virgen. Cuenta Emmerich: “María le dijo: ‘Simón, ¿qué ha sido de Jesús, mi Hijo?’ (...) Pedro exclamó, llorando: ‘¡Oh, Madre, no me hables! Lo han condenado a muerte y yo le he negado tres veces’. Pedro, como fuera de sí, huyó del patio y se fue a la gruta del monte de los Olivos”.

- A Judas se le aparece Satanás “bajo una forma horrible” (en la película, bajo la forma de unos niños deformes), y le incita a la desesperación. Finalmente, le lleva “a un lugar pantanoso, lleno de escombros y de inmundicias” (en la película, un lugar de inmundicia con el cadáver de un burro en descomposición).

- La mujer de Poncio Pilato, Claudia Prócula, da unas piezas de tela a la Madre de Jesús. Un poco más tarde, señala Emmerich, “habiéndose apartado el pueblo, María y Magdalena se acercaron al sitio en donde Jesús había sido azotado, y limpiaron por todas partes la sagrada sangre de Jesús con el lienzo que Claudia Prócula les había dado”.

- Tras el encuentro de Jesús con su Madre, “uno de los soldados preguntó: ‘¿Quién es esta mujer que se lamenta?’. Y el otro respondió: ‘Es la madre del galileo’”.

- Mientras el Señor, en su costosa subida, llega a caer hasta siete veces, “los fariseos, a caballo, siguieron caminos más cómodos situados al lado occidental del Calvario”.

- Como la mano izquierda no llega hasta el agujero del travesaño, apunta Emmerich, ataron una cuerda a su brazo izquierdo y tiraron de él con toda su fuerza, hasta que lo dislocaron.

- Al morir el Señor, no solo tiembla la tierra y se rasga el velo del Templo, sino que sucede un horrible terremoto y se derrumban algunas paredes del Templo. Los sacerdotes salen despavoridos.

- El centurión romano Casio (después bautizado como Longinos) clava su lanza en el costado del Señor. “Al retirarla —señala Emmerich—, salió de la herida un chorro de sangre y agua que mojó su rostro. Se arrodilló y confesó en voz alta su fe en Jesús”.

Además de los relatos de Emmerich, Gibson y Fitzgerald utilizaron también el libro Mística Ciudad de Dios (conocida igualmente como Divina Historia de la Madre de Dios), de la monja franciscana española Sor María de Ágreda (1602-1665). Redactado dos veces —pues la autora quemó la primera redacción— y publicado póstumamente, el libro desarrolla una amplia biografía de la Virgen, se configura también como un tratado de mística, e incluye asimismo algunas visiones sobre la Madre del Señor y sus experiencias durante la Pasión.

La obra, que fue muy popular en su tiempo, cuenta en la actualidad con más de doscientas cincuenta ediciones en numerosas lenguas. Y en sus páginas —como en gran parte de la tradición mística española— se mezcla lo teológico y lo literario, lo devoto y lo biográfico, la historia bíblica y los arrebatos místicos. De esas visiones de la monja, toma Gibson diversos aspectos, muy especialmente una de las escenas más desgarradoras de toda la cinta: aquella en que, para remachar los clavos recién hincados en el madero, los soldados dan la vuelta a la cruz, con Jesús clavado en ella, y el Señor sufre un violento tirón de sus miembros, mientras queda boca abajo, suspendido milagrosamente en el aire.

viernes, 22 de abril de 2011

El guión de "La Pasión de Cristo" (3): El Evangelio de S. Juan y la Tradición

El Evangelio en el que más se inspira la película es indudablemente el de S. Juan. Este evangelista presenta en sus escritos la pasión y muerte de Cristo como el momento de su máxima glorificación; de ahí que sea el único en recoger que, cuando dice “Yo soy” en la escena del prendimiento, los soldados retroceden impresionados (Jn 18, 5-8); también señala extensamente el diálogo de Jesús ante Pilato en el que se declara Rey (18, 33-37); y, en todo momento, se le ve con actitud de serena majestad y manifiesta su pleno conocimiento de los inminentes sucesos (18, 4).

Pero en su Evangelio, S. Juan nos muestra también que la pasión es el momento en que culmina el odio de sus adversarios: es la hora del poder de las tinieblas (materializado, en el filme de Gibson, en la omnipresente figura del demonio); momento de aparente victoria, que alcanza incluso a sus discípulos, quienes huyen despavoridos, le abandonan o abiertamente le niegan (18, 25-27). También caracteriza a este Evangelio la altura teológica que desprende su narración: Cristo es el nuevo Cordero Pascual, que con su muerte quita el pecado del mundo; y por eso, al traspasarle con la lanza, de su costado brotan sangre y agua, símbolos del Bautismo y de la Eucaristía.

Con todo, la aportación más importante de S. Juan al relato de la pasión es sin duda la referencia a Santa María. Este evangelista es el único que alude a la presencia de la Madre en el Calvario, durante la agonía y muerte de Jesús. Y, apoyados en ese documento, Gibson y Fitgerald empiezan a trenzar un guión que concede una gran importancia a la Virgen, figura absolutamente central de todo el relato y gran apoyo de su Hijo en la tarea de la Redención.

En esa línea, los guionistas incluyen varias escenas que no aparecen en los Evangelios pero que beben de esa perspectiva mariana de S. Juan, como —por ejemplo— el beso de María a los pies crucificados de su Hijo. Entre todas ellas, destaca la crucial escena del diálogo de Jesús con su Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”, dice señalando al discípulo amado; “Ahí tienes a tu madre, le indica a éste. Y Juan, testigo privilegiado de esos acontecimientos —el único apóstol que estuvo junto a la cruz— relata esa impresionante escena (Jn 19, 26-27) y todas las que acontecen sobre la cumbre del Gólgota.

Junto a estos pasajes de los Evangelios, Gibson decide incluir algunas secuencias de la pasión que proceden de antiguas tradiciones cristianas: las más importantes son el encuentro de Jesús con su Madre y el lienzo de la Verónica. La escena del encuentro con la Virgen acontece justo después de la primera caída del Señor, y adquiere en la película un significado muy especial, muy teológico, con la Virgen totalmente volcada en socorrer a su Hijo, aceptando la Voluntad de Dios, y Jesús diciendo: “¿Ves, Madre, como hago nuevas todas las cosas?. Con ello quería subrayar Gibson el papel corredentor de María y la conciencia de Cristo de estar redimiendo al mundo.

