Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAJE: Discípulos y seguidores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAJE: Discípulos y seguidores. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de marzo de 2015

“La historia de Marie Heurtin”: el lenguaje del corazón

No es habitual que una película se estrene un miércoles, pero si pensamos en un Miércoles Santo y el filme tiene un claro contenido espiritual o religioso, el estreno aprovecha el “tirón” de la Semana Santa y el largo puente que se origina. Es el caso de “La historia de Marie Heurtin”, una sensible cinta francesa que llegará a nuestras pantallas el 1 de abril y que contiene atractivos suficientes para recomendar su visionado.

El argumento se apoya en la verdadera historia Marie Heurtin, una joven sordomuda y ciega, nacida en 1885 y fallecida en 1921. La película comienza con la llegada de Marie a un convento de las Hijas de la Sabiduría, congregación fundada por San Luis María Grignon de Monfort y Sor María Luisa de Jesús (Trichet). Sus buenos y desesperados padres le han dado todo el cuidado y cariño posibles, pero no logran que Marie se comunique y ésta se comporta como una pequeña salvaje. Las religiosas, que acogen a chicas discapacitadas, tienen una justificada fama en la atención de niñas sordomudas y una amplia experiencia en el lenguaje de los signos. Marie (Ariana Rivoire) es un caso demasiado difícil, pero la hermana Marguerite (Isabel Carré), una joven y entusiasta monja de frágil salud, insiste en hacerse cargo de su instrucción.

Dirige, y dirige bien, Jean-Pierre Améris (“La vida”, “Tímidos anónimos”), que se beneficia de un medido guión, del colorido de la campiña francesa y de las interpretaciones de Isabel Carré y Ariana Rivoire, sordomuda en la vida real. Con una puesta en escena sobria, elegante y poética en ocasiones, consigue involucrar poco a poco al espectador sin cansarlo, regulando bien el tempo de cada escena. Por otro lado, nos presenta un retrato amable y hasta divertido de las monjas, con una madre superiora enérgica y flexible a la vez, lejos de la visión sectaria que han propuesto otras cintas.

Como es lógico, el sentido del tacto tiene una relevancia particular en la película. Un sentido que queda ennoblecido cuando su objetivo es elevado, como es el que pretende Sor Marguerite con Marie: enseñarle a comunicarse, a relacionarse y, por tanto, hacerla más capaz de amar y de ser amada. Un trabajo agotador que no sólo se hace con signos sino, sobre todo, con el corazón, con esa actitud de generosidad que sabe descubrir las posibilidades de crecimiento que se esconden tras las limitaciones personales.

El filme remite a títulos tan reconocidos como “El milagro de Anna Sullivan” (Arthur Penn, 1962) o “El pequeño salvaje” (François Truffaut, 1970), y no está lejos del cine de Robert Bresson. Procurando evitar el sentimentalismo pero sin renunciar a las emociones, Améris acaba la película en alto con una bellísima escena muy bien planificada, que provocará más de una lágrima en el público. Un final que deja al espectador –así lo pude comprobar en el preestreno al que asistí– con la impresión cierta de haber visto una buena película: que no es poco.

Juan Jesús de Cózar

domingo, 28 de julio de 2013

Betania, con Marta y María: la escena doméstica de Jesús

Mañana, 29 de julio, es la fiesta de Santa Marta, patrona de la hostelería y de las tareas domésticas: pues ella acogió con cariño al Señor en su casa de Betania y le preparó comida, alojamiento y descanso; hogar, en una palabra. Sin duda, Betania es, de todos los lugares del Evangelio, el más entrañable para Jesús: en la casa de Marta, María y Lázaro, se sentía muy querido. Yo tuve la suerte de estar en Betania, en el verano de 2009, y visité la iglesia que hoy se levanta sobre la casa de esos tres hermanos: los amigos de Jesús.

