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domingo, 28 de diciembre de 2014

Los Reyes Magos: Tradición y Cine

Hay unos personajes que sentimos muy vinculados a la Navidad (sobre todo, los niños) y de los que apenas nos hablan los Evangelios. Se trata de los Reyes Magos, cuya imagen ha sido muy elaborada por la tradición, y que no suelen faltar en ningún belén del mundo.

San Mateo escribe que "unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido?" (Mt 2, 1-2). En esa frase sólo indica su profesión: eran Magos, estudiosos de los astros y de sus movimientos en el Cielo; y precisamente de ese oficio se valdrá Dios para atraerlos, mediante una estrella, hasta el mismo lugar donde se encuentra Jesús. Pero no afirma que sean Reyes. Es éste un añadido del pueblo, que ha supuesto –con cierta lógica- que debían ser poderosos cuando fueron recibidos por la máxima autoridad de Jerusalén, Herodes, y cuando preguntan explícitamente por "el Rey de los Judíos".

Tampoco afirma cuántos eran: "unos Magos". Podían ser dos, cuatro, seis... Pero como fueron tres sus regalos (oro, incienso y mirra), la tradición ha deducido que ese debía ser el número de los magos reunidos en Belén. Sus nombres tampoco están en la Escritura: aparecen por vez primera en un mosaico bizantino localizado en Ravena (Italia, ver a la izquierda) que se fecha en torno al año 520. En él figura una leyenda sobre los tres magos que dice "+SCS BALTHASSAR +SCS MELCHIOR + SCS GASPAR".

La primera descripción de los Reyes Magos se la debemos al teólogo anglosajón Beda el Venerable (675-735): "El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba; fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena (más tarde se le representaría negro) mostró su reconocimiento ofreciéndole mirra, que significaba que el Hijo del hombre debía morir."

Las representaciones cinematográficas de los Magos han seguido fielmente la iconografía popular: son tres, se comportan como reyes, vienen sobre camellos y les acompañan una cohorte de pajes y servidores. En todas las películas se les retrata así, y ahí termina también toda su intervención en la historia, aunque hay tres filmes que han añadido algo más para completar el relato.

En Ben Hur (1959, ver arriba), tal como aparece también en la novela, Melchor profetiza los padecimientos de Jesús y establece así un paralelismo simbólico con los dolores que aguardan al aristócrata judío. En La Natividad (2006) se incluyen al principio algunas escenas de los Magos en su trabajo como astrónomos: su observación del firmamento, el descubrimiento de la estrella, y –tras la consulta de algunos legajos- la conexión de este fenómeno con las profecías mesiánicas. Finalmente, en Jesús de Nazaret (1977) vemos cómo los Magos se van juntando por el camino y cómo dialogan acerca de su actitud frente a Herodes. También ayudan a descubrir el sentido espiritual de lo que está pasando. Así, cuando Baltasar contempla al Niño, comenta a José y a María: “Al venir aquí, creí que nos equivocábamos, pero ahora veo que es muy justo; y, por si esto fuera poco, Gaspar añade: “No en la gloria, sino en la humildad”.

Hay un punto en el que la representación de los Magos diverge de unos filmes a otros, y es el de su presencia junto a los pastores en la gruta de Belén. Ya hemos comentado en otro post que esa reunión es poco probable. Ha cristalizado en el imaginario de la Navidad por una necesidad “escénica”: una pintura o una representación de la Navidad resultan mucho más completas e interesantes si se resumen en una sola escena todos los personajes implicados; así la noche del Nacimiento aparece como más “grandiosa”. Pero los teólogos suponen que ambos hechos estuvieron separados en el tiempo. Por una parte, los Magos debieron tardar algunos meses en llegar a Jerusalén desde el lejano Oriente. Por otra, Herodes manda degollar no a los recién nacidos, sino a todos los varones menores de dos años: esto hace suponer que el Nacimiento del que le hablan debió haber ocurrido un año antes.

Curiosamente, las primeras películas sobre Jesús sí muestran esa separación temporal. Vida y pasión de Jesucristo (1907), de Zecca, y Del pesebre a la Cruz (1912), de Sidney Olcott, muestran primero la llegada de los pastores a la cueva y, más tarde, la aparición de los Magos en la casa de José y María, un lugar mucho más acogedor que el portal.

Sin embargo, será en los años sesenta cuando ambas escenas se solapen en el tiempo. Rey de reyes (1961) muestra una ciudad de Belén corrompida por los romanos y ahí sitúa a un posadero egoísta y nervioso, que rechaza sin miramientos a la joven pareja. Cuando, poco después, los Magos llegan a la ciudad de David –“venían de Persia, Mesopotamia y Etiopía”, nos dice la voz en off- aparecen en el establo sin diálogo previo con Herodes, y allí ya están presentes los pastores. De igual modo, aunque desde otra perspectiva, La historia más grande jamás contada (1965) sigue el relato de los Magos, describe minuciosamente el careo con el tetrarca y nos lleva con ellos hasta el portal, donde ya los pastores han ofrecido sus cántaros y ovejas. En esta misma línea se situarán también La Natividad (2006) y La Biblia (2013), que unen ambas escenas para solemnizar el momento cumbre de su relato: el nacimiento de Cristo en la gruta de Belén.

Por el contrario, otras películas han reflejado la separación en el tiempo de una y otra adoración al Niño: la de los pastores y la de los Magos. Jesús de Nazaret es un claro ejemplo, con una distinción de secuencias que afecta también a la puesta en escena: solemne y lenta en el Nacimiento, con los pastores llegando por la noche hasta la gruta; sobria y natural en la epifanía, con los Reyes llegando de día hasta la casa.

Como vemos en el fotograma, el Niño tiene alrededor de un año, la Virgen está de pie y en plena faena, y la casa evidencia el trabajo de José para hacerla más confortable.

De todo esto celebraremos su fiesta el próximo día 6. ¡Felicidades a todos por la fiesta de los Reyes Magos! Y que a todos nos traigan muchos regalos.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Las 10 mejores películas sobre la Navidad

Aunque acabamos de pasar el Ecuador del Adviento, para muchos la Navidad está ya a la vuelta de la esquina. Muchas calles están adornadas, y El Corte Inglés se encarga ya de recordárnoslo.

En este contexto, dentro de poco empezará a programarse en televisión un particular género televisivo que podríamos denominar “películas navideñas”. Estas películas incorporan algunos de los valores más típicamente cristianos: el reencuentro familiar, los deseos de felicidad, la preocupación por los enfermos y los más desfavorecidos, el anhelo de retornar a la inocencia y a la infancia.

Como sugerencia para alquilar o ver en casa durante estas próximas semanas, incluyo mi personal lista de "las diez mejores películas sobre la Navidad": incluye filmes familiares, y -junto a películas clásicas- prima algunas más recientes, que puedan ser asequibles para todos y más fáciles de encontrar en los videoclubs:

1. ¡Qué bello es vivir! (1946), de Frank Capra. La víspera de Navidad, George Bailey está con el agua al cuello. Toda su vida ha renunciado a proyectos personales para ayudar a su comunidad; pero ahora el banco que ha creado para socorrer a la gente está al borde la quiebra, y Bailey va a un puente dispuesto a arrojarse al agua, pensando que todos sus esfuerzos han sido en balde. La repentina aparición de Clarence, un ángel que todavía no se ha ganado las alas, le hará ver cómo hubiera sido la vida de su familia y sus amigos si él no hubiese existido. Número uno indiscutible del género, que sigue transmitiendo esperanza y optimismo a públicos de todas las culturas.

2. La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke. Recrea con acierto los escenarios, costumbres y utillaje de la época en que nació Cristo, pero falla en el retrato de la Virgen, que aparece siempre tímida e introvertida. Con todo, una buena preparación para vivir el sentido religioso de la Navidad.

