Hoy es prácticamente imposible encontrar una copia en vídeo o DVD de la famosa película de Cecil B. DeMille, "Rey de Reyes" (King of Kings, 1927). Y aún más difícil resulta poderla disfrutar en la televisión, pues ninguna cadena española o europea se “atreve” a proyectar cintas religiosas de la época muda. Ahora podemos contemplar esta maravillosa joya en Internet.
Ésta fue la primera "superproducción" sobre Jesús, que fue subtitulada en 27 idiomas y se convirtió en una de las películas más vistas del cine mudo. En su metraje original, duraba más de tres horas. La duración que ahora podemos contemplar (2h. 37’) es una versión intermedia, antes de la que se fijó definitivamente en 1931 (1 h. 45’), cuando fue musicalizada y relanzada en muchos países.
Dirigida y producida por Cecil B. DeMille, esta obra maestra conserva aún gran parte de su fuerza y atractivo. Todo el equipo de producción se entregó por completo al proyecto, y en el resultado final destacan especialmente la fotografía y la música.
viernes, 30 de abril de 2010
miércoles, 28 de abril de 2010
Aprovechar el cine en vez de criticarlo
En artículos anteriores hemos visto que el cine tiene una gran influencia sobre los valores y los estilos de vida porque juega con nuestras emociones cuando contemplamos un filme. Puede suscitar en nuestro interior una cierta empatía con las emociones del protagonista: aceptar la infidelidad, si el personaje la acepta (y la historia lo justifica); o, por el contrario, desear entregarnos a la persona amada, si el personaje y el guión enaltecen ese sentimiento.En esa tesitura, cabe preguntarse: si el cine tiene esa capacidad de influencia, ¿por qué no tratar de aprovecharla, por qué no tratar de encauzar y reorientar el Séptimo Arte? Si puede incidir en las actitudes de millones de personas, ¿por qué no impulsar historias que transmitan valores y estilos de vida positivos, que difundan una imagen más alegre y enriquecedora de la fe cristiana o de la institución familiar?
lunes, 26 de abril de 2010
El "Discípulo" falso y amargado de Barrachina

No quería hablar de "El Discípulo" mientras no fuera estrictamente necesario, pues toda mención pública –también las referencias críticas– ayudan indirectamente a la promoción de cualquier filme, y muy especialmente a los de tinte polémico como éste.
Pero ha llegado un punto en que sí es conveniente hablar de esta película. Se ha estrenado, ha levantado polvareda (acrecentada, como siempre, por los medios de comunicación) y ha suscitado denuncias críticas en uno y otro sentido. Y aunque sólo se ha estrenado en 60 salas en toda España (a fecha de hoy debe ser una cifra mucho más reducida), algunos quieren aumentar su recaudación a base de controversias en los medios.
Digámoslo claramente. Esta película, basada en una desconocida novela de Esteban Poullet y alejada por completo de los Evangelios, no quiere contar la vida de Jesús, sino la que su director, Emilio Ruiz Barrachina, y su “asesor científico”, Antonio Piñeiro, han querido relatar. Y la promocionan presentándola como “la historia no revelada” de Jesús. (¡Vaya recurso original! Eso lo he oído decir de todas las cintas que se han inventado la biografía de Jesús). Por si quedara alguna duda, aquí están las palabras de su director: “Mi película es un disparo a la línea de flotación de la religión cristiana. Presento una imagen de Jesús muy similar a la que todos conocemos a nivel iconográfico, pero totalmente distinto como persona. Es la historia de Jesús no revelada”.
Juan Orellana, Director del Departamento de cine de la Conferencia episcopal, señala que “su objetivo es negar la divinidad de Cristo, su concepción virginal, su resurrección, su celibato y su relación personal con Dios”. Así resume el argumento:
“En los títulos de crédito ya se expone visualmente la propuesta del film: se ve un icono de Cristo del que se va borrando progresivamente el halo de santidad que rodea su cabeza. La película desdiviniza a Cristo; es su principal intención. (...) En la película Jesús era hijo de una familia numerosa, su madre María no era virgen, San José murió en un combate a espada contra los romanos, y Jesús era cojo, a consecuencia de una herida de espada. Este Jesús era el discípulo predilecto de Juan el Bautista, un agitador antirromano. Jesús se convierte en el líder de una célula antiimperialista que lo que pretende es dar un golpe de estado en Jerusalén. Judas Iscariote es el encargado de conseguir armas en el mercado negro. María, al ver que su hijo se va a meter en un lío, le pide a la Magdalena, la prostituta del pueblo, que le seduzca para ver si así el díscolo hijo se centra en otras cosas. Y la Magdalena, aprovechando la importante cogorza que Jesús coge en las bodas de Caná, lo consigue. Y así es toda la película hasta llegar a una Pasión de tebeo, que pone el broche de oro a este delirio”.
Como cabía esperar, en la película no hay milagros, ni resurrección ni la más mínima referencia a Dios. Además, este filme pretendidamente “científico” pone en boca de Jesús palabras que nunca dijo. Barrachina insistió en la presentación a los medios que “los diálogos están literalmente sacados del Evangelio, aunque en otros contextos”. Pero, como bien señala Orellana, “jamás se había oído antes decir a Jesús: ‘¿qué puedo hacer para olvidarla (a María Magdalena)?’ o gritarle a María, su madre, ‘¿cómo te has atrevido a vender la espada de mi padre’?”. Para justificar otras ausencias, Barrachina argumenta también que “las Bienaventuranzas o el propio Padrenuestro son oraciones conocidas mil años antes de la vida de Jesús”.
Estas referencias bastarían para desacreditar un filme pretendidamente serio y riguroso, y para tomarlo más como una broma que como una película blasfema. Pero no es así, y por varios motivos. Por una parte, porque resulta molesto saber que algunas instituciones de nuestra querida Andalucía han subvencionado esta película tan ofensiva para la religión cristiana (Y es en nuestra Autonomía donde más intensamente vivimos la pasión de Cristo durante la Semana Santa). Y, por otra, resulta bastante insoportable ver a un Jesús gritón, malhumorado y constantemente airado, que sólo respira odio a los romanos en vez de amor a los hombres, que está en constante pelea con su Madre, y que no es más que un amargado tullido.
¿Dónde está el respeto a las creencias, garantizado por la Constitución? En el artículo 16 se dice que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española”. Quizás a la hora de subvencionar filmes debería primar el criterio de que las obras seleccionadas no ofendan al público. Eso, al menos, es lo que espera toda persona sensata.
(Ver aquí la crítica de Juan Orellana)
Pero ha llegado un punto en que sí es conveniente hablar de esta película. Se ha estrenado, ha levantado polvareda (acrecentada, como siempre, por los medios de comunicación) y ha suscitado denuncias críticas en uno y otro sentido. Y aunque sólo se ha estrenado en 60 salas en toda España (a fecha de hoy debe ser una cifra mucho más reducida), algunos quieren aumentar su recaudación a base de controversias en los medios.
Digámoslo claramente. Esta película, basada en una desconocida novela de Esteban Poullet y alejada por completo de los Evangelios, no quiere contar la vida de Jesús, sino la que su director, Emilio Ruiz Barrachina, y su “asesor científico”, Antonio Piñeiro, han querido relatar. Y la promocionan presentándola como “la historia no revelada” de Jesús. (¡Vaya recurso original! Eso lo he oído decir de todas las cintas que se han inventado la biografía de Jesús). Por si quedara alguna duda, aquí están las palabras de su director: “Mi película es un disparo a la línea de flotación de la religión cristiana. Presento una imagen de Jesús muy similar a la que todos conocemos a nivel iconográfico, pero totalmente distinto como persona. Es la historia de Jesús no revelada”.
Juan Orellana, Director del Departamento de cine de la Conferencia episcopal, señala que “su objetivo es negar la divinidad de Cristo, su concepción virginal, su resurrección, su celibato y su relación personal con Dios”. Así resume el argumento:
“En los títulos de crédito ya se expone visualmente la propuesta del film: se ve un icono de Cristo del que se va borrando progresivamente el halo de santidad que rodea su cabeza. La película desdiviniza a Cristo; es su principal intención. (...) En la película Jesús era hijo de una familia numerosa, su madre María no era virgen, San José murió en un combate a espada contra los romanos, y Jesús era cojo, a consecuencia de una herida de espada. Este Jesús era el discípulo predilecto de Juan el Bautista, un agitador antirromano. Jesús se convierte en el líder de una célula antiimperialista que lo que pretende es dar un golpe de estado en Jerusalén. Judas Iscariote es el encargado de conseguir armas en el mercado negro. María, al ver que su hijo se va a meter en un lío, le pide a la Magdalena, la prostituta del pueblo, que le seduzca para ver si así el díscolo hijo se centra en otras cosas. Y la Magdalena, aprovechando la importante cogorza que Jesús coge en las bodas de Caná, lo consigue. Y así es toda la película hasta llegar a una Pasión de tebeo, que pone el broche de oro a este delirio”.