También visité la tumba de Lázaro (ver foto más abajo), y recordé aquella escena en que el Señor derrama lágrimas por su amigo fallecido y consuela a Marta y María, que están profundamente consternadas. Sólo en Jesús encuentran alivio para su pena.

Estuve en esa casa precisamente un 29 de julio, el de 2009. En honor a Santa Marta, los franciscanos que guardan ese lugar obsequiaron ese día a los peregrinos con un generoso desayuno. También nos dieron una estampa con una oración a Santa Marta, que me hizo pensar en mi madre y en quienes llevan las tareas domésticas en todo el mundo:

Oh, Santa Marta dichosa, que tantas veces tuviste el honor y la alegría de hospedar a Jesús en el seno de tu familia, de prestarle personalmente tus servicios domésticos; tú, que juntamente con tus hermanos Lázaro y María, gozaste de su divina conversación, ruega por mí y por mi familia, para que en ella se conserve siempre la paz y el mutuo amor; que todos mis hijos vivan en la observancia de la Ley de Dios, y que sólo Dios reine en nuestro hogar. Libra a mi familia de toda desgracia espiritual o temporal, y concédeme la dicha de verlos unidos, en el cariño y en la sonrisa, bajo la mirada paternal de Dios; para volver a verles reunidos en el Cielo, y no separarnos nunca jamás”.

La película que mejor ha reflejado la vida familiar en Betania es, sin duda, “El hombre que hacía milagros”. En esa casa somos testigos del trato afectuoso del Maestro con cada uno. Primero, tiene lugar el encuentro con Lázaro, sellado con un gran abrazo y con una dulce exclamación: “¡Marta y María! Estoy deseando verlas”. A continuación, vemos que han preparado una pequeña fiesta para recibirle y, ya de noche, ríen alegremente durante la cena: es un momento de afecto y de intimidad. De repente, Lázaro interroga a su amigo: “No lo entiendo. Cuando murió José, te legó un buen juego de herramientas, un taller y buenos contactos en las grandes ciudades…”. Jesús le ve venir e intenta zanjar la cuestión: “Lázaro, debo ocuparme de una nueva obra”. Y María, sentada a sus pies, parece intuir lo que ha dicho sólo con medias palabras: “¿A eso te refieres cuando hablas del Reino?. El Maestro la mira con ternura y le sonríe: porque ha sabido descubrir su misión redentora.

Viene entonces la famosa queja de Marta, y el dulce reproche de Jesús: “Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas. Una sola cosa es necesaria…”. Momento sublime, con una sabia puesta en escena y una recreación fantástica. Aquí el cine ha sabido captar la magia de un pasaje evangélico y convertirla en una imagen cargada de emoción. Por favor, me gustaría que vierais ese breve momento (1’37”) y me dejarais un comentario personal. Así sabré si también a vosotros esta escena os dice tantas cosas de sabor familiar...

domingo, 11 de noviembre de 2012

La escena de Betania: elogio de las tareas domésticas

Betania es, de todos los lugares que menciona el Evangelio, el más entrañable para el Señor: en la casa de Marta, María y Lázaro, Jesús se sentía particularmente querido. Allí solía descansar, de vez en cuando, camino de Jerusalén. Yo tuve la suerte de estar allí, en el verano de 2009, y visité la iglesia que hoy se levanta sobre la casa que habitaron esos tres hermanos: los grandes amigos de Cristo.

También visité la tumba de Lázaro, y recordé aquella escena en que Jesús derrama lágrimas por su amigo fallecido y consuela a Marta y María, que están profundamente consternadas. Sólo en Jesús encuentran alivio para su pena.