3. Las Crónicas de Narnia (2005), de Andrew Adamson. Todo un clásico de la literatura infantil, escrito por C. S. Lewis. Durante la II Guerra Mundial, cuatro hermanos ingleses son enviados a una casa de campo para huir de los bombardeos alemanes. Un día, mientras juegan al escondite, la pequeña Lucy se esconde en un armario y de repente aparece en Narnia, un mundo fantástico que vive un invierno perpetuo. Cuando vuelva al caserón, nadie creerá su increíble aventura. Pero Narnia lanzará más mensajes a los niños, porque necesita de su inocencia para ser redimido. Y en esa misión encontrarán al majestuoso león Aslan, una respetuosa analogía del personaje de Jesucristo. Filme aún reciente que gustó a niños y adultos, y que aúna simbolismo cristiano junto a una gran aventura épica.

4. Maktub (2011), de Paco Arango. Manolo atraviesa una grave crisis en su matrimonio. Un día, cercano a la Navidad, conoce a Antonio, un chico con cáncer que tiene unas extraordinarias ganas de vivir, y eso le cambia la vida. Esta película familiar, con formato de cuento navideño, logra divertir y conmover, apelando a los buenos sentimientos. El director propone una fábula con enseñanzas sobre el sentido de la vida y la enfermedad, hablando sin complejos de la muerte, la trascendencia, el amor, la familia, la capacidad de perdonar, la fidelidad y las relaciones entre padres e hijos. Una gran opción para jóvenes y adultos.

5. De ilusión también se vive (1947), de George Seaton. Cercana la Navidad, la jefe de unos grandes almacenes contrata a un viejecito barbudo y simpático para que haga de Santa Claus. El anciano acapara pronto la atención de todos por su derroche de simpatía, y también porque afirma que es el verdadero Santa Claus. Con este planteamiento, la jefa quiere devolver a todos los ciudadanos el auténtico sentido de la Navidad, incluyendo a su escéptica hija. Cinta entrañable, nominada a los Oscar, donde se hace una dura crítica a los impulsos materialistas y consumidores que se anteponen, en estas fechas, al verdadero significado de la Navidad.

6. Family man (2000), de Brett Ratner. Entrañable fábula sobre un personaje que prefirió alcanzar el éxito en vez de casarse con la chica de sus sueños. En vísperas de Navidad, sólo y sin familia, tiene un extraño encuentro con su “Ángel de la guarda” que le hará ver lo que podría haber sido su vida con un matrimonio feliz, con hogar y con hijos.

7. La gran familia (1962), de Fernando Palacios. Un espléndido homenaje a la familia numerosa, que tiene como clímax la pérdida de uno de los hijos en la víspera de la Navidad. La mejor para el sentido familiar de estas fechas.

8. Polar Express (2005), de Robert Zemeckis. Un niño que ha perdido la ilusión de la Navidad se ve metido en un tren rumbo al Polo Norte, para conocer a Santa Claus. A través del viaje, plagado de increíbles aventuras, misterios y canciones , el protagonista viajará a un lugar mucho más escondido e importante, el de su propio corazón. Excelente película de animación en 3 D.

9. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub. Una joven taquillera de metro, secretamente enamorada de uno de los pasajeros, tiene la oportunidad de salvarle la vida, aunque él queda en coma; por una confusión, todos creerán que ella es su novia. Comedia romántica por excelencia, al estilo Capra o LeoMcCarey, que trae a colación la necesidad de afecto y compañía cuando llega la Navidad.

10. Feliz Navidad (2005), de Christian Carion. Narra lo que sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de Ypres (Bélgica), durante la Primera Guerra Mundial. Se decretó una tregua para esa noche que implicaba permanecer en los puestos sin disparo alguno, pero las tropas alemanas iniciaron un villancico, y las tropas británicas respondieron con "Adeste fideles". Luego intercambiaron gritos de alegría y deseos de una feliz Navidad para todos. Al poco, hubo encuentros de unos y otros en la tierra de nadie, y allí se intercambiaron regalos y recuperaron a los caídos. Celebraron funerales con soldados de ambos bandos, llorando las pérdidas y ofreciéndose mutuamente el pésame. Una gran lección de solidaridad cristiana.

viernes, 3 de enero de 2014

El aviso en sueños a José y la matanza de los Inocentes (Navidad en el cine 14)


El período de la Navidad termina con dos acontecimientos simultáneos: la matanza de los inocentes y, justo antes, el aviso en sueños a José.

Del aviso en sueño hay dos películas que han hecho una puesta en escena muy semejante: El Evangelio según San Mateo (1964) y María de Nazaret (1995). La segunda, inspirada claramente en el filme de Pasolini, añade su peculiar estilo simbólico: el recurso a una luz intensa para sugerir la presencia de lo sobrenatural. La cámara enfoca primero a la Virgen con el Niño, se desplaza luego hasta José, y entonces sucede el anuncio en sueños. Lo más llamativo de esta breve escena es la dulzura de la Virgen y su completa docilidad a lo que decide José.



Una composición escénica parecida es la que antes había diseñado Pasolini en el filme de los sesenta. La cámara muestra primero a la Virgen y el Niño, se recrea en Él, y sólo después pasa a José. Aquí el Ángel sí aparece: con esa imagen adolescente que vimos en el aviso inicial del Ángel, y con la autoridad firme de un ser celestial: “Coge al Niño y a su Madre y huye a Egipto”. La partida apresurada de Belén se llena de nostalgia: por una parte, por la música que oímos de fondo (los coros de “La pasión según san Mateo”, de Bach, que cantan solemnes: “Caemos de rodillas, llorando”); por otra, por esa mirada conmovida de María, que recorre con melancolía los lugares de Belén que habitó su Hijo. Sabe que es la última vez que los contempla. Y este sentimiento de añoranza llena esta última parte de la secuencia fílmica.



En Jesús de Nazaret (1977), por contraste, la secuencia se centra en la decisión arbitraria de Herodes y la locura que entonces le consumía: “Ahora, id a Belén y ¡haced historia! ¡¡Matad!! ¡Matad a todos!”. A continuación, unos segundos de suspense –de fondo oímos el rumor de los caballos a galope- nos hace presagiar la inminencia de la tragedia. Llega, inhumana y ciega, la matanza por parte de los soldados; quizás por esa actitud, el director nos oculta su rostro. Y sí vemos, en cambio, los rostros muertos de niños y madres en las callejuelas de Belén. La cámara se mueve, agitada, en aquella terrible desolación. Oímos gritos, carreras, tumultos. Y el asesinato en contraluz, mostrado sólo en sombra, acabará por ser la imagen más dramática. En boca de uno de los ancianos, Zeffirelli coloca el comentario final de S. Mateo: “Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: ‘En Ramá so oyó una voz, llanto y lamento grande. Es Raquel que ll ora por sus hijos, y no quiere consuelo porque ya no existen’”.



En La Natividad (2006), la escena arranca con la cena de Herodes en la que decide la matanza. Junto al tirano vemos a su hijo Herodes Antipas, que treinta años después tomará la mujer de su hermano, Herodías, encerrará y decapitará a S. Juan Bautista, y gobernará Judea durante toda la vida pública del Señor. Ambos traman la masacre, que vamos a ver en dos escenas paralelas: los soldados matando en plena noche, y José despertando por el aviso del Ángel. Toda la secuencia evoca la profecía del Mesías esperado. Uno de los soldados penetra en una casucha y recorre con la antorcha el lugar: es el establo donde habitó la Sagrada Familia, y cada uno de los rincones se llena para el espectador de un indudable encanto. Cuando la antorcha se detiene sobre la cuna del Niño, el momento suena a despedida y a victoria, a nostalgia y a salvación. La sabiduría de Dios Niño ha vencido la astucia y el odio de los soldados de Herodes.

jueves, 2 de enero de 2014

¿Cuándo llegaron los Magos a Belén? (La Navidad en el cine 13)



Las representaciones populares de la Navidad han tendido a unir, en la misma noche del Nacimiento, la adoración de los pastores al Niño y la llegada de los Magos al portal. Esto ha surgido, sobre todo, por una necesidad “escénica”: una pintura o una representación de esa escena resulta mucho más rica y polifónica si unifica en una sola imagen a todos los personajes implicados; así aparece como más grandiosa. Pero los teólogos suponen que ambos hechos estuvieron separados en el tiempo. Desde que avistaron la estrella, prepararon el viaje y llegaron a Jerusalén desde el lejano Oriente, debió pasar casi un año. Eso mismo parece sugerir la decisión de Herodes: “se informó por ellos del tiempo en que había aparecido la estrella” (Mt 2, 7) y, teniendo eso a la vista, manda degollar no a los recién nacidos, sino a todos los varones menores de dos años: debieron decirle que la estrella apareció un año antes.