Como cabía esperar, en la película no hay milagros, ni resurrección ni la más mínima referencia a Dios. Además, este filme pretendidamente “científico” pone en boca de Jesús palabras que nunca dijo. Barrachina insistió en la presentación a los medios que “los diálogos están literalmente sacados del Evangelio, aunque en otros contextos”. Pero, como bien señala Orellana, “jamás se había oído antes decir a Jesús: ‘¿qué puedo hacer para olvidarla (a María Magdalena)?’ o gritarle a María, su madre, ‘¿cómo te has atrevido a vender la espada de mi padre’?”. Para justificar otras ausencias, Barrachina argumenta también que “las Bienaventuranzas o el propio Padrenuestro son oraciones conocidas mil años antes de la vida de Jesús”.
Estas referencias bastarían para desacreditar un filme pretendidamente serio y riguroso, y para tomarlo más como una broma que como una película blasfema. Pero no es así, y por varios motivos. Por una parte, porque resulta molesto saber que algunas instituciones de nuestra querida Andalucía han subvencionado esta película tan ofensiva para la religión cristiana (Y es en nuestra Autonomía donde más intensamente vivimos la pasión de Cristo durante la Semana Santa). Y, por otra, resulta bastante insoportable ver a un Jesús gritón, malhumorado y constantemente airado, que sólo respira odio a los romanos en vez de amor a los hombres, que está en constante pelea con su Madre, y que no es más que un amargado tullido.
¿Dónde está el respeto a las creencias, garantizado por la Constitución? En el artículo 16 se dice que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española”. Quizás a la hora de subvencionar filmes debería primar el criterio de que las obras seleccionadas no ofendan al público. Eso, al menos, es lo que espera toda persona sensata.
(Ver aquí la crítica de Juan Orellana)
viernes, 23 de abril de 2010
¿Cómo influye el cine?: Más sobre "transferencia de personalidad"
En el artículo de hace un par de días describía el fenómeno de la “transferencia de personalidad” que sucede en la psique del espectador: ese meterse en la piel de otro personaje y asumir como propios sus valores y actitudes vitales.
Hoy quiero subrayar que esa transferencia de personalidad (popularmente conocida como “identificación”) resulta especialmente fuerte cuando hay una previa sintonía con el actor protagonista. Si una espectadora, por ejemplo, adora a Tom Cruise, cuando le vea en una película tenderá a querer todo lo que él quiere y a detestar todo lo que él detesta. Y si un espectador siente atracción por Scarlett Johansson, tenderá también a identificar sus emociones con las de ella, buscando una sintonía en las actitudes, los temas y los comportamientos asumidos por su personaje en la película. Emocionalmente, llega a comulgar con esos planteamientos, sobre todo si su formación es escasa o sus convicciones son superficiales.
El impacto de esa identificación, también conocida como “experiencia vicaria”, puede tener una permanencia fugaz; o, por el contrario, puede fijarse con fuerza en el ánimo del espectador y permanecer largo tiempo, influyendo decisivamente en el juicio interior acerca de esas conductas y actitudes que ha “experimentado” de forma vicaria en la ficción. En todo caso, cuando esos impactos son fuertes y se suman a los de otras películas orientadas en la misma dirección, el resultado puede transformar radicalmente los planteamientos iniciales de una persona. Y así, se puede acabar por poner en cuestión valores muy arraigados durante años —como el compromiso matrimonial, por ejemplo—, anulando el ejemplo vivido en la familia o en la propia escuela y dando la vuelta, de repente, a toda la formación recibida durante años.
Hoy quiero subrayar que esa transferencia de personalidad (popularmente conocida como “identificación”) resulta especialmente fuerte cuando hay una previa sintonía con el actor protagonista. Si una espectadora, por ejemplo, adora a Tom Cruise, cuando le vea en una película tenderá a querer todo lo que él quiere y a detestar todo lo que él detesta. Y si un espectador siente atracción por Scarlett Johansson, tenderá también a identificar sus emociones con las de ella, buscando una sintonía en las actitudes, los temas y los comportamientos asumidos por su personaje en la película. Emocionalmente, llega a comulgar con esos planteamientos, sobre todo si su formación es escasa o sus convicciones son superficiales.
El impacto de esa identificación, también conocida como “experiencia vicaria”, puede tener una permanencia fugaz; o, por el contrario, puede fijarse con fuerza en el ánimo del espectador y permanecer largo tiempo, influyendo decisivamente en el juicio interior acerca de esas conductas y actitudes que ha “experimentado” de forma vicaria en la ficción. En todo caso, cuando esos impactos son fuertes y se suman a los de otras películas orientadas en la misma dirección, el resultado puede transformar radicalmente los planteamientos iniciales de una persona. Y así, se puede acabar por poner en cuestión valores muy arraigados durante años —como el compromiso matrimonial, por ejemplo—, anulando el ejemplo vivido en la familia o en la propia escuela y dando la vuelta, de repente, a toda la formación recibida durante años.
miércoles, 21 de abril de 2010
¿Cómo influye el cine?: La transferencia de personalidad
El cine tiene una enorme capacidad seductora: nos transporta a otro mundo, nos invita a soñar, nos hace ver la realidad de otro modo… Hasta nos hace vivir otras vidas sin salir del patio de butacas. Esta capacidad de “fascinarnos”, de evadirnos de nuestro mundo y transportarnos a otro es la situación que vemos plasmada —metafóricamente— en la película La rosa púrpura del Cairo (1985).
Como Cecilia (Mia Farrow), la protagonista del filme de Woody Allen, el espectador siente también una llamada a “meterse” en la historia que ve en la pantalla. Si el argumento es bueno y cautivador, el espectador “se olvida” de que está viendo una ficción y asume esa historia como una experiencia que está “viviendo” en ese instante. Es decir, se siente impulsado a cruzar el espacio que le separa de la pantalla y adentrarse en otro contexto de valores. Con su imaginación, entra en el mundo de la ficción cinematográfica y experimenta en sí las emociones que viven los personajes: se alegra, se entristece o se enamora con el protagonista, y hace vida propia sus inquietudes y proyectos.
Este proceso de simpatía con los personajes es conocido en la industria cinematográfica como “transferencia de imagen o de personalidad”, y se alcanza cuando el espectador se pone en lugar del personaje, asume sus ideales y empatiza con sus emociones. Cuando se da la identificación —cosa que no ocurre siempre, pero que es más frecuente en los jóvenes y adolescentes—, el espectador tiende a reducir las diferencias de actitud y de convicción porque desea parecerse lo más posible a él. Si el personaje siente rechazo al compromiso matrimonial, él lo sentirá también; y si aprueba las relaciones durante el noviazgo, el espectador las aprobará también emocionalmente, incluso aunque sus convicciones vayan por un camino totalmente distinto. “Si el 007 va a salvar al planeta, y es tan fuerte y tan atractivo —interioriza, sin pensarlo, el espectador— yo puedo perdonarle que, en el camino, se acueste con tres o cuatro mujeres, incluso aunque algunas de ellas estén casadas. ¡Porque es mi héroe!”.
Ese deseo de identificación suscitado por la trama acaba por minimizar las diferencias en la escala de valores, al menos durante la proyección. Porque no puedo identificarme con el protagonista —seguir la historia a través de sus ojos— y, al mismo tiempo, cuestionar sus ideales o sus comportamientos. Si el protagonista es infiel a su mujer (pero la historia justifica esa infidelidad por un “sentimiento verdadero”), o si miente para conseguir escapar (y así llevar a cabo su proyecto en favor de los demás); es decir, si la historia me arrastra, es muy posible que acabe asumiendo esas conductas como “auténticas” y acabe comulgando con ellas. Al menos, durante la proyección.
Como Cecilia (Mia Farrow), la protagonista del filme de Woody Allen, el espectador siente también una llamada a “meterse” en la historia que ve en la pantalla. Si el argumento es bueno y cautivador, el espectador “se olvida” de que está viendo una ficción y asume esa historia como una experiencia que está “viviendo” en ese instante. Es decir, se siente impulsado a cruzar el espacio que le separa de la pantalla y adentrarse en otro contexto de valores. Con su imaginación, entra en el mundo de la ficción cinematográfica y experimenta en sí las emociones que viven los personajes: se alegra, se entristece o se enamora con el protagonista, y hace vida propia sus inquietudes y proyectos.
Este proceso de simpatía con los personajes es conocido en la industria cinematográfica como “transferencia de imagen o de personalidad”, y se alcanza cuando el espectador se pone en lugar del personaje, asume sus ideales y empatiza con sus emociones. Cuando se da la identificación —cosa que no ocurre siempre, pero que es más frecuente en los jóvenes y adolescentes—, el espectador tiende a reducir las diferencias de actitud y de convicción porque desea parecerse lo más posible a él. Si el personaje siente rechazo al compromiso matrimonial, él lo sentirá también; y si aprueba las relaciones durante el noviazgo, el espectador las aprobará también emocionalmente, incluso aunque sus convicciones vayan por un camino totalmente distinto. “Si el 007 va a salvar al planeta, y es tan fuerte y tan atractivo —interioriza, sin pensarlo, el espectador— yo puedo perdonarle que, en el camino, se acueste con tres o cuatro mujeres, incluso aunque algunas de ellas estén casadas. ¡Porque es mi héroe!”.
