
Mencionaba también películas que han influido en nuestra imagen de la realidad: la de un artista, una ciudad o un sistema docente. A otro nivel, las películas han modificado, y mucho, nuestra actitud hacia productos concretos y nuestras pautas tradicionales de consumo. Citaré tan solo algunos ejemplos especialmente memorables, todos ellos relacionados con la moda.

En 1934, Clark Gable produjo un daño considerable a los fabricantes de ropa interior masculina cuando apareció sin camiseta en la película Sucedió una noche. Esa memorable escena recoge el momento en que, al llegar a un motel en una de las paradas del interminable viaje en autobús, se quitaba la camisa para así intimidar a la joven Claudette Colbert, que no estaba decidida a irse de la habitación. Que un ídolo como Gable vistiese —al menos en el cine— sin camiseta interior motivó que millones de americanos dejaran de usarla y, por tanto, de comprarla.
Habría que esperar diecisiete años para que Marlon Brando la recuperara en la película Un tranvía llamado deseo (1951). En ella, Brando aparece en buena parte del metraje con camiseta, pero ya no como prenda interior, sino como elemento básico de vestir, en sustitución de la camisa. A partir de entonces, y rebautizada como T-Shirt, se convertirá en el símbolo de la informalidad y el rechazo de lo establecido.


Después de estos ejemplos, ¿podemos seguir afirmando que el cine no influye en nuestros comportamientos? Porque lo decisivo no es que modifique nuestros modos de vestir: que haga que los hombres dejen de usar la camiseta o las mujeres se apunten a la compra compulsiva de “rebecas”. Lo decisivo es que modifique nuestros valores más profundos: que haga cambiar nuestra concepción de la familia, de las relaciones padres-hijos, del sentido de la vida o del concepto mismo de felicidad o de libertad.
Y esto es lo que últimamente han pretendido, en nuestro país, las teleseries de mayor audiencia.
Es verdad, el cine influye mucho más de lo que pensamos. Yo me doy cuenta de cómo influye en los jóvenes, y creo que ellos no son conscientes.
ResponderEliminarEnhorabuena.
COMPARTO LO QUE COMENTAS, REFERENTE A LA FUERZA DEL CINE, PARA MOVER Y TRANSFORMAR COSTUMBRES, MODAS Y MASAS. DE AHÍ LA IMPORTANCIA DE LO QUE HACES Y PRETENDES HACER. EN SU DÍA, VI “AMADEUS”, “VACACIONES EN ROMA” Y “EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS”. “AMADEUS” ME SORPRENDIÒ, “VACACIONES EN ROMA” ME ENCANTÓ, EN TODOS LOS SENTIDOS. Y “EL CLUB DE LOS POETAS MUERTOS” ME GUSTÓ MUCHO Y ME HIZO REFLEXIONAR SOBRE EL TEMA QUE TRATABA. NO HE VISTO “LUNA NUEVA”, PERO SÍ COMPARTO QUE EL CINE PUEDE MOVER Y TRANSFORMAR VOLUNTADES. ES ESTUPENDO EL ENFOQUE QUE DAS A JESUCRISTO EN EL CINE. A MÍ, ADEMÁS DE APRENDER SOBRE CINE, PERSONALMENTE ME GUSTARIA SER MEJORAR EN “COMUNICACIÓN PÚBLICA”, PARA DISEÑAR LAS CAMPAÑAS QUE AYUDEN A CAMBIAR ACTITUDES, COSTUMBRES, CALIDAD DE ENSEÑANZA. ESE ES MI SUEÑO. JOSEFINA.
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