En las tres escenas que vimos ayer, la llegada de los pastores se muestra casi simultánea a la llegada de los Magos. Y algo similar sucede en Ben Hur. Aquí la escena arranca desde el portal. Los pastores, que han llegado unos minutos antes, se vuelven al oír unas pisadas y aparecen de espaldas los Magos. Entran en el establo y, con ellos, entra también la cámara. Se detienen un instante, se arrodillan y depositan sus presentes. Aún no hemos visto al Niño. El director ha buscado el efecto sorpresa, y retrasa lo más posible el mostrarnos la sublime escena. En el mismo plano –no se ha interrumpido desde el principio- la cámara avanza y vemos al fin a Jesús, María y José. Tres grupos están perfectamente distribuidos en el espacio escénico, como en tres anillos concéntricos: los pastores, los Magos y la Sagrada Familia. Una escena sin palabras, que termina con un toque bocólico: un ternero acude dando saltos hasta su madre, subrayando así el símbolo fundamental de la maternidad.



También en La Natividad se hace coincidir la llegada de pastores y Magos. Aquí el juego de luces es intenso. Primero vemos a los Magos acercándose a contraluz. Luego aparece el establo iluminado por un haz luminoso que señala el lugar donde está Jesús (Mt 2, 9). Y, finalmente, se produce el encuentro de todos los personajes en la Luz (aunque el mundo está a oscuras). Por eso Gaspar exclama: “¡El más grande los Reyes… nacido en el lugar más humilde!”. Los Magos se miran, y uno de ellos añade: “Dios… hecho carne”.

En Jesús de Nazaret, a diferencia de los anteriores, la llegada de los Magos se produce meses después. José y María regresan con el Niño de la purificación en el templo y se sorprenden al ver unos pajes bien vestidos en la puerta de su casa. Ni es de noche ni están ahí los pastores: la imagen es completamente inédita. Además, tampoco se cobijan en una gruta: a José le ha dado tiempo a construir una casa de madera. Y allí se produce el encuentro con los Magos: “No temáis. ¿Dónde está el Niño? Venimos de muy lejos para adorarle”. Se produce entonces un triple juego de miradas: de José y María a los Reyes, de éstos a Jesús, y de éste a la cámara (en esa mirada, el espectador se siente interpelado). Viene entonces la declaración de Baltasar, muy en línea con la escena anterior de La Natividad: “Al venir a aquí, a un establo, creí que nos equivocábamos; pero ahora veo que es muy justo”. Para hacer más explícito el mensaje, Gaspar añade: “No en la gloria, sino en la humildad.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Los Magos y la Estrella (Navidad en el cine 9)

Además de los pastores, otros personajes decisivos completan en estos días la escena de Belén. Se trata de los Magos. Los Evangelios no dice que fueran Reyes, pero la tradición ha supuesto –con cierta lógica– que debían ser tales cuando llegan a Jerusalén preguntando por el Rey de los judíos y cuando, además, son recibidos por la máxima autoridad del lugar: el rey Herodes. Por otro lado, sus regalos son los propios de un rey.

Tampoco dice S. Mateo cuántos eran: “Unos Magos venidos de Oriente” (de ahí sus ropajes persas). Esos Magos podían ser dos, cuatro, seis... Pero como fueron tres sus regalos (oro, incienso y mirra), la tradición ha deducido que ese debía ser el número de los que se reunieron en Belén. Lo que sí mencionan las Escrituras es su profesión: eran magos, es decir, estudiosos de las estrellas y de sus movimientos en el Cielo; y precisamente de ese oficio se valdrá Dios para atraerlos –mediante una estrella– hasta el lugar exacto donde se encontraba Jesús.

En el artículo de hoy vamos a ver cómo son presentados en algunos filmes que han dedicado especial atención a estas tres figuras y a la repentina atracción por la Estrella de Belén. El que mejor lo ha hecho para un público infantil es Los Reyes Magos (2003), película animada dirigida por el español Antonio Navarro. Aquí, cada personaje tiene una personalidad muy marcada. Gaspar es un maestro de futuros magos, prudente y austero, que enseña a los niños a desentrañar los misterios del firmamento; su color es el azul celeste. Melchor es un mago gordinflón y un tanto avaricioso que sueña con descubrir los lugares donde se esconde el oro; sus colores son el marrón, los ocres y el dorado. Y Baltasar es un mago luchador, defensor de los oprimidos, que acude en rescate de los niños cautivos y trata de acabar con la trata de esclavos en África; sus colores son el negro y el azul oscuro.

Los diálogos de Gaspar con los jóvenes aprendices de mago son de lo más sabroso: “Con su luz, las estrellas predicen el futuro de los hombres, guardan los deseos secretos de los niños y nos cuentan historias de batallas, viajes y héroes… Buscáis la fama, pero eso tiene un precio, y ahora es cuando tenéis que empezar a pagarlo: con vuestro sudor y vuestro esfuerzo”.




En La Natividad (2006), Catherine Hardwicke nos acerca al trabajo minucioso de estos magos en escenas cuidadosamente ambientadas. Hasta una lejanísima Persia llega un misterioso legajo que contiene la profecía de los judíos. Gaspar, que conoce la lengua hebrea, es capaz de descifrarlo: “Un estrella… se alzará… desde la tierra… ¡de Israel!”. El Mesías, como señalan también otros fenómenos que han observado en el firmamento, está a punto de nacer entre los hombres.




Poco después, este mismo filme muestra los preparativos del viaje. En boca de Melchor, que escruta un viejo mapa de la zona, oímos el recuento de las dificultades: “Un desierto árido, llanuras inhóspitas, montañas muy escarpadas… hasta llegar a Jerusalén”. La clara determinación de este personaje encuentra resistencia en las dudas de sus compañeros, que desaconsejan un viaje tan arriesgado en solitario: “No deseo ir solo, deseo que vayamos los tres”. En esta breve escena quedan perfectamente reflejados los caracteres de cada uno de los Magos.


jueves, 26 de diciembre de 2013

Adoración de los pastores (Navidad en el cine 8)

Los pastores aparecen en el relato de los Evangelios en dos ocasiones: primero en las montañas, cuando se les aparece el Ángel mientras vigilan el rebaño y pernoctan al raso; segundo en la cueva de Belén, a donde acuden presurosos para comprobar lo que se les ha dicho sobre el Niño.

De la primera escena, el ejemplo más relevante es el de María de Nazaret (1995), de Jean Delannoy. En este filme la luz juega un papel decisivo para sugerir la presencia de lo sobrenatural. En línea con Zeffirelli, el director francés rechaza mostrar explícitamente a los seres angélicos, y en las revelaciones anteriores (en la Anunciación o en los sueños de José) a la voz del Ángel acompaña un fuerte halo de luz que irrumpe desde arriba y lo inunda todo. También aquí, en el anuncio a los pastores, el tratamiento cinematográfico es parecido, aunque el efecto de misterio quiere reforzarse –quizás excesivamente- por un fondo musical inquietante y un tono ahuecado en la voz del Ángel. La idea de que transmite un mensaje de Dios se subraya en la toma cenital (vemos la escena desde arriba, por encima de las cabezas de los pastores) y en el hecho de que todo el artificio de la puesta en escena (luz, música, punto de vista) desaparece de improviso en cuanto termina el discurso del mensajero celestial.