Ese deseo de identificación suscitado por la trama acaba por minimizar las diferencias en la escala de valores, al menos durante la proyección. Porque no puedo identificarme con el protagonista —seguir la historia a través de sus ojos— y, al mismo tiempo, cuestionar sus ideales o sus comportamientos. Si el protagonista es infiel a su mujer (pero la historia justifica esa infidelidad por un “sentimiento verdadero”), o si miente para conseguir escapar (y así llevar a cabo su proyecto en favor de los demás); es decir, si la historia me arrastra, es muy posible que acabe asumiendo esas conductas como “auténticas” y acabe comulgando con ellas. Al menos, durante la proyección.
lunes, 19 de abril de 2010
La influencia del cine en la moda y en el consumo
El viernes pasado hablábamos en este blog de la influencia del cine en los valores y estilos de vida. Ponía algunos ejemplos de filmes que han provocado respuestas colectivas de cierta relevancia, como la ocurrida con la presentación en Sitges de Luna nueva.Mencionaba también películas que han influido en nuestra imagen de la realidad: la de un artista, una ciudad o un sistema docente. A otro nivel, las películas han modificado, y mucho, nuestra actitud hacia productos concretos y nuestras pautas tradicionales de consumo. Citaré tan solo algunos ejemplos especialmente memorables, todos ellos relacionados con la moda.

En 1934, Clark Gable produjo un daño considerable a los fabricantes de ropa interior masculina cuando apareció sin camiseta en la película Sucedió una noche. Esa memorable escena recoge el momento en que, al llegar a un motel en una de las paradas del interminable viaje en autobús, se quitaba la camisa para así intimidar a la joven Claudette Colbert, que no estaba decidida a irse de la habitación. Que un ídolo como Gable vistiese —al menos en el cine— sin camiseta interior motivó que millones de americanos dejaran de usarla y, por tanto, de comprarla.
Habría que esperar diecisiete años para que Marlon Brando la recuperara en la película Un tranvía llamado deseo (1951). En ella, Brando aparece en buena parte del metraje con camiseta, pero ya no como prenda interior, sino como elemento básico de vestir, en sustitución de la camisa. A partir de entonces, y rebautizada como T-Shirt, se convertirá en el símbolo de la informalidad y el rechazo de lo establecido.
Algo parecido sucedió, por ejemplo, en la película Rebeca (1940). Los diseñadores de vestuario, para subrayar el origen sencillo y el carácter apocado e introvertido de la protagonista, Jean Fontaine, la habían vestido en numerosas secuencias con una chaqueta de punto: la indumentaria típica de las campesinas de la época. Era un símbolo visual constante de su condición de Cenicienta en un mundo aristocrático que le rechazaba. Pero el éxito comercial de la película —que consiguió el Oscar al mejor filme— hizo que esa prenda se pusiera de moda: pasó a ser el símbolo de lo sofisticado y moderno. La chaqueta de punto se vendió muchísimo en toda la década, e incluso llegó a ser conocida —al menos en España— con el nombre de la protagonista y del filme: Rebeca.
Por último, tal vez el caso más famoso de modificación de hábitos de consumo —y seguimos en el sector de la moda— la propició James Dean en la película Rebelde sin causa (1955). En buena parte de las escenas, su indumentaria básica es una cazadora: una prenda concebida —como su nombre indica— para las monterías y situaciones de caza. Pero la constante asociación del actor con esa prenda motivó la adhesión de los jóvenes a ella y la convirtió en todo un símbolo de la rebeldía juvenil.Después de estos ejemplos, ¿podemos seguir afirmando que el cine no influye en nuestros comportamientos? Porque lo decisivo no es que modifique nuestros modos de vestir: que haga que los hombres dejen de usar la camiseta o las mujeres se apunten a la compra compulsiva de “rebecas”. Lo decisivo es que modifique nuestros valores más profundos: que haga cambiar nuestra concepción de la familia, de las relaciones padres-hijos, del sentido de la vida o del concepto mismo de felicidad o de libertad.
Y esto es lo que últimamente han pretendido, en nuestro país, las teleseries de mayor audiencia.
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TEMA: Cine y Valores,
TEMA: Influencia del cine
viernes, 16 de abril de 2010
La influencia del cine en los valores y estilos de vida
Cuando oímos hablar de la “influencia del cine”, es fácil que asome a nuestro ánimo el escepticismo: “¡Otra vez la visión tremendista de Hollywood! Siempre con el mismo cuento…”. En realidad, rara vez se ha hablado de ello con profundidad, desde una perspectiva antropológica. Ciertamente, el cine ha actuado siempre, desde sus orígenes, como un modelo conformador de actitudes y estilos de vida, como un espejo en el que todos nos miramos para decidir nuestros modelos y nuestras pautas de comportamiento a partir de una determinada percepción de la realidad. Veamos algunos ejemplos.
Una película como Amadeus (1984) cambió por completo la imagen cultural que de Mozart tenía el gran público; lo convirtió en un genio infantil, creador de obras sublimes y, a la vez, inmaduro y zafio. Para el 98% de los espectadores, que jamás tendrán acceso a una biografía del músico, esa es “la verdad” sobre Mozart, la imagen de la que ya nunca podrán liberarse. Pero ¿qué pasa cuando la imagen que recrea un filme es la del mismo Jesucristo?
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martes, 13 de abril de 2010
Las 100 mejores películas católicas
En 2004, la revista National Catholic Register and Faith & Family realizó una votación en su página web para elegir las 100 películas que mejor reflejaran “el espíritu y la vida” de la religión Católica. Se trataba de seleccionar películas que aportaran soluciones desde una perspectiva católica, con con referencias claras y específicas al Catolicismo, y no meras alusiones temáticas.En la votación participaron más de mil personas, que indicaron sus preferencias y su orden de prelación. Los resultados fueron publicados entonces, y vueltos a reproducir en diversas ocasiones. En la propia página se indica claramente que no todas las películas son para toda la familia. Las señaladas con asterisco tienen contenidos no del todo apropiados para niños y adolescentes.
lunes, 12 de abril de 2010
¿Cuál fue el primer gran filme sobre Jesús?
Cuando se pregunta por la primera película sobre Jesús -la primera de gran calado, se entiende- los críticos se muestran unánimes: sin duda alguna, el filme de Ferdinand Zecca “Vida y pasión de Jesucristo” (1907). En un momento en el que las cintas no solían durar más de diez o doce minutos, esta producción de 44 minutos resultó una auténtica gesta: en efecto, fue la primera gran película sobre Cristo, y una de las más importantes de la época muda.
Su director, Ferdinand Zecca (1864-1947), entonces bajo contrato con la Casa Pathé, empezó a trabajar en ella a mediados de 1901, y en aquel entonces el proyecto era más bien modesto. Con guión y dirección del propio Zecca y con fotografía de Segundo de Chomón, en 1902 se estrenó una primera versión titulada "La Passion de Notre-Seigneur Jésus Christ": un filme de 15 minutos que recogía 18 escenas relacionadas con la muerte de Cristo. Eran, en realidad, 18 cuadros escenográficos (la influencia teatral es muy evidente), con una cuidada puesta en escena y un vestuario muy vistoso. Los movimientos y gestos de los actores, rodados siempre en plano general, aparecían allí frente a bellos decorados clásicos pintados en el fondo de un estudio, y claramente inspirados en los grabados bíblicos de Gustav Doré.
El público acogió la cinta con entusiasmo, y los hermanos Pathé decidieron colorear el filme empleando un “sofisticado” –para la época- sistema de pintura a mano: cada fotograma recibía cuatro tonos de color, que eran aplicados con plantillas recortadas. Una tarea muy laboriosa que supuso un año entero de trabajo: en 1903 se estrenó de nuevo el filme, esta vez en versión coloreada.
viernes, 9 de abril de 2010
El cristianismo, ¿de moda en Hollywood?
Recientemente, hemos hablado en este blog del creciente interés de las grandes productoras por filmes de inspiración cristiana, como The Blind Side.En los últimos años, la película que más ha contribuido a poner de moda el hecho cristiano es, sin duda, La Pasión de Cristo (2004). Su impacto sobre las audiencias fue enorme, y sus registros en taquilla (612 millones de dólares en todo el mundo) hicieron ver a los ejecutivos de Hollywood que existía una demanda fílmica que hasta entonces no habían sabido atender adecuadamente.
La primera lección que las grandes productoras aprendieron de esa cinta es que existía un público potencial (personas que hasta el filme de Gibson no habían ido casi nunca a los cines) que justificaba un replanteamiento de las estrategias de producción y un nuevo tipo de argumentos cinematográficos. La segunda lección es que ese público, a juicio de los expertos en marketing del entretenimiento, suscribe y defiende valores propios de la fe cristiana, y estaría dispuesto a respaldarlos con su presencia en las salas —y aun a convertirse en promotor de ese tipo de cine— si lo viera aparecer de nuevo en la cartelera.