Estuve precisamente el 29 de julio, fiesta de Santa Marta, quien –por haber acogido al Señor en su casa y haberle preparado la comida y el descanso- es hoy el gran ejemplo cristiano de hospitalidad: es la patrona de la hostelería y también de las tareas domésticas. En honor a ellas, los franciscanos que guardan ese lugar santo nos obsequiaron con un generoso desayuno. También nos dieron una estampa con una oración a Santa Marta, que me emocionó:

Oh, Santa Marta dichosa, que tantas veces tuviste el honor y la alegría de hospedar a Jesús en el seno de tu familia, de prestarle personalmente tus servicios domésticos; tú, que juntamente con tus hermanos Lázaro y María, gozaste de su divina conversación, ruega por mí y por mi familia, para que en ella se conserve siempre la paz y el mutuo amor; que todos mis hijos vivan en la observancia de la Ley de Dios, y que sólo Dios reine en nuestro hogar. Libra a mi familia de toda desgracia espiritual o temporal, y concédeme la dicha de verlos unidos, en el cariño y en la sonrisa, bajo la mirada paternal de Dios; para volver a verles reunidos en el Cielo, y no separarnos nunca jamás”.

Inmediatamente me acordé de mi madre. Recé un buen rato por ella y por todas las madres del mundo que viven para hacer de su casa un hogar acogedor y alegre. También recé por quienes realizan las tareas domésticas en mi casa. Era el mejor lugar y el mejor día para hacerlo.

La película que mejor ha reflejado la vida familiar en Betania es, sin duda, “El hombre que hacía milagros”. En esa casa somos testigos del trato afectuoso del Maestro con cada uno. Primero, tiene lugar el encuentro con Lázaro, sellado con un gran abrazo y con una dulce exclamación: “¡Marta y María! Estoy deseando verlas”. A continuación, vemos que han preparado una pequeña fiesta para recibirle y, ya de noche, ríen alegremente durante la cena: es un momento de afecto y de intimidad. De repente, Lázaro interroga a su amigo: “No lo entiendo. Cuando murió José, te legó un buen juego de herramientas, un taller y buenos contactos en las grandes ciudades…”. Jesús le ve venir e intenta zanjar la cuestión: “Lázaro, debo ocuparme de una nueva obra”. Y María, sentada a sus pies, parece intuir lo que ha dicho sólo con medias palabras: “¿A eso te refieres cuando hablas del Reino?. El Maestro la mira con ternura y le sonríe: porque ha sabido descubrir su misión redentora.

Viene entonces la famosa queja de Marta, y el dulce reproche de Jesús: “Marta, Marta, te afanas y te preocupas por muchas cosas. Una sola cosa es necesaria…”. Momento sublime, con una sabia puesta en escena y una recreación fantástica. Aquí el cine ha sabido captar la magia de un pasaje evangélico y convertirla en una imagen cargada de emoción. Por favor, me gustaría que vierais ese breve momento (1’37”) y me dejarais un comentario personal. Así sabré si también a vosotros esta escena os dice tantas cosas de sabor familiar...

miércoles, 11 de agosto de 2010

La presencia de Jesús en la miniserie "Ben Hur" (2010)

En una reseña sobre la miniserie Ben Hur” (2010), recientemente estrenada en Inglaterra, Matt Page señalaba en Bible Films que esta versión concede mucha más atención a las palabras de Jesús que el famoso filme de 1959, interpretado por Charlon Heston (En contra del parecer de José Luis Urraca, que citaba el día pasado). Tomo algunas ideas de su post, a la espera de que se estrene la serie en España.

El ejemplo más claro de la afirmación de Page se nos presenta en el viaje a caballo de Juda Ben Hur a Jerusalén. A medida que se acerca a la ciudad, vemos en un descampado a un hombre (claramente identificado como Jesús) que enseña a las muchedumbres, entre las que se encuentra la antigua novia de Judá, Esther. A pesar del ruido de los cascos de los caballos, el espectador puede oír con claridad fragmentos que están tomados del Sermón de la Montaña:

“¿Y que sin embargo los perdone? Pero ¿cuántas veces: una vez, siete veces?.- No sólo una ves, ni tampoco siete, sino hasta setenta veces siete. (Mt 18:21-22)

Oísteis que fue dicho: "ojo por ojo, diente por diente".
Yo os digo, no luchéis contra aquellos que quieren haceros daño. Si alguien te golpea en tu mejilla izquierda, ofrécele también la derecha. Si te piden la túnica, dales también el manto. Y si te piden caminar una milla contigo, acompáñale dos”. (Mt 5:38-42).