En La Natividad (2006), vemos la llegada de los pastores en un doble plano. Primero, desde el camino, con la progresiva aparición de las figuras, y después desde la gruta, donde lo que se subraya es la acogida de María y de José. También aquí la luz sobre la gruta tiene una intencionalidad dramática: subraya la presencia de Dios en ese Niño tan pequeño e indefenso; ahí está el Hijo de Dios. De todos los pastores, hay uno que se adelanta y cobra protagonismo en la escena. Es aquel que María y José encontraron en su camino a Jerusalén, y que les habló misteriosamente de descubrir el regalo que cada uno lleva dentro de sí. Ahora, ante el Niño en brazos de su Madre, descubre al fin cuál es el obsequio que Dios había puesto en su interior: poder contemplar y acariciar al Redentor. Por eso le dice María en un aparte: “Ha venido para salvarnos… Y todos recibimos este presente”.




Por último, Jesús de Nazaret muestra la llegada de los pastores desde un personaje que no aparece en los Evangelios: la gitana del mesón, que les orientó para llegar a la gruta y que ha regresado para ayudar a la joven Madre y al inexperto José. En días anteriores vimos como Zeffirelli insistía en que la ayuda a Jesús Niño vino del lado de la gente humilde. Aquí , esta idea se ve confirmada con la llegada de los pastores, inicialmente “expulsados” por la gitana –para que no molesten a María ni al Niño– y posteriormente acogidos por José, que comprende que han sido enviados por el Ángel para ser los primeros adoradores del Niño Dios. El recuerdo entrecortado de las palabras del Ángel (su corazón ha entendido mucho más que lo que su inteligencia ha podido retener de aquellas palabras angélicas) es la mejor tarjeta de visita para justificar su presencia allí. Y su humilde adoración al Niño, subrayada por la banda musical, es la máxima reverencia que los hombres podíamos dar a quien es Dueño de todo el Universo.
(Pinchar en la imagen para ver el vídeo)

miércoles, 25 de diciembre de 2013

¡Jesús nace en Belén! (Navidad en el cine 7)

Hoy celebramos el nacimiento de Jesús. Dios que nace en una cueva, en un pesebre. Cada película ha reflejado esta escena –y la que le precede: la llegada a la gruta de Belén– con un tono y un ritmo muy diferente, según el sentido que ha pretendido cada director.

En La Natividad (2006), Catherine Hardwick ha filmado la llegada al establo de Belén con un ritmo creciente. La Virgen siente que llega su hora, y José acelera el paso con nerviosismo. Llegamos. Belén está ante nuestros ojos. Pero Belén no es aquí ese tumulto de forasteros, amontonados por las calles, que hemos visto en otros filmes; aquí es un conjunto de casas pequeñas y sin calor: frías, solitarias, un tanto inhóspitas. Ninguna de ellas abre sus puertas a las llamadas de José: es la frialdad en persona la que recibe indiferente la llegada del Mesías.

Mientras tanto, la Virgen está ya a punto de dar a luz. No sabiendo ya qué hacer, José la coge en sus brazos y sigue gritando por las calles, en busca de refugio: “¡Por favor, un techo donde cobijarnos!”. Sólo una persona les escucha: ni siquiera les habla, señala simplemente en una dirección en cuyo final se vislumbra un establo. Y allí deposita a la Virgen, en medio de ovejas y ganado, tras una carrera de desesperación.

En contraste con esta creciente agitación (Hardwick se ha fijado sobre todo en el dramatismo de la escena), las siguientes imágenes revelan un clima de paz, serenidad y contemplación. Una estrella en el firmamento anuncia que el Mesías ha llegado ya. Y vemos varios grupos que miran hacia el Cielo: S. Joaquín y Santa Ana, en primer lugar; y luego Simeón y su mujer.



En Jesús de Nazaret (1977), Zeffirelli desarrolla esta escena de modo muy diferente, con un ritmo más pausado. Después de que la gitana les indique el camino hacia la gruta (la secuencia que vimos ayer), José y María se refugian en el establo. La siguiente escena muestra la aparición de la Estrella, que –como en casi todos los filmes– sustituye y simboliza el momento –imposible de filmar– del nacimiento de Cristo. La acción aquí se remansa: una Vida nueva aparece en el firmamento, una luz más brillante que todas las demás para iluminar un mundo a oscuras. Lentamente, José deposita al Niño en brazos de su Madre. Y llega entonces la gitana, que había advertido que vendría al terminar su jornada de trabajo. Sí: nuevamente son los pobres y desamparados los que acogen a Cristo en su llagada a la tierra. Ella sabe bien cómo arreglárselas en esa situación, por eso da instrucciones precisas a José: “Ponlo ahí, en el pesebre, y procura que haya paja fresca para que tenga calor. Yo me ocuparé de ella”. El travelling de aproximación al rostro del Niño, acorde con la serenidad de toda la escena, es una clara invitación al espectador para que contemple en silencio ese momento.



Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”. Así resume S. Lucas el momento más trascendental de la historia de los hombres, con una clara referencia a la actividad de María (arropa, viste y acomoda al Niño) que ha sido interpretada por los exégetas como una muestra más de que la Virgen se vio libre de los dolores del parto.

En esta escena de La Natividad (2006), vemos que José ha preparado ya una cuna (un anacronismo que, sin embargo, casa bien con las imágenes tradicionales de nuestros belenes) y ayuda, después, a la Virgen a poner al Niño allí. La conversación que mantuvieron en el viaje (y que vimos el lunes pasado) parece reanudarse aquí: con el mismo afecto, con el mismo tono de intimidad. “¿Estás bien?”, pregunta José. Y responde María: “Ha recibido la fuerza que había pedido: fuerza de Dios… y de ti”. Su caricia en el rostro de José es correspondido con un beso en el dorso de su mano. Y esa tierna relación nos recuerda que, en la Sagrada Familia, todo estuvo presidido por el Amor.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Las penalidades del viaje a Belén (Navidad en el cine 5)

El filme Rey de Reyes (1961), de Nicholas Ray, incluye una breve secuencia sobre el duro viaje a Belén. Mientras vemos en pantalla las imágenes del trayecto (José tirando del asno sobre el que va María embarazada), la voz en off del narrador alude al sentido profético de ese viaje, recogiendo las palabras literales de S. Mateo: “Está escrito. En aquellos días Cesar Augusto publicó un decreto ordenando el empadronamiento general. Todos hubieron de marchar a sus ciudades a inscribirse”.

La ulterior referencia a José –“pobre carpintero”– subraya la humildad de la Sagrada Familia, en contraste con la altivez de los personajes que hemos visto o vamos a ver de inmediato: el rey Herodes, los soldados, el posadero de Belén, etc.



 En el guión de La Natividad (2006), Catherine Hardwick concedió una importante notable a las peripecias del viaje a Belén. Al principio, advertimos la cara amable y gozosa del trayecto; incluso vemos la hospitalidad de los pescadores con los que se cruzan en el camino. También se aprecia –levemente– la solidaridad entre los viajeros de la caravana, que ofrecen sus viandas a la joven pareja. Pero lo más interesante es el tono íntimo y sobrenatural de la conversación que fluye entre la Virgen y S. José. María introduce la conversación aludiendo a los movimientos del Niño en su seno, y al poco pregunta a su marido por las revelaciones del Ángel en sueños. De este modo, somos partícipes de una confidencia íntima, en la que salen a relucir sus miedos, pero también el gozo de la inminente venida de Dios al mundo.

 

 Más avanzada la trama, la inicial bonanza que Hardwick retrata en los primeros compases se torna arisca, dura y agotadora. Primero les vemos abrirse paso en una tormenta de arena, y después les vemos caminar sobre las punzantes rocas de la montaña. Desde el punto de vista de la Virgen, montada en el asno, vemos en picado los talones heridos de José: la mirada atenta de María –como más tarde en Caná– advierte enseguida que su marido necesita cuidados. Y en la siguiente escena, su cariño maternal se vuelca en un afecto profundamente humano, sin dejar de ser divino. Su oración íntima a Jesús, en lo escondido, despierta en el espectador una profunda resonancia: “Hijo mío, tendrás a un hombre bueno y honesto para criarte; un hombre que renunciará a sí mismo y se dará a los demás”.