Al mismo tiempo, el éxito de La Pasión de Cristo pareció despertar también la conciencia aletargada de no pocos cristianos que trabajaban en Hollywood casi a escondidas. Aprovechando que ese filme había abierto las puertas a nuevos proyectos, y sintiéndose respaldados por esa pública manifestación de fe, en un par de años esos cineastas culminaron dos grandes proyectos de alcance internacional. El primero fue Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario (2005), cinta inaugural de una serie que adaptaría al celuloide la conocida saga de C. S. Lewis. Estaba producida por Walden Media, una compañía de inspiración cristiana que habían fundado Michael Flaherty y Cary Granat en 2001 con el fin de producir “películas que entretengan y eduquen a la vez”; por eso se han orientado a la producción de filmes basados en clásicos infantiles que difunden valores cristianos y familiares. El simbolismo atribuido al león Aslan (Jesucristo, que muere para redimir a los hombres de sus pecados) no ha pasado inadvertido a los críticos ni a los espectadores, con claras referencias a la traición de Judas, a la agonía en Getsemaní y a su posterior resurrección.
El segundo proyecto fue El exorcismo de Emily Rose (2005), dirigido por Scott Derrickson, que se confiesa cristiano evangélico. La película recrea el caso real de una joven católica que sufrió en los años setenta una posesión diabólica en medio de una intensa vida de fe. La chica finalmente murió, y su historia trascendió a los medios de comunicación por lo paradójico del caso. Sin embargo, llegaría a ser aún más famosa cuando un jurado condenó al sacerdote católico que la atendió por supuesta negligencia médica. La intransigencia religiosa de aquel asunto se plasma aquí en la crisis de conciencia que sufre la abogada que defiende de oficio al presbítero. El conflicto entre fe y razón, la compatibilidad entre lo sobrenatural y lo razonable, la necesaria apertura de mente para aceptar que Dios pueda existir… estos y otros temas de fondo golpean la conciencia del espectador a lo largo de todo el metraje. No en vano, decía el director de la cinta: “Durante muchos años me ha resultado muy duro conciliar mi vida de fe y mi amor al cine, porque Hollywood parecía olvidado por completo de lo religioso. Con esta película no he pretendido hacer propaganda, pero sí hacer recapacitar sobre la importancia de lo trascendente; plantear abiertamente algunas cuestiones: ¿Existe lo espiritual? ¿Existe el diablo? Y, aún más importante: ¿existe Dios?”.
En los años siguientes, el desarrollo de proyectos cristianos ha seguido creciendo. Tras estos dos primeros, de clara inspiración católica, surgieron otros directamente impulsados por iglesias protestantes. El primero fue Abandonados: mundo en guerra (2005), que centraba su argumento en la simbólica venida del Anticristo, y que fue exhibido en más de 3000 iglesias evangélicas antes de su lanzamiento en DVD. Mayor difusión alcanzó la película Lutero (2005), producción europea que fue financiada por la Iglesia luterana en Estados Unidos, y que contó con la participación estelar de Joseph Fiennes. También tuvo amplia notoriedad el filme Natividad (2006), realizado con sincera piedad por la directora Catherine Hardwick, aunque mostraba una imagen poco atractiva de la Virgen. Más recientemente, Prueba de fuego (2008), un alegato en defensa del matrimonio frente al drama del divorcio, fue realizado con tan solo 500.000 dólares gracias a la colaboración desinteresada de numerosos voluntarios y al apoyo institucional de la Iglesia Baptista. Logró un éxito sorprendente: llegó a recaudar más de 33 millones en Estados Unidos, y fue la cuarta más taquillera durante el mes de lanzamiento (octubre de 2008).En la parte católica, dos proyectos se han sumado últimamente a los ya reseñados. En 2006 se estrenó en México y en Estados Unidos la película Guadalupe, dirigida por el franco-ecuatoriano Santiago Parra, que dos años más tarde llegó a las pantallas españolas (De ella hablé en un post de hace tres meses). Cuenta la historia de dos jóvenes científicos, marcados por una infancia traumática, que deciden investigar los misterios de la tilma de Guadalupe. Lo que comienza como un simple estudio científico se irá transformando en un descubrimiento personal que cambia por completo sus vidas. Rodada a los 500 años de la misteriosa aparición de la imagen, la cinta muestra que su carácter sobrenatural sigue vivo y fascinante hoy, y nos lo hace ver a través de los ojos de un agnóstico que sufre un profundo drama familiar.
El otro gran filme católico ha sido Bella (2008), primer fruto de la joven productora creada por Eduardo Verástegui a finales de 2004. Este conocido actor y cantante mexicano, que había logrado abrirse camino en Hollywood, experimentó una profunda convulsión interior tras leer la biografía de San Francisco de Asís. Decidido a manifestar su fe católica en sus películas, fundó con Alejandro Monteverde una productora “para la realización de filmes de grandes valores espirituales y morales”, y la denominó Metanoia (conversión, en griego). Y, en efecto, su película Bella es un canto a la vida, a la dignidad de la persona humana, y un precioso antídoto frente al aborto: de hecho, más de cincuenta mujeres —según afirma el propio Verástegui— han decidido seguir con su embarazo después de ver la cinta, “y ése es mi más preciada recompensa”, afirma él.¿Se ha puesto de moda el cristianismo en Hollywood? Tal vez. En todo caso, a los espectadores nos toca reclamar que se hagan las películas que nosotros queremos ver: porque nosotros las pagamos. Y así, tal vez en unos años podamos preguntar en este blog: ¿se ha puesto de moda el cristianismo en España?
jueves, 8 de abril de 2010
La conversión de Eduardo Verástegui contada por él mismo
Hace unas semanas publiqué un artículo sobre "La conversión de Eduardo Verástegui". Incluí los mejores testimonios que encontré del propio actor, y también algunas fotos que evidencian, en su propio rostro, la evolución de su pensamiento: de la época de "latin lover" a cristiano converso. Pero no incluí ningún vídeo porque todos los que había disponibles en Youtube eran entrevistas muy largas y tediosas, o reportajes más bien superficiales. Hace unos días descubrí esta pequeña joya. En 8 minutos Eduardo Verástegui cuenta toda su vida, y la muestra en imágenes. Le vemos en una audiencia personal con el Santo Padre, le oímos en un gran auditorio contando su conversión... y poco antes de la mitad del reportaje, viene el momento más emotivo: el recuerdo agradecido de la oración de su madre. El vídeo se llama así: "Mi conversión es un milagro conseguido por las oraciones de mi madre".
Después viene el relato de sus primeros pasos, el consejo de su Director ("No te vayas a la jungla brasileña; Hollywood es la jungla donde Dios te espera"), y la fundación de Metanoia Films, y las imágenes de su primera película: "Bella" (2008).
martes, 6 de abril de 2010
Campaña "God 360º" (2): Dios a través del móvil
Ayer os daba a conocer la campaña “God 360º”, una campaña que la Iglesia cristiana “Love Singapore” encargó a la Agencia de Publicidad “Ogilvy & Mather” para mejorar la imagen de Dios. El objetivo era acercar la imagen de Dios a la gente; es decir, presentar a Dios como Alguien cercano, pendiente siempre de nosotros, como un padre que se preocupa de sus hijos, como un amigo que no nos abandona. Y creo que lo consiguió.Fue un éxito increíble. Se comentaba en todos los medios y en todos los bares. A las dos semanas, la campaña había despertado tanto interés y había provocado tanto entusiasmo que el gobierno la prohibió. Y aún así, fue la campaña más comentada en toda la historia de Singapur.
A pesar de la prohibición, como el encargo de “Love Singapore” persistía, los publicistas de “Ogilvy & Mather” decidieron canalizar la campaña a través de los SMS: la presentaron en muchas iglesias a la salida de la misa dominical, de forma que quienes quisieran podían suscribirse a un programa para “recibir mensajes de Dios en el móvil”. Los suscriptores, entusasimados, se lo dijeron a sus amigos; y estos, a su vez, a otros amigos. Al final, el resultado fue otra vez un éxito impresionante.
En la presentación que os adjunto podéis ver:
- Los datos de la campaña.
- Ejemplos de los anuncios en prensa, revistas y exterior.
- Primeros resultados y prohibición del gobierno.
- Estrategia de la campaña SMS.
- Captación de suscriptores: “recibir en el móvil mensajes de Dios”.
- Ejemplos inteligentes de publicidad SMS.
Me encantará saber vuestra opinión (Para ver la presentación a pantalla completa, pincha en las flechitas de abajo a la derecha; y luego pincha “Escape” para volver al blog).