La segunda escena se basa en una antiquísima tradición que refiere que, en el camino de la cruz, una mujer llamada Verónica salió de la turba que seguía los acontecimientos para limpiar el rostro de Cristo con un paño blanco; y el Señor, como señal de agradecimiento, dejó milagrosamente grabadas en el lienzo las facciones de su rostro.

jueves, 21 de abril de 2011

El guión de "La Pasión de Cristo" (2): Gibson y Fitzgerald frente a los Evangelios

Con esta idea en su mente, la primera decisión que toma Mel Gibson es contratar a Benedict Fitzgerald para que le ayude a escribir el guión. Fitzgerald es el guionista de Sangre sabia (1979) y de algunos telefilmes señalados, como Zelda (1993), El corazón de las tinieblas (1994), A sangre fría (1996) o Moby Dick (1998).

El veterano escritor descubre muy pronto que este es un proyecto muy personal de Gibson, sobre el que viene trabajando desde hace mucho tiempo, y que en esta ocasión lo que él tiene que hacer es escuchar, preguntar y escribir.

Gibson y Fitzgerald se sumergen juntos en los cuatro Evangelios, y determinan una estructura centrada en el relato común de sus historias. De este modo, el guión definitivo tendrá tres partes claramente diferenciadas. Una primera parte, que transcurre durante la noche: Oración en Getsemaní, Prendimiento de Jesús, Interrogatorio ante los príncipes de los sacerdotes, Negaciones de Pedro y Desesperación de Judas. Una segunda, centrada en el proceso romano: Juicio ante Pilatos, Jesús llevado ante Herodes, Condena a muerte, Flagelación por los soldados y Coronación de espinas. Y la tercera, centrada en el Vía Crucis: Cristo carga con la Cruz, Simón le ayuda a llevarla, Crucifixión en el madero, Diálogo con Dios Padre y con el buen ladrón, Muerte de Jesús, Conmoción de la naturaleza, y Descendimiento y sepultura.

Con todo, el guión que poco a poco van perfilando incluye también algunos episodios que sólo ha transmitido alguno de los evangelistas. Ciertamente, el relato de la pasión y muerte de Cristo es muy similar en los cuatro Evangelios; y en los sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), sus narraciones coinciden en un 80% - 90%: tienen el mismo esquema, las mismas escenas y hasta casi las mismas palabras. Pero los guionistas toman nota de algún detalle que sólo narra uno de ellos: como el temblor de la tierra y el desgarro del velo del templo al morir Jesús, detalle exclusivo de Mateo; o la huida del joven tras soltar la sábana durante el prendimiento, aspecto que sólo refiere Marcos.

Del tercer Evangelio, el de S. Lucas, tomarán muchos más detalles. Por una parte, algunos datos que revelan el sufrimiento de Cristo en la escena de Getsemaní: como el hecho de que “entró en agonía” durante esa intensa oración (Lc 22, 44). Por otra, algunas actuaciones del Señor —que sólo narra Lucas— y que revelan su especial misericordia hacia los hombres: la curación al criado del sumo sacerdote, herido por la espada de Pedro (22, 51); el consuelo a las mujeres que lloran, a su paso camino del Calvario (23, 27-29); o el diálogo salvador con el buen ladrón (23, 42-43).

miércoles, 20 de abril de 2011

El guión de "La Pasión de Cristo" (1): El origen de la idea

Desde hoy hasta el Domingo de Resurrección voy a publicar un serial (5 artículos) sobre cómo se hizo el guión de "La Pasión de Cristo": desde el origende la idea a la revisión final de Mel Gibson. Espero que os guste, y agradeceré muy sinceramente todos vuestros comentarios.

A mediados de 1991, Gibson experimenta una profunda crisis interior. Así lo explicaba en una entrevista: “Comprendí que necesitaba algo más si quería sobrevivir. Me sentía impulsado a una lectura más íntima de los Evangelios, de la historia en su conjunto. Ahí fue cuando la idea empezó a cuajar dentro de mi cabeza. Empecé a ver el Evangelio con gran realismo, recreándolo en mi propia mente para que tuviera sentido para mí, para que fuera relevante para mí. Eso es lo que yo quería llevar a la pantalla”.

A partir de ese momento, empieza a trabajar en el proyecto de convertir en película las doce últimas horas de la vida del Señor: de rodar, con toda su crudeza y realismo, el relato evangélico de la pasión de Cristo.

Mientras tanto, sus películas empiezan a adoptar un aire más positivo; se llenan de valores cristianos, muy centrados en el amor y la redención: Eternamente joven (1992), El hombre sin rostro (1993), Rescate (1996). Al mismo tiempo, sus interpretaciones adquieren un tono más introvertido y doliente, y sus personajes parecen estar siempre en crisis, como a la búsqueda del sentido de sus vidas: el heroico padre de familia Benjamín Martin, en El patriota (2000); el angustiado general Moore, en Cuando éramos soldados (2002), o el reverendo Graham Hess, en plena crisis de fe, en Señales (2003).

Para ir dando forma a su proyecto sobre la pasión de Cristo, comienza a leer, subrayar y anotar un ejemplar de los Evangelios que tiene en la biblioteca de su casa. Y empieza a descubrir los matices de cada uno de los evangelistas. Al mismo tiempo, lee libros clásicos de espiritualidad que relatan con detalle todas las escenas de la pasión.

Sin embargo, hay un momento en el que Gibson cree descubrir una clara intervención divina. Está buscando en su librería un libro concreto sobre el Señor, y empieza a sacar libros, a moverlos de sitio y a apilar los que están tumbados. En ese preciso instante —cuenta Gibson— cae sobre sus manos un volumen del que no conocía su existencia: se trata de La Amarga Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, de una monja llamada Emmerick. El cineasta australiano se asombra: está seguro de que no lo ha adquirido él, y no sabe cómo ha llegado a su biblioteca. Sobre todo se sorprende de que haya caído en sus manos de forma tan repentina, cuando está buscando, precisamente, una clave para enfocar su peculiar relato sobre la pasión.

Comienza a leerlo y la sorpresa es aún mayor, porque ahí encuentra exactamente lo que andaba buscando. Ana Catalina Emmerick, beatificada por Juan Pablo II en octubre de 2004, fue una monja alemana de muy endeble salud que vivió entre 1774 y 1824 y que recibió diversos carismas. Entre ellos, tuvo el don de profecía, los estigmas de la pasión (las mismas heridas de Cristo) y algunos éxtasis. En uno de esos arrebatos, Emmerick recibió la indicación de transmitir parte de esas visiones —las que se referían a la Pasión de Jesús— a un poeta alemán de aquel tiempo, Clemente Brentano, quien redactó al dictado el libro que ahora Gibson tiene en sus manos. Cuando éste termina de hojearlo, el actor ya no tiene ninguna duda: ese libro, escrito en Alemania hace más de 170 años, va a ser la línea narrativa que vertebre su guión, completando los relatos de la pasión y muerte de Cristo que refieren los cuatro Evangelios.

lunes, 31 de enero de 2011

El mensaje de Cristo según "La historia más grande jamás contada" (y 2)

¿De qué habla Jesucristo en el filme de George Stevens? En esa cinta, toda la predicación de Cristo parece centrarse en dos aspectos: pobreza y humildad. La importancia de los primero es patente en casi todas las secuencias de la película. Así, el primer discurso a los discípulos (a los cuatro que acaban de unirse a Él: Andrés, Pedro, Juan y Judas), es un compendio de varios versículos de S. Lucas (12, 22-34) que tienen como centro el desasimiento y la vida sin preocupaciones terrenales: “No os inquietéis por lo que habréis de comer para vivir, ni por lo que habréis de vestir. Porque la vida vale más que el alimento. (…) Esas son cosas por las que se afanan los hombres de este mundo”.