 

domingo, 22 de diciembre de 2013

Preparativos del viaje a Belén (Navidad en el cine 4)

Los Evangelios nada dicen de los preparativos del viaje a Belén. En la historia del Séptimo Arte, cada director ha imaginado una solución distinta a esta escena, en la que José debe tomar decisiones importantes: ir a Belén y cumplir el mandato o quedarse en Nazaret para cuidar de María, acudir él solo o acompañado de su esposa, en qué momento partir y cómo organizar el trayecto.

La película Jesús de Nazaret (1977), de Franco Zeffirelli, centra este pasaje en la figura del carpintero, quizás porque en las escenas anteriores (Anunciación, visitación, Nacimiento del Bautista), la figura central ha sido la Virgen. Aquí, es José quien lleva las riendas de la escena, y esta actitud nos permite descrubrir, de forma muy nítida, la altura moral de este personaje en quien Dios había confiado una misión decisiva: hacer las veces de padre de Jesús, dirigir el hogar de Nazaret, cuidar del Niño y de María.

En toda la escena manifiesta su completa identificación con la Voluntad divina, por eso aprecia de inmediato que en el censo de Cesar Augusto se cumple la profecía de que el Mesías nacerá en Belén. “Hasta Augusto obedece a Dios”, exclama entusiasmado. La presencia de Santa Ana –enferma y postrada en el lecho– refuerza algo que ya hemos visto en la secuencia de la Anunciación: su carácter de testigo directo de todas las maravillas que Dios realizó en su hija, en María.



Una solución distinta a la de Zeffirelli es la que Jean Delannoy plasma en su película María de Nazaret (1995). Aquí la protagonista es María, que aparece totalmente decidida a acompañar a José, y es quien toma las decisiones del viaje. Con una imagen más realista de su embarazo –debía estar de ocho meses en el momento del anuncio del censo–, María resuelve las dudas de José: “No puedes retrasar el viaje hasta después de que nazca el Niño, ¡te encarcelarían! Y ¿qué haríamos nosotros sin ti?”. María está resuelta: “Mañana iremos a Belén, es lo prudente”. Y aunque no menciona a Dios, parece evidente que su deseo no es otro que el de cumplir su Voluntad. Así empieza el doloroso viaje: en apenas tres segundos nos damos perfecta cuenta de lo mucho que debió de padecer María en ese trayecto.



 Finalmente, en La Natividad (2006) la escena de los preparativos se resuelve en una conversación familiar: están presentes S. Joaquín, Santa Ana, la Virgen y S. José. La decisión es compartida. El carpintero inicia el diálogo: no puede censarse en Nazaret, debe ir a Belén, e insinúa que tal vez María deba acompañarla. Santa Ana tercia en ese punto: a Ella le permitirán quedarse. Pero Joaquín replica con dureza: “No le permitirán nada”. También aquí es la Virgen quien resuelve la situación: pase lo que pase, acompañará a su esposo. Una vez tomada la decisión, la conversación se centra en los preparativos: Joaquín ofrece el asno para el viaje –lo único que la familia tiene para subsistir– y José, conmovido, promete que cuidará de su hija y del Niño con todas sus fuerzas.

 

Empadronamiento de Cesar Augusto (Navidad en el cine 3)

La película Ben Hur (William Wyler, 1959) arranca justamente con la secuencia del empadronamiento. Toda la primera parte –casi 20 minutos– está dedicada al Nacimiento de Jesús (no en vano, tiene por subtítulo: “A tale of Christ”) y recorre con cierta parsimonia los episodios que preceden a Belén. El primero de todos, como punto de partida para toda su historia novelada, es el empadronamiento de César Augusto.

Aún sobre los títulos de crédito, una voz nos sitúa en el marco histórico-político de aquel censo, que avivó en el pueblo judío los anhelos de liberación. Judea, que llevaba un siglo bajo el yugo romano y vivía a la espera de un nuevo Mesías, experimentó con este suceso una repentina añoranza de su antiguo esplendor: la gran Jerusalén, la Torre Antonia... tantos y tantos lugares que evocaban su pasado.



Por contraste a ese marco histórico, La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke, sitúa el empadronamiento en una supuesta intriga del rey Herodes para acabar con el Mesías esperado. Hardwicke atribuye a este personaje un mayor protagonismo en las escenas del Nacimiento de Cristo que el escuetamente señalado en los Evangelios. Herodes, temeroso de que alguien pueda arrebatarle el poder y obsesionado con la profecía de un nuevo Rey de Israel, aprovecha el censo de Cesar Augusto para obligar a los judíos a volver a su ciudad de origen: así podrá localizar a ese Mesías liberador, pues la profecía indica que surgirá de la estirpe de David. Si es verdad que existe, deberá acudir necesariamente a Belén. En la escena siguiente, el anuncio del censo por parte de los soldados siembra la inquietud en la pequeña aldea de Nazaret. José, con su esposa embarazada de ocho meses, recibe aquella noticia con especial preocupación.



 Finalmente, la película Jesús (1979), codirigida por Peter Sykes y John Krisch, hace del empadronamiento el punto de arranque de una historia continuada y fluida, recorrida a ritmo vertiginoso, que abarca todos los acontecimientos de la infancia de Jesús: anuncio del censo, la llegada a Belén, la falta de sitio en la posada y el cobijo en la gruta; después, el anuncio a los pastores, el nacimiento del Niño y la adoración de aquellos en el portal; y finalmente, la presentación en el Templo, la circuncisión y el cántico profético de Simeón. Todo en 2’30”. Una secuencia que, por su fuerte concatenación, pide ser expuesta en su totalidad, y en la que apreciamos, sobre todo, su carácter didáctico –el narrador explica todos los sucesos, son una clara intencionalidad catequética- y la acertada ambientación costumbrista de las construcciones y vestimentas de la época. El doblaje es sudamericano.

sábado, 21 de diciembre de 2013

El Ángel resuelve las dudas de José (Navidad en el cine 2)

El pasaje de las dudas de José es uno de los más angustiosos de todo el Evangelio. Un hombre justo, que sabe en su corazón que su mujer es inocente, no puede comprender cómo ella está encinta. Se ve como acorralado, entre las sospechas del pueblo y el silencio sagrado de María. Está literalmente entre la espada y la pared.



 En El Evangelio según San Mateo (1964), Pier Paolo Pasolini refleja esa angustia fiel a su estilo: en toda la primera parte del filme no se oyen palabras humanas (sólo las que provienen de almas limpias: las del Ángel o las de los niños) y todo en ese fragmento es dicho con los gestos y los silencios. La inocencia de María que anuncia Gabriel se simboliza en la propia inocencia del Arcángel: su figura recuerda la de una adolescente, y su aparición se produce justamente donde antes jugaban los niños. Al regresar, José recuerda unas palabras de Isaías (“He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo”) que S. Mateo recoge en su libro. Y es que Pasolini –de ahí el título del filme- quiso seguir al pie de la letra el relato de ese primer Evangelio.

 En Jesús de Nazaret (1977), Zeffirelli refleja el sueño inquieto de José: tiene una pesadilla en la que ve a su esposa María acosada por el pueblo de Nazaret. Quieren lapidarla, y recogen piedras con gesto amenazante. Aquí el director italiano establece un claro paralelismo con la escena de la mujer adúltera: así como el Señor no se quedó al margen, sino que actuó para salvar a aquella mujer pecadora, José comprende en ese sueño que debe actuar, que no puede limitarse a repudiarla. Cuando despierta por la voz del Ángel (Zeffirelli rehusó mostrar seres sobrenaturales en el filme) escuha la confirmación de que esa es justamente la voluntad de Dios.