También oísteis decir: "amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo". Pero yo os digo: "Amad a vuestros enemigos y bendecid a los que os maldicen". (Mt 5:43-44).

A continuación, la cámara sigue a Judá Ben Hur hasta la ciudad, y la siguiente escena nos muestra a Esther, que ha regresado del sermón. Ella ahora vive con David, un antiguo empleado de Judá, que está burlándose de las enseñanzas de Jesús: "¡Bienaventurados los débiles! ¡Los pobres heredarán la tierra!". A lo que contesta Esther, con clara referencia a Judá: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios" (Mt 5:3-10).

Esther está queriendo decirle a Ben Hur que, si quiere ver a Jesús como Dios, debe buscar ante todo la pureza de su corazón. Sólo cuando Judá deje a un lado su irrefrenable deseo de venganza, cuando sea capaz de perdonar a Messala y reconciliarse con Esther, entonces encontrará la paz de espíritu que tanto busca.

Interesante observación, que da a la conversión fílmica de Judá Ben Hur una motivación más profunda, fundamentada en las enseñanzas de Cristo.

miércoles, 9 de junio de 2010

Betania: un hogar amable y acogedor para Jesús

De todos los lugares que mencionan los Evangelios, hay uno que tiene siempre evocaciones alegres y familiares: Betania, la casa de Marta, María y Lázaro, donde Jesús se sentía particularmente querido. Yo he tenido la suerte de estar allí, en Betania, en la iglesia que hoy se levanta sobre la casa que habitaron los tres grandes amigos de Jesús. Estuve precisamente el 29 de julio, fiesta de Santa Marta, patrona de la hospitalidad y de las tareas domésticas. Este es el lugar en el que Jesús descansó ¡tantas veces!


A la izquierda se me ve con dos amigos (Pedro y Josep) en la verja que da acceso al empinado camino que conduce a la iglesia. Y debajo, junto a la tumba de Lázaro, donde Cristo le resucitó. A la derecha de esa imagen, tres fotografías apaisadas: el altar, con un retablo que recuerda la resurrección de Lázaro con las palabras de Jesús: “Ego sum Resurrectio et Vita”. Justo debajo, la entrada al recinto, que recuerda -¡en la lengua de Cervantes!- a la hermana hacendosa, Santa Marta, que hizo de aquella casa un hogar. Y, abajo del todo, un retablo con la leyenda: “Le dijo el Señor: ¡Marta, Marta! Te preocupas y te inquietas por muchas cosas” (Lc 10, 41).

Como ese día, 29 de julio, era el día de Santa Marta, los franciscanos que cuidan el lugar nos obsequiaron –a nosotros y a todos los visitantes– con un pequeño refrigerio. Antes, nos animaron a rezar por todas las personas dedicadas a las labores domésticas. Yo me acordé de mi madre, y también de las personas que llevan la administración de mi casa. Creo que nunca podré pagarles todo lo que ellas hacen con tanto cariño cada día. Recé por mi madre, por ellas, y por todas las madres del mundo. ¡Ojalá se valorase más su trabajo amoroso y escondido en esta sociedad tan utilitarista!

lunes, 31 de mayo de 2010

La Visitación de la Virgen: una impecable puesta en escena

Hoy es la Fiesta de la Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel. El Evangelio sólo dice que María se dirigió “a la montaña, a una ciudad de Judá” (Lc 1,39), pero una antigua tradición, anterior al siglo VI, localiza ese encuentro en Ain-Karim, a 7 kilómetros al oeste de Jerusalén. Allí pude estar el verano pasado, como veis en las fotografías que siguen, durante una estancia de tres semanas en Tierra Santa.