A este largo parlamento (3 minutos en pantalla) se une la escena siguiente, recreada por Stevens. Tras la predicación, se echan a dormir. Al levantarse, Pedro descubre que le han robado su manto, y Jesús comenta: “¿Qué valor tiene una cosa que puede ser robada por un ladrón? Busca al ladrón y dale la capa. Dale todo lo que desee y que tú puedas darle. Es pobre de espíritu y está necesitado”. Lo cual, aún basándose en una intervención real de Jesús, aparece en este diálogo enfáticamente dramatizado, pues pide al cristiano una actitud activa en ese desprendimiento (el Maestro impele a buscar al ladrón y a darle la capa) y, en cambio, parece exonerar al pobre de una conducta ilícita (el robo).

Esta exigencia de practicar la pobreza aparece también en la despedida de Jesús a sus apóstoles. Las últimas palabras que les dirige, antes de la Ascensión, incluyen el pasaje paralelo al que acabamos de citar: “Id y enseñad a todos los pueblos… No os inquietéis por el mañana, que el día de mañana tendrá sus propias inquietudes. Bástale al día de hoy las ansiedades que nos trae. Y Yo estaré siempre con vosotros hasta la consumación de los siglos” (Cfr. Mt 6, 33-34).

Por lo que respecta a la humildad, el segundo punto de su predicación, Jesucristo ensalza esta virtud en diversas ocasiones; sobre todo, en el pasaje de las Bienaventuranzas. En todo caso, aparece viva en dos aspectos de la narración fílmica: en la actitud y los gestos del Maestro, y en el abierto contraste entre su mansedumbre y la arrogancia de Herodes, de Pilatos y de todos los personajes investidos de autoridad. De hecho, se ha criticado la visión politizada que ofrece de la esperanza mesiánica. Judíos encadenados y llevados presos, mientras sus mujeres lloran y piden a Dios la llegada de un libertador: esas son las primeras imágenes que vemos de Jerusalén cuando Jesús inicia su vida pública.

viernes, 28 de enero de 2011

El mensaje de Cristo según "La historia más grande jamás contada" (1)

El mensaje de Cristo que nos presenta esta película está centrado en la bondad del corazón. La vida de la gracia, los sacramentos, la filiación divina… todas estas realidades quedan fuera de los discursos de Jesús. Tampoco la Iglesia parece ser parte de su mensaje: con unos apóstoles meramente decorativos, alude a ella una sola vez, tras la Confesión de S. Pedro, cuando afirma: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16, 16).

Por otra parte, la presencia de la Virgen es mínima en el conjunto del filme: la vemos fugazmente en el Nacimiento de Cristo (instante en el que recuerda las palabras de la Anunciación: “Será grande y será llamado Hijo del Altísimo”, Lc 1, 32). Salvo en un breve saludo de Jesús a su regreso a Nazaret, no la volvemos a ver hasta el Via Crucis y la Pasión; y en ambas escenas se mantiene al margen, viendo los sucesos desde lejos.

En este sentido, cabría pensar que la película está concebida desde una perspectiva protestante; aunque, eso sí, lo suficientemente abierta como para que guste a los católicos y a los judíos. A éstos últimos, en concreto, tiene muy en cuenta al seleccionar los discursos de Jesús, buscando siempre el fondo veterotestamentario de su mensaje. Así, el filme habla más de la conversión, de la bondad del corazón y de la esperanza mesiánica, que de la gracia, la redención universal o de la misma identificación con Cristo.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Por qué se rodó "Jesús de Nazaret": un intento de fidelidad histórica

Entre marzo y agosto de 1973 se estrenan en Estados Unidos dos filmes musicales basados lejanamente en la vida de Jesús: Jesucristo Superstar y Godspell. A pesar del subtítulo que figura en la segunda (“A Musical Based on the Gospel According to St. Matthew”), las dos se apartan de los textos evangélicos y, sobre todo, convierten la figura de Cristo en un hippie revolucionario, que predica un mensaje de paz pero que duda o reniega de su identidad divina. No son casos aislados: también en la literatura y en la teología proliferan entonces diversos intentos de humanizar a Cristo y presentarlo como un redentor social o político.

En este marco cultural, de cierta confusión postconciliar, surge en varios sectores cristianos la idea de producir una película o serie televisiva sobre Jesús: Jesús de Nazaret, dirigida por Franco Zeffirelli. Dos televisiones europeas se unen para acometer este proyecto: una marcadamente católica, la RAI italiana; otra marcadamente protestante, la BBC inglesa. Ambas coinciden en que es hora de mostrar el verdadero rostro de Jesús. Y quieren hacerlo con dos presupuestos básicos: subrayar la divinidad de Cristo y contar su historia con un respeto exquisito a los textos sagrados.

Si algo pretendían sus impulsores era demostrar que los Evangelios en sí mismos, sin añadidos ni tergiversaciones, podían atraer al gran público. No sólo contenían “potencialmente” una gran historia que hubiera que desarrollar (como en La historia más grande jamás contada), o contar de otra manera (desde el punto de vista de Judas, como en Jesucristo Superstar), o adaptar a los tiempos modernos (situarla en el moderno Manhattan, como en Godspell), sino que los Evangelios eran “el argumento” que millones de personas querían ver en la pantalla. Lo que las audiencias querían ver sobre Jesús era el relato auténtico de su vida y su mensaje. Y ese camino de la fidelidad histórica es el que recorre la película de principio a fin.

El resultado habla por sí mismo. Las salas se llenaron, y los canales televisivos obtuvieron unos ratings de audiencia que superaron todas las previsiones. Es bueno recordarlo ahora, cuando corren vientos de fantasía sobre la figura de Jesús; porque esos filmes supuestamente "históricos", por tomar aisladamente textos de la Escritura, pueden confundir a una audiencia poco formada.