 

 Una solución parecida a ésta será la que emplee Catherine Hardwicke en La Natividad (2006). Sin percibirlo con claridad, el espectador se ve metido en el sueño de José: los habitantes de Nazaret quieren lapidar a María, y el angustiado carpintero –los acontecimientos le hacen sentirse traicionado- experimenta un fuerte deseo de venganza. Entonces comprendemos que no estamos en la realidad, que eso sólo puede ser un sueño: José nunca podría desear algo así. En medio de la pesadilla aparece la figura de Gabriel, que hemos visto antes en la Anunciación, y su voz le aclara todo lo sucedido. La escena termina con un pasaje que suele omitirse en los demás filmes: la conversación consoladora entre José y María, que sigue inmediatamente a este tormentoso episodio, y que torna la amargura en infinita felicidad

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sábado, 14 de diciembre de 2013

Las 10 mejores películas sobre la Navidad

Este blog ha sobrepasado los cuatro años de vida y los 520 artículos. Es un buen momento para recordar algunos de los post que más interés suscitaron. Uno de los más visitados fue el que dediqué a las mejores películas navideñas. De forma más sintética y actualizada, lo reproduzco en estas fechas en que vuelve a tener sentido.

Aunque acabamos de entrar en el Adviento, para muchos la Navidad está ya a la vuelta de la esquina. Muchas calles están adornadas, y El Corte Inglés se encarga ya de recordarnos de que se acerca la época de hacer regalos.

En este contexto, dentro de poco empezará a programarse en televisión un particular género televisivo que podríamos denominar “películas navideñas”. Estas películas incorporan algunos de los valores más típicamente cristianos: el reencuentro familiar, los deseos de felicidad, la preocupación por los enfermos y los más desfavorecidos, el anhelo de retornar a la inocencia y a la infancia.

Algunos filmes, sin embargo, han querido despojar a la Navidad de algunos de estos atributos, y la han representado amarga, decepcionante, tristona y falsa.

De las auténticas películas navideñas, "¡Qué bello es vivir!" es sin duda la más conocida: la que año tras año sigue viéndose en todos los hogares de Estados Unidos (y de muchos otros países) y la que ha permanecido en la memoria y en las preferencias del público.

Para continuar ese listado, y como sugerencia para alquilar en un videoclub las próximas semanas, incluyo mi personal lista de "las diez mejores películas sobre la Navidad": incluye sólo filmes familiares, y -junto a películas clásicas- prima algunas más recientes, que puedan ser asequibles para todos y más fáciles de encontrar en los videoclubs:

1. ¡Qué bello es vivir! (1946), de Frank Capra. La víspera de Navidad, George Bailey está con el agua al cuello. Toda su vida ha renunciado a proyectos personales para ayudar a su comunidad; pero ahora el banco que ha creado para socorrer a la gente está al borde la quiebra, y Bailey va a un puente dispuesto a arrojarse al agua, pensando que todos sus esfuerzos han sido en balde. La repentina aparición de Clarence, un ángel que todavía no se ha ganado las alas, le hará ver cómo hubiera sido la vida de su familia y sus amigos si él no hubiese existido. Número uno indiscutible del género, que sigue transmitiendo esperanza y optimismo a públicos de todas las culturas.

2. La Natividad (2006), de Catherine Hardwicke. Recrea con acierto los escenarios, costumbres y utillaje de la época en que nació Cristo, pero falla en el retrato de la Virgen, que aparece siempre tímida e introvertida. Con todo, una buena preparación para vivir el sentido religioso de la Navidad.

3. Las Crónicas de Narnia (2005), de Andrew Adamson. Todo un clásico de la literatura infantil, escrito por C. S. Lewis. Durante la II Guerra Mundial, cuatro hermanos ingleses son enviados a una casa de campo para huir de los bombardeos alemanes. Un día, mientras juegan al escondite, la pequeña Lucy se esconde en un armario y de repente aparece en Narnia, un mundo fantástico que vive un invierno perpetuo. Cuando vuelva al caserón, nadie creerá su increíble aventura. Pero Narnia lanzará más mensajes a los niños, porque necesita de su inocencia para ser redimido. Y en esa misión encontrarán al majestuoso león Aslan, una respetuosa analogía del personaje de Jesucristo. Filme aún reciente que gustó a niños y adultos, y que aúna simbolismo cristiano junto a una gran aventura épica.

4. Solo en casa (1990), de Chris Columbus. Clásico indiscutible del cine familiar de los noventa. Otra historia de familia numerosa, con 8 hermanos de carácter muy distinto. Aventuras, diversión y aprecio a la familia… con la pequeña conversión del “hijo desastre” gracias a la Navidad.

5. De ilusión también se vive (1947), de George Seaton. Cercana la Navidad, la jefe de unos grandes almacenes contrata a un viejecito barbudo y simpático para que haga de Santa Claus. El anciano acapara pronto la atención de todos por su derroche de simpatía, y también porque afirma que es el verdadero Santa Claus. Con este planteamiento, la jefa quiere devolver a todos los ciudadanos el auténtico sentido de la Navidad, incluyendo a su escéptica hija. Cinta entrañable, nominada a los Oscar, donde se hace una dura crítica a los impulsos materialistas y consumidores que se anteponen, en estas fechas, al verdadero significado de la Navidad.

6. Family man (2000), de Brett Ratner. Entrañable fábula sobre un personaje que prefirió alcanzar el éxito en vez de casarse con la chica de sus sueños. En vísperas de Navidad, sólo y sin familia, tiene un extraño encuentro con su “Ángel de la guarda” que le hará ver lo que podría haber sido su vida con un matrimonio feliz, con hogar y con hijos.

7. La gran familia (1962), de Fernando Palacios. Un espléndido homenaje a la familia numerosa, que tiene como clímax la pérdida de uno de los hijos en la víspera de la Navidad. La mejor para el sentido familiar de estas fechas.

8. Polar Express (2005), de Robert Zemeckis. Un niño que ha perdido la ilusión de la Navidad se ve metido en un tren rumbo al Polo Norte, para conocer a Santa Claus. A través del viaje, plagado de increíbles aventuras, misterios y canciones , el protagonista viajará a un lugar mucho más escondido e importante, el de su propio corazón. Excelente película de animación en 3 D.

9. Mientras dormías (1995), de Jon Turteltaub. Una joven taquillera de metro, secretamente enamorada de uno de los pasajeros, tiene la oportunidad de salvarle la vida, aunque él queda en coma; por una confusión, todos creerán que ella es su novia. Comedia romántica por excelencia, al estilo Capra o LeoMcCarey, que trae a colación la necesidad de afecto y compañía cuando llega la Navidad.

10. Feliz Navidad (2005), de Christian Carion. Narra lo que sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de Ypres (Bélgica), durante la Primera Guerra Mundial. Se decretó una tregua para esa noche que implicaba permanecer en los puestos sin disparo alguno, pero las tropas alemanas iniciaron un villancico, y las tropas británicas respondieron con "Adeste fideles". Luego intercambiaron gritos de alegría y deseos de una feliz Navidad para todos. Al poco, hubo encuentros de unos y otros en la tierra de nadie, y allí se intercambiaron regalos y recuperaron a los caídos. Celebraron funerales con soldados de ambos bandos, llorando las pérdidas y ofreciéndose mutuamente el pésame. Una gran lección de solidaridad cristiana.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Los Reyes Magos: Historia, tradición y cine

Hay unos personajes que todos sentimos muy vinculados a la Navidad –sobre todo, los niños- y de los que apenas nos hablan los Evangelios. Se trata de los Reyes Magos, cuya imagen ha sido muy elaborada por la tradición, hasta el punto de que no suelen faltar en ningún belén del mundo.

San Mateo escribe que "unos Magos llegaron de Oriente a Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el Rey de los Judíos que ha nacido?" (Mt 2, 1-2). En esa frase sólo indica su profesión: eran Magos, estudiosos de los astros y de sus movimientos en el Cielo; y precisamente de ese oficio se valdrá Dios para atraerlos –mediante una estrella- hasta el mismo lugar donde se encuentra Jesús. Pero no afirma que sean Reyes. Es éste un añadido del pueblo, que ha supuesto –con cierta lógica- que debían ser poderosos cuando fueron recibidos por la máxima autoridad de Jerusalén, Herodes, y cuando preguntan explícitamente por "el Rey de los Judíos".