A la izquierda se me ve con dos amigos (un austríaco y un inglés) delante de la fachada porticada, que tiene encima un inmenso mosaico con la Virgen sobre una burra, en su trayecto hasta Ain-Karim. A la derecha, una escultura a tamaño natural que representa el momento del saludo, con Santa Isabel embarazada de tres meses; está en la explanada que precede a la iglesia y detrás azulejos enlosados con el canto del Magnificat en más de 80 lenguas. Más a la derecha, una vista de la fachada. Y debajo, un mosaico del interior que recuerda la acción del Espíritu Santo en ese encuentro.

El cine se ha ocupado poco de este pasaje. Se recoge en “Living Christ Series” (1951-52), de John T. Coyle, un serial de 12 capítulos de media hora sobre la vida de Jesús, y tan solo en dos ocasiones más: “Jesús de Nazaret” (1977), de Franco Zefirelli; y “La Natividad” (2006), de Catherine Hardwicke. De todas, la mejor es sin duda la de Zeffirelli, pues Hardwicke omite –incomprensiblemente– un texto clave para entender esta escena: el Magnificat, el texto más largo e importante que ha salido de los labios de la Virgen.

En la secuencia de “Jesús de Nazaret” destaca su calidad fotográfica, que podemos apreciar en la composición de los grupos, en la puesta en escena y en los encuadres (donde advertimos la influencia de la pintura renacentista italiana, muy especialmente, la de Fra Angelico). En concreto, esta escena reproduce una composición pictórica muy semejante a la de una Anunciación de Fra Angelico: María permanece en pie mientras Isabel se arrodilla, y esta disposición —aunque de forma inversa— recuerda el esquema de aquella pintura, solo que aquí Santa Isabel suplanta al Arcángel en su misión de transmitir un mensaje a la Madre de Dios.

lunes, 24 de mayo de 2010

La Virgen en Caná: Madre de los cristianos

Entramos en la última semana del mes de mayo, y es lógico que en este blog prestemos un poco de atención a la figura de la Virgen en las películas: en concreto, a su papel en la vida del Señor. Comenzaremos por aquella escena –importantísima- en que dio comienzo su vida pública.

El pasaje de las bodas de Caná es quizás la escena menos veces representada en la pantalla. Fue recogida fugazmente en dos filmes mudos: “Vida y pasión de Jesucristo” (1907), de Ferdinand Zecca, y “Son of Man” (1915), de Adolph ZuKor. Tras sesenta años de olvido, fue reinterpretada, con resultados más que dudosos, en tres cintas polémicas: “Gospel Road” (1973), “La última tentación de Jesucristo” (1988) y “The Life of Jesus: The revolutionary” (1995). Su más fidedignas representaciones llegarían con “María, Madre de Jesús” (1999), de Kevin Connor; y, sobre todo, con la mini-serie “Jesús” (1999), de Roger Young, donde esta escena alcanza su máximo esplendor.

Sabemos que esa boda tuvo lugar al comienzo de la vida pública del Señor, poco después de que Juan el Bautista le señale ante Juan y Andrés como “el Cordero de Dios” y anime a estos dos a que le sigan. Este detalle es recogido fielmente en la película, pues ellos son los únicos acompañantes del Maestro en los festejos de Caná.

Lo más importante aquí es el papel central de la Virgen, su actuación maternal, atenta a las necesidades materiales de los hombres. Por eso se da cuenta, antes que ninguna otra persona, de que va a faltar el vino. Es propio de una madre, y también de un ama de casa atenta, darse cuenta de esos pequeños detalles. Debió de percibir que las jarras ya no subían de la bodega tan llenas como al principio, y comprendió que aquella alegre fiesta podría terminar en una situación molesta y embarazosa. Por eso acudió a su Hijo. Y aunque Él contestó: “Aún no es llegada mi hora”, Ella le conocía bien y supo intuir que sí era la hora, que sólo hacía falta que se lo pidiera. Y en un acto de audacia impresionante, dijo a los criados: “Haced lo que Él os diga”. Y consiguió el milagro.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Estreno de un filme español sobre Pablo de Tarso

El viernes 27 de noviembre se estrenó en Salamanca la película "Pablo de Tarso, el último viaje", del director español Pablo Moreno. La cinta, fruto de una coproducción entre Contracorriente Producciones y San Pablo Multimedia, fue presentada al Festival Internacional de Cine y Religión de Trento (Italia), donde fue seleccionada, y posteriormente nominada, como mejor película aspirante al premio “Signis”.