El éxito de Jesús de Nazaret revela una vez más que es la verdadera historia de Jesús -y no otras propuestas que quieran inventarse- la que realmente interesa a las audiencias.

jueves, 29 de julio de 2010

Ágora pincha en USA y en todo el mercado internacional

Ágora, la película de Alejandro Amenábar sobre el asesinato de la filósofa Hipatia de Alejandría y el crepúsculo del paganismo, lleva 8 semanas veraniegas en los cines de Estados Unidos, y no ha recaudado ni 300.000 dólares. Se rodó en inglés y con Rachel Weisz pensando en el mercado americano, pero sólo se ha exhibido en 5 cines y no ha emocionado al público ni a la crítica.

Si el cine español quiere triunfar internacionalmente, la vía de Planet 51 parece más eficaz: este filme español de dibujos animados costó 70 millones de dólares, como Ágora, pero ha recaudado 103 millones en todo el mundo, y en EEUU se exhibió en más de 3.000 cines.

En cambio, Ágora, que también costó 70 millones, sólo ha recaudado un total de 37,3 millones de dólares, casi todo en España.

martes, 15 de junio de 2010

Jesús y la Magdalena en el cine (2).- Hollywood, años 60: una identificación sorprendente


Ayer veíamos en este blog que la figura de la Magdalena ha sido confundida con otros personajes, sobre todo con la mujer pecadora que unge los pies de Jesús. Pero, en el Hollywood puritano de los años sesenta, esa elucubración llegó a más: se la identificó nada más y nada menos que… ¡con la mujer adúltera!

Así lo vemos en “La historia más grande jamás contada” (1965), en la que el director George Stevens contó con el asesoramiento de varios teólogos protestantes. La mujer adúltera (vestida de rojo, símbolo de la pasión y de la lujuria) es arrojada al suelo a los pies del Maestro, humillada hasta el extremo. Jesús (vestido de blanco, símbolo de la pureza) coge un guijarro del suelo y lanza su famosa frase: “Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Uno se acerca al Mesías con intención de coger el pedrusco de su mano, y la mujer adúltera se arrebuja presintiendo lo peor. Pero el hombre mira entonces a Jesús, y en vez de coger la piedra él mismo se queda petrificado.

La piedra sigue dando juego en esta sugestiva puesta en escena. Jesús ofrece la piedra a la concurrencia con su brazo extendido: recorre los 360 grados en un movimiento circular que hace retroceder a la multitud. Finalmente, es él quien tira la piedra… pero al suelo. Y tiene lugar un preciso diálogo con la adúltera: “¿Quién eres tú?”. Y ella responde: “Me llamo María” (en el original: María de Magdala). Jesús constata entonces que nadie presenta cargos contra ella (“Ningún hombre te ha condenado… Ni yo tampoco”). Le ayuda entonces a levantarse y –una ayuda aún mejor– le anima a cambiar de vida: “Vete y no peques más”.



Esta mis a identificación de María Magdalena con la mujer adúltera aparece también en otra cinta hollywoodiense de los sesenta: “Rey de Reyes”, de Nicholas Ray. De noche (también esto es simbólico), una mujer (Carmen Sevilla) es perseguida por una turbamulta enfurecida. Acorralada en un callejón sin salida, “aplastada” literalmente contra un muro, la mujer se derrumba mientras los hombres se disponen a lapidarla. Aquí no se ha traído a la mujer ante Jesús, para poner a prueba al Maestro, sino que Él interviene en favor de la mujer. Primero vemos caer su sombra sobre ella, e intuimos lo que a continuación sucede: Jesús se interpone entre María y los acusadores y les pregunta: “¿Qué ha hecho esta mujer?”. Uno de ellos grita: “Ha sido sorprendida en adulterio. ¡La ley de Moisés manda apedrearla!”. Y aún añade otro: “¡No haya compasión para ella!”. Pero, frente a la masa oscura del fondo se alza la figura blanca del Maestro que lanza de nuevo su sentencia: “En que esté libre de pecado…”.

Es Jesús el que, con esa frase, ha lanzado una piedra contra la multitud. Y la turba, antes enfurecida, calla ahora de repente y poco a poco se dispersa. Jesús se dirige a ella: “Mujer, ¿dónde están los que te condenan?”. Y la Magdalena (vestida esta vez de blanco) dirige su mirada al gentío que se aleja. “Pues yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar”.



En un artículo anterior, vimos cómo, después de este encuentro con Jesús, María Magdalena se dirige a la casa del Maestro para hablar de nuevo con Él, y allí se encuentra con la Virgen. Al final de la película, veremos cómo su amor por Jesús le hace permanecer en vela junto a la tumba de Cristo. Y al rayar el alba, cuando la luz de un nuevo amanecer le despierta, descubre que el Señor no está en el sepulcro y sale en su busca, porque no puede vivir sin Él. Aún no ha comprendido ese nuevo amanecer que ha supuesto la Resurrección de Cristo. A lo lejos ve a un hombre que se aleja, y creyendo que es el hortelano, le pide que le diga dónde le ha puesto. Cuando Jesús se vuelve, tiene lugar un diálogo conmovedor, hecho con lágrimas más que con palabras, que termina con el encargo a la Magdalena de anunciar a sus discípulos que vayan a Galilea: “Allí me verán”.

lunes, 14 de junio de 2010

Jesús y la Magdalena en el cine (1).- La historia y la leyenda

La figura de María Magdalena ha cobrado un realce especial en los últimos años, aunque no siempre con intenciones piadosas o ejemplarizantes. El interés por el pensamiento gnóstico, unido al empeño de construir una “Teología feminista”, han cristalizado en libros y artículos que han pretendido desvirtuar la realidad que nos cuentan los Evangelios, imaginando una “nueva Magdalena” que, en unos casos, habría sido la esposa de Jesús, y en otros, una mujer vilipendiada y deshonrada por la Iglesia.

La primera fabulación toma pie en el “Evangelio de María (Magdalena)”, un texto apócrifo –de orientación gnóstica- conocido desde el siglo III y publicado ampliamente en 1938, que nunca fue tenido por histórico, y que ahora se presenta como “documento recién descubierto” (¿?). La tendencia gnóstica al pensamiento maniqueo –un dios bueno y uno malo, o un Dios y una diosa- habrían facilitado el deslizamiento de identificar a la discípula más fiel de Jesús con su imaginaria esposa. Sobre esta inventada hipótesis se han escrito novelas y realizado también películas, algunas con pretensión de “verdad histórica”, o de “reciente descubrimiento”.

La segunda fabulación es una clara injusticia o, quizás, un desconocimiento de lo que ha sido la piedad cristiana durante siglos. Puede entenderse que algunos –tomando pie de elementos circunstanciales- hayan imaginado una biografía oscura de esta mujer (como ahora veremos), pero lo que no tiene fundamento es atribuir eso a la Iglesia como institución, que siempre ha tenido a María Magdalena por santa y la ha honrado como tal.

