jueves, 17 de junio de 2010

Jesús y la Magdalena en el cine (4).- "El hombre que hacía milagros": la mujer poseída y liberada

Frente a la imagen negativa que los filmes habían dado de María Magdalena durante decenios (como mujer pecadora, desde los años 60 a los 90), en 1999 se produce una película de animación en 3D, “El hombre que hacía milagros”, que presenta de la Magdalena una imagen nueva y más acorde con los Evangelios: una mujer poseída por espíritus malignos (Lc 8,2) de la que Jesús expulsa siete demonios (Mc 16, 9).

En esta película, Sokolov nos la presenta ya en la primera secuencia, antes incluso de que conozcamos a Jesús. Jairo está paseando por Séforis con su hija Tamar (el personaje-narrador desde el que “vemos” toda la historia), y en un momento determinado aparece una mujer claramente desequilibrada: poseída por el demonio y con ciertos poderes pitonisos, parece conocer el interior de las personas, sus maldades. Los albañiles de la sinagoga se ríen de ella, e incluso el capataz la arroja al suelo de un empujón y enarbola un látigo para azotarla…

Algo le detiene. Una mano –la de Jesús- detiene su brazo y, en consecuencia, el injusto castigo. Así se nos presenta Jesús: es el personaje del perdón. Y, a través de los ojos de Tamar, vemos cómo el Señor la acoge y la ayuda a levantarse. Es el primer encuentro entre ellos dos.


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Más tarde, asistimos a la liberación de los siete demonios por parte de Jesús. La secuencia se nos muestra desde el punto de vista de María Magdalena, que ríe y gime, enloquecida, mientras vaga por las calles de Séforis bajo una intensa lluvia. La animación en 3D da paso a los dibujos animados para significar que lo que vemos a continuación no es la realidad, sino las alucinaciones que atenazan a esa pobre mujer. En medio de ese tormento, una palabra viene a salvarla. Desde lejos, oímos la voz de Jesús que le llama, como hará después tras la Resurrección: “¡María!”. Los demonios que la poseen responden en grupo: “Sabemos quién eres. ¡El Hijo de Dios!”, y agitan violentamente a la Magdalena. Pero entonces resuena de nuevo la voz firme del Señor: “¡Salid de ella! ¡Dejadla en paz!”. Y se calma la tormenta interior (como en la tempestad calmada), y surge la paz y la serenidad en el alma de esa mujer, que nunca antes la había experimentado. Es el segundo encuentro entre los dos.

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Agradecida por esta liberación del demonio, María Magdalena acude a casa de Simón el leproso, donde sabe que está comiendo Jesús. Como en otros filmes, también aquí se identifica su personaje con la mujer pecadora, pero esta faceta se presenta sólo como una simple especulación de la gente: sus desvaríos por la posesión diabólica le han granjeado esa fama de “mujer licenciosa”. Y así, aunque el filme nos la muestre en el pasaje de la unción, la puesta en escena le libra de un posible pasado luctuoso, que los Evangelios no afirmaron nunca. Sí se nos muestra, en cambio, su arrepentimiento; y, en paralelo, vemos también la actitud amable de Jesús: le ayuda a levantarse (como en las otras dos escenas), le arregla el cabello que ha enjugado sus pies, y le dice con dulzura: “Tus pecados te son perdonados”. Arrepentimiento y amor son las dos claves de esta preciosa secuencia, que está llena de pequeños detalles. A vuestra atenta contemplación dejo la gratificante tarea de descubrirlos.

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(Para ver los 3 vídeos en Facebook: pincha abajo "Ver la publicación original").

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