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TEMA: Dios,
TEMA: Publicidad sobre Dios y la Iglesia
lunes, 5 de abril de 2010
Campaña "God 360º" (1): Un Dios cercano y amable
Hace unos años, la Iglesia cristiana “Love Singapore” encargó a la Agencia de Publicidad “Ogilvy & Mather” una campaña para mejorar la imagen de Dios. El objetivo que señaló fue: “Acercar a Dios a la gente, presentándolo como Alguien cercano, dispuesto a ayudarnos”. El tono de la campaña debía ser amable, que despertara la simpatía de la gente.Los creativos diseñaron una campaña en los medios tradicionales: Televisión, Prensa, Revistas, Publicidad Exterior, etc. A las dos semanas, la campaña había despertado tanto interés en los medios y había provocado tanto entusiasmo en la gente, que el gobierno se asustó. Analizó todos los mensajes, deliberó durante dos días y finalmente decidió prohibirla. Los anuncios desaparecieron de las calles, pero no de la conversación ni de la memoria de la gente. A pesar de la rápida prohibición, fue la campaña más comentada en toda la historia de Singapur.
Algunos pensarán que éste no es un modo adecuado para lograr la conversión de nadie. En efecto: a Dios se le encuentra en la intimidad del alma, y cada conversión es una historia personal, que no puede repetirse masivamente. Pero sí puede hablarse de Dios con naturalidad: hacerle presente en los medios de comunicación, hacerle más cotidiano y cercano a nosotros... hasta lograr que sea no "un Dios lejano" sino "un Dios cercano a los hombres", con quien podemos hablar e intimar: un Dios que es también nuestro Amigo.
Si lo pongo hoy en el blog es porque me parece un ejemplo brillante de lo que es aplicar la ciencia publicitaria a la difusión de un mensaje muy básico: Dios existe y está a nuestro lado. Quizás no todos los anuncios sean del agrado ed todos, pero el concepto global de la campaña me parece adecuado; sobre todo por el tono sutil, amable y cercano que advertimos en todos los mensajes.
Os presentó aquí la campaña traducida al español. Y lo hago en dos formatos:
1) En un pequeño vídeo, tal como se difundió en Latinoamérica en Internet (buena música):
2) En una presentación de power point (Pincha en las flechitas de abajo para verlo en pantalla completa; y "Escape" para volver al blog). Espero que os guste y que me deis vuestra opinión.
God 360º Def 2 from UIC Barcelona (Universitat Internacional de Catalunya)
Mañana os contaré cómo prosiguió la campaña tras la prohibición del gobierno. Pero, antes, decidme qué os han parecido estos anuncios... Desde luego, son mensajes con cierto sentido...
Mañana os contaré cómo prosiguió la campaña tras la prohibición del gobierno. Pero, antes, decidme qué os han parecido estos anuncios... Desde luego, son mensajes con cierto sentido...
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viernes, 2 de abril de 2010
Viernes Santo: "Si hubiera estado allí..."
Hoy es Viernes Santo. La Iglesia conmemora este día la Pasión y Muerte de Jesús en la cruz. Es un día para orar y meditar, para revivir el drama del Calvario y sacar alguna consecuencia.
En un blog de cine, me parecía que la forma más oportuna de revivir aquella dolorosa jornada era seleccionando algunas imágenes de una buena película sobre el Viernes Santo. Y, de todas ellas, “La pasión de Cristo” es quizás la más conmovedora y la que más ha contribuido a despertar la conciencia de los cristianos y de los que no lo son.
Como mensaje para el Viernes Santo, os dejo este videoclip: una canción ha servido de plataforma para este sugestivo montaje, que he encontrado en Internet. Personalmente, hubiera dado prioridad a las imágenes y habría eliminado algunos rótulos finales, pero tal como está me parece un clip acertado y sugerente; ayuda a pensar.
Nos vemos el Lunes de Pascua, tras el Domingo de Resurrección.
(Para ver el vídeo en Facebook, pincha en el cuadro de abajo "Ver la publicación original")
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miércoles, 31 de marzo de 2010
"La Pasión de Cristo" y el misterio de la Sábana Santa
La historia de la Sábana Santa, o más concretamente la historia de las telas usadas para amortajar a Cristo, es conocida por lo que narran los evangelios. Y, en este punto, el relato de San Juan señala que fue la disposición de esos lienzos (estaban como “caídos”, tal como había sido amortajado Cristo, pero sin el cuerpo en su interior) lo que le movió a creer al apóstol Juan (Jn 20, 6-8).
Según testimonios de la época, los judíos empleaban una gran sábana blanca tanto para descender a los crucificados como para embalsamarlos. En el caso de Jesús, el Evangelio nos cuenta que fue comprada por José de Arimatea: “Entonces éste, después de comprar una sábana, lo descolgó y lo envolvió en ella, lo depositó en un sepulcro que estaba excavado en una roca e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro” (Mc 15, 46).
Gracias a los estudiosos de la síndone, sabemos hoy que la tira lateral que falta no es corte de época posterior, sino que se separó un pedazo de venda de la misma longitud que la sábana para atarla sobre el cuerpo de Jesús como mortaja.
Con esto tenemos dos piezas: la sábana y una (o quizás más) venda separada de ella para atarla como mortaja. Además, según el testimonio de Juan en su Evangelio, sabemos que hubo una tercera pieza de tela que él llama el sudario y que fue colocada en la cabeza: “y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio” (Jn 20, 7).
Este sudario, que seguramente es el sudario de Oviedo, no es sino un paño usado para tapar la cabeza del cadáver durante el descendimiento de la cruz y el traslado al sepulcro y que luego habría sido usado para envolver el rostro atando la mandíbula, de modo que no se abriera la boca del cadáver, tal como es costumbre en los amortajamientos judíos (Jn 11, 44). Hay una escultura de Juan Manuel Miñarro (escultor sevillano especializado en la sábana santa) que refleja exactamente este detalle, donde la tela quedaría bajo la barba y sería la razón de que estuviera ésta levantada y torcida, y también de que no aparecieran en la síndone ni las orejas ni la parte superior de la cabeza. (Tomo estos datos de Catholic.net)
Con esto en la mente, podemos entender qué es lo que vio San Juan y le proporcionó el indicio racional para creer en la resurrección de los muertos, que como testimonia el Evangelio, todavía no entendían: “y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos” (Jn 20, 7-9).
Lo que vio San Juan fue precisamente la mortaja toda en su sitio y como si estuviera enrollada y atada, conservando un poco la forma del cuerpo que había envuelto, pero sin que este estuviera dentro. A eso se refiere el Evangelio con los “lienzos plegados” (o sea: atados y enrollados alrededor de la mortaja). Pero algo no cuadraba: el sudario, o sea: lo que se había enrollado alrededor de la cabeza del cadáver antes de envolverlo en la sábana, no estaba desatado, sino enrollado tal como estaría de seguir en la cabeza. Esto indicaba que el cadáver no había sido robado. Nadie que lo hiciera habría dejado las piezas de mortaja de esa manera. Esa es la luz que le llevó al entendimiento de lo que es la resurrección y a la convicción de fe de que Jesús había resucitado realmente.
Todo esto es lo que trata de reflejar la última escena de la película de Mel Gibson. Un fantástico plano-secuencia sugiere el momento en que se desliza la piedra de la entrada (los Evangelios afirman que la piedra estaba removida) y la toma termina con un primer plano de Cristo resucitado, mientras que al fondo vemos los lienzos sagrados que empiezan a caer sobre la roca, como si en ese preciso momento –el de la Resurrección- hubiera desaparecido el cuerpo muerto de Jesús. Les vemos caerse sobre sí mismos, atados y enrollados alrededor de la mortaja. Gibson muestra a los espectadores, justo en el momento en que sucede, lo que una vez terminado conmoverá a San Juan.
Os dejo con esta escena tan espectacular. Feliz Semana Santa.
Según testimonios de la época, los judíos empleaban una gran sábana blanca tanto para descender a los crucificados como para embalsamarlos. En el caso de Jesús, el Evangelio nos cuenta que fue comprada por José de Arimatea: “Entonces éste, después de comprar una sábana, lo descolgó y lo envolvió en ella, lo depositó en un sepulcro que estaba excavado en una roca e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro” (Mc 15, 46).
Gracias a los estudiosos de la síndone, sabemos hoy que la tira lateral que falta no es corte de época posterior, sino que se separó un pedazo de venda de la misma longitud que la sábana para atarla sobre el cuerpo de Jesús como mortaja.
Con esto tenemos dos piezas: la sábana y una (o quizás más) venda separada de ella para atarla como mortaja. Además, según el testimonio de Juan en su Evangelio, sabemos que hubo una tercera pieza de tela que él llama el sudario y que fue colocada en la cabeza: “y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio” (Jn 20, 7).
Este sudario, que seguramente es el sudario de Oviedo, no es sino un paño usado para tapar la cabeza del cadáver durante el descendimiento de la cruz y el traslado al sepulcro y que luego habría sido usado para envolver el rostro atando la mandíbula, de modo que no se abriera la boca del cadáver, tal como es costumbre en los amortajamientos judíos (Jn 11, 44). Hay una escultura de Juan Manuel Miñarro (escultor sevillano especializado en la sábana santa) que refleja exactamente este detalle, donde la tela quedaría bajo la barba y sería la razón de que estuviera ésta levantada y torcida, y también de que no aparecieran en la síndone ni las orejas ni la parte superior de la cabeza. (Tomo estos datos de Catholic.net)
Con esto en la mente, podemos entender qué es lo que vio San Juan y le proporcionó el indicio racional para creer en la resurrección de los muertos, que como testimonia el Evangelio, todavía no entendían: “y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó. No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos” (Jn 20, 7-9).