Para situar los datos en su contexto, vamos a seguir los trabajos publicados por un equipo de teólogos de la Universidad de Navarra, dirigidos por Francisco Varo, que han respondido con todo detalle a 54 preguntas sobre Jesús y la Iglesia, en las que también se analiza la figura de la Magdalena y su relación con los apóstoles.

1. Datos bíblicos:

Los Evangelios (Lc 8,2) nos dicen que entre las mujeres que seguían a Jesús y le asistían con sus bienes estaba María Magdalena, es decir, una mujer llamada María, que era oriunda de Migdal Nunayah, en griego Tariquea, una pequeña población junto al lago de Galilea, a 5,5 km al norte de Tiberías. De ella Jesús había expulsado varios “espíritus malignos”. La expresión empleada por el evangelista puede entenderse como una posesión diabólica, pero también como una enfermedad del cuerpo o del espíritu.

Los sinópticos la mencionan como la primera de un grupo de mujeres que contemplaron de lejos la crucifixión de Jesús (Mc 15,40-41) y que se quedaron sentadas frente al sepulcro (Mt 27,61) mientras sepultaban a Jesús (Mc 15,47). Señalan que en la madrugada del día después del sábado María Magdalena y otras mujeres volvieron al sepulcro a ungir el cuerpo con los aromas que habían comprado (Mc 16,1-7); entonces un ángel les comunica que Jesús ha resucitado y les encarga ir a comunicarlo a los discípulos (cf. Mc 16,1-7).

San Juan presenta los mismos datos con pequeñas variantes. María Magdalena está junto a la Virgen María al pie de la cruz (Jn 19,25). Después del sábado, cuando todavía era de noche, se acerca al sepulcro, ve la losa quitada y avisa a Pedro, pensando que alguien había robado el cuerpo de Jesús (Jn 20,1-2). De vuelta al sepulcro, se queda llorando y se encuentra con Jesús resucitado, quien le encarga anunciar a los discípulos su vuelta al Padre (Jn 20,11-18). Esa es su gloria. Por eso, la tradición de la Iglesia la ha llamado en Oriente "isapóstolos" (igual que un apóstol) y en Occidente "apostola apostolorum" (apóstol de apóstoles). En Oriente hay una tradición que dice que fue enterrada en Éfeso y que sus reliquias fueron llevadas a Constantinopla en el siglo IX.

Como puede verse, no hay nada en los Evangelios que dé pie a esa supuesta “difamación” por parte de la Iglesia, todo lo contrario. Entonces, ¿de dónde le viene a la Magdalena su “mala fama”? En seguida vamos a verlo.

2. Confusión con la mujer pecadora

A partir de los siglos VI y VII, en la Iglesia Latina se tendió a identificar a María Magdalena con la mujer pecadora que ungió los pies de Jesús con sus lágrimas.

La identificación entre una y otra surge por un doble motivo:

a) Por contigüidad de dos pasajes evangélicos. Después del relato en que Jesús perdona a la mujer pecadora (Lc 7,36-50), el mismo evangelista señala a continuación que al Señor le asistían algunas mujeres, y la primera que menciona es María Magdalena (Lc 8,1-2). Además, nos dice que ella “había sido librada de espíritus malignos” (Lc 8, 2); y Marcos especifica el número: el Señor había expulsado de ella siete demonios (Mc 16,9). La cercanía de esos dos pasajes y la asociación entre “mujer pecadora” y “mujer poseída por el demonio” motivó que algunos escritores –en su afán de identificar a la pecadora innominada- imaginasen que se trataba de la misma mujer.

b) Por confusión de escenas. Existen dos unciones en los evangelios. Una es la de la pecadora arrepentida, que es exclusiva de Lucas (7,36-50), y que tiene lugar en Galilea, en casa de Simón el fariseo. La otra, aunque relatada en términos parecidos por los otros evangelistas (Mc 14,3-9; Mt 26,6-13; Jn 12,1-8), sucede en Betania, en casa de Simón el leproso. Existe, además, una diferencia temporal muy importante: Lucas sitúa la suya al comienzo de la vida pública, mientras que los otros tres la colocan en vísperas de la Pascua, como pórtico de la Pasión y preparación o adelanto de su sepultura (Mc 14, 8). A pesar de estas claras diferencias, algunos escritores tendieron a confundir ambas escenas.

Por si fuera poco, los datos aportados por Juan (“Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa”) y la expresa mención de la protagonista (“María tomó una libra de perfume de nardo puro, de gran precio, ungió los pies de Jesús y los enjugó con sus cabellos”) motivaron que se identificase a esta María –que parece ser la hermana de Lázaro- con María Magdalena y la mujer pecadora: tres personajes que, para algunos escritores, serían uno solo.

Como consecuencia, debido en buena parte a los escritos de San Gregorio Magno, en Occidente se extendió la idea de que las tres mujeres eran la misma persona; y que, por tanto, María Magdalena había tenido un pasado licencioso.

A finales del siglo XX, y desfigurando el origen casual de esas confusiones, algunos cultivadores de la “teología-ficción” han querido presentar a María Magdalena como una “mártir” de la causa feminista, que habría sido “vilipendiada durante siglos” por una Iglesia “machista”. Como hemos visto, la realidad histórica fue muy distinta: la Iglesia siempre le ha concedido un lugar preeminente entre los discípulos de Jesús y la ha venerado como santa.

Y nada de lo que dicen los Evangelios va en detrimento de esa veneración. En su encuentro con Jesús después de la resurrección (Jn 20,14-18), María Magdalena manifiesta un profundo amor hacia su Redentor. Y, en todo caso, aun cuando se tratara de la mujer pecadora, su pasado no querría decir nada. Pedro fue infiel a Jesús y Pablo un perseguidor de los cristianos. La grandeza de la Magdalena no está en su impecabilidad sino en su amor. Justamente, eso es lo que Jesús alaba en la mujer pecadora: "Le son perdonados sus muchos pecados, porque ha amado mucho" (Lc 7,47).

Esta confusión de identidades se ha plasmado también en las películas. Como veremos en los próximos artículos, algunos de los filmes de los últimos cuarenta años han asumido esa identificación de personajes, e incluso han desarrollado imaginativamente su biografía pasada.

martes, 22 de diciembre de 2009

Los Evangelios y el guión de “La Natividad”

Ayer presentaba el esquema narrativo de “La Natividad” (2006), de Catherine Hardwick, como pauta para un cine-fórum o un estudio de su estructura argumental.

Lo primero que apreciamos en esa “guía de escenas” es que el guión trata de armonizar los dos relatos evangélicos del Nacimiento de Cristo: el de S. Mateo y el de S. Lucas. El filme incluye la mayor parte de esos relatos, y las omisiones que podemos apreciar se justifican por el mismo propósito de combinar las dos versiones en una única narración.