Hace tan solo unos días abrió la VI Semana de Cine Espiritual de Barcelona, donde recibió una larga ovación por parte del público. Al acto acudió Enrique Planas, que fue responsable de la filmoteca del Vaticano, y a la salida calificó la película como "algo único y esperanzador dentro del genero de cine espiritual".

En junio de 2009 se llevaron a cabo dos pases en clave de preestreno en el marco del cumplimiento de los 2000 años del nacimiento de San Pablo. Estos pases sirvieron también para testar la cinta con el público. A la vista de sus comentarios, el equipo de Contracorriente Producciones añadió 20 minutos nuevos de metraje, rodados en el mes de agosto.

En el proyecto han participado unos 30 actores profesionales y casi 400 extras. En el equipo técnico han trabajado 20 profesionales, algunos provenientes de Irlanda y Polonia. La mayor parte de las localizaciones son de Ciudad Rodrigo: se rodó en los palacios de la ciudad, así como en sus murallas, castillo, catedral y alrededores. La exhibición comercial en Zamora vino precedida por el llamamiento del Obispado a las parroquias de la ciudad para «apoyar y promover un producto realizado en una tierra vecina a la nuestra y desde una postura creyente». En la carta que escribió para apoyar la película, el obispo de Ciudad Rodrigo, Atilano Rodríguez Martínez, señalaba lo siguiente:

En ocasiones nos lamentamos del maltrato que sufre el mensaje de Cristo o de la propia Iglesia en determinados medios y contribuimos a su difusión con la crítica negativa, pero no siempre somos capaces de impulsar y potenciar de forma positiva otro tipo de iniciativas, que como ésta, contribuyen de forma muy profesional y artística a presentar la figura de uno de los grandes hombres del cristianismo. Ojalá que esta película sea difundida ampliamente y sirva para debatir, reflexionar y acercarse con emoción a san Pablo”.

En estos días están teniendo lugar las proyecciones en los lugares donde se ha rodado: Ciudad Rodrigo, Béjar, Peñaranda de Bracamonte, Alba de Tormes, Guijuelo, Lumbrales y Zamora. A partir de enero de 2010, la película continuará su andadura por el resto de cines de España.

En la web oficial del filme puede consultarse el calendario de estrenos, así como las notas de prensa difundidas y otras noticias que publica el blog de la película. Este es el tráiler disponible en You Tube:

jueves, 15 de octubre de 2009

Un Jesús cercano y amable

El hombre que hacía milagros” fue una gesta cinematográfica sin precedentes, que tardó más de cinco años en llevarse a cabo. Comenzó en 1995, con dos equipos de animadores trabajando simultáneamente a más de cuatro mil kilómetros de distancia (en Cardiff, Gales, y en Moscú, Rusia). Era la primera vez que un largometraje se hacía enteramente con la técnica claymation (de clay, arcilla, y animation), y eso supuso asumir un nivel de riesgo muy superior al de cualquier otra animación de la época.

Fue el sueño dorado de una joven productora rusa, Christmas Films, que habían fundado varios animadores del mítico estudio de animación estatal, Soyuzmultfilm, tras la caída de la URSS. Habiendo tenido que ocultar sus creencias cristianas mientras trabajaban allí, se decidieron a crear su propio estudio para desarrollar historias que reflejaran los valores de su Fe. Tras varios cortometrajes, su primer gran proyecto fue éste.