Tampoco afirma cuántos eran: "unos Magos". Podían ser dos, cuatro, seis... Pero como fueron tres sus regalos (oro, incienso y mirra), la tradición ha deducido que ese debía ser el número de los magos reunidos en Belén. Sus nombres tampoco están en la Escritura: aparecen por vez primera en un mosaico bizantino localizado en Ravena (Italia) que se fecha en torno al año 520. En él figura una leyenda sobre los tres magos que dice "+SCS BALTHASSAR +SCS MELCHIOR + SCS GASPAR"; esto es, sagratísimos -o veneradísimos- Baltasar, Melchor y Gaspar (Ver imagen de arriba).

La primera descripción de los Reyes Magos se la debemos al teólogo anglosajón Beda el Venerable (675-735): "El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba; fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero, llamado Baltasar, de tez morena (más tarde se le representaría negro) mostró su reconocimiento ofreciéndole mirra, que significaba que el Hijo del hombre debía morir."

Las representaciones cinematográficas de los Magos han seguido fielmente la iconografía popular: son tres, se comportan como reyes, vienen sobre camellos y les acompañan una cohorte de pajes y servidores. En todas las películas se les retrata así, y ahí termina también toda su intervención en la historia, aunque hay tres filmes que han añadido algo más para completar el relato. En Ben Hur (1959), tal como aparece también en la novela, Melchor profetiza los padecimientos de Jesús y establece así un paralelismo simbólico con los dolores que aguardan al aristócrata judío. En La Natividad (2006) se incluyen al principio algunas escenas de los Magos en su trabajo como astrónomos: su observación del firmamento, el descubrimiento de la estrella, y –tras la consulta de algunos legajos- la conexión de este fenómeno con las profecías mesiánicas. Finalmente, en Jesús de Nazaret (1977) vemos cómo los Magos se van juntando por el camino y cómo dialogan acerca de su actitud frente a Herodes. También ayudan a descubrir el sentido espiritual de lo que está pasando. Así, cuando Baltasar contempla al Niño, comenta a José y a María: “Al venir aquí, creí que nos equivocábamos, pero ahora veo que es muy justo; y, por si esto fuera poco, Gaspar añade: “No en la gloria, sino en la humildad”.

Hay un punto en el que la representación de los Magos diverge de unos filmes a otros, y es el de su presencia junto a los pastores en la gruta de Belén. Ya hemos comentado en otro post que esa reunión es poco probable. Ha cristalizado en el imaginario de la Navidad por una necesidad “escénica”: una pintura o una representación de la Navidad resultan mucho más completas e interesantes si se resumen en una sola escena todos los personajes implicados; así la noche del Nacimiento aparece como más “grandiosa”. Pero los teólogos suponen que ambos hechos estuvieron separados en el tiempo. Por una parte, los Magos debieron tardar algunos meses en llegar a Jerusalén desde el lejano Oriente. Por otra, Herodes manda degollar no a los recién nacidos, sino a todos los varones menores de dos años: esto hace suponer que el Nacimiento del que le hablan debió haber ocurrido un año antes.

Curiosamente, las primeras películas sobre Jesús sí muestran esa separación temporal. Vida y pasión de Jesucristo (1907), de Zecca, y Del pesebre a la Cruz (1912), de Sidney Olcott, muestran primero la llegada de los pastores a la cueva y, más tarde, la aparición de los Magos en la casa de José y María, un lugar mucho más acogedor que el portal.

Sin embargo, será en los años sesenta cuando ambas escenas se solapen en el tiempo. Rey de reyes (1961) muestra una ciudad de Belén corrompida por los romanos y ahí sitúa a un posadero egoísta y nervioso, que rechaza sin miramientos a la joven pareja. Cuando, poco después, los Magos llegan a la ciudad de David –“venían de Persia, Mesopotamia y Etiopía”, nos dice la voz en off- aparecen en el establo sin diálogo previo con Herodes, y allí ya están presentes los pastores. De igual modo, aunque desde otra perspectiva, La historia más grande jamás contada (1965) sigue el relato de los Magos, describe minuciosamente el careo con el tetrarca y nos lleva con ellos hasta el portal, donde ya los pastores han ofrecido sus cántaros y ovejas. En esta misma línea se situará también el relato de La Natividad, cuyo guión tiene necesariamente que unir ambas escenas para solemnizar así el momento cumbre de la cinta: el nacimiento de Cristo en la gruta de Belén.

Por el contrario, otras películas han reflejado la separación en el tiempo de una y otra adoración al Niño: la de los pastores y la de los Magos. Jesús de Nazaret es un claro ejemplo, con una distinción de secuencias que afecta también a la puesta en escena: solemne y lenta en el Nacimiento, con los pastores llegando por la noche hasta la gruta; sobria y natural en la epifanía, con los Reyes llegando por el día hasta la casa. Como vemos en el fotograma, el Niño tiene alrededor de un año, la Virgen está de pie y en plena faena, y la casa evidencia el trabajo de José para hacerla más confortable.

De todo esto celebraremos su fiesta el próximo día 6. ¡Felicidades a todos por la Solemnidad de la Epifanía!

domingo, 23 de diciembre de 2012

Jesús nace en Belén: Cómo el cine ha reflejado esa escena

Mañana celebramos el nacimiento de Jesús. Dios que nace en una cueva, en un pesebre. Cada película ha reflejado esta escena –y la que le precede: la llegada a la gruta de Belén– con un tono y un ritmo muy diferente, según el sentido que ha pretendido cada director.

En La Natividad (2006), Catherine Hardwick ha filmado la llegada al establo de Belén con un ritmo creciente. La Virgen siente que llega su hora, y José acelera el paso con nerviosismo. Llegamos. Belén está ante nuestros ojos. Pero Belén no es aquí ese tumulto de forasteros, amontonados por las calles, que hemos visto en otros filmes; aquí es un conjunto de casas pequeñas y sin calor: frías, solitarias, un tanto inhóspitas. Ninguna de ellas abre sus puertas a las llamadas de José: es la frialdad en persona la que recibe indiferente la llegada del Mesías.

Mientras tanto, la Virgen está ya a punto de dar a luz. No sabiendo ya qué hacer, José la coge en sus brazos y sigue gritando por las calles, en busca de refugio: “¡Por favor, un techo donde cobijarnos!”. Sólo una persona les escucha: ni siquiera les habla, señala simplemente en una dirección en cuyo final se vislumbra un establo. Y allí deposita a la Virgen, en medio de ovejas y ganado, tras una carrera de desesperación.

En contraste con esta creciente agitación (Hardwick se ha fijado sobre todo en el dramatismo de la escena), las siguientes imágenes revelan un clima de paz, serenidad y contemplación. Una estrella en el firmamento anuncia que el Mesías ha llegado ya. Y vemos varios grupos que miran hacia el Cielo: S. Joaquín y Santa Ana, en primer lugar; y luego Simeón y su mujer.

En Jesús de Nazaret (1977), Zeffirelli desarrolla esta escena de modo muy diferente, con un ritmo más pausado. Después de que la gitana les indique el camino hacia la gruta, José y María se refugian en el establo. La siguiente escena muestra la aparición de la Estrella, que –como en casi todos los filmes– sustituye y simboliza el momento –imposible de filmar– del nacimiento de Cristo. La acción aquí se remansa: una Vida nueva aparece en el firmamento, una luz más brillante que todas las demás para iluminar un mundo a oscuras.

Lentamente, José deposita al Niño en brazos de su Madre. Y llega entonces la gitana, que había advertido que vendría al terminar su jornada de trabajo. Sí: nuevamente son los pobres y desamparados los que acogen a Cristo en su llagada a la tierra. Ella sabe bien cómo arreglárselas en esa situación, por eso da instrucciones precisas a José: “Ponlo ahí, en el pesebre, y procura que haya paja fresca para que tenga calor. Yo me ocuparé de ella”. El travelling de aproximación al rostro del Niño, acorde con la serenidad de toda la escena, es una clara invitación al espectador para que contemple en silencio ese momento.