Las ausencias más relevantes son: el texto completo del “Magnificat” (sólo oímos una parte, y fuera de lugar: en la voz en off con que se cierra la historia), la oración de Zacarías y la presentación de Jesús en el templo. Otras ausencias de menor entidad son la aparición del ejército celestial a los pastores y el sueño de los magos (que aquí se sustituye por una conversación entre ellos sobe la conveniencia de no volver a Herodes). Sólo una de estas omisiones es realmente un episodio: el de la presentación en el templo, y su eliminación resulta necesaria para conseguir que los pastores y los Magos concurran en el portal al mismo tiempo.

Como señalan algunos teólogos, esta reunión que la iconografía popular tiende a imaginar resulta poco probable. Los Magos debieron tardar algunos meses en llegar a Belén desde el lejano Oriente. Y el hecho de que Herodes decidiera degollar no a los recién nacidos, sino a todos los varones menores de dos años, hace presuponer que los Magos habrían visto la estrella aproximadamente un año antes: Herodes debió aumentar a dos años la edad de los niños que debían morir para asegurar que no se le escapaba el Mesías anunciado; si fuese un recién nacido, hubiera bastado con matar a los menores de uno o dos meses.

Resulta chocante que el guión de la película elimine dos himnos particularmente importantes, pues ambos han sido inspirados por Dios: las palabras del "Magnificat", el texto más largo e importante de la Virgen, y la oración de Zacarías, que hace patente la intervención de Dios en esa familia. Estas omisiones resultan aún más sorprendentes debido a que, sin esos parlamentos, ambas escenas quedan cojas, pues concluyen abruptamente sin apenas desarrollo narrativo.

Por otra parte, hay también pasajes trastocados o manipulados. En la Anunciación, las palabras del ángel Gabriel ("Hail, full of grace, the Lord is with you!") se cambian sin razón justificada: en vez de "full of grace" oímos "favored one". Más tarde, en el trayecto a Belén se añaden y escenifican los dolores del parto de María, lo que pone en duda el Nacimiento virginal de Cristo.

Aun con estas salvedades, que no son pocas, el conjunto puede considerarse como una adaptación válida del relato evangélico. Las principales objeciones provienen más bien del retrato de la Virgen. En todo caso, como decía ayer, esta película es una buena opción para estas fechas, y puede –aun con matices- servir como preparación para revivir una vez más el Nacimiento de Jesús en Belén.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Guía para cine-fórum: “La Natividad”

 En estos días próximos a la Navidad puede ser una buena elección volver a ver “La Natividad” (2006), de Catherine Hardwick. En un post anterior la incluía en mi selección de las diez mejores películas navideñas, y en otro más reciente señalé algunas cuestiones que plantea el particular retrato que hace de la Virgen.

En el artículo de hoy quiero ofrecer una “guía de escenas” que sirva tanto para una sesión de cine-fórum como para un análisis detallado de sus fuentes. Con esta guía, podrás apreciar la estructura narrativa del filme (y la originalidad de su argumento), contrastar el relato fílmico con los Evangelios y valorar la fidelidad de su puesta en escena.

1. [Cita bíblica en pantalla] - (Jeremías 23:5-6)
2. Matanza de los inocentes - (Mateo 2: 16)
3. La visión de Zacarías - (Lucas 1: 5-22)
4. La escuela de Nazareth - (1 Reyes 19:11-12)
5. [Episodio extra-bíblico - La recaudación de impuestos]
6. Los Magos ven la estrella - (Mateo 2:1)
7. Desposorios de José y María - (Lucas 1:27)
8. La anunciación - (Lucas 1:26-38)
9. [Episodio extra-bíblico - Viaje a casa de Isabel]
10. El saludo a Isabel - (Lucas 1:39-56)
11. [Episodio extra-bíblico – Los Reyes Magos]
12. Nacimiento de Juan - (Lucas 1:57-58)
13. La circuncisión de Juan - (Lucas 1:59-66)
14. [Episodios extra-bíblicos – retorno de María, Herodes y su hijo]
15. José piensa repudiarla en secreto - (Mateo 1:18-19)
16. El ángel se aparece a José en sueños - (Mateo 1:20-24)
17. [Episodio extra-bíblico – de nuevo, el hijo de Herodes]
18. Viaje a Belén - (Lucas 2:1-5)
19. [Episodio extra-bíblico - Viaje a Belén]
20. Los Magos y Herodes - (Lucas 2:1-8)
21. [Episodio extra-bíblico - Reunión de los pastores]
22. Nacimiento de Cristo - (Lucas 2:6-7)
23. Los pastores y los ángeles - (Lucas 2:8-16)
24. Visita de los Reyes Magos - (Mateo 2:9-11)
25. Regreso de los Magos - (Mateo 2:12)
26. Huida a Egipto / muerte de los inocentes - (Mateo 2:13-18)
27. Voz en off : “Magnificat” - (Lucas 1:51-53)

Mañana publicaré un breve comentario sobre los pasajes omitidos o trasladados de sitio para sopesar el conjunto de la adaptación cinematográfica.

martes, 20 de octubre de 2009

Un Jesús rebelde y social

En su película "El Evangelio según San Mateo" (1964), Pier Paolo Pasolini trató de aunar la visión católica y la marxista. Con muy pocos medios, la cámara al hombro y actores no profesionales —en el mejor estilo del «cinema verité»—, el director italiano trató de ofrecer una imagen más austera —acorde con los Evangelios— de la biografía de Cristo; más austera y, por tanto, menos edulcorada que las precedentes de los años sesenta. Por eso la ambientación, entre medieval, bizantina y renacentista, es deliberadamente simbólica.

Siguiendo al pie de la letra el evangelio de San Mateo —aunque hurtando dos pasajes claves de ese texto: la designación de Pedro como cabeza de la Iglesia, y el discurso sobre el Juicio final—, Pasolini rodó una de las versiones más celebradas por la crítica, aunque ambigua en su retrato del Señor.

Celebrada por la crítica y también por la jerarquía: no en vano, el filme está dedicado a la memoria de Juan XXIII. En ese respeto al texto evangélico influyó mucho la madre de Pier Paolo, Susanna Pasolini: una cristiana fervorosa, a la que el director asignó el papel de la Virgen María ya mayor.

Como señalaba un crítico, el Jesús de Pasolini es un Cristo “con fuerza en la mirada y palabra de fuego, impulsiva e interpelante, para explicar a los hombres que el mensaje del Reino no tiene dilación” (Eduardo Gil de Muro en De los valores del cine al cine de los valores).

Enrique Irazoqui, un joven catalán de padre vasco y madre judía, estudiante de Arte Dramático, obtuvo el papel de Cristo tras una breve entrevista con el director: pidió hablar con él unos minutos, y a la salida el papel era suyo.