Lo más interesante y llamativo de la película es que, a pesar de contar la historia con figuras de barro, es capaz de construir una imagen entrañable de Jesús. La imagen de una persona muy cercana, que es siempre amable, sonriente, sin dejar de ser Dios. Es la primera vez que le vemos reír abiertamente en un filme, o bromear con sus amigos de Betania, o acariciar a los niños y besarlos.

Quizás por temor a representarlo demasiado humano —como si eso “disminuyera” su divinidad, o como si eso comportara verlo frágil, o incluso débil—, los anteriores filmes habían optado siempre por una imagen majestuosa, con actitudes y gestos de marcado hieratismo. En todas las películas anteriores Jesús se mantiene distante, diferente a nosotros. En ésta, por el contrario, sorprende la cercanía de Cristo: un amigo de los hombres de su tiempo; y, sobre todo, el amigo predilecto de los niños.

Frente a algunas visiones de los sesenta, que muestran respetuosamente a un Jesús lejano y solemne; y frente a las visiones humanizadas de los setenta, que retratan a un Jesús social y revolucionario, este filme continúa la línea de Jesús de Nazaret y logra un equilibrio aún más acendrado. Porque aquí el Maestro manifiesta en todas las secuencias un sorprendente buen humor. Es cariñoso, atento a los detalles; sabe cómo dirigirse a cada uno, cómo tratar a los niños y a los adultos, a los pobres y a las autoridades; sabe cómo y cuándo debe sonreír. Y todo, sin que nada nos haga olvidar que es Dios, al mismo tiempo.

El mérito principal de este logro debemos atribuirlo, sin duda, al brillante guión de Murray Watts, que con fina precisión define el carácter del Maestro; pero también contribuye el tono acertado de Joseph Fiennes en los diálogos, y el hecho de que ningún actor conocido dé vida al personaje: curiosamente, la figura de Jesús resulta más convincente y humana porque no se identifica con ningún actor de carne y hueso.

En este retrato humano de Jesús, cobran especial significación las relaciones humanas. Así, somos testigos del trato afectuoso del Maestro con Marta, María y Lázaro, sus grandes amigos de Betania. En esa casa presenciamos la escena más distendida de todo el filme. Jesús ha sido invitado a hospedarse con ellos, y ya de noche, ríen alegremente durante la cena. En un momento, la conversación se vuelve íntima, y Lázaro aprovecha la ocasión para sondear a su amigo: “No lo entiendo. Cuando murió José, te legó un buen juego de herramientas, un taller y buenos contactos en las grandes ciudades…”.

Jesús le ve venir e intenta zanjar la cuestión: “Lázaro, debo ocuparme de una nueva obra”. Pero María, sentada a sus pies, da un giro a la conversación: “¿A eso te refieres cuando hablas del Reino?”. El Maestro la mira con ternura y le sonríe, porque el amor de esa mujer ha sabido descubrir su verdad más honda. Con ese gesto de tono trascendente podría haber concluido la escena; pero el filme, que nunca deja a un lado la humanidad de Cristo, enlaza ese momento místico con una broma simpática. Lázaro, que no se resigna a perder de vista al amigo, añade en tono lastimoso: “¡Sí, el Reino de Dios! Pero la última vez que viniste nos arreglaste la puerta…”. Y Jesús, con una alegre sonrisa, aprovecha esa frase para cerrar definitivamente el diálogo: “Espero, al menos, que la puerta siga abriendo bien”.

Por otra parte, la película desarrolla también la relación del Señor con Juan Bautista: su delicada y amistosa relación familiar se pone de relieve en la escena del Bautismo. Cuando éste se resiste a bautizarle en el Jordán, Jesús le recuerda con ternura: “¡Juan!, ¡¡Juan!! Cuando éramos niños jugábamos juntos en este río. Nuestras madres nos llamaban y corríamos junto a ellas”. El Maestro se detiene un segundo, y enlazando el recuerdo de las voces maternas con su actual vocación divina, concluye: “Ahora oigo otra llamada: la de mi Padre del Cielo. Y debo seguirla”.