Lo que vio San Juan fue precisamente la mortaja toda en su sitio y como si estuviera enrollada y atada, conservando un poco la forma del cuerpo que había envuelto, pero sin que este estuviera dentro. A eso se refiere el Evangelio con los “lienzos plegados” (o sea: atados y enrollados alrededor de la mortaja). Pero algo no cuadraba: el sudario, o sea: lo que se había enrollado alrededor de la cabeza del cadáver antes de envolverlo en la sábana, no estaba desatado, sino enrollado tal como estaría de seguir en la cabeza. Esto indicaba que el cadáver no había sido robado. Nadie que lo hiciera habría dejado las piezas de mortaja de esa manera. Esa es la luz que le llevó al entendimiento de lo que es la resurrección y a la convicción de fe de que Jesús había resucitado realmente.
Todo esto es lo que trata de reflejar la última escena de la película de Mel Gibson. Un fantástico plano-secuencia sugiere el momento en que se desliza la piedra de la entrada (los Evangelios afirman que la piedra estaba removida) y la toma termina con un primer plano de Cristo resucitado, mientras que al fondo vemos los lienzos sagrados que empiezan a caer sobre la roca, como si en ese preciso momento –el de la Resurrección- hubiera desaparecido el cuerpo muerto de Jesús. Les vemos caerse sobre sí mismos, atados y enrollados alrededor de la mortaja. Gibson muestra a los espectadores, justo en el momento en que sucede, lo que una vez terminado conmoverá a San Juan.
Os dejo con esta escena tan espectacular. Feliz Semana Santa.
lunes, 29 de marzo de 2010
Sobre la pedofilia en la Iglesia: con los datos en la mano
Está siendo la peor Cuaresma de Benedicto XVI. Con precisión de relojero, aparecen en la prensa laicista casos de pedofilia perfectamente medidos, como bombas que persiguen su objetivo. Pero, teniendo a la vista los datos y los hechos, es claro que estamos ante una alarma injustificada. La Iglesia está poniendo los medios de una manera efectiva desde hace tiempo para mejorar la situación. He aquí un magnífico artículo-resumen de Bruno Mastroianni, que he leído en el blog Cambiaelmundo.
1. Los números en los EE.UU.: 54 condenas en 42 años
El recuento de los casos de abuso infantil por parte del clero no es para menospreciar, pero sí para entenderla en su dimensión correcta. Massimo Introvigne, en un artículo publicado en Avvenire ha mostrado algunos datos de EE.UU.. Según el estudio del año 2004 del John Jay College of Criminal Justice, los sacerdotes acusados de efectiva pedofilia en 42 años fueron 958, 18 por año. Las condenas fueron 54, poco más de una al año (los sacerdotes y religiosos en los Estados Unidos son alrededor de 109.000). Durante el mismo período hubo 6.000 condenas a profesores de gimnasia y entrenadores, declarados culpable de ese delito por tribunales de los EE.UU.
1. Los números en los EE.UU.: 54 condenas en 42 años
El recuento de los casos de abuso infantil por parte del clero no es para menospreciar, pero sí para entenderla en su dimensión correcta. Massimo Introvigne, en un artículo publicado en Avvenire ha mostrado algunos datos de EE.UU.. Según el estudio del año 2004 del John Jay College of Criminal Justice, los sacerdotes acusados de efectiva pedofilia en 42 años fueron 958, 18 por año. Las condenas fueron 54, poco más de una al año (los sacerdotes y religiosos en los Estados Unidos son alrededor de 109.000). Durante el mismo período hubo 6.000 condenas a profesores de gimnasia y entrenadores, declarados culpable de ese delito por tribunales de los EE.UU.
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TEMA: Cristianismo,
TEMA: Iglesia y sacerdotes
viernes, 26 de marzo de 2010
"La Pasión de Cristo", la Pascua judía y la Santa Misa
En el post de este lunes citaba un artículo de Juan Manuel de Prada sobre “La Pasión de Cristo” en el que decía: “La película aborda algunos asuntos medulares de la fe católica, como es el vínculo existente entre el sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la misa”.
En efecto, el filme de Mel Gibson abunda en pasajes simbólicos que establecen dos claros paralelismos temáticos en el marco de la pasión de Cristo: el paralelismo de la pascua judía con la Última cena, y el del sacrificio del Calvario con el sacrificio de la Misa.
La primera escena que refleja esa analogía temática acontece casi al principio, cuando un joven escapa de Getsemaní soltando su manto (en alusión al joven que escapó arrojando una sábana: Mc 14, 51-52) y llega a la casa donde están pasando la noche la Virgen y María Magdalena. Les anuncia que se han llevado a Jesús, y la Virgen dice: “be-mah nishtanah ha-layla ha-zot mi khol ha-layelot” (“¿En qué se diferencia esta noche de todas las noches?”). Es la única frase en hebreo (no arameo) que se escucha en la cinta, y se trata de una pregunta ritual que siempre se hace en hebreo, aún hoy, en los primeros momentos de la cena pascual. A continuación responde María Magdalena, también en hebrero: “Porque una vez fuimos esclavos, y ahora ya no lo somos”.
Situada la frase en ese momento, como clave de interpretación para todo lo que vendrá, no sólo establece el paralelismo entre la cena pascual judía y la Última cena, sino que es también la proclamación de la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por eso actúa como catalizador del profundo simbolismo que se irá desarrollando entre la cena pascual y la pasión, y entre la pasión y la Última Cena: el lavatorio de los pies, la presentación del pan, la consagración del pan y del vino… Todo ello se entrelaza con pasajes de la crucifixión que refuerzan esa misma analogía. Gibson quiere recordar a la audiencia que en esa Última Cena pascual se anticipó sacramentalmente lo que en plenitud se realizaría poco después en la Cruz.
A partir de ahí, el filme desarrolla abundantes paralelismos que anticipan el sacrificio de la Cruz. Así, Jesús ve a un herrero que golpea las argollas de su inminente tortura y recuerda sus golpes en la madera al tallar una mesa en el taller de Nazaret: una y otra escena difieren en luminosidad (luz y alegría en Nazaret, oscuridad y tristeza en el palacio de Caifás), pero tienen para Él una misma significación: con su trabajo y con su pasión redimió igualmente a todos los hombres.
Otros paralelismos son más explícitos, como el lavatorio de las manos de Pilatos al entregar a Jesús, en contraste con el lavatorio de las manos de Jesús al comienzo de la Pascua. Ambos actúan como preámbulo y preparación de un sacrificio pascual: en la pascua judía, el paso de la esclavitud egipcia a la liberación como pueblo escogido; en la pascua del Gólgota, el paso de la esclavitud del pecado a la liberación como hijos de Dios.
Finalmente, el más claro paralelismo de la cinta se manifiesta en el flash-back de la consagración. Tras ver en el Calvario cómo los soldados clavan a Jesús en la cruz y empiezan a elevar su cuerpo, un montaje paralelo nos retrotrae al momento de la Última Cena en que Jesús eleva el pan y dice: “Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo”. A continuación, volvemos al Gólgota y vemos que de la cruz recién levantada empieza a chorrear la sangre de Cristo, que se derrama sobre el madero. Un nuevo paralelismo nos sitúa en el Cenáculo, cuando el Señor levanta el cáliz y dice aquellas palabras: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre… que será derramada por vosotros”.
Por si quedara alguna duda, la muerte de Cristo supone una profunda conmoción en la naturaleza dañada por el pecado –tal y como recogen los Evangelios- y el mismo diablo es herido mortalmente con la propia muerte del Redentor: sus gritos lastimeros se oyen desde lo más profundo del abismo.
La última imagen del filme (un precioso plano-secuencia que recorre la sepultura donde fue enterrado el Señor) termina en un primer plano de Jesús resucitado. Con Él, se disipan las tinieblas que han dominado casi toda la película, y la luz de la Resurrección inunda definitivamente la pantalla. Ha dado comienzo la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo.
En efecto, el filme de Mel Gibson abunda en pasajes simbólicos que establecen dos claros paralelismos temáticos en el marco de la pasión de Cristo: el paralelismo de la pascua judía con la Última cena, y el del sacrificio del Calvario con el sacrificio de la Misa.
La primera escena que refleja esa analogía temática acontece casi al principio, cuando un joven escapa de Getsemaní soltando su manto (en alusión al joven que escapó arrojando una sábana: Mc 14, 51-52) y llega a la casa donde están pasando la noche la Virgen y María Magdalena. Les anuncia que se han llevado a Jesús, y la Virgen dice: “be-mah nishtanah ha-layla ha-zot mi khol ha-layelot” (“¿En qué se diferencia esta noche de todas las noches?”). Es la única frase en hebreo (no arameo) que se escucha en la cinta, y se trata de una pregunta ritual que siempre se hace en hebreo, aún hoy, en los primeros momentos de la cena pascual. A continuación responde María Magdalena, también en hebrero: “Porque una vez fuimos esclavos, y ahora ya no lo somos”.