Jesús es representado aquí como un apasionado activista social. Es Dios, sí, pero vemos más su talante denunciador y, hasta cierto punto, revolucionario. Su ira ante la injusticia y la hipocresía es el resultado de la confrontación con las autoridades religiosas judías a su paso por Galilea y Jerusalén.

Al principio, Jesús parece lejano, rígido, carente de toda emoción. Sólo tras varios visionados –y, seguramente, tras un detallado estudio del filme- llegamos a darnos cuenta de que Jesús sonríe en algunas ocasiones y disfruta en algunas escenas con los niños. La desorientación inicial que experimentamos tal vez se deba a que no estamos acostumbrados a ver una representación de Jesús como un hombre rebelde, indómito y furioso.

La tensa interpretación que impuso el director a todo el reparto (especialmente a Irazoqui) y el abrupto montaje de las escenas, hace que el espectador se encuentre con una imagen del Salvador totalmente distinta a la que era habitual en aquella época: ya no aparece acogedor y suave, y también un tanto místico, como en "Rey de Reyes" (1961) o "La historia más grande jamás contada" (1965), sino más bien destemplado o incluso airado.

Por otra parte, la mezcla de escenas contemplativas, sin diálogo, donde todo se intuye con miradas, junto con largos parlamentos de Jesús –a veces, realmente interminables- da la impresión de un cierto desequilibrio narrativo.

También desde el punto de vista narrativo cabe señalar que es la primera película basada en un solo Evangelio: después vendría “Jesús” (1979), de John Krish y Peter Sykes, basado sólo en Lucas; y más recientemente, “The Gospel of John” (2003). Pero entonces fue una novedad, y esto llevó al director a destacarlo en el propio título.

jueves, 8 de octubre de 2009

“Ágora”: me quedo con la verdad

Acabo de leer la crítica que Juan Orellana, Director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española, ha publicado sobre la película “Agora”, de Alejandro Amenábar, en la web Aceprensa. Al terminar de leer su reseña, he pensado que, si se informan mínimamente de su contenido, muchas personas creyentes decidirán no ir a verla.

Tienen para ello dos buenas razones: la primera, que la historia no les aporta mucho, a pesar del enorme esfuerzo de producción y de los millones de euros que han recibido como subvención; y la segunda, que el argumento que la sustenta puede resultarles engañoso (al no distinguir entre lo histórico y lo ficticio) y, sobre todo, les puede doler por la amarga caricatura que hace de la Iglesia. La solvencia profesional de Orellana puede convencerles de no hacer probatinas con su tiempo ni con su dinero.

Lo peor del filme no es la crítica a determinados pastores de la Iglesia –y aun a santos canonizados, que a todos llega su látigo fustigador- sino ese ateísmo maniqueo que todo lo prejuzga antes de conocerlo, y que se reviste incluso de fórmulas infantiles: “en Ágora –señala Orellana- los paganos visten de blanco (Hipatia), y los cristianos de gris o de negro (Amonio, Cirilo). A este esquema bipolar, Amenábar añade a lo largo del filme una vuelta de tuerca: lo malo no es en realidad el cristianismo, sino cualquier concepción teológica”.

Como señala al final de su bien documentado artículo: “Es imposible que un cristiano pueda sentirse históricamente reconocido en la propuesta cinematográfica de Amenábar, muy lastrada por tópicos, prejuicios, esquemas ideológicos y leyendas negras”.

Para quien quiera saber quién fue Hipatia de Alejandría –los datos ciertos, los probables y los hipotéticos: porque aún hay muchas lagunas en la investigación histórica sobre este personaje- le recomiendo el espléndido ensayo publicado en Primeros cristianos. Allí se sitúa también el contexto histórico y se añade, para los entendidos, una mínima bibliografía.

Lo que decía. Por lo que respecta a este filme, personalmente, me quedo con la verdad.

martes, 29 de septiembre de 2009

Sobre la película “Corpus Christi”

Quizás los lectores de este blog hayan recibido, como yo, un correo electrónico que pretende recoger firmas para que no llegue a producirse una película calificada de blasfema o irreverente, y titulada Corpus Christi. Supuestamente, Corpus Christi es una versión filmada de la controvertida obra de Terrence McNally del mismo nombre que representa a Jesús y a sus discípulos como homosexuales. Una obra –dicho sea de paso- que sólo estuvo en cartel 4 semanas en Londres, a finales de 1999, y que se repone de tanto en tanto en sesiones aisladas por el interés de algunos grupos “alternativos”.

A pesar de las apariencias, esta petición no es más que un engaño. Por el momento, no hay ninguna productora interesada en la adaptación cinematográfica de esa obra de teatro, porque no tiene rentabilidad comercial ninguna. Incluso en el hipotético caso de que el lobby homosexual intentara –cosa poco probable- reunir el presupuesto necesario como para producirla con la esperanza de que un puñado de festivales de “cine gay” pudiera darle bombo y platillo, es aún menos probable que llegara a distribuirse en DVDs y mucho menos todavía en las salas cinematográficas.

Por otra parte, este asunto no es en absoluto novedoso. Hace casi tres años que recibí el primer aviso de que iba a filmarse esa obra, y ya entonces me pareció un modo fraudulento para obtener los e-mails de personas sensibilizadas con la figura de Cristo: te piden que hagas correr la cadena de mensajes para que vayan “rebotándose” las peticiones, cuyos listados van aumentando e incorporando nuevas direcciones que llegan finalmente… al iniciador de la “noticia”.

Para el que quiera documentarse a fondo, le remito a una web especializada en rumores que recoge todos los datos acerca de este imaginario proyecto: http://www.snopes.com/politics/religion/gayjesus.asp.

Añado, para evitar confusiones, que sí existe un DVD en el mercado titulado “Corpus Christi” que es un documental sobre los datos históricos que se conocen sobre la figura de Jesús.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Polémica por textos maquillados: “La historia más grande jamás contada”

Ayer hablaba de que fidelidad (a los textos sagrados) no implica necesariamente una estricta “literalidad”. Adaptar a la pantalla supone re-crear la historia, y eso exige introducir cambios y recortes. Otra cosa es la invención gratuita y sin fundamento, como sucedió en determinados pasajes de La historia más grande jamás contada (1965), de George Stevens.

En el guión de esa cinta fue muy criticada la frecuente refundición de textos escriturísticos o el trasvase de un diálogo concreto a otra escena sin relación alguna. Por la necesidad de comprimir el tiempo, es práctica habitual en las películas del género biográfico fundir diversos pasajes del protagonista en una sola secuencia, pero en el filme de Stevens se abusa tanto de esta licencia narrativa que, tratándose de textos sagrados, motivó no pocas reservas en los espectadores.