 

Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre”. Así resume S. Lucas el momento más trascendental de la historia de los hombres, con una clara referencia a la actividad de María (arropa, viste y acomoda al Niño) que ha sido interpretada por los exégetas como una muestra más de que la Virgen se vio libre de los dolores del parto.

 En esta escena de La Natividad (2006), vemos que José ha preparado ya una cuna (un anacronismo que, sin embargo, casa bien con las imágenes tradicionales de nuestros belenes) y ayuda, después, a la Virgen a poner al Niño allí. La conversación amable que mantuvieron en el viaje parece reanudarse aquí: con el mismo afecto, con el mismo tono de intimidad. “¿Estás bien?”, pregunta José. Y responde María: “Ha recibido la fuerza que había pedido: fuerza de Dios… y de ti”. Su caricia en el rostro de José es correspondido con un beso en el dorso de su mano. Y esa tierna relación nos recuerda que, en la Sagrada Familia, todo estuvo presidido por el Amor.

lunes, 14 de mayo de 2012

Las 10 mejores películas sobre la Virgen

Hace dos años y medio publiqué en este blog mi listado sobre las 10 mejores películas sobre Jesús, que aún hoy sigue siendo uno de los post más visitados. Poco después publiqué las 10 mejores películas navideñas, que también tuvo buena acogida. Y, en meses sucesivos, otros listados igualmente populares: las 25 mejores películas románticas, las 100 películas más inspiradoras de la historia, las 100 mejores películas católicas, etc.

Hoy le toca el turno a la Virgen. Estamos en el mes de mayo, mes mariano por excelencia, y es un buen momento para recordar cuáles han sido los grandes filmes que han tenido por protagonista  a la Madre de Jesús. He priorizado las películas que más fácilmente pueden encontrarse en el videoclub (por ser más recientes o más populares) y he distinguido dos categorias: las que relatan su vida y las que se centran en sus apariciones. Porque ambos aspectos han interesado desde siempre a los cineastas. En la primera lista, indico qué actriz hace de la Virgen (V) y qué actor de Jesucristo (J).

Espero que os guste. Y, por supuesto, agradeceré vuestros comentarios y sugerencias.

A) Películas sobre la Virgen:

1- María de Nazaret (Jean Delannoy, Francia, 1995). V: Myriam Muller. J: Didier Bienaimé. Con un guión muy fiel a los textos bíblicos, dedica la mayor parte del metraje a la infancia de Jesús: desposorios de la Virgen, Anunciación y Visitación, Nacimiento y Huida a Egipto, etc. También presenta a María siguiendo a su hijo y sintonizando con sus palabras y su misión. En una escena significativa la vemos ayudando a los niños para que se acerquen a Jesús.

2- Mary, Mother of Jesus (Kevin Connor, Estados Unidos, 1999). V: Pernilla August. J: Christian Bale. Película para televisión que se pasó también en los cines. Cuenta la historia de Jesús desde los ojos de María. El filme enfatiza la importancia de la Virgen en el Señor, sugiriendo que algunas de sus parábolas fueron inspiradas por historias que Ella le contó. También recoge una escena, basada en la Tradición, en la que Cristo resucitado se aparece privadamente a su Madre.

3- Maria, figlia del suo figlio (Fabrizio Costa, Italia, 2000). V: Yaël Abecassis. J: Nancho Novo. El guión es de Massimo De Rita. Sigue los Evangelios al pie de la letra, aunque rellena la historia con pasajes imaginados y un par de escenas sacadas de los apócrifos. Cuenta la historia de María, desde la Concepción virginal de Jesús hasta la Asunción de la Virgen al cielo.

4- La pasión de Cristo (Mel Gibson, Estados Unidos, 2004). V: Maia Morgenstern. J: James Caviezel. Incluyo este filme sobre Jesús por la relevancia conferida a la Virgen. María es co-protagonista y corredentora: unida a su Hijo, sufre en su alma todo lo que su Hijo sufre en la pasión. Sólo Ella advierte la presencia del diablo. Por contraste a las turbas enloquecidas, la Virgen transmite siempre serenidad, amor maternal, aceptación de la Voluntad divina.

5- La Natividad (Catherine Hardwicke 2006). Bien documentada, recrea con acierto los escenarios, vestuario y utillaje de la época. Sigue las principales escenas de la vida de María (noviazgo, desposorios, nacimiento de Jesús), y dibuja con ternura los detalles de afecto entre José y María. Pero su retrato de la Virgen es confuso: aparece con frecuencia tímida y asustadiza. Su retrato divino se difumina: no la reconocemos como "la llena de gracia". Y, además, el filme omite su principal discurso: el "Magnificat". Con todo, es una película piadosa, apropiada para los niños y para la Navidad.

b) Películas sobre las apariciones de la Virgen:

En Lourdes:
6- La canción de Bernadette (Henry King, Estados Unidos, 1943) . Hermosa recreación de las apariciones de la Virgen en Lourdes, en 1858, a la joven María Bernarda Soubirous. Uno de los debuts más aclamados de la historia del cine, el de una jovencísima Jennifer Jones, que consiguió un Oscar por este papel. Gran parte del mérito se debe a la brillante adaptación  de George Seaton a partir de la novela de Franz Werfel. Aunque no aparece en los créditos, Linda Darnell hizo una excelente interpretación de la Virgen.

7- Bernadette (Francia, 1988) y La Passion de Bernadette (Francia, 1989), ambas de Jean Delannoy. Dos películas que forman una unidad: la vida de la vidente de Lourdes, hasta las apariciones y su biografía posterior. Rodadas en continuidad, representan un bello ejemplo de sensibilidad religiosa a la vez que una recreación histórica muy cuidada. Han sido elogiadas por el Vaticano como "un retrato sensible de una historia muy conmovedora que merece un público más amplio". Otras cintas que han recreado estos sucesos son: Il suffit d'aimer (1960), Aquella joven de blanco (1965) y la reciente Lourdes (2009).

En Fátima:

8- El mensaje de Fatima (John Brahm, Estados Unidos, 1952). Película sobre las apariciones de la Virgen en Fátima a los tres pastorcillos: Lucia, Francisco y Jacinta. Tiene detrás a un gran director, con un guión muy fiel a los hechos, excepto en la introducción de un personaje ficticio, el pícaro Hugo, caradura y algo descreído, que será testigo de la señal prometida por la Virgen en Cova da Iria. Hay pasajes conmovedores, bien conseguidos, como el del interrogatorio de los chicos por el gobernador. Y la solución para mostrar las apariciones, como en transparencia, resulta muy elegante. Otras cintas sobre estas apariciones: La señora de Fátima (1951), Las apariciones de Fátima (1991) y The 13th Day (2009)

En Međjugorje:

9- Gospa: The Miracle of Medjugorje (Jakov Sedlar, Croacia-EEUU, 1995). Relata las apariciones de la Virgen a seis escolares en Medjugorje, una pequeña villa de Herzegovinia. Ellos afirman que han visto a "Gospa" (Virgen María, en croata). El sacerdote del pueblo, interpretado por Martin Sheen, conocido actor católico, confía plenamente en los niños, aunque muchos se oponen y él mismo no consigue ver a la Señora. Tras predicar un encendido sermón que molesta a las autoridades comunistas, es encarcelado y torturado. Instado a desautorizar las apariciones, el párroco se niega, y entonces los dirigentes deciden destruir la colina de Medjugorje.

En Guadalupe:

10- Guadalupe (Santiago Parra, México-España, 2006). Se estrenó coincidiendo con el 475 aniversario de las apariciones. Cuenta la historia de dos jóvenes científicos, marcados por una infancia traumática, que deciden investigar los misterios de la tilma de Guadalupe. Lo que comienza como un simple estudio científico se irá transformando en un descubrimiento personal que cambia por completo sus vidas.  Otro filme que ha recreado las apariciones: 1531 (2011).