Situada la frase en ese momento, como clave de interpretación para todo lo que vendrá, no sólo establece el paralelismo entre la cena pascual judía y la Última cena, sino que es también la proclamación de la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Por eso actúa como catalizador del profundo simbolismo que se irá desarrollando entre la cena pascual y la pasión, y entre la pasión y la Última Cena: el lavatorio de los pies, la presentación del pan, la consagración del pan y del vino… Todo ello se entrelaza con pasajes de la crucifixión que refuerzan esa misma analogía. Gibson quiere recordar a la audiencia que en esa Última Cena pascual se anticipó sacramentalmente lo que en plenitud se realizaría poco después en la Cruz.
A partir de ahí, el filme desarrolla abundantes paralelismos que anticipan el sacrificio de la Cruz. Así, Jesús ve a un herrero que golpea las argollas de su inminente tortura y recuerda sus golpes en la madera al tallar una mesa en el taller de Nazaret: una y otra escena difieren en luminosidad (luz y alegría en Nazaret, oscuridad y tristeza en el palacio de Caifás), pero tienen para Él una misma significación: con su trabajo y con su pasión redimió igualmente a todos los hombres.
Otros paralelismos son más explícitos, como el lavatorio de las manos de Pilatos al entregar a Jesús, en contraste con el lavatorio de las manos de Jesús al comienzo de la Pascua. Ambos actúan como preámbulo y preparación de un sacrificio pascual: en la pascua judía, el paso de la esclavitud egipcia a la liberación como pueblo escogido; en la pascua del Gólgota, el paso de la esclavitud del pecado a la liberación como hijos de Dios.
Finalmente, el más claro paralelismo de la cinta se manifiesta en el flash-back de la consagración. Tras ver en el Calvario cómo los soldados clavan a Jesús en la cruz y empiezan a elevar su cuerpo, un montaje paralelo nos retrotrae al momento de la Última Cena en que Jesús eleva el pan y dice: “Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo”. A continuación, volvemos al Gólgota y vemos que de la cruz recién levantada empieza a chorrear la sangre de Cristo, que se derrama sobre el madero. Un nuevo paralelismo nos sitúa en el Cenáculo, cuando el Señor levanta el cáliz y dice aquellas palabras: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre… que será derramada por vosotros”.
Por si quedara alguna duda, la muerte de Cristo supone una profunda conmoción en la naturaleza dañada por el pecado –tal y como recogen los Evangelios- y el mismo diablo es herido mortalmente con la propia muerte del Redentor: sus gritos lastimeros se oyen desde lo más profundo del abismo.
La última imagen del filme (un precioso plano-secuencia que recorre la sepultura donde fue enterrado el Señor) termina en un primer plano de Jesús resucitado. Con Él, se disipan las tinieblas que han dominado casi toda la película, y la luz de la Resurrección inunda definitivamente la pantalla. Ha dado comienzo la Nueva Alianza sellada con la sangre de Cristo.
miércoles, 24 de marzo de 2010
La escena de la Anunciación en el cine
Hoy es la antigua fiesta del Arcángel San Gabriel (“antigua” porque hace años se pasó al mes de septiembre, unida a la de San Miguel y San Rafael) y mañana celebraremos la Solemnidad de la Anunciación. Es quizás el día más apropiado para reflexionar sobre cómo ha reflejado el cine ese sublime momento de la historia de la Salvación.
Ciertamente, es una escena compleja: Dios que se hace hombre, la Eternidad que entra misteriosamente en el tiempo. Y en ella intervienen dos personajes de singular relieve: un Arcángel, que habla en nombre de Dios, y una criatura que, desde ese mismo instante, queda convertida en la Madre del Redentor. Por eso mismo, aunque la dignidad angélica es muy superior a la humana, es el Arcángel quien se humilla y sirve a la criatura, porque María es la Reina de cielos y tierra, la Reina de todos los ángeles y arcángeles. Por todo ello resulta muy difícil representar esta escena en toda su amplitud, en toda su significación.
Las primeras películas sobre Jesús desarrollan esta escena con un sentido muy pictórico, imitando las composiciones de cuadros renacentistas. De hecho, los filmes sobre Jesús de la primera época muda (hasta 1915) no tienen un hilo argumental definido, sino que son más bien cuadros piadosos y aislados, a modo de estampas. El fotograma que vemos arriba es de la película “Vida y pasión de Nuestro Señor Jesucristo” (1907), de Ferdinand Zecca, y evidencia un estilo que sería típico en toda esta época: imágenes estáticas, que identifican fácilmente escenas de la vida de Jesús, plasmadas con un tono solemne que invita a la contemplación del misterio. Del mismo modo se representa la escena en la otra gran película del cine mudo: “Del pesebre a la cruz” (1912), de Sidney Olcott.
En las grandes producciones de los años sesenta, tanto en las de Hollywood (“Rey de reyes”, 1961; “La historia más grande jamás contada”, 1965) como en las europeas (“El Evangelio según San Mateo”, 1964; “Son of man”, 1969) la escena de la Anunciación se omite, y esto aunque todos los relatos comienzan con el nacimiento y la infancia de Jesús.
Ciertamente, es una escena compleja: Dios que se hace hombre, la Eternidad que entra misteriosamente en el tiempo. Y en ella intervienen dos personajes de singular relieve: un Arcángel, que habla en nombre de Dios, y una criatura que, desde ese mismo instante, queda convertida en la Madre del Redentor. Por eso mismo, aunque la dignidad angélica es muy superior a la humana, es el Arcángel quien se humilla y sirve a la criatura, porque María es la Reina de cielos y tierra, la Reina de todos los ángeles y arcángeles. Por todo ello resulta muy difícil representar esta escena en toda su amplitud, en toda su significación.
Las primeras películas sobre Jesús desarrollan esta escena con un sentido muy pictórico, imitando las composiciones de cuadros renacentistas. De hecho, los filmes sobre Jesús de la primera época muda (hasta 1915) no tienen un hilo argumental definido, sino que son más bien cuadros piadosos y aislados, a modo de estampas. El fotograma que vemos arriba es de la película “Vida y pasión de Nuestro Señor Jesucristo” (1907), de Ferdinand Zecca, y evidencia un estilo que sería típico en toda esta época: imágenes estáticas, que identifican fácilmente escenas de la vida de Jesús, plasmadas con un tono solemne que invita a la contemplación del misterio. Del mismo modo se representa la escena en la otra gran película del cine mudo: “Del pesebre a la cruz” (1912), de Sidney Olcott.
En las grandes producciones de los años sesenta, tanto en las de Hollywood (“Rey de reyes”, 1961; “La historia más grande jamás contada”, 1965) como en las europeas (“El Evangelio según San Mateo”, 1964; “Son of man”, 1969) la escena de la Anunciación se omite, y esto aunque todos los relatos comienzan con el nacimiento y la infancia de Jesús.
lunes, 22 de marzo de 2010
"La Pasión de Cristo": Relación de Jesús con su Madre
Estamos casi a las puertas de la Semana Santa, y muy pronto las televisiones programarán películas que nos hagan recordar aquellos inmortales sucesos. Entre todas las cintas, “La Pasión de Cristo”, de Mel Gibson, destaca por la fuerza de sus imágenes y la profundidad teológica.
En mi libro “Jesucristo en el cine” dedico bastante espacio a comentar un aspecto de este filme: la relación entre Cristo y su Madre que vemos en las escenas del Vía Crucis. Una relación maravillosa, llena de matices –humanos y sobrenaturales- que ayuda a entender la íntima fusión de sus almas en la común tarea de la Redención.
Para completar lo que de esa relación señalan los Evangelios, Gibson se inspiró en antiguas tradiciones cristianas. Una de ellas es el encuentro del Señor con su Madre, justo después de su primera caída. Jesús cae bajo el peso de la cruz, y la Virgen se apresura a socorrerle. Un oportuno flash-back nos traslada a una escena paralela de la infancia, cuando Jesús niño tropieza y cae, y María se apresura a también a socorrerle: “Aquí estoy, a tu lado”, parece decir en ambas escenas. La transposición de planos temporales establece aquí un marco muy emotivo, que invita al espectador a la reflexión y a la contemplación.
Por otra parte, el encuentro de ambos en esta escena adquiere un significado muy especial, muy teológico: la Virgen se nos muestra totalmente volcada en cumplir la Voluntad de Dios, y Jesús aparece con una clara conciencia de estar redimiendo a la humanidad: “¿Ves, Madre, como hago nuevas todas las cosas?”.