Tal vez el caso más llamativo es la conversación de Jesús en Betania, en casa de Marta, María y Lázaro. En boca de Lázaro pone el guionista la pregunta que un escriba hizo a Jesús: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?” (Mt 22, 36).A continuación viene la famosa respuesta del Señor (“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente”) y sigue la exclamación del escriba: “Bien dices, Maestro…”. Solo que aquí ese pasaje aparece en boca de Lázaro, y cambiando el contenido de las palabras de la Escritura: “Bien dices, Maestro, que amar al prójimo —en vez de amar a Dios— vale más que todos los holocaustos y sacrificios”. Es lógico que esa traslación indebida, de una escena a otra, y los cambios introducidos en el discurso, suscitaran la reticencia de los espectadores.

Pero aún hay más. A continuación, la escena enlaza repentinamente con el pasaje evangélico del joven rico, pues en el filme es el mismísimo Lázaro quien dice a Jesús: “Señor, te seguiré a donde quiera que vayas”, y es también él quien escucha la respuesta divina, solo que formulada como pregunta: “¿Renunciarías a todo lo que posees y me seguirías?”. Ante esta inesperada exigencia, contesta Lázaro: “¿¡Quién podría hacer tal cosa!?”. Y el Señor se va de su casa, no sin antes incluir en su postrer diálogo algunos fragmentos de otros pasajes evangélicos: “Donde esté tu riqueza, allá estará tu corazón… No se puede servir a dos señores… Conozco a una viuda que echó dos monedas en el Templo…”.

La mayor parte de estas críticas provenían de protestantes puritanos, pues ellos son mucho más estrictos que otras confesiones cristianas en lo que se refiere a la literalidad de los textos. Algunos puritanos criticaron, además, la libertad con que Stevens dramatizó determinados pasajes. En la película, Judas Iscariote acaba con su vida arrojándose al fuego, pero las Escrituras afirman claramente que Judas se ahorcó (Mt 27,5; Hechos 1, 18). El director, sabiendo que buena parte de la audiencia asociaría el Infierno con las llamas, pensó que éste sería un acertado símbolo visual: Judas se arroja “figuradamente” a las llamas del Infierno. Pero buena parte de la audiencia no lo consideró acertado. De la misma manera, en el diálogo entre Jesús y Pilatos, Stevens añadió unas palabras que no figuran en los Evangelios. Cuando Jesús afirma que es Hijo de Dios, Pilatos responde: “¿De qué dios?, ¿de Marte, de Hércules, de Júpiter?”. Tampoco esto gustó a los puritanos de Estados Unidos, que pidieron mayor respeto a lo que explícitamente señala el texto evangélico.

Evidentemente, ésta no es de las películas menos fieles al espíritu del Evangelio. Es más: considero que es una buena adaptación, e incluso la considero ente las mejores cintas sobre Jesús. Pero sí me parece paradigmática de cómo la libertad creativa, cuando defrauda las expectativas de fidelidad del público, puede provocar fuertes rechazos. Y esto, insisto, a pesar de su buena factura.

La fidelidad, muchas veces, está en los pequeños detalles. Por supuesto, cabe la imaginación en lo que el Evangelio no cuenta, pero es más discutible la adulteración de un texto conocido, cuando implica un evidente cambio del sentido de la Escritura.

jueves, 24 de septiembre de 2009

¿Literalidad o fidelidad a los Evangelios?

Muchas veces me he encontrado con espectadores que salen decepcionados tras la contemplación de un filme sobre Jesucristo. Sus quejas suelen incidir en la falta de fidelidad a los textos sagrados: “¡Se han comido escenas importantes! ¡Y han añadido diálogos que no están en los Evangelios! Pero lo peor es que han juntado dos escenas en una…”.

Antes de responder a esos espectadores desilusionados, conviene tener en cuenta que adaptar la vida de Jesús a la pantalla supone una nueva creación —más bien, una “re-creación” — a partir del texto original. No se puede ser “fiel al texto” en sentido estricto, porque no es en modo alguno una simple “traducción del texto a la imagen” (por bella y usual que esta metáfora resulte).

La conversión del Evangelio original griego a una lengua vernácula sí es una traducción: una traducción “interlingüística”, no exenta de riesgos y de posibles desviaciones del significado, pero una traducción en sentido estricto, y en ella puede evaluarse la fidelidad palabra por palabra. Pero adaptar un relato evangélico al cine, al igual que cuando se adapta una novela o una obra de teatro, exige un proceso de reescritura y conversión de códigos expresivos que transforma el texto original en algo totalmente distinto.

Aquí se opera una traducción “intralingüística” (entre lenguas o códigos distintos), que suele requerir cambios drásticos:

- desde recortes en la historia (la exhibición de los filmes exige una duración limitada a unas dos horas, mientras que cualquier Evangelio se lee en no menos de 6 ó 7) hasta el diseño de una continuidad narrativa (enlazando los pasajes aislados que presentan los textos sagrados);
- desde la supresión de personajes secundarios (para centrar el argumento en sólo 15 ó 20, los que un espectador medio puede recordar) al cambio de foco narrativo (una niña, un apóstol) y así matizar la figura del “narrador omnisciente”, habitual en las Escrituras.

Y todo esto sin tener en cuenta la necesidad de transformar los pensamientos de Jesús y de los personajes en detalles visuales o acciones concretas. Así pues, la deseada fidelidad a los Evangelios nunca puede ser traslación pasaje a pasaje y frase a frase, sino que exige una reinterpretación personal de todo el relato, cuestión que afecta a la película en su conjunto.

Todo esto tiene un presupuesto: que se quiera contar la vida de Jesús y no una historia inventada; pero esto segundo debe advertirse con claridad a la audiencia, no haciendo pasar por retrato de Jesús lo que es pura fantasía.

Con ese presupuesto, cabe desarrollar creativamente lo que los Evangelios no cuentan y recortar o refundir cuando sea necesario. Pero, para que pueda considerarse fiel, el filme debe mantener estos tres principios:

1. Respeto a los textos sagrados, sin manipular los diálogos ni las acciones.
2. Coherencia de lo imaginado con lo que narran los Evangelios.
3. No omitir pasajes esenciales para la comprensión de la vida –o el fragmento de vida- que se desea contar sobre Cristo.


Así, una película de animación y contada desde el punto de vista de una niña –es el caso de El hombre que hacía milagros (1999), del que muestro el cartel- está considerada entre las más fieles al espíritu del Evangelio, no obstante sus profundas transformaciones narrativas. Mañana, en cambio, contaré el caso de otra cinta que, a pesar de su apariencia realista, suscitó cierta polémica por tan solo pequeños cambios en los diálogos.