En apoyo de esta idea, quiero aportar ahora las citas de algunas críticos cinematográficos que han señalado también esta profunda afinidad:
1. “La Pasión de Mel Gibson”, por Juan Orellana: Director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española
“Mel Gibson se ha aproximado a una historia mil veces contada en el cine, una historia conocida hasta en sus diálogos, sus escenas, personajes y tramas secundarias, y ha sabido recrearla y adecuarla al lenguaje cinematográfico moderno de tal forma que sorprende, impacta, emociona, e incluso puede afectar a lo más hondo del corazón y la conciencia del espectador. (…) Fiel a la historicidad de los sucesos, Gibson se permite unas licencias –como todos los cineastas que han llevado a Jesús a la pantalla–, que son sencillamente deliciosas. Licencias que podrían haber ocurrido perfectamente, pero de las que no tenemos constancia. Por ejemplo, (…) si nos fijamos, varias veces que Cristo cae, encuentra fuerzas para incorporarse cuando sus ojos descubren a su Madre. Otra invención preciosa que aparece en la película es un flash back muy breve en el que Jesús toma el pelo a María en su carpintería de Nazareth, mientras inventa la mesa moderna. “Eso no tiene futuro”, le dice María”. (Ver aquí el artículo entero).
2. “La Pasión de Cristo”, por Juan Manuel de Prada: Escritor y columnista
“Habría que anticipar, antes de referirnos a otros aspectos más concretos, que Mel Gibson ha querido completar una obra declaradamente católica. Aunque en Estados Unidos hayan sido las comunidades evangélicas quienes con más ahínco la han defendido, la película aborda algunos asuntos medulares de la fe católica –así, el vínculo existente entre el sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la misa– que un protestante no puede llegar a comprender plenamente. Su catolicismo militante se trasluce, sobre todo, en el tratamiento de la figura de María, a quien en todo momento se muestra sabedora y consciente de la misión salvífica de su Hijo. (…) Pienso, también, en uno de los momentos más sublimes de la película, en el que María pega el rostro al suelo; un pudoroso movimiento de cámara nos descubre que, justamente debajo de ese lugar, se halla Jesús, aherrojado en una mazmorra: la empatía entre madre e hijo que se transmite en estos fotogramas es de una delicadeza conmovedora”. (Ver aquí el artículo entero).
3. “La Pasión de Cristo: el Hijo y la Madre, según Mel Gibson”, de Julio Rodríguez Chico: Autor de la web “La mirada de Ulises”
“Me llama la atención la conseguida ambientación de un momento histórico concreto y especialmente la recreación de unos personajes que caminan a distinta velocidad y por distinta órbita que el resto. Vemos cómo Jesucristo y su madre María parecen saborear la trascendencia de unos momentos sublimes para la Humanidad, que son a la vez inefables para el espectador del Gólgota y para el de la sala de cine. Ellos no entienden de violencia, venganza ni odio… y su rostro en cambio sí refleja la serenidad y paz, y también intimidad y dulzura de una relación que supera a la de madre-hijo. De ahí esos flash back en que se evocan tiempos de la infancia o de la juventud en el taller, o esas miradas que Jim Caviezel y Maia Morgenstern llenan de contenido y profundidad su relación y la misma pantalla. (…)Por eso, “La Pasión de Cristo” no es solo un film histórico sino que fundamentalmente es una película de personajes, y no es solo una cinta con violencia o sangre –sería un grave reduccionismo– sino de actitudes vitales ante la verdad de uno mismo y de lo que sucede alrededor”. (Ver aquí el artículo entero).
Feliz Semana Santa. Y feliz cine para estos días tan especiales.
En mi libro “Jesucristo en el cine” dedico bastante espacio a comentar un aspecto de este filme: la relación entre Cristo y su Madre que vemos en las escenas del Vía Crucis. Una relación maravillosa, llena de matices –humanos y sobrenaturales- que ayuda a entender la íntima fusión de sus almas en la común tarea de la Redención.
Para completar lo que de esa relación señalan los Evangelios, Gibson se inspiró en antiguas tradiciones cristianas. Una de ellas es el encuentro del Señor con su Madre, justo después de su primera caída. Jesús cae bajo el peso de la cruz, y la Virgen se apresura a socorrerle. Un oportuno flash-back nos traslada a una escena paralela de la infancia, cuando Jesús niño tropieza y cae, y María se apresura a también a socorrerle: “Aquí estoy, a tu lado”, parece decir en ambas escenas. La transposición de planos temporales establece aquí un marco muy emotivo, que invita al espectador a la reflexión y a la contemplación.
Por otra parte, el encuentro de ambos en esta escena adquiere un significado muy especial, muy teológico: la Virgen se nos muestra totalmente volcada en cumplir la Voluntad de Dios, y Jesús aparece con una clara conciencia de estar redimiendo a la humanidad: “¿Ves, Madre, como hago nuevas todas las cosas?”.
En apoyo de esta idea, quiero aportar ahora las citas de algunas críticos cinematográficos que han señalado también esta profunda afinidad:
1. “La Pasión de Mel Gibson”, por Juan Orellana: Director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española
“Mel Gibson se ha aproximado a una historia mil veces contada en el cine, una historia conocida hasta en sus diálogos, sus escenas, personajes y tramas secundarias, y ha sabido recrearla y adecuarla al lenguaje cinematográfico moderno de tal forma que sorprende, impacta, emociona, e incluso puede afectar a lo más hondo del corazón y la conciencia del espectador. (…) Fiel a la historicidad de los sucesos, Gibson se permite unas licencias –como todos los cineastas que han llevado a Jesús a la pantalla–, que son sencillamente deliciosas. Licencias que podrían haber ocurrido perfectamente, pero de las que no tenemos constancia. Por ejemplo, (…) si nos fijamos, varias veces que Cristo cae, encuentra fuerzas para incorporarse cuando sus ojos descubren a su Madre. Otra invención preciosa que aparece en la película es un flash back muy breve en el que Jesús toma el pelo a María en su carpintería de Nazareth, mientras inventa la mesa moderna. “Eso no tiene futuro”, le dice María”. (Ver aquí el artículo entero).
2. “La Pasión de Cristo”, por Juan Manuel de Prada: Escritor y columnista
“Habría que anticipar, antes de referirnos a otros aspectos más concretos, que Mel Gibson ha querido completar una obra declaradamente católica. Aunque en Estados Unidos hayan sido las comunidades evangélicas quienes con más ahínco la han defendido, la película aborda algunos asuntos medulares de la fe católica –así, el vínculo existente entre el sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la misa– que un protestante no puede llegar a comprender plenamente. Su catolicismo militante se trasluce, sobre todo, en el tratamiento de la figura de María, a quien en todo momento se muestra sabedora y consciente de la misión salvífica de su Hijo. (…) Pienso, también, en uno de los momentos más sublimes de la película, en el que María pega el rostro al suelo; un pudoroso movimiento de cámara nos descubre que, justamente debajo de ese lugar, se halla Jesús, aherrojado en una mazmorra: la empatía entre madre e hijo que se transmite en estos fotogramas es de una delicadeza conmovedora”. (Ver aquí el artículo entero).
3. “La Pasión de Cristo: el Hijo y la Madre, según Mel Gibson”, de Julio Rodríguez Chico: Autor de la web “La mirada de Ulises”
“Me llama la atención la conseguida ambientación de un momento histórico concreto y especialmente la recreación de unos personajes que caminan a distinta velocidad y por distinta órbita que el resto. Vemos cómo Jesucristo y su madre María parecen saborear la trascendencia de unos momentos sublimes para la Humanidad, que son a la vez inefables para el espectador del Gólgota y para el de la sala de cine. Ellos no entienden de violencia, venganza ni odio… y su rostro en cambio sí refleja la serenidad y paz, y también intimidad y dulzura de una relación que supera a la de madre-hijo. De ahí esos flash back en que se evocan tiempos de la infancia o de la juventud en el taller, o esas miradas que Jim Caviezel y Maia Morgenstern llenan de contenido y profundidad su relación y la misma pantalla. (…)Por eso, “La Pasión de Cristo” no es solo un film histórico sino que fundamentalmente es una película de personajes, y no es solo una cinta con violencia o sangre –sería un grave reduccionismo– sino de actitudes vitales ante la verdad de uno mismo y de lo que sucede alrededor”. (Ver aquí el artículo entero).
Feliz Semana Santa. Y feliz cine para estos días tan especiales.
viernes, 19 de marzo de 2010
¿Fueron realmente carpinteros San José y Jesús?
Hoy, que la Iglesia y buena parte de la sociedad civil celebran la fiesta de San José, es un buen día para acordarnos del padre legal de Jesús y Patrono de la Iglesia Universal. Sobre todo, de su faceta como trabajador, que compartía con su Hijo, porque en eso sí nos parecemos a ambos: como ellos, nosotros encontramos a Dios en nuestro trabajo, y en ese ámbito Le damos a conocer.
La pregunta que formulamos en el titular afecta de modo especial al Hijo de Dios: ¿fue Jesús de profesión carpintero?
Esa ha sido la creencia popular. Que José fue el carpintero de Nazaret y transmitió su oficio a Jesús, quien ejerció también esa profesión hasta el comienzo de su vida pública. Pero ¿es eso lo que nos dicen los Evangelios?
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PERSONAJE: Jesucristo,
PERSONAJE: S. José,
TEMA: Trabajo
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